Reflexiones sobre el comportamiento y aberraciones de los pájaros en cautividad
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El comportamiento de las especies ornitológicas viene dado en gran medida por “engramas etológicos” estructurados a lo largo del recorrido evolutivo de cada especie, en relación con el nicho ecológico que ésta ocupa y en función del papel asumido por la misma. Un “engrama etológico” podemos definirlo como el conjunto de comportamientos, elecciones y reacciones que cada especie ha desarrollado con la selección natural y ha fijado en el ADN de su progenie, gracias a la supervivencia misma del individuo mejor preparado ante las situaciones. El desarrollo de esquemas comportamentales estereotipados y adecuados a las circunstancias más comunes del ambiente de referencia, pero modificables por factores imprevistos, por la experiencia propia del sujeto y por la inteligencia de la especie, se define en conjunto como el habitus de la especie y caracteriza su existencia.
Para mantenernos en un ámbito estrictamente científico, debemos centrarnos en las modalidades de producción del comportamiento, tema difícil pero imprescindible para poder formular las hipótesis que aquí platearemos y comprender el significado y la relativa posibilidad de incidencia por nuestra parte en la cría doméstica. Sea cual sea el comportamiento que contemplemos, será siempre el resultado motor de una serie de circuitos cerebrales que, al recibir un dato input (información o estímulo externo), desencadenan una serie de interacciones entre diferentes partes del cerebro, que partiendo del análisis del significado mismo del estímulo y del contexto en el que se produce, originan una descarga de neurotransmisores, que dan como resultado final la contracción de un determinado grupo de músculos y, consiguientemente, de un movimiento, que puede ser un batir de alas para huir, la erección de una cresta en señal de amenaza, la emisión de canto, etc.
Todo conductas corporales, que en su conjunto determinan algo estructuralmente complejo, tal como un comportamiento de huida, de agresión, de acoplamiento u otro. Por consiguiente, cada comportamiento es un complicado conjunto de reacciones originadas por estímulos determinados, resultado de la correcta decodificación de los mismos y de la consiguiente producción de neurotransmisores. Si analizamos a fondo y de forma asequible para todos el paralelismo entre estímulo-ambiente y comportamiento, pondremos en evidencia cómo un comportamiento dado representa, de entrada, la respuesta neurológica a uno o más estímulos, respuesta que se traducirá después en acciones motrices: vuelo, canto, embuche... Las reacciones comportamentales, a pesar de estar fijadas directamente en el ADN de cada especie, son una suma de factores y por tanto están sujetas a modificaciones y adaptaciones.
Esto representa una estrategia implementada por la misma selección natural, que premia a aquellos sujetos capaces de modificar y adaptar su propio comportamiento “codificado”, para aprovechar al máximo los recursos ambientales, huir de los peligros y reproducirse. Por tanto, los engramas comportamentales están representados por esquemas fijos de reacción a estímulos y condiciones, indiscutiblemente sujetos a elecciones conscientes o no del ejemplar, en respuesta a su propia inteligencia y a sus propias experiencias. Lo expuesto hasta ahora nos permite intentar comprender algo más sobre las alteraciones del comportamiento de los pájaros, que se pueden observar tanto en la naturaleza como en cautividad. Antes de profundizar en el tema, considero necesario establecer dos precisiones respecto al bienestar de los pájaros criados en cautividad y a la condición de patología comportamental.
En primer lugar, establecer sin vacilaciones que los pájaros de cría viven muy bien su existencia en cautividad y prueba de ello es, en primer lugar, la indiscutible longevidad de los mismos con respecto a los ejemplares de la misma especie, que en estado silvestre no alcanzan a menudo ni siquiera la edad de reproducción en el 70% de los casos, con una media de mortalidad el doble que los ejemplares mantenidos en jaula, víctimas de depredadores, hambre y frío, factores que la vida doméstica anula por completo. En segundo lugar, la sucesión regular y perpetuados en el tiempo de eventos reproductivos, con prole vital y prolífica, nos proporciona una clara indicación de cómo la vida en cautividad ofrece unas condiciones favorables para los animales.
Frente a estas afirmaciones no podemos dejar de evidenciar cómo el resultado de la cría doméstica y el consiguiente bienestar de nuestros ejemplares pasa por un profundo conocimiento de las necesidades reales de cada especie, no sólo en términos de espacio, luz, alimentación y socialización, sino también de la interpretación de los factores de estrés que cada ejemplar por sí sólo percibe. En particular, los trastornos del comportamiento reproductivo constituyen una problemática importante en la práctica aviar y están ligados a menudo con condiciones subjetivas de cada ejemplar respecto a factores ambientales. Uno de los factores ambientales de primera importancia en el intento de mejorar los trastornos del comportamiento reproductivo, tales como la agresividad frente a su compañero, la destrucción del nido, el canibalismo o la agresividad frente a su prole, es sin lugar a dudas el espacio del que dispone la pareja.
En la naturaleza, los pájaros consumen una cantidad de energía física y psíquica buscando alimento o defendiendo el territorio, mientras que en cautividad, con espacios demasiado restringidos, puede producirse una sobrecarga de energía física, que desemboca en alteraciones comportamentales, la primera de ellas, la agresividad. Al respecto, muchos criadores experimentados saben que, ante todo para los fringílidos y los eritruras, la opción de criar en jaulones o mejor, en voladeras, representa el secreto del éxito, a lo que pueden sumarse después otras estrategias, como numerosos posaderos en los extremos de la voladera, esquinas camufladas, agua corriente para el baño, abundancia de material para la construcción del nido, hierbas del campo. Todas situaciones que en su esencia representan el modo más correcto de disminuir la tensión de sobrecarga determinada por el estrés.
Muchos de los trastornos comportamentales de las hembras pueden resolverse, o por lo menso reducirse, adoptando estrategias de gestión adecuadas. En primer lugar, debe ser la hembra la que elija el lugar donde construir el nido y, a tal efecto, la tipología del portanidos y su disposición estará en función de nuestros conocimientos etológicos de la especie y de las preferencias que muestre en la reproducción. No todas las hembras aceptan el portanidos de mimbre o prefieren construir el nido en lo alto o sobre el frontal de la jaula, o por el contrario sobre la parte apoyada en la pared. Otro elemento fundamental que hay que tomar en consideración es el material para la construcción del nido: ¡cada hembra tiene sus preferencias! Observar, comprender e intentar satisfacer las exigencias de cada pareja constituye la verdadera habilidad de un criador de éxito.
Concluyendo, frente a cualquier comportamiento aberrante existe la posibilidad de gestión y por consiguiente de mejora del mismo por cuanto la alteración comportamental viene dada por una sobrecarga de energía, un cúmulo de tensiones o estrés, si se prefiere, que se interpretará y gestionará sobre todo con medidas preventivas y gracias al conocimiento de la especie. Esta actitud permitirá no tener que recurrir, empujados por la necesidad, a soluciones drásticas como el panel divisorio, las nodrizas o directamente al alejamiento de los ejemplares de nuestro criadero. Conseguir criar con buenos resultados una especie, común o rara, mediante el conocimiento y la puesta a punto de una gestión adecuada, representa no sólo una gran satisfacción para todo criador sino que, además, enriquece el conocimiento y la cultura ornitológica que permite ampliar los horizontes de nuestro hobby, confiriéndole las virtudes y dignidad exigibles. Aunque sólo fuese por la dedicación y el cariño invertido.

Texto: Francesco Faggiano. Fotos: Alcedo. Pie colectivo original de la página69 asociado a autodesplume68 y canibalismo70. Los PDF de composición conservan folios repetidos respecto a otros artículos; no se afirma una foliación final reconstruida.



