Iniciación

La incubación bajo lupa

Ernesto Ramos Henningsen

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Canaria en el nido con sus pollos.
Canaria en el nido con sus pollos. · Javier Mas

Para los criadores de aves y en concreto los de canarios la incubación parece ser un proceso bastante simple, sin embargo hay infinidad de detalles cuyo conocimiento nos abrirá mayores posibilidades a gestionarla con mayor éxito. Beer define la incubación como el proceso por el cual se transfiere al huevo, después que haya sido puesto, el calor necesario para el desarrollo embrionario. En los canarios, la incubación tiene una duración usual de trece días. Existen diversos factores que pueden adelantar o retrasar la eclosión desde unas horas hasta un día pero éstos son la excepción y no la regla. La incubación en la mayor parte de los paseriformes suele comenzar antes de que termine la puesta y de ahí la importancia de reemplazar los huevos por los falsos a fin de iniciar la incubación simultáneamente para toda la nidada y evitar eclosiones asíncronas. La incubación en los canarios es monoparental, es decir llevada a cabo por uno solo de los progenitores, como sucede para el 62% de los paseriformes, y llevada a cabo concretamente por la hembra.

Puede dar lugar a confusión, especialmente para algunos criadores noveles, que en algunos casos la hembra se levanta del nido y el macho va de inmediato a colocarse sobre los huevos, pero técnicamente no se trata de incubación. En este último caso, se trata de una demostración de territorialidad y/o celo ya que el macho es incapaz de sostener la temperatura de incubación suministrada por la hembra. Para proveer la temperatura de incubación necesaria, en la canaria se forma una zona desprovista de plumas en la región ventral denominada placa incubatriz. Esta zona esta provista de vasos sanguíneos para facilitar la transmisión de calor hacia el huevo. Nuevas plumas repoblarán la zona en la siguiente muda, al finalizar el periodo de cría. Para que un embrión se desarrolle adecuadamente es necesaria la conjunción de cuatro factores:

• Temperatura • Humedad • Ventilación adecuada • Volteo regular

• Temperatura. La temperatura de incubación debe ser mantenida por parte de la hembra en un rango mínimo ideal entre 37°C y 38°C. Una temperatura muy elevada durante la incubación puede acelerar el desarrollo embrionario y por ende la eclosión. La temperatura, específicamente, puede afectar directamente al índice de viabilidad del huevo, la eficacia de la incubación, el éxito de la eclosión, el fenotipo del neonato e inclusive la salud y supervivencia de los pichones.

• Humedad. La humedad debe variar idealmente en un rango entre 60% y 65%. Se requiere un nivel adecuado de humedad para la hidratación del embrión y la facilitación del movimiento de calcio de la cáscara a los huesos en desarrollo. Otro indicador clave de la presencia de la humedad necesaria puede ser determinado mediante la medición del peso de huevo, ya que entre el primer día y el doceavo de incubación, los huevos suelen perder entre un 11% y 12% de su peso. Si el peso final obtenido es menor hay un problema de falta de humedad ambiental. En el caso en que los niveles de humedad requeridos no estén presentes (evidenciado por la presencia de huevos deshidratados o por eclosiones fallidas con desarrollo completo del embrión), es posible recurrir a la instalación de un deshumidificador. Por otro lado, un elevado nivel de humedad propicia el desarrollo de microorganismos en los nidos, pudiendo ocasionar la contaminación de los huevos

• Ventilación adecuada. Por ventilación adecuada se entiende aquella presente en el aviario y que en conjunción con la generada en el microclima del nido se presta a la finalidad de que los embriones, durante su desarrollo, puedan intercambiar O2, CO2 y vapor de agua con el ambiente, a través de los poros presentes en la cáscara de huevo.

• Volteo regular. Las funciones del volteo son la redistribución del calor desde la placa incubatriz, así como evitar que el embrión se adhiera a la membrana interna de la cascara. Este proceso es vital hasta el último tercio del periodo de incubación, a partir de ahí carece de mayor importancia.

Otro factor que puede adelantar o retrasar el tiempo de la incubación es lo que se conoce como grado de atención del progenitor, que se define como el porcentaje del tiempo total que el progenitor pasa efectivamente incubando en el nido. Usualmente es expresado como un valor porcentual, este valor es mayor si incuban ambos miembros de la pareja (esto en un contexto general) que si sólo incuba la hembra (73,4%). El grado de atención del progenitor puede verse afectado por diversos factores como la disponibilidad de alimento, la temperatura u otro factor que estrese a la hembra, ocasionado su salida del nido.

Es vital destacar que el desarrollo embrionario no comienza hasta que la temperatura del huevo está de forma sostenida por encima del cero fisiológico, siendo la temperatura óptima de incubación la que oscila entre 34°C y 36°C. Si bien es cierto que podemos afirmar que el desarrollo embrionario comienza en el oviducto una vez el óvulo ha sido fertilizado por el espermatozoide, cuando el huevo es puesto, se enfría al entrar en contacto con el aire, deteniéndose el desarrollo embrionario y retrayendo las membranas testáceas, formándose la cámara de aire. Es prudente no manipular el huevo recién puesto y esperar a que se cierren los poros (alrededor de una hora) disminuyendo el riesgo de contaminación producto de la manipulación. Se considera que la incubación efectiva comienza cuando la temperatura de los huevos se mantiene de forma constante por encima del umbral para el correcto desarrollo del embrión (i.e. por encima del cero fisiológico).

Muchas veces se asume erróneamente que la incubación comienza con la puesta del último huevo, pudiendo comenzar antes o después de concluir la puesta ya que existen hembras que comienzan su incubación efectiva con el primero o segundo huevo (hembras prematuras) y otras que comienzan un día después de completar la puesta (hembras tardías).

Normalmente, el comienzo de la incubación sigue a la finalización de la ovoposición, es decir a las 24 horas previas a la puesta del último huevo. Este concepto de incubación efectiva explica claramente por qué si no se retiran los huevos, algunas canarias tienen una puesta con eclosión serial mientras que otras la tienen simultánea para un buen grupo de huevos.

Comprobación de la fecundidad

A partir del quinto o sexto día de incubación es posible y recomendable examinar la puesta, con el objetivo de determinar si los huevos están fertilizados. Esto se logra colocando cada uno de los huevos contra una fuente de luz, con la finalidad de lograr visualizar su contenido. Es recomendable proceder con mucha delicadeza al aproximarnos al nido y, si es posible, esperar a que la canaria lo abandone a voluntad para alimentarse. Una vez la canaria está afuera del nido es fácil proceder con la cautela de reponer el nido en su posición original. Si por el contrario nos viéramos forzados a proceder a mover a la canaria fuera del nido, lo haremos con mucho cuidado ya que, en su stress por huir, puede arrastrar uno o más huevos al suelo, estropeando su vital contenido. Resulta obvio comentar que durante el periodo de incubación deberemos molestar lo menos posible a la hembra, para evitar que aborrezca la nidada. Es muy recomendable eliminar de la puesta aquellos huevos que resulten claros, ya que constituyen una fuente de contagio para el resto de la puesta en caso de rotura, además de absorber más calor que los fértiles, afectando el microclima del nido.

Existen diferentes métodos para verificar la fecundidad, a saber:

Observación al trasluz

Consiste en tomar el huevo entre los dedos y exponerlo a una fuente de luz para visualizar su contenido. Este método no requiere de ningún accesorio pero tiene como desventaja el riesgo de dañar el huevo por un accidente o por contaminación. Se recomienda lavarse las manos con un jabón antiséptico y secarlas antes de proceder a manipular los huevos. Otra opción es usar las tenazas “atrapa-huevos” evitando el uso de las manos. Estas tenazas están hechas de un material plástico muy flexible y permiten manipular los huevos sin necesidad de tocarlos. Observación con linterna Consiste en acercar una linterna, preferiblemente de luz blanca, hacia los huevos que se encuentran en el nido, colocando el nido en un lugar oscuro, con la finalidad de lograr una mayor visibilidad del contenido de los huevos. La principal ventaja de este método es su bajo riesgo de manipulación y su alta efectividad.

Observación con ovoscopio

Un ovoscopio no es más que un dispositivo que proyecta un haz de luz sobre un agujero (o varios) sobre los que se coloca el huevo, permitiendo observar con facilidad su contenido interior.

Construir un ovoscopio es relativamente sencillo, aunque se pueden adquirir en tiendas especializadas.

Independientemente del método de comprobación utilizado son tres los posibles resultados que se evidenciaran:

• Huevo con embrión en desarrollo, caracterizado por un cuerpo central rojizo, desde el cual se extiende una ramificación de vasos sanguíneos.

• Huevo fecundo no desarrollado, donde se aprecia un pequeño círculo rojizo, afectando a una parte de la yema. La causa puede ser originada en un extenso tiempo de almacenaje o a variaciones bruscas de temperatura.

• Huevo claro, puede tratarse de un huevo no fecundo o de un huevo fecundo abortado en las primeros días de incubación. Una precaución adicional ha de tomarse cuando se utilice un sistema de iluminación artificial en el aviario, garantizando que el cambio día a noche es realizado de manera gradual, asemejándose lo más posible al proceso natural. De esa manera se evitará que algunas hembras queden fuera del nido, malográndose la nidada al perder la temperatura para poder garantizar la continuidad del desarrollo embrionario.

Cuando se cría en pareja, el rol del macho en la incubación se suele circunscribir a alimentar a la hembra, que permanece entre un 80% y 90% del tiempo en el nido, dependiendo del grado de atención individual. Existen claras excepciones donde el macho, excesivamente encelado y fogoso, trata de copular con la hembra que se encuentra incubando, poniendo en peligro la integridad de la puesta. En este caso se recomienda la separación del macho a través de la rejilla separadora. Esta separación se puede realizar sin afectar la fertilidad de la nidada a partir del tercer huevo. Desde un punto de vista estrictamente pragmático es altamente recomendable que la hembra críe sola ya que garantiza un menor número de inconvenientes así como la posibilidad de aparearla con varios machos en la misma temporada de cría.

Placa incubatriz al finalizar la cría.
Placa incubatriz al finalizar la cría. · Ernesto Ramos Henningsen
Factores de la incubación: temperatura, humedad, ventilación y volteo.
Factores de la incubación: temperatura, humedad, ventilación y volteo. · Ernesto Ramos Henningsen
Polluelo recién nacido.
Polluelo recién nacido. · Ernesto Ramos Henningsen
Observación al trasluz.
Observación al trasluz. · Ernesto Ramos Henningsen
Ovoscopio.
Ovoscopio. · Ernesto Ramos Henningsen
Observación con linterna.
Observación con linterna. · Ernesto Ramos Henningsen
Microclima del nido: temperatura del progenitor, intercambio de gases, humedad y ventilación.
Microclima del nido: temperatura del progenitor, intercambio de gases, humedad y ventilación. · Ernesto Ramos Henningsen
Indicador gráfico de la tasa de fertilidad.
Indicador gráfico de la tasa de fertilidad. · Ernesto Ramos Henningsen
Tabla 1. Comparación de los métodos para determinar la fecundidad de los huevos.
Tabla 1. Comparación de los métodos para determinar la fecundidad de los huevos. · Ernesto Ramos Henningsen
Tabla 2. Fases de la incubación.
Tabla 2. Fases de la incubación. · Ernesto Ramos Henningsen
Publicado en Ornitología Práctica, número 69, páginas 61–64.
Texto, gráficos y fotos: Ernesto Ramos Henningsen. Fotografía inicial: Javier Mas.

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