Hoy hace ya más de treinta años que se comenzó a criar de forma masiva y continuada nuestro espléndido carduélido, y en este lapso de tiempo, relativamente corto, han aparecido cantidad de mutaciones. Muchas de ellas son compartidas con otras especies de fringílidos (Canario incluido), algunas son absolutamente inéditas. Me vienen a la mente la mutación amarilla o la perlada, sólo por mencionar alguna, como patrimonio exclusivo del Jilguero. La búsqueda de lo “nunca visto”, de lo excepcional es, de siempre, el motor que mueve el crecimiento y la madurez de una parte (cada vez mayor) de criadores que no se limitan a la reproducción y selección de ciertas especies, sino que encuentran un gran estímulo en la fijación de determinados caracteres inéditos, tanto morfológicos como de color. Y en este sentido, es el Jilguero, más que cualquier otra especie criada, el que está dando las mayores satisfacciones.
Por lo que se refiere al Jilguero melánico o presuntamente tal, en estos últimos años se han tenido noticias y yo mismo tuve la suerte de ver uno en vivo absolutamente asombroso, aunque lamentablemente el propietario no consiguió mantenerlo con vida. Sin embargo, parece que los pocos intentos reproductivos que se han puesto en marcha, no han dado los resultados deseados. Incluso algunos ejemplares nacidos melánicos, en las temporadas posteriores volvían a manifestar el plumaje ancestral, por lo que se podría hablar de “anomalía transitoria” del plumaje, debida probablemente a disfunciones hormonales o alimentarias. En 2006, se produjo en mi aviario, de forma absolutamente casual, la primera manifestación de melanismo. De hecho, en un ejemplar Ágata de talla media aparecieron las características manchas melánicas sobre las mejillas; el resto del plumaje me pasó desapercibido, ya que marqué al ejemplar como “defectuoso” y, consecuentemente, lo alejé de inmediato de mi criadero.
Unos tres años después, la anomalía se manifestó de nuevo, esta vez en un macho de Jilguero ancestral. Desde el plumaje infantil, el pequeño manifestaba una oxidación mucho mayor de la normal y sobre todo a nivel de la cabeza y la parte alta del pecho la anomalía era bastante evidente. Inmediata e inevitable fue la asociación con el Ágata de algunos años antes. Esta vez, el análisis en detalle del ejemplar me dio la seguridad de que algo diferente estaba pasando. La siguiente temporada acoplé el Jilguero con una bonita hembra de Mayor, la cual dio nacimiento a cuatro ejemplares, tres de los cuales manifestaban los caracteres anómalos propios del padre. Eran reconocibles desde la primera semana de vida por el color de la piel y después confirmado por el crecimiento del plumón, que adquiría un bonito color antracita.
Finalizada la muda, los ejemplares en cuestión presentaban una librea fantástica: una marcada oxidación, que encontraba su máxima expresión en las mejillas, donde el blanco se veía evidentemente contaminado de gris antracita. En uno de los ejemplares, que luego resultó ser una hembra, los caracteres estaban aún más acentuados que en sus hermanos. Recapitulando, además de las mencionadas mejillas, los caracteres distintivos frente a un ancestral clásico son: • partes eumelánica de un negro más intenso; • hombros negros también en las hembras, como en los machos, así como la pequeña máscara, bigoteras incluidas; • dorso: si en el clásico ancestral estecarácter es el resultado de feomelanina y eumelanina en las justas proporciones, en estos ejemplares, la eumelanina predomina de forma evidente.
La importancia científica de esta mutación creo que es flagrante, visto que en la casi totalidad de las otras variantes cromáticas fijadas hasta hoy, la librea sufre un empobrecimiento de pigmentos feomelánicos, mientras que en este caso, por el contrario, se produce el añadido de una importante cuota eumelánica, con resultados verdaderamente sorprendentes.






Texto: Franco Castellucci. Fotos: Alcedo. Pies originales49 y52 asociados por identidad visual, incluyendo doble página anterior y página siguiente.




