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Historia de la mutación opalino en Agapornis fischeri

Ugo Brambilla

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En el año 2007, Claudio Garani, una figura histórica en el mundo de la ornitología italiana, criador de siempre y gran conocedor de la mayor parte de las especies de papagayos, vendía una pareja de Agapornis fischeri verdes, seleccionada entre un nutrido grupo que tenía alojado desde hacía tiempo en una voladera. El grupo estaba formado por ejemplares nacidos en parte en su criadero y en parte escogidos como “sobrantes” de otros criadores. Por ello cabría pensar que la pareja fue creada eligiendo casi al azar. En el criadero del nuevo adquirente, el sr. Martelli, la pareja quedó alojada y cuidada adecuadamente, y empezó bastante pronto la reproducción, pero a pesar de que hizo 4 puestas, todas ellas resultaron claras. Se decidió sustituir al macho y reconstruir la pareja. Pero esta sustitución no fue posible debido a problemas sobrevenidos de salud y hubo que esperar. Pasaron seis meses antes de que el criador tuviese tiempo de nuevo para dedicarse adecuadamente a los fischeri, pero en aquel momento se presentó en el criadero de Garani con un ejemplar muy joven que había nacido de la pareja en el aquel tiempo de espera. El criador preguntó a Garani cómo podría clasificarse aquel pequeño nacido de dos verdes, ya que presentaba una coloración absolutamente anómala, llegando incluso a pensar en la posibilidad de que uno o ambos componentes de la pareja no fuese puro. Pero Garani, como experto, sospechó de inmediato que podía tratarse de una posible mutación, ya que estaba bastante convencido de que en el grupo del que había sido extraída la pareja original sólo había verdes normales y ningún portador, ni mucho menos híbridos. El criador, siguiendo las instrucciones de Garani, decidió mantener la pareja y al pequeño a la espera de nuevos acontecimientos. La pareja nidificó con una cierta regularidad, produciendo infaliblemente en cada nidada un pequeño del nuevo e insólito color. Con la primera muda de estos pequeños, se produjo la metamorfosis, con la manifestación de una mayor extensión e intensidad del rojo que, partiendo de la frente, recubría la cabeza y parte del cuello, mientras que al mismo tiempo faltaba cualquier traza del color habitual sobre la rabadilla. En compensación, aparecía un bellísimo e inédito encaje sobre las coberteras alares. A partir de la segunda nidada, el criador Martelli estuvo de acuerdo en compartir la producción con Garani, con el fin de repartirse el trabajo de selección, aunque trabajando en sociedad. Pero la idea era, sobre todo, minimizar el riesgo de perder la mutación como consecuencia de un posible incidente de la naturaleza que fuese. En 2010, viendo que la prole de la pareja de la que se originaba la mutación era bastante pequeña, generalmente débil y, comparada con las restantes cepas de la misma especie, relativamente poco prolífica, Garani empezó a reagrupar todos los jóvenes, incluidos los poquísmos mutados obtenidos hasta la fecha, en un único grupo, alojado en una gran voladera, pensando que de esa forma facilitaría la formación de las parejas y el que los ejemplares se fortaleciesen con el ejercicio del vuelo. La cantidad de huevos no se alejaba de los números típicos de la especie, pero lamentablemente una gran parte de estos no eclosionaban, ni con incubación natural ni con incubación artificial ni con nodrizas. Como esta problemática perduraba en el tiempo, Garani incorporaba al grupo consanguíneo ejemplares de gran talla, provenientes de otras líneas de sangre. Y mientras tanto había pasado otro año. En la voladera comunal, las cosas empezaron a mejorar, y la mayor parte de los huevos llegaba a eclosionar. Pero quien haya experimentado este tipo de cría conocerá el reverso de la moneda: • no podía identificarse la verdadera naturaleza de la mutación; • se crearon muchos, demasiados ejemplares de colores normales y por consiguiente no diferenciables de posibles o seguros portadores; • algunos jóvenes, una vez emprendido el vuelo y no convenientemente seguidos por sus progenitores, se perdían. En 2012, Garani decidió fraccionar todo el grupo y alojarlos en jaulas de cría de 90 x 40 x 40 cm, situadas en el interior. Obviamente este paso no fue gratuito por cuanto la adaptación de los Agapornis desde la gran voladera exterior a su nueva situación exigió de 6 a 9 meses. Este lapso de tiempo se justifica si pensamos que además del cambio de alojamiento, las parejas se formaron según las necesidades del criador y muchas parejas que ya se habían formado en la voladera, fueron separadas.

Mientras tanto, en la voladera exterior había nacido una hembra fischeri lutino, la primera y única de este color nacida en aquel criadero. Garani fue de la opinión de que era portadora de opalino, aunque antes de entonces nadie había visto un verdadero fischeri opalino lutino y, por consiguiente, no se tenía conocimiento del color que podría asumir. Cuando los componentes de la colonia fueron alojados en jaulas, esta hembra presunta portadora fue acoplada con un macho portador seguro. Garani utilizaba por aquel entonces un método empírico para establecer si un ejemplar verde era o no portador de opalino. Sencillamente, si nacía de un mutado por un normal, pensaba que era a su vez portador, independientemente del sexo. Con esta premisa, se comprende porqué había acoplado un macho portador de opalino con esta hembra lutino, obteniendo jóvenes de color verde normal y también dos opalinos, de los cuales uno macho. De este resultado reproductivo se generó el gran error que durante un largo periodo de tiempo despistó a todo el mundo, de que el factor fuese autosómico recesivo. Pero, en efecto, la hembra lutino era una opalina lutino, sólo que no reconocida y catalogada inmediatamente como tal. También porque en los Agapornis fischeri lutino se obtiene ya normalmente un ligero incremento del rojo en el cuello y en la cabeza. La falta de reconocimiento confundió un poco todo, llevando a Garani también a reunir algunas parejas para explotar la selección razonando como se razona con las mutaciones autosómicas recesivas. En efecto, a la vista de las posteriores experiencias, se ha comprobado que, como en los Agapornis roseicollis, el factor opalino es una mutación ligada al sexo. Hacia finales de 2013, tras una atenta evaluación de los resultados reproductivos e infinidad de discusiones entre los aficionados, la genética empezaba a aclararse y, por enésima vez, una serie de parejas fue dividida y reorganizada, sin que faltase en cualquier caso la inserción de nuevos ejemplares de óptima talla y con toda una serie de colores, incluso nuevos para la especie. Y todo esto con el objetivo obvio de superponer el factor opalino a todas las demás coloraciones de la especie Agapornis fischeri.

Jóvenes Agapornis fischeri Opalino verde.
Jóvenes Agapornis fischeri Opalino verde. · Brambilla
Agapornis fischeri Opalino slaty D azul, primer ejemplar crwado en el mundo.
Agapornis fischeri Opalino slaty D azul, primer ejemplar crwado en el mundo. · Brambilla
Nidáceas de Agapornis fischeri Opalino cara amarilla. En segundo plano, Agapornis fischeri Opalino azul cara amarilla.
Nidáceas de Agapornis fischeri Opalino cara amarilla. En segundo plano, Agapornis fischeri Opalino azul cara amarilla. · Brambilla

A partir de aquí, el trabajo se hace más sencillo. Identificada exactamente la naturaleza genética real de la mutación, los acoplamientos ya no se hacen a ciegas sino que se programan, incluso con años de antelación. La mutación, mientras tanto, se va divulgando, con ejemplares cedidos anteriormente a criaderos superespecilazados del exterior. En toda Europa, hay criadores interesándose por esta nueva mutación, que puede considerarse totalmente italiana. En el criadero de Garani es ya posible admirar superposiciones del opalino con los siguientes factores: azul, slaty, verde, slaty azul o lutino, y en fase de propagación, ejemplares mutados de opalino azul ewing, opalino verde ewing, opalino diluido, opalino azul cara amarilla. Exhorto a Garani y a los pocos criadores italianos que actualmente se están centrando en estos fischeri mutados a ser un poco altruistas y a que presenten algunos ejemplares en todos los concursos, aunque no estén al máximo de su estándar. La reconstrucción de esta historia ha sido posible gracias a innumerables y larguísimas charlas con el amigo Garani en el curso de estos años, y debo reconocer que muy a menudo, los pareceres sobre cómo actuar han sido totalmente opuestos. A él debemos agradecer en cualquier caso los resultados obtenidos.

Agapornis fischeri Opalino verde osuro y Agapornis fischeri Opalino verde.
Agapornis fischeri Opalino verde osuro y Agapornis fischeri Opalino verde. · Brambilla
Dos vistas de Agapornis fischeri Opalino slaty azul, priemer ejemplar obtenido en mundo. Fotos Brambilla. Criadero. Garani.
Dos vistas de Agapornis fischeri Opalino slaty azul, priemer ejemplar obtenido en mundo. Fotos Brambilla. Criadero. Garani. · Brambilla
Dos vistas de Agapornis fischeri Opalino slaty azul, priemer ejemplar obtenido en mundo. Fotos Brambilla. Criadero. Garani.
Dos vistas de Agapornis fischeri Opalino slaty azul, priemer ejemplar obtenido en mundo. Fotos Brambilla. Criadero. Garani. · Brambilla
Doble página siguiente, vista dorsal y frontal de Agapornis fischeriOpalino slaty.
Doble página siguiente, vista dorsal y frontal de Agapornis fischeriOpalino slaty. · Alcedo
Doble página siguiente, vista dorsal y frontal de Agapornis fischeriOpalino slaty.
Doble página siguiente, vista dorsal y frontal de Agapornis fischeriOpalino slaty. · Alcedo
Dcha. Agapornis fischeri Opalino cobalto. Foto: Brambilla. Criadero: Garani.
Dcha. Agapornis fischeri Opalino cobalto. Foto: Brambilla. Criadero: Garani. · Brambilla
Abajo. Agapornis fischeri Opalino lutino joven.
Abajo. Agapornis fischeri Opalino lutino joven. · Alcedo
Publicado en Ornitología Práctica, número 85, páginas 52–58.
Créditos fotográficos conservados en el artículo.

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