El Serinus alario pertenece al heterogéneo grupo de los Canarios africanos, entre los cuales es uno de los pocos, junto al Cantor de África, que no presenta trazas de lipocromo: el blanco, el bruno y el negro y los diferentes difuminados de gris en la hembra son los tonos que apreciamos en su librea. Pero a pesar de sus colores, es uno de los Canarios africanos más fascinantes. En primer lugar, por la capucha del macho, de dibujo nítido, definido, casi agresivo, que se desdobla sobre el pecho formando una doble V invertida. Después, por ese magnífico bruno rojizo típico del dorso, alas y cola, una de las tonalidades más cálidas que podamos ver en los Fringílidos. Sólo el macho del Pardillo en celo comparte parcialmente la armonía e intensidad de estos tonos. Especie típica de África meridional, comparte biotipo con su única subespecie conocida, el Alario de Damara, Serinus alario leucolaema, que algunos estudiosos consideran especie aparte (Serinus leucolaema). El fracaso en los numerosos intentos de hibridación entre las formas, confirman totalmente la absoluta fecundidad de todos los híbridos derivados, incluso las hembras, lo que hace que nuestra opinión se decante hacia la versión de “subespecies”, antes que hacia la de especie diferenciada.
Nombre científico: Serinus alario (Linnaeus 1758) Subespecies: - Serinus alario alario (Linnaeus 1758) - Serinus alario leucolaema (Sharpe, 1903)
Descripción La cabeza del macho se presenta uniformemente negra, hasta el collar blanco, que marca la separación con el bruno, en la zona dorsal. Por delante, la capucha negra se prolonga en dirección al pecho, formando un V invertida, una especie de doble corbata negra, que se extiende hasta los flancos. El resto del pecho, hasta la zona inferior de la cola, es blanco, no puro, sino vistosamente infiltrado de tonalidades brunas. Si nos detenemos en el dorso veremos que presenta un cálido colorido bruno rojizo, que se extiende desde la zona dorsal hasta el ápice de las timoneras. Las rémiges primarias, por su parte, muestran un bonito color negro brillante. Las partes córneas, pico y patas, muy oxidadas, muestran un color gris oscuro casi negruzco. La hembra comparte, aunque con tonos más atenuados, el bruno rojizo de la zona dorsal, cola comprendida. Carece, sin embrago, de capucha, presentando cabeza, pecho y vientre de un color gris marrón, con difuminados de varios tipos. Las alas presentan reborde negro sobre las rémiges primarias. La subespecie Serinus alaria leucolaema es igual en cuanto a forma, costumbres y comportamiento, diferenciándose de la forma nominal por la interrupción de la capucha negra, que presenta un evidente diseño facial blanquecino. Estas zonas despigmentadas las encontramos también en la hembra, aunque con las debidas diferencias con respecto al macho, con referencia específica sobre todo a la ausencia de la capucha.
Experiencia de cría Mi primer contacto con la especie se debió al regalo, que me hizo un buen amigo criador, de una pareja anillada y nacida en su criadero. La primera temporada fue abundante y obtuve 9 pequeños criados en pureza pero, lamentablemente, todos hembras. En noviembre de aquel año, cedí mi cepa para dejar sitio para mis Jilgueros mutados. Sin embargo, la especie me había fascinado y en los años posteriores sólo conseguí encontrar algún que otro ejemplar, pero únicamente machos y de importación. Luego las importaciones se cerraron y pasaron un par de años hasta que en una visita al enorme aviario, en Alemania, de Daniele Capone,gran criador de Jilgueros mutados y excelente persona, al comentarle mi interés por encontrar alguna pareja de Alarios, conseguía localizar una. Feliz como un niño con juguete nuevo, de regreso a casa, la alojé en una voladera semi-exterior de 80 cm x 2 m x 1,50 m. La alimentación fue la habitual de los pájaros de mi criadero, pero “ajustada” a las exigencias de los Serinus: aumento del porcentaje de semillas pequeñas y redondas, como la perilla, el lino y amapola y siempre a disposición, una espiga de panizo. Sin embargo, esta mixtura de semillas la suministraba “racionada”, limitándola a una cucharadita por ejemplar. Alpiste canadiense, siempre disponible y, además, una cucharadita por ejemplar de semillas recién germinadas (níger, girasol negro y otras), mezcladas con una de pasta seca. Una vez a la semana, huevo cocido durante 7 minutos, mezclado con pasta seca. A finales de marzo, la hembra se veía cada vez más inquieta, transportando con el pico diferentes hilachas, continuamente estimulada por su compañero, que no paraba de cantar con las alas caídas. Pero no llegó a terminar un verdadero nido y sobre el 10 de abril puso el primer huevo en la caseta interior, incubándolo con poca asiduidad. Finalmente fueron 5 los huevos puestos, que pasé al cuidado de una Canaria, a la espera de una segunda puesta de la Alario, que efectivamente se produjo al cabo de quince días. Tampoco la hembra mostró excesivo interés en su cuidado, por lo que los pasé a una segunda Canaria. De los primeros huevos, sólo uno resultó fecundo y el pequeño nacía al cabo de 13 días. De la segunda puesta, también un único huevo fecundo, pero el pollo no fue debidamente atendido por la nodriza Canaria y moría a los 3 días. La hembra de Alario moriría en agosto a consecuencia de un increíble “golpe de calor”, con temperaturas superiores a los 45° durante cinco días, que causó también la muerte de otros pájaros del aviario. El único superviviente resultó ser una hembra muy dócil. El Alario, muy común en un tiempo, que se utilizó mucho en hibridación, es muy raro hoy día y las parejas disponibles en Europa son realmente muy pocas. Por ello animamos a los pocos criadores que aún dispongan de alguna pareja, para que se intercambien ejemplares, con el fin de ir renovando la sangre de sus cepas, que permita la selección de líneas predispuestas a la reproducción en cautividad.







Alario y Alario de Damara
Concentrándonos en el diseño facial, las diferencias entre las dos subespecies estudiadas es evidente. Si en el Alario encontramos una capucha completa, de un negro total y sin interrupciones, en el Alario de Damara aparece vistosamente rota por algunas manchas blancas, que se localizan principalmente en la zona ciliar y en las mejillas y, sobre todo, en la garganta. También el collar blanco se extiende más a nivel dorsal y la doble corbata negra aparece interrumpida antes de unirse con los flancos. En resumen, más blanco y menos negro para el Damara parece la regla. A esto habría que añadir que a menudo el Damara que hoy podemos ver ha sufrido mestizajes con los Alarios comunes.
Alario de Damara x Jilguero
No son muchos los cruces obtenidos de Alario (Serinus alario - Linnaeus, 1758), bellísimo canario africano, típico de África meridional, y el resto de los fringílidos. Si excluimos por el momento los obtenidos con la Canaria doméstica, son muy pocos los que hemos tenido ocasión de comprobar, todos ellos recogidos en el libro Los híbridos, de la Biblioteca de Ornitología práctica. • Carduelis notata (Pecho negro) x Alario; • Alario x Lúgano; • Alario x Verderón (híbrido probablemente hembra); • Alario x Jilguero. La escasez de resultados cabe atribuirla probablemente a la poca disponibilidad de este exótico en domesticidad más que a una real dificultad hibridatoria de tipo genético, como por su parte ocurre por ejemplo con el Pinzón vulgar. Pero también, como veremos, a una cierta exagerada impetuosidad del macho. Localizado el criador de este híbrido, Giorgio Vidoni, contactamos telefónicamente con él y nos contó su experiencia. Aunque normalmente crío Jilgueros, Carduelis notata y Camachuelos, algunas parejas de Cardenalito y Canarios de vientre amarillo (Serinus flaviventris), desde hace algunos años, me dedico también a la cría en pureza de Alarios, tanto en su forma nominal como en la subespecie Alario de Damara (Serinus alario leucolema). Después de haber realizado algunos híbridos con Canaria Satiné, desde hacía un par de años me rondaba por la cabeza el híbrido de Alario de Damara x Jilguero. Los primeros resultados fueron decepcionantes: el macho Alario es exageradamente fogoso, hasta el punto de que impide que la hembra nidifique. Por esta razón había colocado a la pareja en un jaulón, interponiendo un separador metálico.
Mi estrategia reproductiva preveía la retirada del separador tan pronto la hembra empezase la construcción del nido. Y al tercer intento, tuve suerte. Había alojado a la pareja en el habitual jaulón de 120 cm, con el separador. La hembra de Jilguero inició la construcción del nido avanzado agosto y quizá lo avanzado de la estación favoreció el que aumentase la confianza entre los dos miembros de la pareja, hasta tal punto que, al retirar el separador, la hembra aceptó al Alario de buen grado, terminando la construcción del nido y poniendo tres huevos.


Retiré al macho y dejé que la hembra incubase tranquilamente, ya que, por otra parte, en aquel momento de la temporada, no me quedaba ninguna nodriza disponible. El 28 de agosto nacían dos pequeños híbridos, calentados por la madre pero en modo alguno alimentados.
Así pues, no me quedó más remedió que utilizar a la madre como incubadora natural y encargarme personalmente de la alimentación de las dos nidáceas al palillo. A tal fin usé polvo de embuche a mano del comercio mezclado con agua tibia y yema de huevo duro.
Al cabo de tres días moría el pequeño más débil, mientras que el otro crecía regularmente. Tras el anillamiento, lo llevé a casa y lo mantuve bajo un paño, alimentándolo al palillo hasta su destete. Obviamente, el híbrido, que resultó ser un macho, era muy sociable, pero al destetarse a finales de septiembre, mudó muy tarde y no me dio tiempo a exponerlo en ningún concurso. En la siguiente temporada, sí que lo llevé a concursar, obteniendo 91 y 94 puntos y, lo más importante para mí, recibiendo muestras de admiración y críticas muy favorables de los técnicos del sector, que comprendieron la objetiva dificultad y la rareza del híbrido en cuestión.


Texto: Massimo Natale. Créditos fotográficos conservados en el artículo.






