Introducción ¡Maravillosamente variopinto y elegante! Con estas palabras parece que fenotípicamente no haya mucho más que decir sobre el Diamante de Goud. La madre naturaleza, en su grandeza, ha sido capaz de crear una verdadera obra maestra, un arco iris de contornos geométricos rellenos con los más bellos colores del mundo. A esta peculiaridad se añaden otras dotes, como tranquilidad y silencio, con lo que reúne lo máximo que se le pueda pedir a un animal doméstico. La mayoría de los criadores están de acuerdo en que el Diamante de Gould es el príncipe de los pájaros de criadero. Como todos los animales domésticos, también esta especie se ha visto afectada por variaciones fenotípicas, que en este caso y según mi parecer no han añadido, sin embargo, ningún nuevo valor a la especie, como sí ha ocurrido en muchos otros casos. Una especie tan rica en colores, cuando se ve afectada por una mutación no puede menos que perder un poco de su fascinación. Y sin embargo, si para la mutación “pastel” y la mutación “pecho blanco” esto es cierto, en el caso de la variante “azul”, la naturaleza, con una de sus bromas habituales, ha sido capaz de sorprendernos una vez más. ¿Qué hay más bello que un Diamante de Gould ancestral sino un Diamante de Gould azul?
La genética Variedad hoy abundantemente presente en la selección del Gould, está producida por una mutación autosómica recesiva de un gen mayor, que inhibe la capacidad de síntesis y fijación de los lipocromos. Aparecida aproximadamente en los años ‘70 del siglo pasado, en cualquier caso después que la mutación “pecho blanco”, corresponde a lo que en canaricultura se define corrientemente como “blanco recesivo”. En el Diamante de Gould, la particular estructura laminar del ápice de la plumas y el fondo saturado de eumelanina de las mismas permiten que se produzca un fenómeno de refracción muy nítido, que desarrolla un maravilloso y compacto color azul cielo en el conjunto, fruto de la descomposición de la luz blanca y de su reverberación. Este fenómeno es tanto más intenso cuanto más rica en lipocromo es la especie en su estado ancestral y, sobre todo, cuanto más desarrollado esté el factor de refracción compuesto esencialmente por dos elementos: estructura queratínica de las plumas y saturación eumelánica profunda de las mismas. Al estar la mutación a cargo de un gen mayor, la expresión en estado homocigoto de la mutación es total, es decir no hay residuo lipocrómico alguno. Precisamente por este motivo, los portadores presentan una inferior calidad del pigmento lipoide, con evidentes infiltraciones turquesa, manifestación de la escasa cantidad del depósito lipocrómico.
La selección La selección de esta mutación no presenta especiales dificultades, siempre que en su origen se tenga una cepa de mutados y portadores de las adecuadas características fenotípicas. La expresión de un azul intenso y homogéneo, además de brillante, sólo es posible cuando los ejemplares destinados a la reproducción presentan el ya mencionado factor de refracción al máximo de sus posibilidades. Esto lo podemos observar tanto en los mutados azul como en los ancestrales portadores. Mientras que en los mutados, la misma intensidad del azul será índice de adecuación a través de un color homogéneo y sin reflejos grisáceos, en el ancestral portador, la potencialidad de obtención de una descendencia mutada se evidencia en la expresión no de una notable carga lipocrómica, sino en la expresión del factor de refracción, que produce la llamada brillantez de los colores.

Esto lo podremos evaluar a partir de la particular luminosidad del lipocromo y de la exaltación de las inevitables infiltraciones azuladas en los puntos de escaso depósito lipocrómico (áreas sobrescapulares y coberteras), que presentarán extensión e intensidad acentuadas en los ejemplares capaces de producir una excelente descendencia, al menos para el color azul. De lo expuesto queda claro en buena lógica que los resultados se obtienen no tanto de la selección del efecto macroscópico del gen mutado (eliminación del lipocromo), sino de la capacidad de seleccionar, mediante su intensificación, la actividad de los genes de acción cuantitativa, que desarrollan el fenómeno de la refracción. En otros términos, si la mutación azul está producida sobre cualquier gen mayor, cuya variación determina la inhibición absoluta de los lipocromos, la selección de su expresión se desarrolla mediante la exaltación de un fenómeno del mutante, que en canaricultura viene definido como el “efecto limón”.
Como se deduce de este término, hoy quizás menos en auge que en otros tiempos, quien cría canarios lipocrómicos amarillos tiene seguramente mayor experiencia que un criador de Gould. Este carácter de transmisión cuantitativa codominante, interfiere sobre la estructura laminar del ápice de las plumas y es independiente de la presencia o no de lipocromo. Confirmación a cuanto hemos dicho son todas las especies en las que cuando se produce la eliminación del lipoide de los verdes, asumen coloraciones azules. Recordemos que el origen del color azul en los pájaros es físico (luz refractada), es decir que no hay sustancias pigmentantes que produzcan los colores vistos. Resulta claro en este punto que en la selección del Diamante de Gould azul, para mejorar el tono y la intensidad del color azul será conveniente elegir ejemplares que presenten un “efecto limón” más que adecuado, evaluable sólo mediante la brillantez y luminosidad del plumaje.
Es evidente que la evaluación objetiva de este parámetro selectivo es difícil, incluso porque la brillantez del plumaje depende también de factores fácilmente modificables, como el estado de conservación y la limpieza del mismo. La mayor garantía de éxito se tiene escogiendo reproductores de fenotipo mutado, que presenten ya una expresión óptima del carácter.
Conclusiones Es importante, en primer lugar, iniciar nuestro propio recorrido selectivo con ejemplares de buena genealogía y que presenten fenotipos adecuados. La selección de esta mutación resulta, de hecho, más ardua a causa del mencionado “factor limón”, con carácter genético cuantitativo, porque es más fácil sumar las características buscadas allí donde ya hay una buena cantidad de elementos a nuestro favor. Fundamentalmente, la calidad del plumaje de nuestros reproductores, por cuanto este carácter incide intensamente sobre la expresión del factor azul. Sería oportuno crear líneas selectivas separadas entre azul de cabeza negra y azul de cabeza clara; los expertos saben que aunque de forma imperceptible, la tonalidad del azul cambia en ambas variedades. Es óptimo el acoplamiento en pureza entre azules, pero también el uso de portadores, mientras desaconsejo vivamente una selección mixta entre azul homocigótico y portadores o mutados incluso para otras variedades genéticas (pecho blanco y pastel). Siempre importante, pero aún más en nuestro caso, el cuidado del plumaje en los Gould azul, que debe iniciarse ya en el nido con una alimentación rica, con adecuado contenido proteico. Baños diarios y sol completarán un proceso selectivo capaz de proporcionarnos grandes satisfacciones.
Texto: Francesco Faggiano. Pies y créditos cotejados con el original; las descripciones digitales se distinguen en el registro de revisión.





