Introducción
En base al propio interés por conocer más la especie y con la experiencia de enjuiciamiento que tuve en las islas Canarias, gracias a la invitación de la sociedad A.C. Pinzón del Teide en Santa Cruz de Tenerife y la A.O. El Capirote de las Palmas de Gran Canaria, donde se realizó el regional de las islas, me he aventurado a realizar este pequeño trabajo donde se expondrá el ideal de belleza del Cardenalito de Venezuela. En este artículo se procurará presentar, de la manera más concienzuda, objetiva y equilibrada posible, las distintas partes del cardenalito de Venezuela, procurando incluir orientaciones “positivas” donde se hablará del color ideal o del diseño que se debería lograr o buscar. Todo ello siguiendo el estándar OMJ-COM, además de mi opinión y la de aquellos a quienes he consultado. Para una mejor descripción del color, se ha utilizado el sistema de referencia RAL. De esta manera, se podrá clarificar mucho más, al margen de los innumerables matices intermedios, el tono ideal en cada caso. El sistema de colores RAL atribuye un número de cuatro dígitos a cada color. También se podría haber utilizado otro sistema, como el Pantone, ambos ampliamente conocidos. Aunque, en este caso, se ha dado preferencia al sistema RAL puesto que ya ha sido utilizado por la comisión técnica de color OMJ-COM para estandarizar el tono de los canarios ágata pastel (Organización Mundial de Jueces, 2015).
El Cardenalito de Venezuela
Fue catalogado por primera vez en 1820 por Swaison y llamado así por su color lipocrómico rojizo y su pequeño tamaño comparado con el resto de cardenales, además de incluir la referencia de su ubicación principal, Venezuela. A pesar de ser nombrado como un pequeño cardenal, debemos tener muy en cuenta que su origen evolutivo poco tiene que ver con la familia “Cardinalidae”, siendo conocido en el ámbito científico como “Jilguero rojo” o, mejor, “Lúgano rojo”. Se encuadra, desde hace unos años, dentro del género “spinus”, y su denominación en latín es “Spinus cucullatus” y no “Spinus cucullata” por el simple hecho de que debe haber concordancia en género y número en las denominaciones latinas. El género “spinus” está formado por los conocidos como jilgueros, tarines o lúganos americanos, que formaban parte del género “carduelis”, exceptuando a la especie que esculpió el nombre del género, al lúgano “Spinus spinus”, de origen euroasiático, y al serín del Tibet o Jilguero Tibetano, “Spinus thibetanus”, antiguamente situado en el género “serinus”, que gracias a los estudios de ADN mitocondrial ha sido reubicado. Como curiosidad, el nombre “spinus” fue introducido en 1816 por el naturalista alemán Carl Ludwig Koch (Koch, 1816) y su origen está en la palabra “spinos”, del griego antiguo, que denominaba así a un ave ahora inidentificable (Jobling, 2010). Por otro lado, Aristóteles, en su libro “Historia de los animales”, escrito sobre el 343 a.C., hizo referencia al lúgano euroasiático, al jilguero euroasiático y a otra especie conocida como “chrysometris”, que posiblemente se trate de la especie citada anteriormente como “spinos”, caracterizándose todas ellas por alimentarse de plantas espinosas (Papavero, Pujol y Llorente, 1995). Es por ello posible que esta preferencia por las plantas espinosas sea el origen del nombre de este género “spinus”. Por otro lado, el término “cucullatus” es un epíteto que viene del latín vulgar y viene a significar “provisto de capucha o con tapa” (Jobling, 2010), siendo un nombre muy recurrente en las denominaciones de diversas aves que presentan una especie de cresta en el píleo, como el Brasita de fuego (Coryphospingus cucullatus), aunque también se ha usado en otras especies como el conocido y extinto pájaro dodo (Raphus cucullatus). Tratándose del “spinus” más reproducido en cautividad, junto con el Cabecita negra y el Lúgano, el Cardenalito de Venezuela es un ejemplar que fácilmente se puede observar en concurso. En España, existe un lugar donde la concentración de criadores de cardenalito es increíblemente superior a la de otros puntos de nuestro país; se trata del archipiélago canario, cuna de varios campeones del mundo en esta especie. En cualquier concurso de estas islas podremos observar, con bastante facilidad, más de 50 cardenalitos compitiendo. En el año 2016, por ejemplo, el concurso de la A.C. Pinzón del Teide, en Santa Cruz de Tenerife, contó con casi 140 cardenalitos y el campeonato canario, organizado por la A.O. El Capirote, no se quedó atrás, con casi 80 cardenalitos en concurso. A modo de comparativa, se puede mencionar que en el pasado mundial de Almería 2017 hubo más de 120 cardenalitos disputándose los ansiados galardones. Gracias a esta gran afluencia en concurso, la OMJCOM acordó pasar, finalmente, al Cardenalito de Venezuela a la sección de exóticos domésticos, en mayo de 2014 (Paparella y Tarnus, 2015). Esto supone que estos ejemplares serán enjuiciados con una planilla diferente a la que tenían en años pretéritos, en la que se otorga mayor porcentaje de puntos al tipo y estructura, entre otros. Es por ello que, aprovechando la ocasión y de manera conjunta, se aprobó un nuevo estándar para esta especie. El estándar aparece publicado en un artículo de Italia ornitológica en el número de junio/julio de 2014 y es posible descargarlo a través de la web de la Federación Ornitológica Italiana.
Iniciativa Cardenalito
Al margen de nuestro ámbito deportivo, desde Venezuela, en conjunto con otros países americanos, se está promoviendo una iniciativa en pro del Cardenalito. Con el liderazgo de Smithsonian Institution, en Washington, D.C., Provita, en Caracas, y South Rupununi Conservation Society, en Guyana, están progresando en acciones clave que buscan proteger y restaurar poblaciones prósperas. Para ello, necesitan ayuda. En su web (www.cardenalito.org.ve) podréis encontrar más información al respecto. Esta iniciativa surge de la necesidad de proteger y conservar esta especie. La captura y comercialización ilegal, la pérdida de hábitat o el cambio climático constituyen las principales amenazas para esta especie. Es por ello que se trata de una especie muy controlada, debido a que aparece clasificada en el convenio de Washington (CITES) como especie del apéndice I, con el mayor grado de protección que este convenio otorga. Este nivel de protección es debido, entre otros motivos, a que se trata de una especie clasificada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) como “En peligro”. Fue clasificada por primera vez como especie amenazada en 1988 y desde 1994 mantiene el grado de “en peligro de extinción”. Por otro lado, en el libro rojo de las especies amenazadas de Venezuela, se le atribuyen la categoría de “en peligro crítico”, la última categoría antes de comenzar a considerarlo como “extinto en estado silvestre” (Rodríguez-Clark et al., 2015). La principal causa de esta protección es bien conocida por gran parte de los aficionados europeos que traían cantidades ingentes de cardenalitos de captura a Europa para hibridar con canarios o para su cría en cautividad. En la actualidad, la población venezolana es probable que esté entre 250-1.000 individuos, aunque hay estimaciones más optimistas de hasta 4.000 aves. La población total está en mejor posición en la banda de 2.500-9.999 sujetos, lo que equivale a 1.667-6.666 individuos maduros (BirdLife International, 2017). En Europa, gracias al reglamento (CE) Nº 865/2006 y la excepción que se hace con esta especie, entre otras, al incluirse en el anexo X, el Cardenalito no necesitará ningún tipo de certificado CITES siempre y cuando se cumpla lo dictado en dicho reglamento: “Las aves nacidas y criadas en cautividad, así como otras aves nacidas en un medio controlado, se marcarán colocándoles en la pata una anilla cerrada sin soldadura marcada de manera única”. Una anilla cerrada sin soldadura es una anilla o cinta que constituya un círculo continuo, sin interrupción ni juntura, que no haya sido violada en modo alguno, cuya dimensión impida retirarla de la pata del ave plenamente desarrollada. La anilla se habrá fabricado comercialmente para esa finalidad y se habrá colocado en los primeros días de vida del ave.” (Reg. (CE) 865/2006) . Es decir, y sin entrar en más detalles legislativos que necesitarían otro artículo, se puede decir que tenemos la fortuna de poder adquirir, poseer o ceder algún ejemplar o híbrido de Cardenalito sin necesidad de realizar ningún tipo de trámite con la administración del convenio, a pesar de estar en el apéndice I. Todo ello bajo una única condición, que posea una anilla cerrada del calibre adecuado, siendo ésta una prueba evidente de su cría en cautiverio, tal y como dictamina el citado reglamento.
Características comunes a ambos sexos
El que se trate de una especie catalogada como monotípica, es decir, que no tiene subespecies reconocidas,ofrece la oportunidad de ser más exhaustivo y claro en las descripciones, evitando así la confusión que aparece en otras especies donde se catalogan hasta más de diez subespecies, cuyas diferencias, en la mayoría de los casos, son realmente escasas y confusas. Incluso en manuales especializados se ofrecen pocos detalles sobre la variación de razas que, incomprensiblemente, siguen siendo aprobadas, surgiendo inevitablemente por esta causa una gran cantidad de sujetos intermedios e inclasificables.
Alas
Aunque puedan apreciarse pequeñas diferencias en el tamaño de sus diseños rojizos, más pronunciados en el macho, se considera que la diferencia no es suficientemente significativa como para describir dichos diseños y colores atendiendo al sexo del ejemplar. Compuesto por dos grupos principales de plumas: coberteras y remeras, las plumas coberteras se presentarán muy melanizadas, excepto en su ápice, que presentará un borde proporcional, y más o menos ancho, dependiendo en gran medida del tamaño de la pluma, exceptuando las plumas coberteras mayores ,que carecen de dicho borde lipocrómico. En las coberteras secundarias mayores este borde será más pronunciado, de manera que proporcionará una banda alar que deberá presentarse bien definida y marcada. En ocasiones, debido a la posición anómala de las coberteras medianas y pequeñas, también se podrá observar una segunda banda alar, aunque por lo general no se podrá visualizar con nitidez cuando el ejemplar tiene el ala plegada. En los mejores ejemplares, las coberteras medianas y pequeñas que cubren el vértice alar (hombro) tendrán la misma estructura que sus predecesoras, formando un diseño en el hombro de color rojo brillante (RAL 3024) con ligeros punteados negro intenso (RAL 9005), que disminuyen de tamaño cuanto más se acerquen al vértice alar. Cuando hablamos de coberteras siempre se ha aludido a las coberteras supraalares (encima del ala) y no a las coberteras subalares (debajo del ala) puesto que son poco significativas como para estandarizarlas, debido a que son muy difíciles de observar en el enjuiciamiento y carecen de interés en la mayoría de paseriformes. Son muy pocas las especies que tienen un diseño diferencial en las coberteras subalares. En cuanto a las remeras, el diseño que presentan es distinto. El ápice se presenta, por lo general, con un borde o filo grisáceo oscuro. Dicho filo estará más pronunciado en las remeras terciarias, con unos dos milímetros de ancho. En ocasiones, este borde aparecerá pigmentado de lipocromo. Por lo general, esta será una señal fiable que nos indique el grado de saturación lipocrómica (intensidad) del ejemplar. En cambio, en las remeras secundarias, se limita a un ligero bordeado, que no suele superar el milímetro, y en las remeras primarias, es casi imperceptible, sólo se visualizará en los mejores ejemplares.
A excepción del resto de rémiges, la rémige primaria más externa aparecerá sin lipocromo, no formando parte del espejo alar, será por tanto más similar a las plumas del álula y no a sus homólogas primarias. Esta disminución del borde y la excepción de la rémige más externa es debido probablemente a su utilidad para el vuelo, además de su desgaste. Por ello, las plumas más largas, que son las que mayor esfuerzo realizan durante el vuelo ,casi carecen de este borde, que luce melanizado debido a la erosión, no apareciendo muy pronunciado puesto que un plumaje rico en melanina es más resistente a la abrasión (Senar, 2004). En cuanto al álula o rémige bastarda, compuesto por varias pequeñas plumas, tendrá el mismo diseño que las rémiges primaras, con su parte más distal fuertemente melanizada, sin borde lipocrómico. Gracias al particular diseño que presentan las remeras en su parte más proximal (cerca del cañón), donde la melanina no se extiende mucho más allá del raquis, podremos apreciar un diseño alar conocido como “espejo alar”, que tiene forma de romboide y cuya extensión ideal aproximada es de 5x10 mm. En las hembras suele aparecer menos pronunciado, pero siempre deberá presentarse bien visible, marcado y simétrico. Por lo general, se valora más positivamente un espejo alar bien ancho y poco extendido. Debemos tener en cuenta que además de ser un diseño típico de esta especie, que debemos potenciar y que llama la atención de criadores y jueces cuando se presenta tal y como se ha descrito, también podría señalarse como un atributo muy atractivo para las hembras. En un estudio realizado por Monserrat (2012) con el Lúgano, el “spinus” euroasiático, que también posee este diseño, se ha comprobado lo siguiente: “Este es el caso del lúgano, en el que el tamaño del babero negro señaliza la dominancia (capítulos 4-5), y el tamaño de la franja amarilla del ala señaliza la habilidad para encontrar alimento (Senar & Escobar, 2002), y ambas señales no están correlacionadas entre sí.” (Camerino i Llull, Senar y Espadaler, 2012). Partiendo de esta idea concluye lo siguiente: ”La señal de estatus social presente en el lúgano no funciona como ornamento sexual, ya que las hembras que buscan pareja no eligen a los machos en función del tamaño del babero negro, sino que prefieren a los machos con una franja alar amarilla grande (capítulo 8)” (Camerino i Llull et al., 2012). Apoyándonos en las conclusiones de esta tesis doctoral podríamos deducir que el espejo alar podría servir como ornamento sexual en el Cardenalito de Venezuela, especie también perteneciente al género “spinus”. Es por ello que se valorará más positivamente un espejo alar más ancho. En cambio, la longitud o extensión del espejo alar sí debe ser limitada. No debería valorarse tan positivamente un espejo alar muy extendido, principalmente porque éste será otro punto de referencia ante sujetos que podrían poseer ascendencia de otros spinus, como el Cabecita negra. Serviría así como medida preventiva ante ejemplares con un alto porcentaje de hibridación, que nunca deberán ser premiados en concurso. En cuanto al color ideal del espejo alar deberá ser rojo brillante (RAL 3024), aunque se suele ser tolerante con el espejo alar debido a que es complejo lograr ese tono. Normalmente suele aparecer de un tono rojizo más pálido o incluso anaranjado, debido a que es una región donde la saturación lipocrómica nunca alcanzará el mismo nivel que en otras zonas. Por lo general, el tono aparece más saturado en la zona más distal de la pluma y no en su parte media. También, algunos criadores que no pigmentan desde nido presentan, por tanto, muchos de sus ejemplares de primer año con este diseño de un tono más pálido.
Cola


El Cardenalito presenta una cola ligeramente ahorquillada y, en proporción, lucirá más corta y pequeña de lo que podrían presentarlas otras especies como el Cabecita negra (Spinus magellanicus), siendo este un punto de referencia clave para poder vislumbrar cierta hibridación con otros “spinus”. Al parecer, en Argentina, se hace mucho hincapié en ello. Gracias a un compañero juez OMJ/COM D. Norberto Nadal pude disponer de un borrador de su estándar sobre el Cardenalito donde se cita lo siguiente: “El mayor grado de pureza en los tarines se evidencia en la longitud de su cola, la que deberá aproximarse a una longitud no mayor al 20% de la extensión total del ave”. A modo de aclaración comentar que tarín, según la RAE, es la voz onomatopéyica del canto de ciertos pájaros, usado por aficionados de todo el mundo como un apodo a la mayoría de los pertenecientes al género “spinus”. En cuanto al color, las timoneras estarán fuertemente melanizadas en su parte más apical, con un ligero borde o ribete gris muy oscuro, igual que ocurre en las remeras primarias. Aparecerá de un tono negro intenso (RAL 9005), con una expresión brillante y no mate. En la parte más proximal de la pluma no habrá melanización más allá del raquis. Esta zona proximal, sin embargo, estará pigmentada de lipocromo, que no deberá ser visible cuando el pájaro esté en reposo. Ésta es también otra señal de hibridación con otros spinus, evidencia clara de una cola demasiado larga. Este particular diseño, que presenta los dos tercios más distales melanizados, es, al igual que con las remeras, probablemente debido a las propiedades que le ofrece la melanina: “La abrasión que producen las partículas transportadas por el aire puede dañar gravemente las plumas de vuelo entre una muda y la siguiente” (Senar, 2004). “Edward Burtt, de la Universidad de Ohio, ha demostrado que la melanina presta resistencia a las plumas frente al desgaste (Burtt, 1979): posiblemente por esto, las superficies más vulnerables a la abrasión, como las puntas de las alas y de la cola, y la parte dorsal del plumaje son más oscuras (Burtt, 1979; Burtt & Gatz, 1982; Burtt, 1986)” (citado en Senar, 2004). El estándar OMJ-COM, al conocer este hecho, sólo exige que el borde o ribete grisáceo sea muy evidente y definido en las remeras terciarias, sin mencionar el resto de remeras, ni las timoneras. Aunque, inevitablemente, si un ejemplar presenta un ribete o borde grisáceo muy amplio, el resto de remeras, y probablemente las timoneras, también poseerán un filo ligeramente más extendido de lo habitual, siempre y cuando el desgaste de la pluma lo permita. Además, al igual que en la mayoría de especies, se exige que la cola deberá presentarse en línea con el dorso y ligeramente plegada. También debemos tener muy en cuenta que en concurso debe valorarse más positivamente a aquellos ejemplares con un plumaje consistente, compacto, completo y sin signos de muda.
Pico
Cónico y puntiagudo, con una sutil curvatura. Limpio y sin escamas, de un tono gris oscuro, con la punta negra, aunque se valora positivamente cuanto más oxidado luzca. Los machos, por lo general, ostentarán una mayor oxidación del pico respecto a las hembras.
Patas, dedos y uñas
Deben presentarse limpias, sin descamaciones o protuberancias, de un tono lo más oxidado y melanizado posible. Tal y como se señala en el estándar COE: “Las patas y los dedos sin manchas ni escamas. Los dedos no deben presentar gruesas almohadillas o excrecencias. Las uñas deben estar completas, bien formadas, lisas, intactas y ser del mismo color. La falta de alguna uña es un motivo para considerar al ejemplar como “no enjuiciable”. Las uñas rotas o excesivamente largas son penalizables. Si el sujeto presenta alguna deformidad, malformación o amputación de algún miembro o parte de su cuerpo también es motivo para considerarlo “no enjuiciable”. A pesar de que, en el estándar OMJ-COM no se señala expresamente, es importante recalcar que los mejores ejemplares tendrán una gran carga melánica en las uñas y, sobre todo, en la piel de patas y dedos, siendo éste uno de los defectos más habituales en concurso.
Tipo y estructura
Debido al cambio a exótico doméstico, como ya se mencionó, la planilla también ha cambiado y lo que antes se valoraba en el apartado “talla y forma” con un máximo de 10 puntos, ahora se valora en el concepto “tipo y estructura”, con un máximo de 30 puntos. Una diferencia realmente sustancial que los criadores deben tener muy en cuenta a la hora de orientar su selección. Cuando se habla del tipo, siguiendo el estándar del CJ-COE, viene a referirse a la silueta o la figura que presenta el ejemplar cuando se exhibe. Además de ello, el tipo también se refiere al modelo o ideal de belleza de la especie en cuestión. El Cardenalito deberá presentar una figura esbelta y armoniosa, tal y como se indica en el estándar OMJ-COM. Por otro lado, cuando se habla de la estructura se hace referencia a la correcta distribución de las partes del cuerpo del ejemplar. En el caso que nos ocupa, la cabeza deberá ser redondeada y proporcional, saliendo por encima del dorso y con la frente por encima del pico. El dorso y la cola deberán formar una línea recta; también el vientre formará una línea recta y proporcional, y no retráctil o muy convexa (Ej. sujetos obesos o hembras en plena cría); con las patas bien insertadas y suficientemente cortas, sin parecer demasiado alargadas. En cambio, el pecho aparecerá ligeramente redondeado tal y como indica el estándar OMJ-COM.
La talla, el eterno debate
En el estándar OMJ-COM se cita textualmente, y hasta en tres ocasiones, que la talla máxima no debe superar los 10 cm. Se trata, por tanto, de una limitación a tener muy en cuenta. Es interesante este tema debido a que se trata de una limitación unilateral que hasta ahora sólo se imponía, por ejemplo, a los canarios de postura como el raza española o el giraldillo sevillano, entre otros. Lo habitual es que se tenga cierta tolerancia, tanto por encima como por debajo de la talla “ideal o estandarizada”. Sin embargo, en este caso se puede entender que la limitación se impone por encima de la talla estándar, señalando como defecto típico y, por tanto, penalizable sólo en caso de que la talla sea mayor de 10 cm y no en caso contrario. Para poder desarrollarlo con propiedad y evitar extenderme demasiado en el articulo, desviando así la atención del tema central del texto; he preferido dejar este apartado para desarrollarlo más adelante en otro artículo.
Actitud y posición
De comportamiento activo y ágil, nunca debe parecer nervioso y asustadizo. Debe presentarse en su jaula raudo, gallardo y curioso. Pasando frecuentemente de un posadero al otro y manteniendo una posición aproximada de unos 45 grados sobre el posadero.
Características del macho
Cabeza
El macho, tal y como indica su denominación científica, posee una capucha de un color negro intenso (RAL 9005), cuya extensión deberá ser equilibrada y simétrica tanto en el pecho, como en la nuca y los lados del cuello. Se suele valorar mejor a aquellos ejemplares en los que la capucha llega casi al dorso y no se queda al inicio de la nuca. En cambio, en la zona del mentón y la garganta, la extensión deberá ser suficiente como para proporcionar una capucha redondeada y equilibrada, sin que aparezca ningún tipo de babero que se extienda por el pecho. El borde o contorno deberá presentarse siempre regular, sin picos, puntas o dientes. El plumaje en la cabeza deberá presentarse, por tanto, limpio y completo. Es frecuente encontrarse con ejemplares que tengan pequeñas zonas sin plumas alrededor del ojo; también con plumaje roído, rígido o deteriorado, que produce un mal diseño de la capucha.
Cuerpo
El dorso estará bien impregnado de lipocromo, ausente de nevadura, con ligeras marcaciones melánicas y sin feomelanina. El tono lipocrómico estará influenciado por la melanina, logrando que aparezca de un tono más saturado, un rojo granate claro. En la nuca, justo al termino de la capucha, aparecerá una pequeña zona totalmente lipocrómica; en cambio, en el resto del dorso, tal y como se ha comentado, habrá influencia melánica. Esta presencia melánica deberá presentarse en su mínima expresión: se valorará de manera más positiva un dorso predominantemente lipocrómico, siendo esto, otro punto de referencia ante sujetos de ascendencia híbrida. Al final del dorso, en la rabadilla, la influencia melánica desaparecerá, floreciendo un tono lipocrómico puro, brillante y uniforme. El pecho, desde el término de la capucha hasta el vientre, incluyendo los flancos, se presentará impregnado exclusivamente de lipocromo rojo con una tonalidad rojo brillante (RAL 3024) y uniforme. En los mejores ejemplares no encontraremos restos de nevadura, ni tan siquiera en los flancos o en los lados del cuello, y el lipocromo deberá invadir lo máximo posible la zona ventral. En el bajo vientre aparecerá una pequeña zona ausente de melaninas y lipocromos, de un tono blanquecino, siempre con el plumaje limpio y compacto.


Características de la hembra
En las hembras hay una dificultad añadida y es que la selección entre la mayoría de criadores está orientada a obtener buenos machos. Ello impedirá, inevitablemente, lograr buenas hembras de concurso; principalmente en lo referente a extensión e intensidad del lipocromo. En el caso de los machos, el lipocromo se presentará lo más intenso posible, en cambio, en las hembras es diferente, puesto que hay zonas donde no deberá presentar ningún resto de lipocromo, como en el dorso. Es más correcto, por tanto, hablar de zonas de elección, algo más propio de la categoría mosaico y no de la intensa. Por lo general, es complicado encontrar una hembra que cumpla con todas las características propias del estándar en cuanto al lipocromo y, mucho más, que cumpla con las exigencias en cuanto a oxidación melánica y diseño. Todo ello, insisto, cuando la orientación de la mayoría de criadores es hacia la “línea macho”.
Cabeza
Las hembras, en cambio, carecen de capucha; aun así, la oxidación melánica no deberá estar ausente en esta zona. Mostrarán un tono gris oscuro perlado (RAL 9023) de manera uniforme y regular en las mejillas, las bridas (lorum), la lista superciliar, la garganta y parte del cuello. En cambio, el píleo y la nuca deberán presentarse lo más oxidadas posible. Es frecuente encontrarse con sujetos, tanto machos como hembras, que presentan una cabeza pequeña en proporción con el resto del cuerpo, siendo éste un defecto típico catalogado por el estándar OMJCOM.
Cuerpo
El dorso se presentará sin lipocromo y sin feomelanina, de un tono melánico lo más oxidado posible. En el pecho, se deberán vislumbrar dos manchas lipocrómicas a cada costado, que se unirán levemente en el centro del inicio del pecho como una “U” invertida, sin invadir los flancos o el vientre, y de un tono ligeramente más disperso que en los machos. Los flancos sin feomelanina, ni lipocromo, de un tono grisáceo. En el vientre y bajo vientre, al igual que en los machos, aparecerá una pequeña zona ausente de melaninas y lipocromos, de un tono blanquecino, con el plumaje limpio y compacto.



Cuando se ha hecho referencia al lipocromo, la ausencia de éste producirá un tono de fondo blanco y no se considera el blanco como un lipocromo más, sino como la ausencia de lipocromo.
Conclusión
En definitiva, la descripción realizada en este artículo ha pretendido ser lo más cuidadosa y útil posible, señalando posibles objetivos a seleccionar. También, se ha procurado ofrecer una visión nítida de su ideal de belleza. La intención con ello es la de ampliar conocimientos sobre la especie, además de contribuir en la correcta selección de este pequeño fringílido americano, que tan popular y conocido es entre los aficionados.
Agradecimientos
Sabiendo que es imposible mencionar a todas las personas que de manera directa o indirecta han podido colaborar o aportar algo a este trabajo, me gustaría aprovechar este medio para agradecer públicamente a todas aquellas personas que no tienen reparo en involucrarse, colaborar y trabajar en pro de esta afición. También a todos aquellos que ayudan, incentivan y se implican para que los nuevos criadores conozcan la mejor cara de esta afición. Es a todos ellos a quien va dirigido este agradecimiento.
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Texto: Roberto Jurado Medrán. Créditos fotográficos conservados en el artículo.




