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Veterinaria

La consulta del veterinario: microbiota, controles de cría y antiparasitarios

Roberto Carlos Fernández Álvarez

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Imagen del artículo, página 49. · Roberto Carlos Fernández Álvarez

Texto y fotos:

Roberto Carlos Fernánez Álvarez. Médico Veterinario Vetorni Birds Care

Probióticos, Prebióticos, Simbióticos y Postbióticos

¿Qué diferencias hay? ¿Son buenos para mis pájaros? ¿Cuándo es recomendable su uso?

Estas categorías de suplementos nutricionales, aunque todos ellos favorecen la digestión de los alimentos y el buen funcionamiento del sistema digestivo, cuentan con diferencias importantes tanto en composición como en actividad siendo productos totalmente diferentes. En muchos casos los criadores no tienen muy claras estas funciones y no saben cómo administrarlos.

En primer lugar, definamos qué es la flora digestiva. Este concepto será importante para entender los mecanismos de acción de cada una de las categorías de productos que estamos contemplando. En el interior del aparato digestivo existe un microambiente que permite la digestión, fermentación y aprovechamiento de los nutrientes que el ave ingiere. Está compuesto por una mezcla de bacterias, hongos y protozoos, aunque el microorganismo predominante son las bacterias. A este conjunto de microorganismos naturales del sistema digestivo es a lo que conocemos como flora digestiva, y tiene funciones muy importantes en el organismo de nuestras aves, ya no solo a nivel digestivo para la fermentación, digestión y aprovechamiento de los nutrientes, sino que además actúa sobre diferentes respuestas inmunológicas y fisiológicas a nivel de todo el cuerpo. Es un medio dinámico, que puede ir cambiando y adaptándose en función de la dieta o de los diferentes momentos del ciclo anual de los pájaros. Y precisamente esta capacidad de adaptación y evolución es lo que hace tan importante un correcto empleo de este tipo de suplementos ya que con su uso originaremos una respuesta orgánica que repercutirá sobre las principales funciones fisiológica de nuestras aves.

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Ahora centrándonos en los productos que nos ocupan, vamos a ver que actividad tiene cada uno de ellos:

Probióticos Estos son organismos vivos que cuando son administrados como suplementos en la alimentación diaria de nuestras aves en cantidad suficiente, colonizan diferentes porciones del tracto digestivo reforzando la flora digestiva o restituyéndola tras un proceso patológico que haya provocado pérdidas importantes de los microorganismos digestivos naturales. En pocas palabras, el probiótico son microorganismos similares a aquellos de la flora digestiva que se administran directamente.

Prebióticos Son alimentos (principalmente hidratos de carbono) que cuando llegan al sistema digestivo el ave no los puede aprovechar, pero estimulan el crecimiento de las bacterias intestinales beneficiosas del organismo. Si conseguimos estimular el crecimiento de la flora propia del sistema digestivo, será más difícil que bacterias patógenas puedan colonizarlo y además mejoramos la eficiencia de las funciones digestivas y fisiológicas.

Podríamos resumir que el Probiótico es “flora digestiva” y el Prebiótico es “el alimento de la flora digestiva”.

Simbióticos Son productos que incorporan en su composición tanto Probióticos como Prebióticos.

No sería una categoría independiente de suplemento en sí, como son los dos anteriores, sino más bien una asociación de suplementos. El fundamento de este tipo de productos es que incorporan ambos tipos de productos. Por un lado está repoblando la flora digestiva y por el otro administrando nutrientes a esta flora para que crezca fuerte y se desarrolle.

Postbióticos En los últimos años se han realizado muchos estudios sobre estos compuestos, que son componentes o que bien producen las bacterias o que se encuentran en su interior, y cuando son liberados al sistema digestivo desarrollan la actividad propia de la flora digestiva. Es decir, lo que se está buscando es administrar los componentes que produce la flora digestiva, aunque no haya bacterias, para obtener los mismos beneficios que de forma natural desarrollan las bacterias intestinales. Este tipo de compuestos son enzimas, proteínas, ácidos orgánicos... Normalmente no los encontramos solos en el mercado, sino que suelen venir incorporados a suplementos que ya tienen Probióticos y Prebióticos en su composición.

¿Cómo debo utilizar estos productos?

Al final la salud de nuestros pájaros depende en gran medida del estado de su flora digestiva, sea por cantidad como por el equilibrio entre los diferentes microorganismos que la conforman. Por ello, el empleo de todos estos productos siempre mejorará la función y la calidad de la flora digestiva obteniendo beneficios. Pero como dijimos al inicio, su actividad es diferente

Los Probióticos tienen una acción más prolongada en el tiempo. Al ser bacterias, una vez que colonizan el intestino sobreviven durante mucho tiempo desarrollando su actividad. En cambio, los Prebióticos y Postbióticos tienen periodos de actividad mucho más cortos y no se prolongan en el tiempo por no ser seres vivos. Por otro lado, los Probióticos y Postbióticos podríamos clasificarlos como de “tratamiento” ya que son sustancias que tienen una actividad directamente relacionada con la flora digestiva, mientras que los Prebióticos serían más de “mantenimiento” al ser el alimento de las bacterias digestivas.

Como norma general, en mantenimiento podemos utilizar los tres tipos de productos sin ningún problema. Su uso continuado a dosis bajas beneficiará la flora digestiva del ave permitiendo un crecimiento regular y equilibrado de los microorganismos que lo componen.

Pero cuando los utilizamos en casos clínicos después de una patología digestiva aguda (diarreas acuosas, coccidiosis, salmonella,…) o de tratamientos antibióticos agresivos, debemos ser conscientes de su empleo y de que categoría nos reporta mayores beneficios. En primer lugar, en estos casos habremos perdido una cantidad importante de microorganismos digestivos, ya sea porque han muerto como consecuencia del tratamiento, porque se han reducido tras la competición con las bacterias externas o perdido por la diarrea. En estos casos para recuperar el ave es importante administrar siempre Probióticos durante algún tiempo. Nuestra prioridad debe ser repoblar la flora perdida rápidamente y además ya dijimos que la actividad de los Probióticos era más prolongada en el tiempo lo cual nos permitirá recuperar el correcto funcionamiento fisiológico del ave. También podremos usar Postbióticos durante las primeras fases de la recuperación, en tanto que la flora digestiva no está recuperada y comienza a trabajar, los Postbióticos nos aportarán los componentes que esa flora en recuperación aun no puede generar por sí sola. Y en este caso también podremos usar Prebióticos, no le harán ningún mal, pero su actividad no será tan crucial en la recuperación del ave como las dos categorías anteriores ya que el ave enferma prácticamente no tiene flora digestiva y la prioridad es reponerla.

Análisis coprológicos y controles previos a la cría

¿Por qué puedo haber tenido problemas durante la primera puesta con algunos huevos abortados, si había analizado los reproductores antes de la cría y ya los he tratado antes de juntar las parejas?

Tenemos que tener claro qué cubren los análisis antes de la cría, hasta donde podemos llegar a testar nuestros reproductores y el tipo de enfermedades que pueden afectar el correcto desarrollo embrionario en los huevos o más tarde en los pollos.

Siempre se ha recomendado realizar analíticas de los reproductores antes de la cría. Estos análisis sencillos nos permiten hacer una primera valoración del estado sanitario del aviario y poder anticiparnos a ciertas patologías que más tarde nos encontraremos en la época de cría. Pero ojo, no hay ningún análisis que permita revisar todas las enfermedades que afectan a nuestros pájaros. Es un primer screening, de gran ayuda y muy completo, pero no da respuestas infinitas.

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Imagen del artículo, página 52. · Roberto Carlos Fernández Álvarez

En primer lugar, tenemos que saber el tipo de patologías que pueden afectar el correcto desarrollo de la cría en los aviarios. Para simplificar, y sin embarcarnos en complejas descripciones sobre enfermedades, vamos a agrupar estas patologías en dos grupos: enfermedades primarias y enfermedades secundarias.

Enfermedades primarias Serían aquellas que portan nuestros reproductores, ya sea de forma sintomática o asintomática, y que son las que podemos buscar en estos análisis pre-cría. Por ejemplo, aquí encontramos patologías como los hongos, las megabacterias, los coccidios…

Enfermedades secundarias Son los procesos que sin estar presentes en el organismo de nuestros reproductores antes de la cría, pueden hacer acto de presencia en un momento determinado y que normalmente suelen ser procesos asociados a algunos hongos y bacterias, especialmente cándidas, coliformes, S. Aureus…. Y que muchas veces no podremos aislar en los análisis previos porque simplemente no estaban presentes.

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Imagen del artículo, página 53. · Roberto Carlos Fernández Álvarez
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Estas enfermedades secundarias normalmente surgen debido al propio estrés de la cría en las reproductoras (cambios hormonales, estrés por la formación del huevo, cambio en hábitos alimenticios, deshidratación durante la incubación…) o cambios bruscos en ambiente (caída brusca de temperaturas, alta humedad…). Son patologías “leves” que muchas veces no se acompañan ni siquiera de sintomatología aparente en los reproductores, pero que sí pueden afectar al desarrollo del huevo o de los pollos al encontrarse éstos en una fase muy delicada del desarrollo. Por poner un ejemplo que todos los criadores entenderían, cuando en invierno llegan semanas con más frío y humedad muchas veces nos encontramos los pájaros más apáticos, incluso medio embolados, y con algunas diarreas puntuales. No son casos graves pero sí que notamos como les afecta a nivel orgánico. Pues bien, estos procesos leves, si concurren durante la cría donde los reproductores están más bajos de defensas pueden facilitar la contaminación de huevos o pollos e incurrir en casos de infecciones con una mortalidad más o menos acusada. Muchas veces no hay ni siquiera una colonización de bacterias externas, sino que son las propias bacterias intestinales de nuestras aves las que bajo ciertas circunstancias se desarrollan de forma desequilibrada facilitando el crecimiento de coliformes propios de la flora intestinal que podrían llegar a dar problemas en huevos y pollos. En otro momento del ciclo anual sería un proceso que los adultos superarían sin ni siquiera tratamiento, pero un organismo joven y sin un sistema inmunitario fuerte puede verse muy afectado.

¿Sirven de algo los análisis antes de la cría?

Rotundamente, sí. Si valoramos el estado de nuestros reproductores antes de la fase reproductiva podremos eliminar las patologías que pudieran estar presentes en su organismo y que saltarían con el estrés de la cría. Controlaríamos de este modo las “enfermedades primarias”. Obviamente por estrés o factores inmunosupresosres pueden saltar otras enfermedades, pero no es lo mismo afrontar una patología cuando están sanos que cuando a mayores tienen otros microorganismos patógenos en su organismo. A partir de ahí, una vez revisados los reproductores y tratado en caso necesario si hubiese alguna patología reseñable, debemos encaminar nuestros esfuerzos a mantener tanto ambiente como alimentación en las mejores condiciones posibles para reducir el estrés y la caída de defensas propias de la cría. Nunca llegaremos a reducir del todo los riesgos, ya que el gran esfuerzo metabólico que desarrollan las hembras para la formación de los huevos y la incubación siempre supondrán un estrés e inmunosupresión. Pero cuanto mejor hagamos la parte que nos toca sea a nivel de control ambiental como de alimentación, los riesgos serán menores.

Otro punto que siempre ha estado en duda es si aún teniendo los reproductores sanos según los análisis previos a la cría, sería recomendable hacer los famosos tratamientos de “blanqueo con antibióticos”. Aquí la respuesta es no, y sin peros. Como ya hemos explicado muchas de las patologías secundarias que pueden afectar en la cría son debidas al estrés metabólico y a la caída de defensas.

En este sentido, los tratamientos antibióticos lo único que hacen es debilitar más a los reproductores y destruir su flora digestiva, por lo cual en lugar de ayudarlos lo que estaremos haciendo es predisponer aún más a que se desarrollen estas enfermedades secundarias ya que a un reproductor sano lo estamos debilitando.

Debemos seguir los pasos establecidos, y dentro de lo posible mantener las mejores condiciones en el aviario durante la cría. Pero es una fase larga y muy delicada, y como en cualquier otra especie animal siempre pueden surgir problemas propios de este periodo que deberemos tratar en función de cada caso y condiciones específicas, nunca generalizando ni empleando “tratamientos mágicos” que han funcionado en otros aviarios o en otras temporadas de cría.

Antiparasitarios en pollos

¿Cuándo puedo comenzar a usarlos? ¿Ivermectina o fipronilo?

¿A partir de cuándo es recomendable utilizar antiparasitarios en pollos?

En principio no se recomienda administrar tratamientos farmacológicos a los pollos antes de los 3 o 4 meses de vida siempre que no sean imprescindibles, ya que su organismo aún no está completamente desarrollado a nivel metabólico e inmunológico y algunos de estos tratamientos pueden ser fuertes para un ejemplar tan joven.

Si existe algún indicio de enfermedad, obviamente realizaremos un tratamiento acorde al proceso patológico como en los ejemplares adultos. Pero los tratamientos preventivos, a no ser que haya un riesgo elevado de contagio, debemos esperar hasta que los pájaros estén algo más desarrollados.

Como norma general, podremos administrar los tratamientos comunes de prevención vía tópica, como la gota de ivermectina o la de fipronil, a partir de los 60 o 70 días cuando pasamos los jóvenes a las voladeras. Y los tratamientos más agresivos, tipo levamisol, a partir de los 4 meses de vida.

También a este respecto debemos revisar bien los jóvenes antes de llevarlos a las voladeras. Se pueden alojar en jaulones en pequeños grupos tras el destete, para controlar su evolución e identificar signos de enfermedad. En caso de pollos que no estén del todo bien, hayan estado enfermos durante las primeras fases de desarrollo o presenten síntomas clínicos, quedarán aislados durante algunas semanas más evitando meterlos con el resto para dentro de lo posible no administrar tratamientos farmacológicos en las voladeras de jóvenes.

¿Ivermectina o fipronilo?

El uso de estos dos productos antiparasitarios está muy extendido entre los criadores de pequeñas aves. Su facilidad de aplicación, y los buenos resultados que han demostrado, hace que a día de hoy sea difícil encontrar un aviario deportivo que no los utilice regularmente. Son los tratamientos conocidos como “la gota en el cuello”.

Pero cuidado, son dos productos completamente diferentes y que se deben emplear de acuerdo a sus indicaciones, de otro modo, no harán ningún efecto. Muchos criadores no diferencian entre ambos productos y solamente se refieren a ellos como “la gota en el cuello”, llevando esto a errores de tratamiento. Muchas veces nos encontramos aviarios que ante un problema de parásitos externos en sus aves nos indican que llevan tiempo “dando la gota en el cuello” y que no son capaces de erradicar los parásitos. Pero la pregunta que hay que hacerse es: que parásito es y que producto estás usando.

La ivermectina está indicada en procesos de ácaros, ya sean internos o externos, mientras que el fipronilo estará indicado para el tratamiento del piojillo o piojo rojo. Es cierto que ante infestaciones muy pequeñas ambos productos podrían funcionar, pero cuando de verdad tenemos un proceso patológico importante el uso equivocado de cada producto no surtirá efecto. Dar ivermectina con piojillo, o fipronilo para ácaros, no servirá de nada.

Respecto a su empleo rutinario como preventivo podremos utilizarlos cada 6 meses, pudiendo alternar uno y otro para cubrir la mayor cantidad de parásitos externos (dar cada 3 meses, pero alternando los productos).

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Publicado en Ornitología Práctica, número 100, páginas 49–55.
Texto: Roberto Carlos Fernández Álvarez. Créditos fotográficos conservados en el artículo.
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