
Descripción de la mutación y forma de transmisión hereditaria
Australia fue la cuna de los primeros diamantes mandarines blancos, allá por el año 1921. Algunos autores citan la aparición de tres ejemplares enteramente blancos en la misma nidada, fruto de una pareja de fenotipo ancestral, que ya no volvió a dar descendencia mutada. Su presencia en el continente europeo data de 1930. En principio fueron muy solicitados y su precio era prohibitivo; pero la especie es tan productiva que el diamante mandarín blanco, en pocos años, estaba al alcance de todos por casi nada. En cualquier caso, fue necesario un buen número de años para que la mutación llegase a un formato aceptable. Los pájaros estaban muy degradados: no sólo eran muy pequeños sino que también tenían un plumaje deplorable, contando además con la recurrente aparición de incrustaciones melánicas en espalda y obispillo sobre todo. Uno de los primeros criadores que consiguió producir diamantes mandarines blancos de calidad y robustos fue el criador holandés Adrianus Wijgerde. Acumuló campeonatos holandeses y mundiales como si fuesen campeonatos de club.
Su cepa de blancos, única, era en todos los aspectos superior a la del resto de sus competidores. Hoy en día, las cosas han cambiado considerablemente y hay muchos aficionados con buenos diamantes mandarines blancos; aunque la gran dificultad sigue estando en la consecución de la pureza del color blanco. Para lograrla, y muy importante, las jaulas deben tener una limpieza escrupulosa. Diversas mutaciones surgidas de forma natural en el diamante mandarín ancestral produjeron la desaparición de las melaninas, surgiendo los primeros ejemplares píos, que por selección en los criaderos llevaron a un ejemplar totalmente amelánico y, por tanto, de fenotipo enteramente blanco. El fenotipo presenta una única coloración, con ausencia total de melaninas. Estos ejemplares son el resultado del acianismo o inhibición de los pigmentos melánicos, que no es otra cosa que la inexpresión de las enzimas que producen los pigmentos melánicos.
No obstante, Chris Blackwell cita cruzamientos en Gran Bretaña entre los ejemplares blancos originales con estos novedosos mutantes píos, no buscando curiosamente ejemplares blancos, sino óptimos píos con una proporción de acianismo del 50% y, además, simétricos. Los criadores de píos observaron que los ejemplares blancos obtenidos de este cruce eran de mejor calidad en cuanto a estructura y plumaje que los blancos originales, y que además conseguían mejores resultados expositivos, siendo tan blancos como los originales y evitando en gran modo el problema de las incrustaciones melánicas por atavismo (pérdida parcial de la capacidad inhibidora de la melanina, y por ende, tendencia a recuperar el fenotipo ancestral). Con el paso del tiempo, la COMMundial dejó de admitir ejemplares píos a concurso y a día de hoy sólo acepta los píos llamados ensillados, que no son otra cosa que píos con restos melánicos en el dorso y rabadilla de color ancestral o bruno, participando hasta hace poco en el mismo grupo que los blancos.
La herencia genética de la mutación es por tanto poligénica y su transmisión hereditaria autosómica codominante. Esto quiere decir que no existen portadores de la mutación y que si apareamos dos ejemplares enteramente blancos, hay que esperar que todos los descendientes expresen dicho fenotipo, y que si uno de los progenitores es pío y el otro enteramente blanco, obtener la mitad de los ejemplares blancos y la otra mitad píos. Aunque como todas las mutaciones codominantes la proporción de ejemplares blancos depende mucho de la herencia poligénica de ambos progenitores. Algunos ejemplares presentan desde el nacimiento pequeñas incrustaciones melánicas en el dorso, que pierden en la primera muda, quedando su fenotipo totalmente blanco, libre de cualquier resto de melanina.
En otras especies se ha dado el albinismo, que a diferencia del acianismo, inhibe cualquier expresión melánica en los ejemplares afectados, no dejando restos de las mismas ni en los ojos (el acianismo sí deja estos restos), que los presentan de un color rojo intenso, debido a la transparencia de la sangre por los capilares sanguíneos. Sin embargo, ¿por qué no hay diamante mandarín albino? La respuesta puede ser la siguiente. En el criadero del Sr. Coopmans surgieron algunos ejemplares con características de albino, que sus progenitores se negaban a cebar. La razón de esta negativa pudiera estar en el diseño especial en el paladar que posee el diamante mandarín recién nacido. Su parte superior está dividida en dos zonas por una línea negra. En la punta del pico podemos ver un pequeño punto negro, que sería el final de la mencionada línea negra, A ambos lados de la línea existen dos puntos negros sobre un fondo claro. Cuando unimos virtualmente los puntos por una línea, obtenemos un triángulo. La lengua también presenta un punto negro en su centro.
Cuando los pollos tienen ya unos días, las zonas más claras se hinchan y el paladar se hace muy desigual; su color tiene una apariencia amarillenta, que se acentúa a medida que los pollos crecen. Los puntos negros se difuminan. Cuando se acerca el destete, ya no se distingue nada sobre el paladar. Los jóvenes albinos no tenían ninguna traza de diseño sobre el paladar y los padres no tenían estímulo para darles de comer, con lo cual morían en poco tiempo. Este problema se podría haber paliado fácilmente si se hubiesen utilizado Isabelitas del Japón como nodrizas y se dispondría de una mutación más en el amplio abanico de mutaciones del diamante mandarín. Pero hay que tener en cuenta hasta qué punto es aconsejable criar con nodrizas pájaros que jamás serán alimentados por sus padres.
Cría y apareamientos · Forma de mejorar el fenotipo
He de reconocer que solamente he criado con una pareja de diamantes blancos en toda mi vida de criador de diamantes mandarines y no obtuve descendencia alguna, ya que si bien la hembra ponía regularmente, nunca obtuve ningún huevo pisado. Estos ejemplares cayeron en mis manos de un lote comprado a un criador por un amigo mío, que me los cedió y los emparejé sin mucha convicción y sin pensar en la calidad de la prole que conseguiría. Vamos, que le presté poco interés al asunto. Las mutaciones blancas, es decir amelánicas, apenas tienen atractivo para mí, ya que prefiero los ejemplares con melaninas, pero respeto que puedan tener su encanto para otros criadores, como lo demuestran los ejemplares presentados cada año en los concursos. Como normas generales, en la bibliografía consultada para la realización del artículo, se expresan las siguientes características comunes, a la hora de los emparejamientos óptimos para conseguir ejemplares de calidad aceptable para concursar.
En principio, el acoplamiento blanco x blanco está totalmente desaconsejado, ya que supone una pérdida de calidad del plumaje, lo que se manifiesta sobre todo detrás de los ojos y en los hombros, donde se puede observar carencia de plumaje. Por tanto, se aconseja acoplar pájaros enteramente blancos con píos. Eso sí, lo más blancos posible, con una proporción de zonas aciánicas como mínimo del 75%. No obstante, puntualmente se pueden emparejar dos ejemplares blancos, siempre que sean de óptima calidad, continuando la selección con la inmediata introducción de ejemplares píos en dicha descendencia, para paliar los problemas descritos anteriormente. Parece obvio, por todo lo expuesto, que el talón de Aquiles de la mutación es conseguir un óptimo plumaje, además claro está de una forma óptima, ya que el color es relativamente más sencillo, puesto que vale con que los ejemplares no tengan pluma alguna manchada de melaninas. Dado que esto parecía muy pobre para la realización del artículo, he contrastado esta información con tres criadores de la mutación blanca o aciánica.
Por tanto lo que se va a trasladar en este punto son las experiencias que me han transmitido distintos criadores de diamantes mandarines blancos conocidos míos, teniendo en cuenta que son experiencias contadas y que pueden ser contrarias a las de otros criadores. Como se ha expresado en otros artículos, la cría no es un ciencia exacta y lo que a unos criadores les funciona a otros les funciona lo contrario, según las líneas de sus pájaros y las cualidades y defectos de los mismos. En dos de los casos, en la inmensa mayoría de los acoplamientos se empleaban ejemplares píos, siempre que se disponían, lo más blancos posible, alrededor del 75% de zonas amelánicas. Utilizaban ejemplares de buena forma y plumaje, ya que son las características más importantes a evaluar en estos ejemplares. Los emparejamientos blanco x blanco no los solían hacer más que en ocasiones muy puntuales.
En los ejemplares reproductores se busca un plumaje liso, adherido al cuerpo, muy compuesto y sin calva alguna, también muy buena forma y excelente talla, ya que son los aspectos que se van a tener más en cuenta en los enjuiciamientos de estos ejemplares. Por tanto, se reservaban para la reproducción todos los pájaros píos con estas características, para emplearlos en la misma. Además, en uno de los casos se tenía muy en cuenta la longitud de la pluma de los ejemplares apareados, emparejando siempre un ejemplar de pluma corta con otro de pluma larga, en analogía a los apareamientos empleados en canaricultura de color con los ejemplares intensos y nevados. Con ello se mejoraba el plumaje de los ejemplares y se controlaba la longitud de la pluma, aparte de mejorar la forma, ya que en la misma interviene de manera bastante decisiva el plumaje de los ejemplares. En las pocas ocasiones que empleaban apareamientos de blanco en pureza, los plumajes eran más descompuestos, con tendencia a escasez del mismo en las zonas reseñadas anteriormente.
Pero lo que más se notaba era la pérdida de talla obtenida, bastante evidente ya en este primer apareamiento, por lo que evitaban este tipo de emparejamiento, puesto que apenas conseguían algún pájaro para concursar con ciertas garantías. Con estos apareamientos de blanco por pío al 75% (aproximadamente) normalmente se obtiene más de la mitad de ejemplares totalmente blancos aptos para concursar, aunque tienen el inconveniente de que la otra mitad aproximadamente de los ejemplares obtenidos en la cría, al ser píos, no pueden utilizarlos para concursar, quedando el remanente de los no utilizados en la reproducción en el aviario. Esto, en aviarios reducidos, supone una carga bastante importante, al ser en general complicado sacarlos al mercado o al menos no tan sencillo como los enteramente blancos. Otros criadores no emplean nunca ejemplares píos en la reproducción, en contraposición a los anteriores, ya que la cepa de diamantes mandarines de que disponen es de gran calidad de plumaje y de muy buena forma y talla.
Si bien las generaciones en que han empleado este apareamiento han sido solamente dos, por lo que si partes de ejemplares excepcionales, puede ser que hasta sucesivas generaciones no empiecen a mostrar los signos de degeneración del plumaje que se han comentado anteriormente. Con esta poca experiencia en estos apareamientos, es muy complicado establecer regla alguna y asegurar que no se presentarán los problemas de plumaje y talla, que sí se han constatado en otros casos. Como conclusión, se puede establecer que el color blanco níveo, la forma y la talla, así como la calidad del plumaje, son fundamentales para la consecución de éxitos a nivel selectivo y expositivo. No hay que olvidarse tampoco de que la limpieza debe ser escrupulosa, ya que un muy buen ejemplar, sucio, puede obtener la misma puntuación que un ejemplar mucho más modesto.
Este aspecto en estos ejemplares es primordial, ya que por su color blanco, la suciedad se percibe mucho más acusadamente que en los ejemplares con melaninas, donde las suciedad puede pasar mucho más desapercibida y obviamente es un aspecto difícil de conseguir. Por ello, la limpieza de las jaulas de estos ejemplares ha de ser meticulosa y escrupulosa, con lo que hay en la cría una dificultad añadida.
Interacción con otras mutaciones
Parece obvio indicar en este apartado que cualquier interacción del blanco con otra mutación sería perder el tiempo, ya que al juntar ambas mutaciones seguiríamos teniendo un ejemplar de fenotipo enteramente blanco, con lo que todo el trabajo empleado en unir ambas mutaciones en el mismo ejemplar habrá resultado baldío. Sin embargo, y ya se ha realizado algo con el canario blanco recesivo, introduciendo en la línea las mutaciones ágata y opal, para obtener ejemplares con un tono de blanco distinto a los normales, algunas conversaciones con criadores de blancos han derivado en la conveniencia de que los pájaros píos incorporen la mutación Mejillas, bien grises o brunas, ya que los ejemplares que unen estas dos mutaciones tiene un blanco más limpio y brillante que los que no la poseen. En este sentido, al ser la mutación Mejillas del diamante mandarín de transmisión hereditaria dominante, no es muy difícil introducirla en la cepa de blancos, de modo que en primera generación, se podría obtener un pío mutado en la citada mutación.
A partir de éste, ya se pueden obtener ejemplares enteramente blancos en segunda generación y además, con la mutación Mejillas incluida, que como se ha dicho anteriormente, según la experiencia de algunos criadores, tienen un blanco, más puro, más atractivo para los concursos. Se solía introducir también la mutación bruna, ya que los restos melánicos que pudieran quedar en la librea del ejemplar eran menos visibles. Y esto podría valer para cualquier mutación que diluya o reduzca las melaninas, aunque el efecto de la mutación es apenas perceptible, si el ejemplar es enteramente blanco. También la mutación Moña puede ser combinada con el fenotipo blanco, creando ejemplares de gran belleza, en los que, obviamente, sí se pueden observar las dos mutaciones.
Sintenia de la mutación con otras especies
Como parece lógico, el acianismo, mutación que aparece en casi todas las aves, por ejemplo el canario, el verderón, el jilguero, el diamante mandarín, la isabelita del Japón, el gorrión de Java, el pico de plata, etc, debe ser sinténica con todas las especies en las que aparece. De hecho, aparece sin quererlo con tan sólo que alguno de los progenitores participantes en la hibridación posea cierto grado de acianismo, aunque sea muy pequeño. Así, en cuanto empleábamos hace años las hembras de timbrado para hacer híbridos con jilgueros, aún teniendo solamente una uña o pluma blanca, casi seguro que algún componente de la nidada híbrida presentaba una uña o pluma de las alas o cola sin pigmentación melánica. Esto, que constituía un gran problema ya que estos ejemplares no se admitían a concurso, ya no lo es porque ahora se admiten; pero no tienen opción a premio, con lo que la situación es muy parecida.
Con la aparición de ejemplares aciánicos de Verderón común y de Jilguero, me consta que se han conseguido híbridos enteramente amelánicos de jilguero x canaria, utilizando parentales amelánicos o casi amelánicos. Debido a lo anteriormente expuesto con los fringílidos, es de esperar que se pueda producir la misma situación con los estríldidos, por lo que al aparear ejemplares totalmente aciánicos o un aciánico y un pío de diferentes especies conseguiremos, en el primer caso, toda la descendencia amelánica, y en el segundo, la mitad de la misma. Me consta que se está intentando hacer un híbrido amelánico entre la isabelita del Japón y el padda, aunque hasta la fecha en que se ha escrito el artículo, se habían conseguido huevos pisados pero no descendencia.
Conclusiones
La verdad es que la existencia de los distintos tonos de blanco puede parecer un poco absurdo, ya que hay productos en el mercado para blanquear canarios blancos recesivos, que aplicados a nuestros diamantes mandarines darían idéntico resultado, por lo que lo único que se les debería requerir ha de ser una limpieza escrupulosa, para que en el blanco no tenga ninguna influencia el posible efecto de la suciedad que pueda tener acumulada el ejemplar en el plumaje. Por supuesto, cualquier pluma que tenga algún resto de melanina ha de ser eliminada antes de enviar al pájaro a un concurso, ya que será gravemente penalizado en el apartado de diseño de la planilla de enjuiciamiento y el ejemplar no tendrá opción a premio, con lo que no es aconsejable llevarlos a concursar en estas condiciones.
Se debería disponer por parte de los Colegios de Jueces de cada una de las Federaciones de una planilla específica para los ejemplares sin melaninas, tal y como ocurre en la canaricultura de color, adecuándose la valoración de los distintos apartados de la misma a la circunstancia de la falta de melaninas en estos ejemplares o establecer un criterio objetivo para la puntuación de los ejemplares en el apartado de color, sin llegar a disquisiciones de la pureza del blanco que presenten los ejemplares.
Bibliografía
Estandar FOE del Diamante Mandarín elaborado por el COJ-FOE. Diamante Mandarino (Coordinamento Tecnico del Club dell´Esotico- Italia) Club dell´Esotico. Edición de Agosto de 1992. Diamante Mandarín, Isabela de Japón y Padda, técnicas de cría y concurso. Aloïs Van Mingueroet. Cromapress.S.A. El Diamante Mandarín. Avicultura menor. Chris Blackwell. Manuel Company editores.1996.







Texto y aviario: José Manuel Rodríguez Benavente. Fotos: Javier Mas. Criadores y propietario indicados en pies: José Luis Barroso y Vicente Ibáñez Martínez.



