Exóticos

Picogordo de collar amarillo (Mycerobas affinis)

Luigi Giovannitti

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Macho de Picogordo de collar amarillo.
Macho de Picogordo de collar amarillo. · Fotos: Luca Garreri y Walter Bernardeschi

El Picogordo de collar amarillo (Mycerobas affinis) es originario de Pakistán, China, Nepal, Kachemira, Tibet, Buthan, Birmania y zonas limítrofes, presentando colores soberbios, que se sitúan, desde el pinto de vista cromático, en el vértice de los Picogordos exóticos.

El macho, con una longitud de aproximadamente 22 o 23 cm, presenta lo alto de la cabeza, la frente y los lados del cuello y de la cabeza, alas y cola de un color negro brillante, mientras que la nuca, el dorso, el pecho, los flancos y el vientre son amarillos.

La hembra, por su parte, tiene la cabeza gris plata, las alas verdosas orladas de gris, el dorso verde oliva y el resto del cuerpo color oliva amarillento.

En resumen, un evidente dimorfismo sexual.

El pico, cónico, es muy robusto (amplio en la base) y de color gris azulado.

Vive en cotas comprendidas entre los 2.500 y los 4.000 metros, en bosques de coníferas de robles, arces y rododendros. Se nutre de diferentes semillas, que consigue extraer con su grueso pico, de las piñas de los árboles, pero también de frutas como manzanas, de bayas, como las de los juníperos, y de diferentes gusanos e insectos (sobre todo orugas carnosas).

Es gregario y se aísla en el periodo reproductivo.

Por lo general, construye el nido, en forma de copa, sobre las altas coníferas y lo reviste finos pelos de animal.

Los huevos, de color azul claro, eclosionan después de 12 o 13 días de incubación (sólo incuba la hembra), ayudada posteriormente por el macho en la alimentación de los pollos, que son nutridos esencialmente con insectos.

El macho de esta especie es parecido al Picogordo amarillo y negro (Micerobas icterioides), que no presenta, sin embargo, el dorado tan marcado sobre la nuca y el dorso.

Mi experiencia de cría del Picogordo de collar amarillo se remonta al invierno de hace un par de años, cuando conseguí una pareja de affinis, que instalé en una voladera de 2 x 1 x 2,10 m.

Pero a finales de julio, la hembra moría, a causa de la retención de un huevo.

Poco después conseguía una nueva hembra, completando así una pareja muy dócil.

Coloqué un par de nidos de mimbre.

La puesta fue de dos huevos azules en el nido, que no había sido mínimamente revestido.

La hembra no los incubaba y seguía con sus “juegos amorosos” con su pareja, por lo que los pasé a una Camachuela mejicana, acostumbrada a alimentar a sus pequeños con insectos.

A los quince días, nació un pequeño (el otro murió en el interior del huevo) y empecé a suministrar insectos sin reparos.

El pollo superó los 7 días y lo saqué para alimentarlo al palillo, ya que quizás por la diferencia de tamaño, la Camachuela había dejado de alimentarlo convenientemente.

Coloqué al nidáceo en una jaula-enfermería, con una temperatura de 27°, alimentándolo cada hora y media, con una jeringuilla.

Con estas atenciones, el pequeño creció muy bien, sin problemas ni patologías.

El destete se produjo en una jaula adosada a otra en la que había un Botón de oro, que alimentándose, hizo de maestro para el Picogordo.

Y esta fue mi experiencia.

Los ejemplares alimentados a mano por lo general no se reproducen o se reproducen peor que los alimentados por sus progenitores.

Aunque es cierto que estos ejemplares que han tenido un imprinting con su criador son muy dóciles y se alimentan de insectos directamente de su mano, lo que constituye una gran satisfacción, que supera a una medalla dorada.

Macho de Picogordo de collar amarillo.
Macho de Picogordo de collar amarillo. · Fotos: Luca Garreri y Walter Bernardeschi
Una hembra muy dócil, que acepta los gusanos de la mano del criador.
Una hembra muy dócil, que acepta los gusanos de la mano del criador. · Fotos: Luca Garreri y Walter Bernardeschi
El macho, apenas ha cogido un gusano, se apresura a embuchar a su pareja.
El macho, apenas ha cogido un gusano, se apresura a embuchar a su pareja. · Fotos: Luca Garreri y Walter Bernardeschi
Publicado en Ornitología Práctica, número 77, páginas 24–25.
Texto: Luigi Giovannitti. Fotos: Luca Garreri y Walter Bernardeschi (crédito conjunto impreso).

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