
Por Ivo Ginevra y Alessandro Cinti Fotos: Alcedo
Hay pájaros que te deslumbran por su belleza desde la primera mirada, como ocurre con los Diamantes de Gould.
Los hay que han fascinado desde siempre, como es el caso del Jilguero, que hoy es ya un mito en cada generación.
Otros resultan de entrada simpáticos, como el Gloster corona. Los hay también que gustan porque son verdaderas obras de arte, como el Gibber o el Rizado de París,, o porque son “técnicos”, o “absurdos”, pero por encima de todos están los que día a día de forma lenta pero continuada, te van conquistando hasta cautivarte por completo. Las razones de esta “conquista” son quizás múltiples, pero es seguro que siempre están presentes la fiabilidad, el vigor y la simpatía. Y es en esta categoría y en los primeros puestos donde colocaría a la Estrilda cabecirroja.

Esta Amadina pertenece a la familia de los Estrildidae, su nombre científico es Amadina erythrocephala y tiene dos subespecies:
La Amadina erythrocephala erythrocephala, que vive en las tierras que van desde el nordeste de ANgola hasta el sur de Namibia y el sudoeste de Zimbawue, hasta toda Sudáfrica.
- La Amadina erythrocephala dissita, que puebla Sudáfrica. Su aspecto es más oscuro que el de la A. e. erythrocephala.
La Amadina erythrocephala está presente en las zonas áridas y semiáridas de desierto y de la sabana de Sudáfrica. Se alimenta de semillas, tanto maduras como inmaduras, y no desdeña los insectos, en particular las termitas, durante el periodo de reproducción.
No es una gran constructora de nidos y utiliza a menudo cavidades en los árboles, anfractuosidades en las paredes o incluso viejos nidos de Tejedores, tras haberlos vuelto a forrar con hierbas y plumas. Si decide proceder a la construcción desde el inicio, preparará un nido tosco y bastante redondeado.
Pone de 4 a 6 huevos y los progenitores incuban y crían a su prole en perfecta armonía.
La descripción de los dos sexos evidencia de inmediato un dimorfismo sexual clásico y más bien marcado. De hecho, el color del macho es más aparente que el de la hembra y se manifiesta sobre todo en el tórax y en la cabeza. Analizando el diseño del pecho observarfemos que está formado por plumas blancas, nítidamente orladas de negro sobre un fondo de tonalidad beis, que tiende a difuminarse en blanco hacia la garganta y en marrón rojizo sobre el vientre. La cabeza del macho es enteramente roja escarlata, roto sólo por el diseño grisáceo de bigoteras y las bridas. El dorso se presenta de color bruno grisáceo y sobre las alas se aprecia un diseño simétrico y semicircular, formado por grandes “perlas” avellana, que enriquecen al ejemplar.
Como ya hemos dicho, la hembra es menos aparente y carece de la característica capucha roja del macho; en su lugar, sólo una pálida mancha roja sobre cabeza y nuca. Los colores y diseños del dorso están desvaídos y sobre todo las escamas blancas y las orlas negras de las plumas del pecho, son menos extensas, no están perfectamente delineadas y se presentan manchadas de un beis bruno.
Comunes a ambos sexos son el gran pico blanco carne, las fuetes patas, del mismo color que el pico, y la cola bruno oscuro con tendencia al negro, con las timoneras externas orladas de blanco sucio.

La talla alcanza los 14 cm de longitud y la impresión que transmite es la de un pájaro robusto, con buena redondez en las zonas del pecho, dorso y vientre.
Los jóvenes tienen una coloración bruna y desde el nido, muestran ya las perlas de las alas, mientras que los machos son reconocibles por las características plumas rojas de la cabeza. El pico es negro.
Para obtener los éxitos reproductivos esperado es conveniente insistir en la necesidad de que los pájaros lleguen a la época de cría en perfecta forma, por lo que no se utilizarán aquellos que presenten signos de malestar.
Si es posible es mejor permitir que los reproductores puedan formar parejas espontáneamente, intentando evitar la consanguineidad; haremos invernar a los ejemplares juntos para conseguir que se tomen confianza.
El dilema jaula o voladera queda condicionado a la disponibilidad de espacio, pero si podemos elegir, con las Estrildas cabecirroja nos aseguraremos un notable porcentaje de éxito si la alojamos en una voladera interior. Según nuestra experiencia de cría, han cohabitado pacíficamente en voladera interior de dos metros, incluso con otras especies de Estríldidos como Diamante coloria, Amaranta, Bengalí vientre naranja, sin manifestar agresividad alguna aunque quizás si observamos con mayo atención, tienden a mostrarse un poco inseguras y a mantenerse muy a la defensiva.





Una vez han elegido el punto para la nidificación, se apañan con todo lo que encuentren para forrar el nido y cuando su voluntad de reproducirse se hace irresistible llegan a utilizar también el clásico nido para canario. Obviamente es mejor colocar en la voladera varias caseta nido incluso porque la hembra es más bien precoz en el inicio de su segunda puesta. En este caso será incluso capaz de adaptarse a nidos ya utilizados por otras especies, mientras el macho, incansable, llevará a buen término el destete de la prole para, después, ayudar a la hembra una vez más.
La reproducción en jaula es ligeramente más complicada, también porque se podría llegar a necesitar nodrizas. Pero procedamos con orden.
Ante todo, las medidas no deben ser inferiores a 60 x 40 x 40 cm y, para alcanzar porcentajes reproductivos mayores es fundamental posicionar las jaulas en alto, para aumentar la privacidad de las parejas.
Es muy útil poner a disposición dos o tres tipos de nido con el fin de que la hembra pueda elegir aquel en el que se encuentre más a gusto. Por lo general, prefiero el nido de caseta de madera para “ondulados”, antes que el de doble cámara para Diamantes de Gould, pero también el tipo de nido corriente en plástico para exóticos lo aceptan de buen grado. La experiencia generalizada de los criadores aconseja rellenar el nido con yute y fibra de coco, dejando a la pareja la tarea de su acabado.
El enriquecimiento de la dieta alimenticia con una pasta blanda rica en proteínas, la puesta a disposición de gusanos de la harina, las espigas de panizo y, si se tiene tiempo, incluso las semillas germinadas, animarán a las parejas tanto a la nidificación como a la cría.
Obviamente, el grit y el hueso de sepia no deben faltar, para favorecer el aporte adecuado de calcio para la formación de los huevos, de 4 a 6 por puesta, que pondrán uno al día. Su forma y color recuerdan a los del Padda, blancos y un poco redondeados y que es aconsejable sustituir diariamente con los de plástico para colocarlos después todos juntos, con el fin de favorecer una incubación homogénea.
Por lo general, la Esrilda cabecirroja se ocupa de la incubación y, con un poco de suerte, de la cría, pero en la reproducción en jaula puede ocurrir que la pareja se muestre apática o sin intención de alimentar a los pollos. En estos casos es obligatorio recurrir a las nodrizas de Isabelitas del Japón. Pero aquí las cosas se complican un poco porque los pollos de Estrilda cabecirroja son muy diferentes a los de las Lonchura; de hecho nacen con una piel oscurísima, negro brillante, con un plumaje gris y un pico casi de paseriforme. Tampoco el reclamo de comida por parte de los pollos tiene nada que ver con el de las Lonchuras. Estos últimos, con el cuerpo biena afirmado en la base del nido, contorsionan la cabeza hacia su progenitor, agitando el pico nerviosamente. con movimientos horizontales con un ritmo que aumenta de intensidad al igual que su reclamo, a la espera de ser cebados. Sin embargo, las nidáceas de la Estrilda cabecirroja son muy poco vitales en sus primeros días de vida y perezosos a la hora del embuche para después invertir la tendencia, convirtiéndose en pájaros famélicos, que levantando el largo cuello hacia sus progenitores, proyectan su pico en busca de alimento. Cuando crecen tienen tendencia incluso a alzarse sobre sus patas y colocar su pico directamente bajo el de su progenitor de turno. Pero eso no es todo, lanzan un vigoroso reclamo, que hace “retemblar” las paredes del nido y que es perceptible a decenas de metros de distancia.
Es fácil comprender que tales diferencias entre el género Lonchura y el Amadina puedan desorientar o asustar incluso a las más voluntariosas Isabelitas del Japón. Pero hay siempre nodrizas que son capaces de llevar adelante nidadas completas de cuatro o más ejemplares sin problemas y que debemos tener localizadas siempre para estos fines.
LLegados a este punto consideramos conveniente hacer mención de la experiencia de un conocido criador que ha señalado la muerte de pollos en los primeros días de vida, incluso en aquellos casos en que han sido alimentados regularmente por sus propios progenitores naturales. El problema se puede solucionar calentando los nidos con calentadores de resitencia, de los que se utilizan comunmente para los Cardenalitos de Venezuela. El problema habría pues que achacarlo a las diferentes condiciones ambientales que se dan en nuestro criaderos con respecto a las de los lugares de origen de esta Amadina.
Huelga decir que estos problemas podrían realmente persistir en los criaderos situados más al norte o bien en locales particularmente fríos, por lo que es aún más importante seguir el consejo de calentar los nidos previsoriamente.
El destete y la muda no presentan ningún problema, pero la belleza dle color y la perfección de los diseños sólo se podrán admirar después del segundo año de vida.
Se ha comprobado también una buena longevidad y una excelente forma física en casi todas las Amadinas controladas en diferentes criaderos, por lo que no podemos hacer otra cosa que aconsejar emprender la aventura reproductiva de este Estrídido, robusto, genuino, discreto y lleno de encanto.
Para acabar nuestra exposición, una breve nota de hibridología: no recoradmaos haber visto híbridos de Estrilda cabecirroja más que con el Degollado, por lo que aconsejamos que nos dejemos llevar por el camino de nuestros sueños, porque algunos piensan que se obtendrían buenos resultados emparejándolas con Danacola de pecho blanco y con Emblema picta, incluso creo yo que con el Diamante modesto. m
Texto: Ivo Ginevra y Alessandro Cinti. Créditos fotográficos conservados en el artículo.



