La afición al estornino me viene desde la infancia, cuando Benidorm se encontraba en pleno desarrollo urbanístico y se empezaba a vislumbrar el futuro de la ciudad actual. En un principio, la zona de caza estaba ubicada junto al cementerio, llamado en la actualidad “Virgen del Sufragio”. En aquella época, en el “El Matisal”, pequeña meseta situada a unos cien metros de la playa de poniente de Benidorm, crecían varios algarrobos, unos a levante y otros a poniente, los cuales servían, después de cuidarlos durante todo el año, para la caza del estornino. Su cuidado consistía en mantener la copa del árbol perfectamente alineada y a ras, para, mediante unos canutos hechos de alambre poder poner espartos recubiertos de una goma pegajosa hecha a propósito para que los estorninos, una vez intentaban pararse, se pegasen, cayendo al suelo. La goma pegajosa se confeccionaba mezclando “piedra griega”, “jonje”, y una proporción de aceite, según cantidad de producto. En la actualidad, se puede conseguir el mismo producto sintético y producido industrialmente, aunque está prohibida la caza por este sistema.
Sin embargo, en Valencia está autorizada la caza del tordo utilizando el producto y los árboles preparados para tal fin, llamados casetas. Hay que recordar que durante el periodo de los años 1960 y posteriores, en Benidorm había varias “casetas” que durante el mes de octubre, mes en que las aves emigraban hacia el sur, eran utilizadas por nombres conocidos de esta afición y grandes cazadores del estornino, entre los que podemos nombrar a Bautista Ronda, Ricardo Bayona o Francisco Benaloy. Ricardo Bayona, en su afán de cazador “investigador”, empezó a practicar la caza del estornino con redes horizontales, primero utilizando una especie de ballesta gigante para cubrir un algarrobo, con los estorninos parados en el mismo, posteriormente confeccionando unas redes como las actuales, llamadas de “libro”. En aquella época, desde el periodo de caza, octubre, hasta el siguiente año, para poder tener los suficientes “reclamos”, es decir estorninos para poder atraer a los bandos migratorios hacia los cazaderos, era necesario criarlos por los diversos gallineros existentes en el pueblo.
Y cuantos más estorninos mejor, ya que la gran mayoría moría con suma facilidad, tal vez debido a lo inadecuado de la alimentación que se les proporcionaba en cautividad. En la actualidad, y después de años de tener estorninos en cautividad, he comprobado que la alimentación es esencial para tener un buen bando de estorninos. El pienso es fundamental, pero también buscan todo tipo de orugas, dípteros, aceitunas y toda clase de fruta, que procuraremos proporcionarles estando en cautividad. Los estorninos buscan toda clase de agujeros, tanto naturales como artificiales, para hacer sus nidos. Una simple caja con un agujero es suficiente para que, sobre todo los machos, construyan el nido, siempre con hierbas y hojas de cualquier arbusto. Será la hembra la que lo revista de plumas, lana o musgos. La nidada puede constar de cuatro a ocho huevos, color azul pálido. La incubación dura unos 13 días y los poyuelos volaran a los 21 días. La incubación se efectúa por ambos sexos y comienza al estar completa la puesta. Una cría en la temporada es normal, pero no son raras dos.
En nuestro caso, aparte de tener un voladero con varias parejas y diversos nidos prefabricados, los cuales son utilizados por diversos individuos, que se molestan entre ellos para la confección del nido. Una vez con crías, desperdician cantidad de pollitos por el afán de hacer nuevo nido, por ello tenemos jaulas adaptadas para tener una pareja en cada una, siendo más difícil la reproducción, pero asegurando la nidada. El macho se puede distinguir por el iris del ojo de color pardo oscuro, que en las hembras es pardo, con una anillo exterior de color más claro. También por el plumaje: en los machos, las pintas blancas son pequeñas y triangulares o alargadas, y grandes y redondeadas las de las hembras.


Texto : José R. Francés Almiñana Aviario: Isidro Martorell Martínez · Fotos: Javier Mas




