El canario amarillo: un clásico entre los criadores de canarios de color. ¿ Quién no ha criado alguna vez un canario amarillo?
Texto: Manuel Cárdenas Teno Juez O.M.J de color . Juez C.O.E
El color amarillo de los canarios, está asociado casi siempre a los inicios de cualquier criador o aficionado a las aves de jaula. Es el canario que todos hemos tenido en el patio o en el balcón, el Piolín de los dibujos animados, es la respuesta casi instintiva de cualquier niño al que se le pregunta por el color de un canario. Todo tan primario, tan intuitivo, tan sencillo y al mismo tiempo tan complejo.
Para los amantes criadores de lipocromos amarillos es mucho más que todo eso. Para los especialistas en esta variedad, un buen canario amarillo adquiere matices de una profundidad y especialización difícilmente igualables por ningún otro canario de color.
Para los neófitos, para los que no conocen con profundidad la cría y selección o la perfección de un canario lipocromo amarillo intenso, nevado o marfil, esta variedad puede llevarle a no saber percibir o reconocer la enorme complejidad que conlleva alcanzar unos altos niveles de perfección en su fenotipo.
Muy al contrario que cualquier variedad de canarios melánicos, en los que múltiples detalles pueden distraer la atención del observador, el canario lipocromo amarillo, paradójicamente, encierra en su simpleza la mayor complejidad.
Un buen canario melánico puede cautivar la admiración del criador por un correcto diseño melánico, por unas atractivas partes córneas como es el caso de los negros, por unas marcaciones bien definidas en la cabeza o por lo llamativo de las zonas de elección en el caso de los mosaicos. Al final, hasta un experimentado juez puede dejarse llevar por cualquiera de estas cualidades y ser tolerante o indulgente con otros defectos.
Sin embargo el lipocromo amarillo exige del criador la máxima perfección. Su impacto visual no permite la distracción del criador o del juez. Las exigencias en su selección, la perfección en los cánones de belleza recogidos en el estándar no permiten en los jueces el más mínimo descuido o actitud indulgente.
Si hablamos de la categoría de un intenso amarillo no pararemos hasta intentar detectar el más mínimo resto de nevadura en la cloaca, los flancos o restos de “refracción” en las mejillas y laterales del cuello fácilmente confundibles con nevaduras.
Si hablamos de un nevado amarillo todas las nevaduras nos parecerán pocas, seremos implacables en nuestro juicio detectando zonas de la librea donde el plumaje más corto hace aún más complicada la aparición de escarchaduras, o castigando implacablemente aquellos ejemplares en los que la nevadura es demasiado evidente, más gruesa o acumulada por exceso en las zonas habituales.
Por no hablar de esos nevados amarillos que tras una mañana intentando apreciarles las nevaduras acaban con nuestra visita al oftalmólogo unos días más tarde.
O que decir de la pigmentación con luteína, de los marfiles que no parecen marfiles, de las directrices al respecto dictadas, a mi juicio con buen criterio por la O.M.J. y que a veces descontentan a los criadores. Todo estos factores, influenciados y fuertemente determinados por las condiciones lumínicas en las que se observan estos ejemplares por parte del criador o son enjuiciados por nosotros los jueces.
Realmente si alguien pensó que esto era fácil, sólo tuvo que criar, seleccionar y competir con lipocromos amarillos para saber de la enorme complejidad de su selección. Porque el canario lipocromo amarillo se presenta ante los ojos del observador con la verdad por delante, y ante unos ojos bien experimentados no hay lugar al engaño o a la distracción por otros factores o cualidades. Si alguien se hizo ilusiones al respecto, siento decirle que estaba equivocado.
El lipocromo amarillo es un pájaro para especialistas, para criadores perfeccionistas y meticulosos conocedores de la importancia de no dejar pasar la más mínima imperfección si queremos competir con garantías en los grandes campeonatos.
Porque le exigiremos máxima belleza en la tonalidad de su lipocromo, con máxima intensidad pero sin superar el umbral de la tonalidad que lo haga penalizar por el tan odiado doré en las zonas habituales de hombros, frente etc. Porque no le perdonaremos el más mínimo resto de nevadura en los intensos o se la exigiremos bien fina pero evidente y bien distribuida de forma homogénea por todo el plumaje en los nevados. Y porque sea uno o el otro, no habrá elementos de distracción, como ocurre en los melánicos, para dejar pasar una inadecuada talla, forma o la más mínima imperfección en el plumaje.
Porque a falta de estrías, de diseño, de marcaciones, de bigotes, de melaninas, eumelaninas o feomelaninas etc seremos mucho más exigentes y rigurosos en la perfección de la talla, de la forma de la cabeza, pecho, dorso…. en definitiva, de la armonía en su volumen y proporciones.
Seremos implacables a la hora de censurar una cola larga, mal adherida, abierta o que no tenga la forma determinada en el estándar. Si no hay un pico cónico, unos ojos bien redondeados y centrados, sino adopta una posición correcta o si se presenta demasiado esbelto y estilizado… cualquier excusa será buena para hacer ver al criador, a través de nuestro juicio, que este canario es para criadores metódicos y perfeccionistas.
Con todo esto no quiero más que reconocer mi admiración hacia todos aquellos criadores que consiguen seleccionar con acierto los lipocromos amarillos, sean intensos, nevados o marfiles. Porque bien conseguidos y con un alto grado de perfección, son sin duda uno de los canarios más bellos de la canaricultura de color. Y para nosotros los jueces, su enjuiciamiento y valoración, sobre todo en los grandes campeonatos, suponen un reto, una prueba de fuego donde la apreciación del más mínimo detalle es de suma importancia para seleccionar a los ejemplares ganadores.
Texto: Manuel Cárdenas Teno. Créditos fotográficos conservados en el artículo.


