Exóticos

Paroaria gularis nigrogenis

Gianfranco Cucchiani

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Como para todas las especies del género Paroaria, no existe dimorfismo sexual y el sexaje puede establecerse con seguridad sólo con un examen de ADN.
Como para todas las especies del género Paroaria, no existe dimorfismo sexual y el sexaje puede establecerse con seguridad sólo con un examen de ADN. · Foto: Alcedo.

El género Paroaria ha presentado siempre dificultades para su identificación, dado que se trata de especies casi siempre sudamericanas, que raramente se ven en los zoológicos o en los mercados europeos, si exceptuamos el conocido Paroaria coronata o Cardenal de cresta roja. Además, los libros hoy disponibles en el mercado europeo nos muestran exclusivamente dibujos, con un nivel de aproximación muchas veces dudoso y con muchos errores. El Género Paroaria (Bonaparte, 1832) incluye fundamentalmente 5 especies reconocidas: • Paroaria coronata (Miller, J.F., 1776) - Red-crested Cardinal. • Paroaria dominicana (Linnaeus, 1758) - Red-cowled Cardinal. • Paroaria gularis (Linnaeus, 1766) - Red capped Cardinal. • Paroaria baeri (Hellmair, 1907) - Crimson-fronted Cardinal. • Paroaria capitata (d’Orbigny and Lafresnaye, 1837) - Yellowbilled Cardinal. Pues bien. Cuando nos dispusimos a preparar el presente artículo, nos dimos cuenta de que la especie que habíamos fotografiado, y que el criador identificó originariamente como Paroaria baeri, no se parecía a ninguna de las 5 especies ennumeradas entre las conocidas dentro del género Paroaria.

Incluso la consulta de “All the birds of Brazil”, en su edición de 2002, aunque nos permitió excluir con toda seguridad que se tratase de Paroaria baeri (con cabeza casi totalmente negra, excepto por la corona y una estría subocular, ambas rojas), no permitía identificar definitivamente de qué especie se trataba la que era objeto de nuestro artículo. Excluimos, por razones obvias, el Cardenal de cresta roja y repasando la restantes especies pertenecientes al género, nos encontramos, de hecho, con las siguientes diferencias: el P. dominicana presenta una cabeza casi totalmente roja, mientras que nuestro “desconocido” muestra una evidente estría ocular negra; el P. gularis, por su parte, viene descrito con babero negro bajo el pico, que falta en la especie objeto de nuestro comentario; el P. capitata, además de presentar babero negro, carece casi por completo de estría periocular. Nos enfrentábamos pues a un verdadero misterio. En un intento por ofrecer noticias veraces a nuestros lectores, enviamos varias fotografías a nuestro colegas y amigos de la revista brasileña Actualidades ornitológicas, concretamente al dr.

Pedro Salviano , quien tras consultar al conocido biólogo brasileño el dr. Paulo Flecha, consiguió descifrar definitivamente el arcano. Se trata de hecho de un Paroaria gularis nigrogenis, una subespecie del Paroaria gularis, que además de incluir la subespecie nominal (Paroaria gularis gularis), comprende también la subespecie Paroaria gularis cervicalis. La característica más sobresaliente del Paroaria gularis nigrogenis es el babero rojo, en vez de negro. Además, no vive en Brasil, sino en Colombia y, sobre todo, en las llanuras venezolanas.

Mi primer contacto con la especie tuvo lugar hace ya algunos años, en una pajarería a la que acudía con cierta frecuencia. Cierta mañana, se presentó alguien con una pareja de pájaros que yo no había visto nunca. Después de observar a la pareja, alojada en una jaula, durante algún tiempo, le pregunté al dueño de la pajarería cuanto quería por los pájaros, a lo que me contestó que no los tenía en venta, porque pensaba reproducirlos personalmente. Al año siguiente, a finales de verano, volví a la tienda y me interesé por el resultado de la reproducción de la pareja. El propietario me dijo que habían nacido algunos pollos de un par de nidadas, pero que todos habían muerto. Me dio pena y le pregunté de nuevo si me los vendía y esta vez accedió. LLegado a casa, consulté, como hago siempre ante una novedad, mis libros de aves y en el de Armani “Guide de passereaux granivores”, encontré un dibujo que reproducía el plumaje de estos ejemplares, con la cabeza, la garganta y lo alto del pecho rojo intenso, el resto del pecho, hasta debajo de la cola, blanco; con una banda negra que, partiendo del pico, atraviesa la mejilla y, englobando el ojo, termina en la misma línea que el rojo de la nuca.

El pico, largo y apuntado, negro y con la mandíbula inferior clara en la base. Pensé en un primer momento, que se trataba de Paroaria baeri, hasta que las posteriores averiguaciones confirmaron que en realidad se trataba de Paroaria gularis nigrogenis. Como para todas las especies del género Paroaria, tampoco en el Paroaria gularis nigrogenis existe dimorfismo sexual, aunque la hembra parece tener el rojo de la cabeza ligeramente más anaranjado y la banda negra de las mejillas, más grisácea. Pero, en cualquier caso, el sexaje sigue siendo muy difícil sin recurrir a análisis de ADN. Hay que destacar el aspecto de la cabeza, cuyas plumas se prolongan horizontalmente sin seguir la redondez de la caja craneana, hasta el punto de que casi forman una pequeña moña, una especie de cresta. Son pájaros muy ágiles, de mirada hosca, que no están nunca quietos y con la costumbre de colgarse a menudo del techo de la voladera, permaneciendo durante algunos instantes cabeza abajo. Como ya había criado el Cardenal de pico amarillo y el Cardenal de cresta roja, decidí utilizar la misma alimentación y seguir los mismos cuidados con fines reproductivos.

La mezcla de semillas que empleo está formada por un 70% de mezcla para exóticos del comercio, a la que añado un 30% de alpiste. En particular, la mezcla para exóticos está formada por: 48% de panizo amarillo; 33% de mijo blanco; 8,5% de alpiste; 6% panizo rojo; 3% mijo rojo y 1,5% de níger. Pasaron el invierno en un sótano iluminado artificialmente y sin calefacción, pero con una temperatura que no bajaba nunca de los 13 o 14º C. A finales de abril, alojé a la pareja en una voladera exterior. El 10 de mayo, inició la puesta, que acabó siendo de 3 huevos de color beis, ampliamente punteados de bruno, algo típico de los embericidas, de los que nacieron, a los 13 días, 2 pollos, y un tercero, un día después. Ya algunos días antes del nacimiento había empezado a suministrarles larvas congeladas de buffalo, larvas de mosca de la carne y pupas de hormiga. Esta alimentación, junto con la mezcla para exóticos, la mantuve siempre a su disposición. No suministré nunca pasta, poco apetecida, ni semillas germinadas, y como fruta, ocasionalmente algo de manzana. Al quinto día saltaban del nido y se destetaban 15 días después.

El macho participó activamente en el destete de los pollos, empezando a embucharlos incluso antes de que saliesen del nido y no molestando en absoluto a la hembra mientras incubaba, ni a los pequeños durante su crecimiento. Los noveles presentaban la cabeza de un color marrón claro, con las partes superiores grisáceas y las inferiores de un beis muy claro, sin que se apercibiese ninguna traza de rojo ni de la banda negra sobre las mejillas. La muda, que les llevaría a asumir los colores de los adultos, fue lenta, continua y por consiguiente muy larga, de forma que cuando ya contaban con un año de edad, aún no había concluido. En la siguiente temporada, se sucedieron dos nuevas nidadas, siempre formadas por 3 huevos cada una. Nunca retiré los huevos para sustituirlos por huevos falsos, ni tuve que separar al macho. Y así ha ocurrido en todas las temporadas reproductivas que tuve ejemplares de Paroaria gularis nigrogenis, tanto desde el punto de vista de la alimentación, como de las puestas o cuidados de los progenitores.

Conclusión

Debo decir que la reproducción de esta especie no presenta ninguna dificultad particular, salvo por el continuo suministro de insectos, ya que los adultos los consumen en cantidad. Mi experiencia es suministrar los insectos 3 o 4 veces al día, desde por la mañana temprano.

Paroaria gularis nigrogenis. Sus colores son sustancialmente tres: el negro dorsal, el blanco del pecho y del vientre y el rojo de la capucha, interrumpido por una banda negra.
Paroaria gularis nigrogenis. Sus colores son sustancialmente tres: el negro dorsal, el blanco del pecho y del vientre y el rojo de la capucha, interrumpido por una banda negra. · Foto: Alcedo.
Dos noveles del aviario. La coloración definitiva de la capucha se alcanza, como pronto, al año de vida.
Dos noveles del aviario. La coloración definitiva de la capucha se alcanza, como pronto, al año de vida. · Foto: Alcedo.
Pareja de adultos, ya con su coloración habitual.
Pareja de adultos, ya con su coloración habitual. · Foto: Alcedo.
Un adulto y tres noveles, en fase terminal de la muda.
Un adulto y tres noveles, en fase terminal de la muda. · Foto: Alcedo.
Nido y huevos de Paroaria gularis nigrogenis. A destacar la cantidad de manchas de los huevos, típico de los embericidas.
Nido y huevos de Paroaria gularis nigrogenis. A destacar la cantidad de manchas de los huevos, típico de los embericidas. · Foto: G. Cucchiani.
Los pollos son de 8 días de edad, atentamente cuidados por los padres, incluido el macho, que participa activamente.
Los pollos son de 8 días de edad, atentamente cuidados por los padres, incluido el macho, que participa activamente. · Foto: G. Cucchiani.
Detalle de la cabeza de una pareja de Paroaria gularis nigrogenis.
Detalle de la cabeza de una pareja de Paroaria gularis nigrogenis. · Foto: Alcedo.
Primer plano de adulto. A destacar el aspecto de la cabeza, cuyas plumas se prolongan horizontalmente, sin seguir el perfil del cráneo, formando casi una pequeña cresta.
Primer plano de adulto. A destacar el aspecto de la cabeza, cuyas plumas se prolongan horizontalmente, sin seguir el perfil del cráneo, formando casi una pequeña cresta. · Foto: Alcedo.
Sugestiva imagen de medio cuerpo de una pareja de Paroaria gularis nigrogenis. El ojo es rojizo y la mirada, hosca. La mandíbula superior es oscura y clara, la inferior.
Sugestiva imagen de medio cuerpo de una pareja de Paroaria gularis nigrogenis. El ojo es rojizo y la mirada, hosca. La mandíbula superior es oscura y clara, la inferior. · Foto: Alcedo.
Publicado en Ornitología Práctica, número 75, páginas 40–45.
Texto y criadero: Gianfranco Cucchiani. Fotografías: Alcedo; nido, huevos y pollos: G. Cucchiani.

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