Veterinaria

Prolapso cloacal

Gianluca Todisco

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La mucosa que reviste el interior de la cloaca emerge por el orificio cloacal y se hace visible desde el exterior.
La mucosa que reviste el interior de la cloaca emerge por el orificio cloacal y se hace visible desde el exterior.

Introducción

El prolapso cloacal representa la dislocación de las paredes internas de la cloaca. La mucosa que reviste el interior de la cloaca emerge a través del orificio cloacal y se hace visible desde el exterior. En esta materia, las referencias a las Psitácidas son seguramente más abundantes que las relativas a los Paseriformes y en particular a los Fringílidos. Entre las Psitácidas parece que las más afectadas sean cacatúas, ninfas y periquitos ondulados. En estas especies, los factores que predisponen al prolapso cloacal son tenesmo por parásitos, inflamación de la cloaca y masas ocupando espacios, como órganos que aumentan de volumen o neoplasias, esfuerzo prolongado en la deposición crónica de huevos, que determina distensión y, finalmente, lasitud del esfínter, con dilatación del orificio cloacal. También la inflamación de la cloaca y la enteritis crónicas determinan tenesmo crónico y disminución del tono muscular del esfinter. En los Fringílidos, el prolapso cloacal puede estar causado por la dificultad en la oviposición, con consiguientes contracciones abdominales, patologías del oviducto, patologías cloacales anteriores de otra naturaleza o diarrea crónica por bacterias de Gram-.

También puede estar relacionado con la pérdida de tono muscular, con daños en los medios de fijación y se puede acompañar del prolapso del recto o del oviducto que, a causa de su deslocalización pueden resultar obstruidos. En estos casos, se tiene una obstrucción total o parcial del intestino, que constituye la principal causa de la falta de evacuación. Entre las causas nutricionales, la hipocalcemia es una de las carencias más frecuentes relacionadas con la aparición del prolapso cloacal, porque es a menudo responsable de la retención del huevo. No es raro que el prolapso cloacal sea consecuencia de esfuerzos evacuatorios improductivos y a veces viene acompañado de la presencia de sangre en las heces. El órgano prolapsado aparece hinchado y enrojecido y si no se interviene rápidamente pueden instaurarse abrasiones traumáticas, heridas autoinfligidas, áreas necróticos superficiales, suciedades (arena, polvo, heces), costras y, muy a menudo, en el momento de la visita se presenta ya inflamado y/o afectado por infecciones secundarias. Una conducta característica en estos casos son los intentos de limpiar con el pico, de forma compulsiva y espasmódica, la zona del orificio cloacal.

Caso clínico

Este artículo se ilustra con un caso de prolapso de la cloaca en una canaria (Serinus canaria) de un año de edad, de color amarillo nevado. La canaria, activa en el primer ciclo del periodo reproductivo, empezó a presentar un deterioro de las condiciones generales, comía poco, plumaje descompuesto y puestas fallidas, a pesar de que el nido estuviese completo desde hacía un mes. A simple vista, el ejemplar presentaba desarrollo esquelético y constitución en línea con el estándar de su raza pero su estado de nutrición era malo, mostrando signos de malestar generalizados, con el plumaje desordenado, los ojos cerrados y la cola en constante movimiento (tail bobbing), signo de enfermedad. Sólo si se le estimulaba, el ejemplar se movía regularmente. El abdomen aparecía hundido y de un color rojo oscuro. A través del orificio cloacal se podía ver un tracto de mucosa intestinal que sobresalía al exterior. La lesión se presentaba con forma esferoidal, de casi 1 cm de diámetro, de superficie escabrosa, opaca, edematosa, congestionada y deshidratada. Su color, rosa muy oscuro con áreas circunscritas de mayor y menor intensidad. A la palpación, la masa resultaba de consistencia blanda.

El prolapso cloacal era consecuencia de los esfuerzos para expulsar el huevo con resultados negativos, y a la concomitante y anterior inflamación de la cloaca crónica que se daba en el ejemplar desde hacía casi tres meses.

Tratamiento

El prolapso cloacal puede ser tratado por el veterinario mediante una intervención quirúrgica de cloacopexia. O bien, como en el caso descrito en este artículo, se puede intervenir con una simple reducción con recolocación in situ del órgano ectópico y posterior cloacoplastia. El ejemplar es sometido a anestesia general gaseosa, colocándolo sobre una manta eléctrica con calefacción. La anestesia se mantiene con una máscara facial oportunamente modificada para que se adapte a las pequeñas dimensiones del paciente (derecha arriba). En nuestro caso, se ha utilizado un guante de látex no estéril, para reducir la apertura destinada a acoger la cabeza. Se limpia el tejido prolapsado y se recoloca en su lugar fisiológico en el interior de la cloaca, suturando después. La sutura es lo suficientemente estrecha como para evitar la recidiva del prolapso, pero también lo bastante ancha para permitir el paso de las heces y de la orina. La sutura se retira al cabo de un mes. Finalizada la intervención, se aplica sobre la cloaca una solución para uso tópico a base de polimixina B, sulfato y prednisolona acetato.

Una vez despierta la canaria, se aloja en una pequeña jaula en una jaula enfermeria a 28 grados durante una semana. El tratamiento farmacológico postquirúrgico preve el uso de antibiótico y antiinflamorios.

Prevención

Una buena medida preventiva del prolapso cloacal es el suministro de calcio, mejor si asociado con las vitaminas C y D y las vitaminas A y D. Las vitaminas C y D mejoran la absorción de calcio; la vitamina A protege el epitelio de las mucosas y la vitamina E desarrolla un papel antioxidante.

Canaria bajo anestesia gaseosa durante la intervención descrita.
Canaria bajo anestesia gaseosa durante la intervención descrita.
Recolocación del tejido prolapsado durante el procedimiento veterinario.
Recolocación del tejido prolapsado durante el procedimiento veterinario.
Sutura de la región cloacal tras la recolocación del tejido.
Sutura de la región cloacal tras la recolocación del tejido.
Publicado en Ornitología Práctica, número 64, páginas 67–68.
Texto: Gianluca Todisco. Créditos fotográficos conservados en el artículo.

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