Híbridos

Camachuelo mejicano x Camachuelo picogrueso

Paolo Archetti

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Página anterior. Hembra de Camachuelo picogrueso.
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La hibridación ha alcanzado cotas realmente increíbles. Se han llevado a cabo muchas combinaciones híbridas pero aún faltan muchas por desarrollar, para goce y disfrute de los aficionados. Sin embargo, hay aún algunas especies poco utilizadas. Entre éstas, el Camachuelo picogrueso, hibridado con el Canario doméstico, el Piquituerto y el Camachuelo europeo. Por ello, la combinación que presentamos, este cruce de Camachuelo picogrueso x Carpodaco mejicano, tanto macho como hembra, podemos decir que es muy rara, Pero con referencia al Camachuelo picogrueso hay aún numerosas combinaciones por explorar con especies de fauna europea de factor rojo, con el Pardillo común y el Pardillo sizerín, con exóticos, con todas las variedades de Trompeteros, pero incluso con el Camachuelo colalarga o con el Carpodaco escarlata. Por lo que se refiere a ejemplares de factor amarillo, bellísimo e imponente el híbrido con el Verderón, pero también con el Serinus sulfuratus. Finalmente, y quizás más complicado, el cruce Jilguero x Camachuelo picogrueso.

Crío como aficionado algunos tipos de fringílidos, pero la hibridación es mi verdadera pasión. La historia de esta hibridación empezó hace algunos años cuando me regalaron una pareja de lo que presuntamente eran unos Camachuelos picogrueso. El dimorfismo sexual se manifiesta poco en este majestuoso y espléndido fringílido y, no conociendo mucho la especie, me costaba mucho distinguir el macho de la hembra, por lo que la duda de que realmente fuesen una pareja era muy grande. La “pareja” fue alojada en una voladera exterior de 1 x 1 x 2 m de altura, con abundante ramaje en el interior de varios tipos de coníferas, tuyas, cipreses, abetos rojos, y con dos nidos situados en lo alto sobre el frontal, camuflados bajo ramas de pino y que sólo se podían ver a través de una puertecilla desde el exterior, para no molestar caso de una posible reproducción. En los primeros días de junio, la hembra empezó la construcción de un nido, pero el presunto macho no cantaba. Algunos días después, las ganas de ver si había puesto ya un primer huevo era tanta que, curioseando, me encontré con dos nidos acabados y dos ejemplares que incubaban tranquilamente, sin ningún temor ante mi presencia. La duda acababa de quedar resuelta:¡se trataba de dos hembras! Las dejé incubar durante una semana mientras mis pensamientos se dirigían ya a la hibridación. Decidí separar a las dos hembras en una voladera cada una y en cada una de ellas introduje dos machos de Carpodaco mejicano, muy fogosos pero también muy agresivos. Lamentablemente, las peleas se sucedían, hasta tal punto que, a pesar de otras dos puestas, ninguno de los huevos resultó fecundo. Al final ese año pasó sin resultado alguno. En otoño, convencido por un amigo, decidí criar en pureza el Camachuelo picogrueso y a tal fin compré dos nuevos machos, que lamentablemente morirían al cabo de tres meses, uno después del otro. Ante esta decepcionante experiencia, me incliné por intentar de nuevo la hibridación con dos Carpodacos mejicanos y, finalmente, de las dos parejas obtuve dos huevos fecundos que, por desgracia, no llegaron a eclosionar y los embriones morían en el huevo. ¡Qué poca suerte! A veces las cosas parecen desarrollarse siempre en la misma dirección, pero yo, testarudo como un mulo (y quizás incluso más) no me resignaba y al año siguiente intenté de nuevo los mismos acoplamientos. Deje que las parejas invernasen en el exterior en dos voladeras diferentes, como por otra parte acostumbro a hacer con el resto de las parejas con las que hibrido. Estoy convencido de que esto es fundamental para que los ejemplares se cojan confianza. La alimentación estaba compuesta por una mezcla básica para canarios, con una parte de mixtura para Piquituertos, semillas cocidas, germinadas y mezcladas con pasta seca artesana, bayas frescas de pyracantha, ligustro, alternando, y diferentes verduras tipo berza, zanahoria, pepino y también manzana. Con la llegada de junio, la hembra empezó a poner puntualmente. Las primeras nidadas resultaron infecundas y de las posteriores obtuve un huevo fecundo de cada pareja. El primer pollo nacía el 14 de julio y lo puse al cuidado de una hembra de Carpodaco mejicano, que ya había probado como nodriza y era una excelente embuchadora. El pollo se destetó regularmente y resultó ser un macho. El segundo nació el 20 de julio, bajo los cuidados de una nodriza Canaria, que lo alimentó amorosamente hasta el cuarto día, en que, mientras controlaba los nidos como hago cada mañana temprano, descubría a la Canaria muerta sobre el nido, y al pequeño híbrido, todavía vivo, reclamando su comida. Probé a dejarlo al cuidado de otra Canaria, pero lamentablemente ninguna de las que disponía lo aceptó. Como último recurso, opté por criarlo a mano, algo que ya me había ocurrido antes con tres pollos de Piquituerto, con la ayuda de mi madre, que lo embuchaba en mis ausencias por motivos laborales. Le suministraba una papilla compuesta por pasta para embuche del comercio, carne de ternera liofilizada, huevo duro, polillas de la miel estrujadas, alternando con zanahoria, manzana y diente de león finamente triturados y alfalfa en polvo. El joven híbrido creció rápidamente y se destetó alrededor del 40ª día, un poco más tarde de lo normal, pero en línea con la cría a mano, y resultó ser una hembra de una docilidad increíble. Pero también el macho era de naturaleza tranquila. Probablemente habían heredado esta característica de la madre más que del macho mejicano, especie notoriamente silvestre. Me había costado tres años obtener estos dos híbridos tan deseados, pero estas son las satisfacciones de un verdadero hibridista ¡por lo general más dolores que alegrías!

Abajo. Macho de Carpodaco mejicano. Campeón del Mundo en Piacenza. Criador: Walter Vinante.
Abajo. Macho de Carpodaco mejicano. Campeón del Mundo en Piacenza. Criador: Walter Vinante. · Alcedo
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Publicado en Ornitología Práctica, número 85, páginas 38–43.
Texto: Paolo Archetti. Créditos fotográficos conservados en el artículo.

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