Texto y fotos:
Roberto Carlos Fernánez Álvarez. Médico Veterinario Vetorni Birds Care coccidios
Pájaros apáticos, se embolan y mueren en
pocos días.
Abdomen enrojecido, casi negro. Venas gruesas marcadas de color oscuro. Delgadez y ausencia de grasa.
Antes estos sintómas tan aparentes, todo parece apuntar a un proceso provocado por coccidios intestinales. Aunque este tipo de patologías siempre deben confirmarse con una coprología en fresco para identificar las formas parasitarias excretadas en heces, la sintomatología parece bastante evidente. Estos parásitos, cuando colonizan el intestino de nuestras aves provocan una serie de daños en la mucosa intestinal, que hará que ésta se inflame y, en algunos casos, se produzcan úlceras y necrosis del tejido afectado.
Debido al daño en la mucosa intestinal, el ave no podrá absorber los nutrientes de forma adecuada en las porciones del intestino afectadas, lo cual provocará una rápida pérdida de peso corporal y la desaparición de las reservas grasas en pecho y abdomen. Así, el esternón será muy evidente en la palpación. Al no existir reservas grasas podemos observar con claridad el intestino, que debido a la inflamación y la necrosis, se presentará con mayor tamaño de lo normal y de un color muy oscuro, casi negro. Asociados a estos síntomas también pueden aparecer diarreas más o menos profusas, presencia de sangre en heces e inflamación hepática.
Los fármacos más efectivos frente a esta patología son la Sulfaquinoxalina y el Toltrazuril. La primera se administrará durante 3 a
5 días (60 mg/litro) y el toltrazuril (50 mg/ litro) durante tres. En ambos casos repetiremos el tratamiento pasados 7 o 10 días, para poder actuar frente a las diferentes formas larvarias del ciclo del parásito, ya que no hay ningún compuesto que actúe sobre todas las etapas de su ciclo y si no realizamos este segundo tratamiento, el ejemplar todavía presentará parásitos en su organismo.
El tratamiento de esta enfermedad tiene dos condicionantes muy importantes, derivados de la forma de actuación del parásito. Por un lado, es crucial diagnosticar la enfermedad durante las primeras etapas, para evitar que la pérdida de reservas grasas y la inflamación intestinal lleguen a producir alteraciones irreversibles en el organismo del ejemplar.
Esta patología puede cursar de forma lenta y durante dos o tres semanas no observar ningún síntoma en las aves hasta que detectamos diarreas, somnolencia, abatimiento y otros signos asociados, momento en el que su estado orgánico puede estar ya muy deteriorado siendo difícil su completa recuperación. Cuanto antes detectemos el problema, mayor tasa de recuperación obtendremos ya que no permitiremos que el ejemplar llegue a presentar caquexia o fallo multiorgánico.
El segundo factor que determinará la recuperación de las aves serán los tratamientos complementarios asociados a los fármacos primarios. En muchos casos nos encontramos que diagnosticamos correctamente la enfermedad mediante técnicas de laboratorio, lo hacemos en un tiempo relativamente corto, aplicamos tratamientos adecuados, y aún así los ejemplares mueren.
Aunque nuestra terapia farmacológica sea adecuada, pueden existir lesiones graves a nivel de la mucosa intestinal, que impidan una adecuada absorción de los nutrientes, provocando que el ejemplar siga adelgazando hasta morir. Ya no presentará infección por parásitos, pero su sistema digestivo es incapaz de cubrir las necesidades nutricionales básicas. Por ello, en las terapias frente a coccidios será crucial apoyar el tratamiento primario con aditivos nutricionales que favorezcan la asimilación de nutrientes esenciales.
Administraremos suplementos con aminoácidos ramificados, azúcares, ácidos grasos… combinados con probióticos y protectores hepáticos, todo ello durante 4 a 6 semanas, para permitir que el organismo se recupere y alcance su plena funcionalidad.
La vitamina K es necesaria para una correcta coagulación sanguínea. Este compuesto actúa a nivel hepático, contribuyendo a la formación de diferentes factores de coagulación, sin los cuales, ante una hemorragia, el tiempo de coagulación se prolongaría, provocando una pérdida de sangre excesiva, que podría conducir a un fallo multiorgánico en las aves. Hay diferentes productos que pueden inhibir su formación, como son algunos fármacos y los antiinflamatorios no esteroideos. La administración de estas sustancias reduce la flora digestiva, entre cuyas bacterias se encuentran algunas de las encargadas de sintetizar parte de la vitamina K que precisa el hígado. Por ello, en los tratamientos que incluyan estos productos siempre existirá un déficit más o menos aparente de vitamina K.
Durante los últimos años, en ornitología deportiva se viene administrando vitamina K asociada a todos los tratamientos frente a coccidios, independientemente del estado del ejemplar o del tipo de tratamiento. Como para combatir estos parásitos se emplean diferentes tipos de sulfamidas, se ha extendido la creencia de que si no se administra dicha vitamina, el ave puede morir como consecuencia de hemorragias intestinales derivadas del tratamiento. Es cierto que existe una cierta base científica para este planteamiento, según lo que comentamos referido a la reducción de flora digestiva. Pero su administración obligada no es precisa siempre que se empleen las dosis y tiempos adecuados para cada especie.
¿Se debe dar siempre vitamina K después de
un tratamiento de sulfamidas o de Baycox, ya
sea en canarios o en jilgueros?
Esta idea surge porque cuando se diagnostica un ejemplar con una coccidiosis avanzada, presentando una caquexia evidente e inflamación abdominal, en la mayoría de los casos las lesiones producidas en la mucosa intestinal son tan graves que presenta pequeñas hemorragias o úlceras derivadas del daño parasitario. A partir de ahí, y como consecuencia de estas alteraciones, se puede producir eliminación de sangre en heces. Por ello, la sangre que encontramos proviene de las lesiones internas y no es secundaria a la administración de fármacos, como tradicionalmente se viene relacionando. Sólo se provocarían hemorragias digestivas derivadas de la administración de fármacos cuando empleamos dosis excesivas o tiempos de administración muy prolongados.
Así, la vitamina K estaría indicada en todos aquellos procesos que cursen con riesgo de hemorragias. Si nos encontramos, como veíamos antes, con una coccidiosis avanzada, que puede tener úlceras en la mucosa intestinal, además del tratamiento farmacológico deberíamos administrarla para evitar sangrados en la mucosa. Pero cuando se realice un tratamiento de portadores asintomáticos, que están excretando ooquistes de este parásito, sin sintomatología intestinal ni evidencia de ulceración en la mucosa digestiva, no sería necesario. Se puede administrar, pero no es un factor limitante para el tratamiento.
Texto: Roberto Carlos Fernández Álvarez. Créditos fotográficos conservados en el artículo.








