
Fotos: Javier Mas
Híbridos entre Estríldidos
2º Parte
HIBRIDACIÓN CON LA HEMBRA DE:
Texto:
José Manuel Rodríguez Benavente. CN A-588 Y CT-92
PARECÍA MÁS FACIL DE LO QUE EN REALIDAD HA SIDO.
Con el éxito de las hibridaciones con la hembra Isabelita del Japón en las temporadas de cría 2.013, 2.014 y 2.015, en la temporada 2.016, quise probar con las hembras de Diamante mandarín y puse a criar un macho pico de plata vientre oscuro portador de ágata y faeomelánico con una hembra diamante mandarín dorso claro diluida.
El objetivo era conseguir híbridos mutados, merced a la sintenia, ya comprobada, de las mutaciones ágata y dorso claro de ambas especies.
La pareja se aceptó muy bien desde el principio, durmiendo juntos, respetándose para comer, dándose incluso de comer en algunas ocasiones, nunca les vi enfrentados en alguna disputa por nada; pero en la primera puesta resultaron los cinco huevos puestos claros, lo que me llamó mucho la atención, ya que si bien no vi ninguna pisa, la pareja congeniaba mejor que algunas que tenía en el aviario de la misma especie.


Pensé en principio que podría tratarse de una mala incubación por lo que pensé ponerle los huevos a una pareja de diamantes mandarines de las muchas que había criando en mi aviario, ya que nunca vi al pico de plata metido en el nido.
En la segunda tres de los seis huevos puestos fueron fecundos que, dado el resultado de la primera nidada y la actitud del macho respecto a la incubación, pasé a una pareja de diamantes mandarines que dio la casualidad de que tenían sus huevos claros. Nacieron los tres pollos y en ese instante ya se pudo ver que dos de ellos eran mutados, ya que tenían el plumón y los ojos más claros que el otro. Los tres pichones se desarrollaron correctamente y se destetaron, resultando un macho clásico y dos hembras mutadas, una diluida y otra ágata o dorso claro diluida.
Es raro que en una nidada híbrida haya más hembras que machos, ya que, no sé exactamente por qué, y he leído confirmaciones al respecto, en las hibridaciones de aves siempre se suelen dar muchos más machos que hembras, cosa que la experiencia así confirma en la mayoría de los casos, por lo menos en las que yo he intentado.
Hubo una tercera puesta con todos los huevos claros de nuevo, por lo que sólo pude obtener esos tres ejemplares, las dos hembras mutadas y el macho clásico.
En el siguiente periodo de cría, 2.017, no pude repetir la pareja por que la hembra de mandarín dorso claro pastel murió en el invierno en la voladera, por lo que apareé el mismo pico de plata portador de ágata y de faeomelánico con una hembra diamante mandarín dorso claro portadora de topacio.
Como el año anterior la pareja se mostró muy compenetrada desde los primeros momentos, por lo que albergué gran esperanza en el éxito de la cría.
De la primera puesta de cinco huevos que pasé a una pareja de diamantes mandarines para incubar, resultaron tres pisados, eclosionando los tres, aunque en el segundo día de vida uno de los tres pollos murió, al tirarlo los padres del nido, me imagino accidentalmente, ya que a los otros dos les siguieron embuchando muy bien.
Se destetaron perfectamente y resultaron ser dos machos uno de fenotipo ancestral y otro de fenotipo dorso claro, ya que la mutación ágata del pico de plata y la dorso claro del diamante mandarín son sinténicas, como se ha referido anteriormente.
En la segunda puesta de seis huevos, sólo resultaron pisados dos, que incubó otra pareja de mandarines de las que tenía criando en mi aviario, destetándolos sin problema alguno. En los primeros días de vida pude observar como uno de los pollos nacidos tenía los ojos rojos, lo que me indicó que el ejemplar sería Feomelánico, ya que las mutaciones Topacio y Feomelánico son alelomorfas múltiples y codominantes.
Al terminar de mudar resultaron ser un macho dorso claro y una hembra topacio, la verdad muy llamativa por su color marrón muy cálido. Una pena que no fuese macho, ya que hubiera sido mucho más vistoso.
Al principio de verano llegó la tercera puesta y ya no tenía parejas disponibles de diamante mandarín para la incubación de los huevos y se los puse a una pareja de isabelitas del

Japón que tenía preparada como nodriza y aunque al final resultaron dos hembras, atendieron a los pollos de manera sobresaliente, destetándolos sin ningún problema.
En esta ocasión fueron dos machos, uno de librea ancestral y otro mutado en dorso claro.
El resultado final de la cría fueron tres machos mutados en dorso claro, dos machos ancestrales y la hembra topacio, un buen balance para una buena temporada de cría.
Dejé la pareja todo el verano junta, sin que la hembra pusiese huevos y el macho no diera muestras de celo, sin embargo a mediados de septiembre la hembra diamante mandarín volvió a poner, en esta ocasión tres huevos, de los que uno se mostraba pisado.
El huevo resultó abortado al final, pero la hembra empezó a poner de nuevo, sin haberle retirado del nido la puesta anterior, esta vez con tres huevos pisados, que fueron abandonados un par de días antes de la eclosión. Se los pude poner a una pareja de Lonchura Castañotórax por Isabelita del Japón que iba a sacar en la misma fecha, y por cierto, la única pareja que estaba incubando en ese momento y además tenía cuatro huevos pisados de los suyos.
Eclosionaron tres pollos híbridos de la isabelita con el Castañotórax y al día siguiente los híbridos de Pico de Plata por Diamante Mandarín. Los tres de plumaje claro, por lo que se preveía que fuesen mutados en dorso claro. Uno de ellos murió al quinto día, posiblemente por ser demasiados pollos al cargo de la hembra isabelita, que al final destetó sus tres híbridos y los dos que sobrevivieron de Pico de Plata x Diamante Mandarín. Una pena no haber tenido disponible otra nodriza, aunque era difícil que la hubiera a esas alturas del año.


Estos dos pollos, según emplumaban, me parecía que eran más claros que los dorso claro que anteriormente había criado. Al finalizar de emplumar, me di cuenta que eran dos ejemplares topacio dorso claro. La casualidad ha querido que ambas mutaciones, de las que son portadores ambos progenitores, hayan aparecido en los ejemplares, dándoles un aspecto más claro a los híbridos, que probablemente les haga más atractivos para el juez a la hora de ser enjuiciados, aunque cuanto más claros, más dificultad para mantener su plumaje en estado óptimo de limpieza.

A la semana siguiente de abandonar los huevos, la hembra empezó a hacer una nueva puesta, esta vez de cinco huevos, de los que cuatro fueron fértiles y eclosionaron en un nido de isabelitas del Japón que puse a propósito como nodrizas para atender estas nidadas tan tardías de la pareja. El día 1 de Enero de 2.018 eclosionaron los cuatro pollos que se desarrollaron de manera muy satisfactoria. Había al nacer tres pollos de plumaje y piel más clara, que ya no me atreví a asegurar que sería dorso claro, ya que incluso uno parecía tener los ojos rojos.
Después de emplumados se puede confirmar que hay uno ancestral, uno dorso claro uno, topacio y otro dorso claro y topacio. Los cuatro tipos de ejemplares que pueden salir de la combinación de las mutaciones que tienen o portan los progenitores.
Esta será la última cría que realiza la pareja, ya que parece excesiva la cantidad de huevos puestos por la hembra de diamante mandarín en esta temporada tan prolongada, aunque gozan ambos progenitores de una salud envidiable y se podría haber intentado una puesta más.
Este mismo año 2.017 probé a hibridar también hembras de diamante mandarín con macho de diamante ruficauda. Puse dos parejas de macho diamante ruficauda ancestral con hembra de diamante mandarín dorso claro pastel.
Ambas especies parece ser que son muy sociables, ya que desde el primer momento se llevaron la mar de bien, no hubo problema alguno de convivencia. Las hembras se encelaron normalmente e hicieron varias puestas y los machos también lo hicieron, cantando casi sin descanso desde los posaderos. Todo parecía bastante encarrilado; pero ambas parejas hicieron tres puestas con el resultado de todos los huevos claros.
Al año siguiente puse estas dos mismas parejas de diamante ruficauda con las hembras dorso claro pastel de diamante mandarín, con el mismo resultado, salvo que en este caso y visto lo del año anterior solamente les dejé hacer juntos dos puestas, ya que la tercera la hicieron apareadas con sendos picos de plata, para ver si había alguna oportunidad de conseguir algún híbrido con ellas; pero las puestas volvieron a ser claras de nuevo, aun cambiando los machos.

En los dos años no vi ninguna pisa, pero por la razón que sea, bien genética bien de comportamiento, no parece que sean especies especialmente afines, si bien he documentado algún híbrido entre ambas especies en alguna página web.


Además de estas dos parejas puse otras dos hembras de diamante mandarín con dos machos de pico de plata, a ver si se repetía la historia de la cría del año pasado; pero para mi sorpresa no obtuve huevo pisado alguno, las hembras hicieron sus puestas con normalidad, pero no conseguí ninguno ni siquiera fecundo. Esto me sorprendió mucho, ya que los dos años anteriores con una sola pareja había obtenido algún híbrido en casi todas las puestas y este año de cría con dos parejas no lograba híbrido alguno.
En el nacional de Talavera compré una pareja de diamante modesto y un macho suelto para hibridar; pero la hembra se murió en la primera puesta con un huevo entelo atrancado en el oviducto, que aunque conseguí que expulsara, terminó muriendo al cabo de tres días. Por ello me quedaron dos machos de diamante modesto para hibridar que emparejé con dos hembras de diamante mandarín.
Las dos parejas desde que las junté se ignoraron por completo, me imagino que por falta de celo de los machos; pero según avanzaba la primavera, la situación era la misma. Uno de los machos cantaba en alguna ocasión pero no hacía intención alguna de pisar a la hembra y la hembra no le molestaba en absoluto.
La hembra de una pareja comenzó una puesta de cinco huevos que resultaron claros después de la incubación, lo que no me extrañó ya que la incubación la llevó a cabo solamente la hembra, aunque en este caso, si alguno hubiera estado pisado, se tendría que notar, aunque el pichón probablemente no hubiese eclosionado.
Pasadas unas tres semanas hizo una segunda, pero aunque ya fueron incubados por una pareja de isabelitas de Japón resultaron todos los huevos claros; aunque se toleraban bastante bien, ni el macho hacía por pisar a la hembra, ni esta le pedía pisa.
La otra pareja se ignoraron tanto que ni siquiera la hembra entró en celo y no hizo ninguna puesta, por lo que esta hibridación resultó al final un desastre, quizá también por la propia poca salud de los machos, a ver si en la cría el año que viene se puede obtener un mejor resultado, aunque no se si volveré a repetir el apareamiento o lo haré con hembras de diamante ruficauda o incluso de padda.
Total, que la hibridación con la hembra del diamante mandarín que a priori parecía que daría más éxitos que las otras hembras de estríldidos, resultó que dio menos híbridos al final. De todos modos habrá que seguir intentándolo, con esos mismos machos o incluso con algún otro distinto, dependiendo de la disponibilidad de ejemplares que tenga para la cría de 2.019. A ver si este temporada hay más suerte y se puede ver algún híbrido más, y lo más importante que se críe y destete correctamente y se pueda presentar a algún concurso, que es en definitiva de lo que se trata.
Estoy pensando ya en el diamante babero de cola larga y el diamante Bichenov, a lo mejor esta vez hay más suerte.
Texto: José Manuel Rodríguez Benavente. Créditos fotográficos conservados en el artículo.

