Híbridos

Jilguero amarillo × Camachuelo

Guido Fusi

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En esta página, macho de Jilguero amarillo y en la siguiente, hembra de Camachuelo, progenitores de los híbridos tanto ancestrales como mutados, que se comentan en este artículo.
En esta página, macho de Jilguero amarillo y en la siguiente, hembra de Camachuelo, progenitores de los híbridos tanto ancestrales como mutados, que se comentan en este artículo. · Alcedo

En un principio era sencillamente “Jilguero x Camachuelo”, un híbrido mítico, excepcional, capaz de condensar de manera inequívoca las formas redondeadas y sinuosas de la hembra y el diseño y fiereza del macho, verdadero objetivo para aquellos que dedicaban su tiempo y su pasión a la hibridación. Sin aquel híbrido no se entraba en el Olimpo de los hibridistas. Hoy las cosas han cambiado: la aparición de las mutaciones de color redobla e incluso triplica las posibilidades de nuevos fenotipos, ya sea por la superposición de los factores mutantes como disfrutando de la regla del sexlinked (obtención de únicamente la hembra mutada). Capítulo aparte serían las mutaciones dominantes, que permiten obtener, ya en primer generación, de ejemplares mutados, incluso cuando la mutación está en uno sólo de los progenitores, generando de inmediato el híbrido macho mutado. De hecho, las mutaciones autosómicas dominantes son las únicas que permiten la obtención de machos mutados cuando la mutación afecta sólo a uno de los dos progenitores.

No son tantas las mutaciones actualmente fijadas en los Fringílidos de criadero: la Oscura, en el Pardillo sizerín, la Diluido, en el Lúgano (y otros Spinus) y la Amarillo, en el Jilguero. Las tres son muy interesantes: la Oscuro, por su capacidad para oscurecer la librea del ejemplar; la Diluido, por su dilución de las melaninas, sobre todo en rémiges y timoneras, y la Amarillo, al añadir tonalidades amarillas en zonas generalmente desprovistas. Buena idea pues esta hibridación entre un Jilguero amarillo y un Camachuelo.

La idea de este acoplamiento me vino en un el comercio de un revendedor de pájaros, observando Jilgueros amarillos completamente rojos. Me comentó que les habían suministrado pasta colorante para canarios de factor rojo. El color de la cabeza y del pecho de aquellos pájaros era de un bonito rojo brillante, con pequeñas manchas amarillas y anaranjadas, que evidenciaban la inoportuna coloración. La Camachuela había nacido en cautividad el año anterior, tenía unas dimensiones notables, forma agraciada y era tranquila. EL Jilguero había nacido en mi criadero, de una cepa de Jilgueros amarillos que crío desde hace algún tiempo. El acoplamiento entre ejemplares de factor rojo y amarillo no se cuenta entre los más ortodoxos y está, por lo general, desaconsejado. Pero nos interesaba verificar hasta qué punto el lipocromo amarillo interactuaba sobre el plumaje del eventual híbrido.

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Durante el invierno fueron alojados en dos voladeras de 110 cm, comunicadas pero separadas por un divisor, que retiraba de vez en cuando, para que “se conociesen mejor” durante un tiempo, que dependía de su comportamiento. A mediados de abril, la Camachuela parecía interesada por la parada del Jilguero, ya en pleno celo. En aquellos momentos, el entendimiento entre ambos parecía perfecto y, al cabo de 15 días, empezaron a construir el nido sobre una rama de ciprés, que había metido para dar tranquilidad a la pareja. Durante esta fase, suministré cantidad de hierbas como álsine, poa, bolsa de pastor o diente de león, que dejábamos secar después sobre el fondo de la jaula, formándose un especie de lecho natural, muy útil para evitar la rotura de huevos eventualmente puestos fuera del nido. Pocos días después, se produjo la puesta del primer huevo sobre el suelo de la jaula. Y lo mismo ocurrió con los otros cuatro, siempre en el mismo punto y siempre intactos. Confié todos los huevos a unas canarias.

Al trasluz, dos huevos eran fecundos pero sólo nació un pequeño, al que en el momento en que empezó a crecer le uní un verderón aciánico. A pesar de las dificultades que encontraba la canaria a causa del continuo bamboleo de la cabeza típico del Camachuelo, el novel llegó al destete sin problemas. Entre tanto, la Camachuela hizo una segunda puesta, también de cuatro huevos, de la que nació un solo pequeño, que fue destetado regularmente gracias a canarias amarillas, que seleccionaba desde años. Durante el periodo de cría suministré semillas germinadas en abundancia, una buena mezcla con un 50% de mixtura para jilguero, pasta al huevo y, a partir del quinto día desde el nacimiento, verduras y semillas silvestres en cantidad. La Camachuela puso una tercera vez, con dos huevos fecundos, pero seguramente debido al calor, los embriones no llegaron a madurar.

En páginas anteriores: 1. Híbrido macho ancestral nacido el primer año. 2. Hermano nacido al año siguiente de la misma pareja. La probabilidad de que de un factor autosómico dominante nazca prole mutada es de alrededor del 50%. 3-4. Otra comparativa entre el híbrido ancestral y el mutado. Es evidente, en este último, en efecto invasivo del lipocromo sobre todo el plumaje. 5. Vista frontal y dorsal de los dos híbridos mutados.
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Una vez completada la muda, los dos ejemplares nacidos resultaron ser machos, con una talla discreta y buena coloración y ambos mostraban con mucha evidencia los caracteres de los progenitores de los que provenían, obteniendo en los concursos excelentes puntuaciones. Sin embargo, eran normales, y de amarillo no presentaban ni una pluma. Resignado, pensé en reintentar el acoplamiento al año siguiente. La pareja paso el invierno en la misma voladera. El invierno fue anómalo y cálido y a primeros de primavera parecía que ya había llegado el verano. La Camachuela, que ya empezaba a trasegar material del nido, comenzó de pronto a respirar afanosamente, abriendo completamente el pico intermitentemente, como si le faltase el aire. Además, como no conseguía alimentarse, había adelgazado mucho. Me había resignado ya a perderla cuando en un viejo manual descubrí los remedios a adoptar frente a los ácaros, entre ellos el Ivomec, muy eficaz contra parásitos pero peligroso si no se usa correctamente.

Después de una semana de tratamiento con Ivomec, cuya utilización me documenté adecuadamente, ñla Camuchela empezó a comer otra vez regularmente y su respiración fatigosa comenzó a desaparecer paulatinamente, pero sin llegar a desaparecer por completo. En cualquier caso, a finales de abril ponía cinco huevos, de los cuales tres fecundos, de los que nacieron dos pequeños. Ya en el nido, apenas emplumados se notaba la diferencia con sus hermanos del año anterior. De hecho, presentaban una coloración marrón rojiza sobre el pecho, mientras que el obispillo, en vez de blanco era naranja. La sorpresas no habían acabado todavía por cuanto la Camachuela puso por enésima vez cinco huevos, que resultaron todos fecundos. Nacieron tres pequeños, de entre los cuales uno era una hembra, con piel clara y ojos rojos, que moría tres días después del nacimiento, enfriando mi euforia y devolviéndome los pies a tierra. Al acabar la temporada, los ejemplares independientes eran cuatro, todos ellos machos y todos ellos también de factor amarillo.

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Dos de ellos morían mediada la muda, mientras que los otros dos la completaban sin problemas.

Para la coloración utilicé en dosis adecuadas una mezcla de betacaroteno y Carofil, siguiendo los consejos de un criador de Jilgueros amigo. Sin embargo, el resultado no fue precisamente satisfactorio, ya que, de hecho, el rojo adquirió en alguna zonas una tonalidad marrón anaranjada, que arruinaba la uniformidad y el diseño típico del híbrido Jilguero x Camachuela quedaba anulado por el lipocromo rojo, prueba de que el factor amarillo de Jilguero actuaba sobre todo el cuerpo y no sólo sobre las partes de elección con presencia lipocrómica. Los ejemplares normales del año anterior, a los que suministré el mismo colorante en las mismas dosis, adoptaron la coloración típica del híbrido, en la que la coloración roja quedaba relegada a la máscara y al pecho. Debo subrayar que consideré a los ejemplares muy interesantes desde el punto de vista técnico y únicos en el campo de la hibridación y pienso lo interesante que podría ser comprobar los resultados en acoplamientos clásicos entre el verderón, lúgano, verderón del Himalaya y el jilguero, con el valor añadido del factor amarillo.

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Pareja de Jilguero y Camachuelo junto al nido.
Pareja de Jilguero y Camachuelo junto al nido. · Alcedo
Abajo: Uno de los dos pollos del segundo año, con signos evidentes de la mutación, no sólo por la mancha roja de lo alto del pecho sino también por la infiltración amarillenta del bajo vientre. Foto: G. Fusi.
Abajo: Uno de los dos pollos del segundo año, con signos evidentes de la mutación, no sólo por la mancha roja de lo alto del pecho sino también por la infiltración amarillenta del bajo vientre. Foto: G. Fusi. · G. Fusi
Publicado en Ornitología Práctica, número 78, páginas 50–59.
Texto: Guido Fusi. Fotos: Alcedo, salvo fotografía59G.Fusi, expresamente acreditada.

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Ornitología Práctica nº 78 en papel

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