
Introducción
Para todos aquellos que saben algo de ornitología, el Isabela es un color entre el amarillo y el marrón. Toma su nombre de un camisón que la reina Isabel de Austria no quiso ponerse su primera noche de luna de miel. Según la leyenda popular, Isabel, Archiduquesa de Austria (1556-1633), hija de Felipe II de España (1527-1598), casó con Alberto VII, Archiduque de Austria (1559-1621), quien puso sitio a la plaza de Ostende en julio de 1601. Isabel, confiando en una rápida victoria, prometió no cambiar su lencería íntima hasta que la ciudad fuese tomada. El asedio duró tres años y su lencería íntima asumió finalmente una coloración amarillenta. Este origen se ha demostrado que era falso dado que el término isabela se utilizaba ya antes de 1601. En 1600, el inventario del guardarropa de la reina Isabel de Inglaterra incluía un vestido de color isabela. Más plausible, aunque probablemente también falsa, la versión que nos habla de la promesa (ciento diez años antes) de Isabel de Castilla, la Católica, (1451-1504) de no cambiarse de ropa interior durante los ocho meses de asedio de Granada por su marido Fernando de Aragón (1452-1516).
Isabel la Católica, la noche antes del inicio del asedio del último reino musulmán en España, se retiró a orar a la catedral y, como ocurría a menudo, incluso a día de hoy, se pedía una gracia a cambio de una penitencia. La Reina prometió no cambiarse su lencería, que durante tantos meses de sitio podemos imaginar qué color adquirió. Pues bien, aquel color, un beis amarillento, tomó posteriormente el nombre de Isabela. Los criadores de canarios saben que el Isabela es un tipo de canatio que, junto al Negro, al Bruno y al Ágata, forman el grupo de los Melánicos clásicos. Su aparición se remonta a los años a caballo entre los siglos XVI y XVII. En 1709, se publicó una obra capital dedicada exclusivamente a los canarios. Su título: Nuevo tratado de los pájaros de Canarias, forma de criarlos y de prepararlos para obtener bonitas razas. Su autor fue Hervieux de Chanteloup, gran amante de los pájaros. En los diferentes capítulos que componen la obra, se trata de las diferentes variedades, de cómo enseñarles a cantar, de cómo luchar contra sus enfermedades, de su alimentación y, en ediciones posteriores,de los utensilios para enseñarles a cantar.
Pero lo más importante fue que publicó una lista de canarios con 30 variedades, empezando por las más comunes y acabando por las más raras. En esa lista aparecían variedades de Isabela: canario Isabela común, canario Isabela de ojos rojos, canario Isabela dorado, canario Isabela de cola blanca... A pesar de que el Isabela fue uno de los primeros canarios en aparecer históricamente, exige una especial dedicación para su selección, porque las exigencias de los diferentes criterios de enjuiciamiento son difíciles de conseguir.
El tipo Isabela
El tipo Isabela, al contrario de lo que ocurre con los demás tipos, no es el resultado de una mutación sino de la interacción de dos mutaciones que coexisten en el mismo ejemplar. Estas mutaciones son el Bruno y el Ágata. Por ello, se habla a menudo de Bruno diluido e incluso en el pasado se propuso llamarlo Ágata-Bruno, denominación correcta en términos genéticos, pero que puede acarrear algunas dudas o confusión. El tipo Isabela se obtuvo del cruce de los primeros Brunos y Ágatas. De ese acoplamiento nacen machos Negros portadores de Bruno y de Ágata; las hembras nacen Bruno, si el padre es Bruno, o Ágata, si el progenitor utilizado es un macho Ágata. No debe sorprendernos el hecho de que de dos caracteres recesivos nazca un dominante Negro; el Bruno y el Ágata son ambos producto de mutaciones recesivas y ligadas al sexo, pero las mutaciones no son alélicas, es decir no residen en cromosamas homólogos; afectan a pares de genes (alelos) diferentes, por lo que retornan al ancestral.
Gracias al crossing-over, del que hablaremos en el epígrafe siguiente, acoplando los mencionados machos Negros portadores de ambos caracteres e independientemente de la hembra utilizada, no se obtienen sólo hembras Bruno o Ágata, como cabría esperar, sino también Negro e Isabela, es decir ejemplares hembras (Isabela) que tienen las dos mutaciones juntas y que interactúan. Una vez obtenida la hembra Isabela no fue difícil tener también machos, acoplándola con machos Negros portadores de ambos caracteres, siempre gracias al crossing-over. En el Isabela, la expresión del diseño es la misma del Ágata, pero en vez de negro tenemos bruno eumelánico concentrado, de tonalidad más clara que la del tipo Bruno. Sobre esta tonalidad se ha discutido mucho, pero hoy en día está aceptado tomar como referencia la tonalidad de la avellana. Por consiguiente, la tonalidad es avellana pero no debe degenerar aclarándose demasiado. El diseño debe ser de un color avellana saturado y concentrado, nítido y neto, y la tonalidad de la eumelanina bruna debe distinguirse claramente de la feomelanina de contorno, con separación bien marcada.
La feomelanina bruna diluida es de tonalidad café con leche, lo más diluida, o reducida si se prefiere, posible. La eumelanina del diseño, bien concentrada, forma estrías finas y cortas, que crean un diseño roto, circundado por orlas diluidas al máximo, llamadas impropiamente “almendras”; las marcaciones y las barras serán evidentes y estarán bien delimitadas por amplias “almendras” periféricas. En conclusión, en el Isabela, la eumelanina está modificada, como en el Bruno, de negra a bruna y, al mismo tiempo, se produce la misma reducción que la que está presente en el Ágata. Por consiguiente, el Isabela tiene, como el Bruno, diseño eumelánico bruno, rodeado de feomelanina. La eumelanina bruna tiene color avellana y, por consiguiente de una tonalidad un poco inferior a la del tipo Bruno, y la feomelanina de contorneo asume, en los mejores ejemplares, una tonalidad café con leche. Todo esto junto origina directamente el efecto isabela. Sobre las melaninas actúa la reducción propia del Ágata (con sus genes modificadores), que confieren el mismo diseño de grano de avena fino y roto, con evidentes “almendras” sobre las rémiges.
Genética del Isabela
La Foto 1 representa las coberteras de un Isabela nevado amarillo. Salta a la vista de inmediato el efecto del factor dilución ágata, 1er factor de reducción, que conforma una pluma casi blanca, por la extrema reducción de la feomelanina. Las melaninas se aprecian en la parte inferior de la pluma (pars piumacea), de una tonalidad grisácea, y en la parte distal, donde las melaninas brunas reducidas aparecen de una tonalidad beis. La parte basal, más vaporosa, del vexilo, que no resulta visible desde el exterior, es siempre de color gris, obviamente más o menos intenso según el color de la parte visible, que es la que da el color de las estrías del ejemplar. Existe por consiguiente una correspondencia directa entre la tonalidad del subplumaje y la del diseño, en el sentido de que los canarios Isabela con subplumaje más melanizado tienen un diseño del manto más marcado.
El crossing-over
Aquellos que no estén interesados pueden saltarse esta apartado, especialmente si consideran que el tema es demasiado especializado. Pero a aquellos que tengan poco dominio de la materia y quieran profundizar, les aconsejo que al menos se esfuercen en comprender el mecanismo del crossing-over, que consiste en una recombinación del material genético de los dos progenitores. Este proceso se desarrolla en la naturaleza con más frecuencia de lo que podría pensarse, justo para tener una mayor variedad de individuos sin mutaciones genéticas. Un sencillo ejemplo de crossing-over lo tenemos en las poblaciones en las que se da que el carácter color de los ojos y color de la piel, que en la especie humana se dan asociados, no se cumpla, con lo que encontramos personas con ojos claros y cabello oscuro o viceversa. Este cambio, llamado justamente crossing-over, es uno de los resultados de la combinación homóloga que lleva a intercambio físico de secuencias de ADN entre cromosomas. Este tipo de manifestación aumenta la posibilidad de adaptación a las condiciones medioambientales y, en general, a la variabilidad de la especie.
A diferencia de otros muchos mecanismos, no lleva a un fenotipo derivado de una verdadera mutación, si no que se trata de variación del patrimonio genotípico, con una disposición diferente de los genes, pero sin que éstos hayan sufrido una verdadera mutación. El esquema superior muestra claramente lo que sucede durante la meiosis, cuando dos cromátidas (A carácter dominante, a carácter recesivo) pertenecientes a dos cromosomas diferentes de un par de homólogos, entran en contacto. La imagen nos muestra el intercambio de material genético (segmentos de ADN) de una cromátida a la otra. En la fase siguiente (metafase), se ve como los dos cromosomas se han recombinado, pero que por efecto del crossing-over, con partes que contienen información diferente (genes), provenientes del otro cromosoma. Tendremos por consiguiente una combinación de alelos diferente a la original. Durante el crossing-over no hay ni pérdida ni adquisición de material genético, porque se producen intercambios recíprocos.
Es interesante comprender cómo se distribuyen las melaninas en las plumas de un canario Isabela, cómo se colorean y cómo se conforma el diseño del manto. La más sencilla de las interpretaciones de esta distribución melánica prevé una menor producción melánica por parte de los melanocitos, en las primeras fases de la génesis de la pluma, por efecto de la mutación ágata. Por tanto, los bordes, que son los primeros en constituirse, son pobres en melanina. En las fases posteriores, la producción aumenta regularmente y se llega a la formación casi normal de melanina, la cual estará presente sólo en las zonas que se hayan formado en último lugar, es decir en la zona central de la pluma, alrededor del raquis. Sin embargo, la coloración de la melanina en la parte central queda a medio camino porque el factor Bruno impide la formación de negro y que se complete así la eumelanina bruna. Resulta pues un diseño del manto del canario de un bruno desvaído, con un diseño apenas esbozado. Como se ve, el factor Bruno y el factor Ágata son ambos reductivos y, en cierto sentido, en antítesis entre ellos: el primero actúa al final de la génesis de la pluma, el segundo, al inicio.
En última instancia, en el canario Isabela, la poca melanina que se forma no llega a la fase final de oxidación y polimerización. Esta poca melanina hace que el ojo sea rojizo, lo que se aprecia claramente desde el nacimiento, pero también de adultos. Aunque sigue siendo un ojo evidentemente oscuro, un experto podrá apreciar reflejos rojizos. Es también interesante la comparación entre las plumas de un Bruno y de un Isabela. En la Fotografía 2 podemos ver las coberteras dorsales de un Bruno nevado amarillo y de un Isabela nevado amarillo. Como se aprecia, la forma y la dislocación del diseño de las eumelaninas brunas centrales permanecen idénticas. Es evidente que las dimensiones del diseño en el Isabela son menores que las del bruno, más estrechas. También la tonalidad del color de las eumelaninas es diferente, marrón en el Bruno y casi beis en el Isabela, mientras que la feomelanina se difunde densamente por el contorno de la pluma del Bruno, al contrario que en la pluma del Isabela, donde es apenas perceptible. Se justifica así el querer identificar al Isabela también como un Bruno Diluido.
El término Bruno diluido asociado al Isabela no puede comparase con el término Negro diluido utilizado también para definir al canario Ágata. La analogía no es perfecta. En el Ágata, la tonalidad de las eumelaninas es negra, como la del Negro, mientras que en el tipo Isabela, la tonalidad de la eumelanina bruna no es marrón, como la del Bruno, sino mucho más clara. Hay una justificación: la mutación Ágata provoca efectos reductivos sobre todas las melaninas, aunque mínimos sobre las melaninas negras y máximos sobre las melaninas brunas. En consecuencia, el diseño del Isabela resulta más suave y de un bruno desvaído. La correcta tonalidad de esta coloración brunácea es uno de los problemas de la selección del tipo Isabela, porque debe ser más clara que la del Bruno, pero no tanto que pueda confundirse con la del canario Satiné.
Estándar C.O.M./O.M.J.
El estándar de la C.O.M. del Canario Isabela indica: • El Isabela es un bruno de melanina reducida y diluida. • El pico, las patas y las uñas son claras. • El dorso y flancos presentan estrías de la tonalidad avellana finas, cortas y nítidas, que destacan sobre un fondo diluido, que deja transparentar el lipocromo, excepto en los mosaico, que deben presentar una interestría muy clara.
• Diseño de la cabeza: sobre el pico y en la zona superciliar el pigmento, como consecuencia de la dilución de la feomelanina, deja ver el color lipocrómico. • Las plumas fuertes, rémiges y timoneras, serán de color avellana, a excepción de una ligera presencia lipocrómica sobre los bordes externos. Por lo que se refiere al enjuiciamiento analítico, los jueces otorgaran una puntuación de EXCELENTE (28-29 puntos) cuando se verifiquen las siguientes condiciones: Diseño nítido, fino e interrumpido de tonalidad avellana, uniformemente distribuido sobre todo el manto y de dimensiones equivalentes a las del Ágata. Ausencia de feomelanina visible. Como vemos, la descripción es extremadamente sintética y requiere algunas consideraciones. Se confirma lo que ya se había dicho anteriormente, que el diseño debe ser equivalente al típico del Ágata, por consiguiente fino, roto y sin zonas claras y se confirma que la tonalidad debe ser avellana. El diseño debe ser completo y homogéneo sobre todo el manto. Completo quiere decir que el diseño debe interesar no sólo al dorso sino también a la cabeza y los flancos, sin zonas de rarefacción o esclarecidas.
La coloración del fondo (interestrías) debe ser muy clara, por lo que no debe mostrar difuminados de feomelanina, de forma que el eventual lipocromo pueda trnasparentarse de forma luminosa. (La Fotografía 3 no muestra un ejemplo de feomelanina apenas visible). Resulta interesante la descripción de la zona superciliar, que como consecuencia de la reducción de la feomelanina, deberá dejar ver el pigmento lipocrómico. Es ésta una particularidad propia de la mutación Ágata y la desaparición del pigmento melánico en la zona superciliar es una confirmación de lo importante que es la reducción Ágata en la conformación del tipo Isabela. Esta particularidad justifica el hecho de que el diseño de la cabeza no nazca de la base del pico, sino que lo hace a algunos milímetros de la misma. Parece superfluo añadir que las partes córneas, pico, patas y uñas, deben ser de color carne.
Selección del Isabela
El recorrido selectivo para obtener canarios Isabela de calidad y competitivos a nivel de concurso no es algo fácil de definir. La atención selectiva de estos canarios debe dirigirse hacia aquellos ejemplares que muestran un manto con una escasísima presencia de feomelanina bruna, sobre la que se evidencia un diseño tenue pero nítido, formado por estrías finas y cortas, idénticas a las del canario Ágata, pero de color avellana.
Caracteres típicos - estrías formadas por eumelanina bruna reducida, finas y rotas, con forma de semilla de avena, que nacen en la cabeza y se extienden a lo largo del dorso, afectando a los flancos, los cuales deben ser de la tonalidad del diseño del dorso; - pigmento lipocrómico que se transparenta, límpido y luminoso, entre las estrías, prueba evidente de la reducción de la feomelanina; - ojos oscuros pero con reflejos rojizos, que se aprecian claramente a contraluz; - pico, patas y uñas de color carne.
Defectos principales - diseño un poco largo y ancho o, al contrario,poco evidente y faltando en algunas zonas del dorso: - diseño de la cabeza poco definido, confuso o directamente ausente; - flancos apenas perceptibles o inexistentes; - tonalidad de la eumelanina bruna demasiado marcada y con tendencia hacia el marrón oscuro; - feomelanina muy evidente sobre el manto, hasta el punto de que el ejemplar se confunde con un canario bruno; - marcaduras de las timoneras y de las rémiges muy duras, de tonalidad no homogénea con las del dorso; - rebordes de las plumas fuertes poco amplios y con evidente falta de reducción.
Los problemas selectivos de la cría del Isabela son sustancialmente dos: diseño demasiado marcado y de tonalidad excesivamente oscura y diseño tenue, que tiende a desaparecer, en particular sobre la cabeza. El diseño demasiado marcado indica un problema de dilución. Es un problema bastante fácil de superar, siendo necesario acoplar con Isabelas típicos recurriendo a la práctica de la compensación. Más complicado resulta mantener evidente el diseño, especialmente sobre la cabeza y los flancos. Aquí se hace necesario recordar que el tipo Isabela es consecuencia de la reducción del Ágata, que es un factor que se transmite junto a genes modificadores importantes. El efecto de la dilución Ágata es mayor sobre la melanina bruna que sobre la eumelanina negra por lo que es natural que acoplando repetidamente Isabela con Isabela, se permita a estos genes modificadores manifestar sus efectos aditivos sobre la reducción del diseño: las estrías se decoloran, se hacen más tenues y pueden desaparecer sobre la cabeza.
Para mantener el diseño nítido y bien definido, además del acoplamiento con ejemplares típicos, se hace necesario recurrir al acoplamiento con óptimos Ágata, al igual que para conservar el diseño de los Bruno los acoplaremos, de vez en cuando, con Negros óptimos. Según mi opinión, habría que recurrir al acoplamiento mixto más a menudo que lo que se hace con los Brunos. En la selección del Isabela, hay criadores que recurren a este acoplamiento mixto incluso cada vez, puesto que se pueden obtener muy bien de una misma pareja tanto Isabela óptimos como Ágata óptimos.
Veamos a continuación un sencillo esquema del citado acoplamiento mixto entre Isabela y Ágata. De los mencionados acoplamientos, el mejor es el quinto porque se obtienen tanto machos como hembras Isabela
| Macho | Hembra | Hijos machos | Hijos hembras |
|---|---|---|---|
| Isabela | Isabela | Isabela | Isabela |
| Isabela | Ágata | Ágata/Isabela | Isabela |
| Ágata | Isabela | Ágata/Isabela | Ágata |
| Ágata/Isabela | Ágata | 50% Ágata; 50% Ágata/Isabela | 50% Ágata; 50% Isabela |
| Ágata/Isabela | Isabela | 50% Isabela; 50% Ágata/Isabela | 50% Ágata; 50% Isabela |
y otro tanto ocurre con los Ágata. La prole Ágata portadora se distingue de los puros porque son necesariamente machos. Óptimo, sin insistir demasiado, el primero, con el que se obtienen todos Isabela. También óptimo el segundo, aunque con el límite de que sólo se obtienen hembras Isabela. Poco adecuado el cuarto ya que se tendrá sólo la mitad de las hembras Isabelas y sobre todo porque sólo la mitad de los machos serán Ágata portadores, que no se distinguen de los puros. Tampoco es adecuado el tercero, del que no se obtienen Isabela, sino sólo machos Ágata portadores Los acoplamientos sugeridos no garantizan la correcta calidad de la prole; la calidad y su falta en la prole depende de la calidad o falta de las misma en los reproductores y en la combinación de los mismos.
Al margen, es necesario hacer algunas precisiones sobre la presencia latente del factor Satiné. El Isabela portador de Satiné, aún presentando una dilución melánica notable, muestra un diseño desvaído y por consiguiente no típico. Es necesario observar con cautela los canarios Isabela que también muestren ojos con reflejos, aunque no estén a contraluz.
Interferencias sobre el Isabela
A veces, los factores que concurren a la formación del manto del canario Isabela pueden interferir entre ellos, determinando no una diferencia efectiva sino sólo una aparente diversidad. Como es sabido, el Isabela se cría en la variedad blanca, roja, amarilla y marfil, en sus respectivas categorías intenso, marfil y mosaico. Los Isabela blancos se encuentran entre los de selección más difícil. De hecho, la expresión de la feomelanina queda más evidenciada por el color blanco, por lo que será difícil encontrar isabelas blancos con el fondo limpio, incluso también en la variedad marfil. Además, en la categoría intenso, a causa de un menor desarrollo de las barbas y consecuentemente de todo el vexilo, se evidencia un diseño eumelánico más reducido respecto al de las categorías nevado y mosaico. La rarefacción de las melaninas de los canarios Isabela puede comportar problemas sobre la compostura del plumaje, si se recurre muchas veces al acoplamiento Isabela x Isabela. Las plumas que contienen melaninas son más elásticas y por ello más resistentes. Esto explica porqué muchos pájaros grandes voladores con plumaje blanco tienen casi siempre las rémiges negras.
La falta de melaninas negras provoca, de forma más o menos sensible, un “reblandecimiento” del plumaje, que en las categorías nevado y mosaico puede causar importantes problemas de plumaje.








Texto: Cosimo Alfonzetti, Juez Color OMJ. Fotos: Javier Mas. Diagrama sin firma gráfica individual.



