Divulgación

Gestión y manejo de la Isabela del Japón como nodriza en la cría de estríldidos

Ángel Luis Rodríguez Barbero

Leer el artículo ↓
Isabela del Japón ejerciendo sus funciones de nodriza con pollos de Diamante de Gould.
Isabela del Japón ejerciendo sus funciones de nodriza con pollos de Diamante de Gould. · Javier Mas

La idea de escribir este artículo surgió tras la llamada de un amigo, quien se quejaba de que sus parejas nodrizas de Isabelas del Japón no realizaban ninguna puesta y, por lo tanto, no podía poner a incubar los huevos de muchas de sus parejas de diamantes australianos y oceánicos. Yo le aconsejé que encelase sus nodrizas poniéndoles huevos falsos de plástico en los nidos y él se quedó muy sorprendido. Entonces me di cuenta de que los criadores con cierta antigüedad no comunicamos como debiéramos las experiencias acumuladas a lo largo de nuestra trayectoria, unas veces por puro egoísmo y para mantener cierta ventaja sobre el resto de criadores, y otras veces porque creemos que todos los aficionados a los pájaros conocen aspectos que a nosotros nos parecen obvios, pero que no siempre lo son. Es por esto que decidí compartir, con quien lo crea de utilidad, mis modestos conocimientos y experiencias en la gestión y manejo de la Isabela del Japón como nodriza en la cría de las diversas especies de estríldidos africanos, asiáticos, australianos y oceánicos.

La Isabela del Japón como nodriza

Si hoy podemos disfrutar de una magnífica nómina de especies de estríldidos, es sin duda alguna gracias al empleo de la Isabela del Japón como nodriza para la incubación y cría de las nidadas de dichas especies. Nunca un animal tan modesto fue tan importante en nuestra afición y, al mismo tiempo pasó tan desapercibido para la mayoría de criadores, quienes solemos reservar en nuestros criaderos los lugares más incómodos y menos confortables para nuestras nodrizas, negándoles a veces los cuidados y mimos que prodigamos a otras especies más vistosas y de mayor valor ornitológico. Esas pequeñas lonchuras domésticas de color chocolate oscuro salpicado de manchas blancas son sin duda la mejor herramienta para reproducir y propagar especies más delicadas o sencillamente reacias a reproducirse por sí mismas.

Todo se ha dicho ya sobre el origen doméstico de la Isabela del Japón a partir de distintos cruces entre las subespecies de la lonchura striata y quizás alguna otra especie de Lonchura, primero en China y luego en el país del sol naciente, y de su posterior selección en Europa a partir de aves japonesas, implementando la oxidación de los diseños y de su color a partir de cruces con el Capuchino de cabeza blanca (Lonchura maja) y otras especies de capuchinos estrechamente emparentadas. La selección de esas cepas de Isabelas del Japón enteramente melánicas y destinadas a la mejora fenotípica, ha conseguido también una nítida separación conductual, haciendo que las Isabelas de concurso críen bastante peor que sus primas las nodrizas, salvo honrosas excepciones. Por norma general, las nodrizas suelen ser ejemplares negros-brunos y rojos-brunos, todos ellos manchados o píos en mayor o menor medida, e incluso moñudos. El resto de colores es difícil de ver entre las nodrizas y quizás esa ausencia de las nuevas mutaciones garantiza la integridad de sus excepcionales características reproductivas y como amas de cría.

Si la selección de las nodrizas se fundamenta en mantener o mejorar sus características positivas, poco o nada importa el aspecto externo, su talla, su color y su dibujo. Lo que realmente importa es su cualidad principal: el amor a su nido, a “sus” huevos y a “sus” polluelos, además de su mansedumbre, la tolerancia a la manipulación de los nidos y de las nidadas y su versatilidad a la hora de aceptar el más amplio abanico de pollos de las especies más diversas: desde un Padda a una pequeña lonchura africana, o desde un Diamante de Peale a un Pinzón Degollado. Si a esto le añadimos su sobriedad en cuanto a la alimentación y alojamiento, su elevada sociabilidad y nula agresividad, así como su resistencia a las enfermedades, tenemos la especie perfecta para nuestros intereses. Siempre tuvo nuestra pequeña nodriza el sambenito de ser transmisora de la Cochlosomiasis a los pollos que criaba, y para ser justo, nunca tuve bajas entre los pollos criados por ellas debido al parásito causante de dicha enfermedad.

Probablemente, de ser cierta esa leyenda negra, las especies criadas por la Isabela del Japón hayan desarrollado resistencia frente al parásito, amén de la evolución del estudio de las enfermedades de nuestras aves, lo que unido al arsenal farmacológico disponible, hacen que hoy en día el fantasma de dicha enfermedad se haya desvanecido. Por último, el componente ético en la cría de especies raras o amenazadas, siempre ha chocado con la máxima explotación de dichas especies mediante el empleo de nodrizas, lo cual crea una disyuntiva: o criar de forma natural, dejando que dichas especies se reproduzcan por sí solas y asumiendo los fallos y fracasos en dicha cría, o utilizar las nodrizas de manera generalizada sin dar ocasión siquiera de comprobar si son necesarias. En esto, como casi en todo, en el término medio está la virtud.

Parejas o tríos

Dada la enorme sociabilidad de la Isabela del Japón, podemos optar por integrar nuestras unidades de cría ya sea por parejas o por tríos, siendo esta última opción la más indicada para criar especies de gran tamaño (Padda común, Padda de Timor) o nidadas numerosas de más de cinco pollos. Los tríos pueden estar compuestos por dos machos y una hembra (lo ideal), o por un macho y dos hembras (algo menos indicado), o incluso por tres machos. Tanto en el caso de una pareja como en el de un trío compuesto por dos machos y una hembra, sólo tendremos una posibilidad de que exista una hembra que ponga huevos y, por lo tanto, nos será más fácil adaptarnos al ciclo de puesta de dicha hembra, sustituyendo sus huevos por los de la especie a incubar.

En el caso de una pareja de hembras o de un trío con también dos hembras y un macho, nos encontraremos con dos hembras poniendo al mismo tiempo o de manera alterna, lo cual hará que tengamos que vigilar constantemente el nido para evitar acumulaciones de huevos de las nodrizas y de la especie a incubar, pudiendo dicha elevada cantidad de huevos dar al traste con la viabilidad de la incubación, ya que según sea el tamaño de los huevos, no debemos poner a incubar más de 5 o 6 . Con las parejas o tríos de machos, obviamente no tendremos el problema de sincronizar la puesta, ya que sencillamente introduciremos un huevo falso (de plástico) diariamente en el nido (hasta 4 o 5 ) y cuando veamos que incuban, ya podemos sustituirlos por los huevos destinados a ser incubados. Podemos verificar el inicio de la incubación en todos los casos, cuando observemos que siempre hay algún integrante del trío o de la pareja en el interior del nido, si no todos, y si estuviesen fuera del nido durante la revisión, cuando al tocar los huevos, ya sean verdaderos o falsos, notemos que están calientes.

Por norma general, las buenas nodrizas se niegan a salir del nido cuando revisamos el estado de los huevos, y cuando tienen pollos hay que sacarlas literalmente del mismo para poder ver el estado de los recién nacidos.

Conservación y sustitución de los huevos

Revisaremos a diario tanto los nidos de las nodrizas como de las especies destinadas a ser reproducidas con el auxilio de dichas nodrizas, anotando en la ficha de cada pareja el día de inicio de la puesta y el ratio de la misma. Recolectaremos los huevos de las parejas que nos interesen y los pondremos en una caja con recipientes numerados (con el mismo número de pareja de la que provienen) y con un fondo mullido, ya sea de semillas redondeadas (mijo, perilla, nabina, etc) o de algodón, teniendo en cuenta la necesidad de colocar los huevos con el polo más estrecho hacia abajo y de voltearlos (en nuestra mano) al menos una vez al día, procurando tenerlos a una temperatura fresca y en penumbra. Los huevos que pongan nuestras parejas y tríos de Isabelas del Japón podemos dejárselos hasta que los sustituyamos por los de otras especies, o bien los podemos pasar a otra pareja o trío de nodrizas, por estar interesados en obtener descendencia de dicho trío o pareja debido a sus buenas cualidades como criadoras.

O incluso podemos desecharlos para no equivocarnos con ellos, pero en este caso siempre sustituyéndolos por huevos falsos de plástico, para seguir estimulando la incubación.

Una vez que ya dispongamos de una puesta de huevos de la especie a criar por las nodrizas, retiraremos los de éstas, si los hemos mantenido en el nido, o los de plástico, si los hemos sustituido, y marcaremos los huevos de la especie a incubar con un leve toque de la punta de un rotulador en el polo más estrecho de los huevos. Así nos aseguramos de que cualquier huevo puesto por la hembra o hembras de nodriza con posterioridad a la sustitución de los huevos, está sin marcar con el rotulador y, por lo tanto sea identificable cuando se revise el nido para verificar la evolución de la incubación, pudiéndose retirar dichos huevos sobrantes sin ninguna duda. Dependiendo de la especie a reproducir con nodrizas, se pueden identificar o no a simple vista los huevos de la Isabela del Japón y los de la especie a reproducir. Si al día siguiente añadimos algún huevo extra, éste será marcado del mismo modo que los anteriores para evitar ser confundido con alguno que ponga la nodriza.

Trucos y consejos

En los casos en que nuestras parejas o tríos de nodrizas no pongan huevos y ya dispongamos de huevos de otras especies para incubar, podemos incitar la incubación de nuestras nodrizas añadiendo varios huevos falsos de plástico en su nido, a razón de uno o dos diarios, lo cual hará que se desarrolle su placa incubatriz, al estar en contacto con dichos huevos cuando pernoctan en el nido, e inicien la incubación en dos o tres días, pudiendo sustituir los huevos de plástico o incluso los que hayan comenzado a poner ellas mismas, por los huevos de la especie que nos interese poner a incubar. Personalmente he conseguido que mis nodrizas comiencen a incubar una nueva puesta de otra especie a los tres días de retirarles huevos infecundos o estropeados que habían culminado los 13 días de incubación. El uso de los huevos falsos para promover la incubación permite utilizar parejas y tríos de machos, así como parejas o tríos con algunas hembras viejas que ya no ponen, pero que son excelentes criadoras de nidadas de otras especies. Conviene acostumbrar a nuestras nodrizas al tipo de alimentación requerida por las especies que pensamos criar con su auxilio.

En general, todas han de ser criadas con una buena pasta de cría con un porcentaje proteico de al menos el 20%, pudiéndole añadir semillas germinadas o cocidas, huevo cocido o gusanos búfalo, tenebrio de pequeña talla y pinkies (larva de mosca). Esto hará que, al nacer los pollos, sean alimentados con dicha pasta al estar las nodrizas acostumbradas previamente a dicha alimentación. También es oportuno que las nodrizas conozcan las espigas de panizo y no se asusten cuando introduzcamos una de estas espigas en el jaula, las cuales estimulan la ceba de los pollos y facilitan su destete cuando saltan del nido.

Si los huevos confiados a una pareja o trío de nodrizas estuviesen claros, y prevemos el nacimiento de muchos pollos de otras parejas o tríos en las fechas aproximadas a la hipotética eclosión de esos huevos infecundos, podemos dejar que sigan incubando y poner bajo su cuidado alguno de esos recién nacidos excedentes de otros nidos, retirando los huevos infecundos y rompiendo alguno de ellos, lavando los cascarones y poniéndolos en el nido junto a los pollos traspasados, haciéndoles ver que han nacido en su nido, siendo aceptados sin problemas.

También podemos aprovechar esas parejas o tríos que incuban huevos infecundos, para utilizarlos de “puente” para la incubación de otros huevos hasta que se cumpla la fecha de eclosión de dicha pareja o trío, y volviendo a pasar esos huevos a otra pareja o trío hasta su eclosión. De esta manera permitimos incubar huevos para los que en principio no había nodrizas disponibles, aprovechando los días de incubación que les quedan entre que se detecta la infecundidad de los huevos puestos a incubar en un principio, y su fecha prevista de eclosión, para iniciar la incubación de otros huevos, que recorrerán dos nidos antes de eclosionar. Todas estas maniobras han de ser anotadas en la ficha de cría o libro de control del criadero para evitar errores y sorpresas, permitiendo individualizar en todo momento cada huevo y cada pollo nacido.

Especialización de las nodrizas

Dado el amplio abanico de especies de la familia de los estríldidos y la variabilidad del aspecto de los pollos de dichas especies en cuanto a coloración de las marcas fotóforas, presencia o ausencia de plumón y color del mismo, reclamo de petición de alimento, movimiento durante dicha petición, intervalo necesario entre cebas, etc., se hace necesario el que nuestras nodrizas estén acostumbradas al aspecto de los pollos de determinadas especies, con el fin de que no rechacen o abandonen a los mismos. Por este motivo, no las dejaremos criar sus propios pollos hasta que hayan criado los de otras especies. Si observamos que determinada pareja o trío de nodrizas tienen éxito en la cría de determinada especie, más o menos complicada de criar, procuraremos que siempre críen esa especie, no forzándolos a criar cada vez a una especie distinta, ya que a pesar de que hay nodrizas excepcionales capaces de criar pollos de casi cualquier estríldido, no es aconsejable forzar tanto la situación. Lo ideal es que los criadores se centren en un abanico más bien limitado de especies similares, que presenten unas características parecidas.

Por ejemplo Lonchuras, Erythruras, Diamantes australianos de los géneros Poephila, Emblema, Neochmia, etc, para no tener que verse en la necesidad de disponer de nodrizas especializadas para cada género si nuestro aviario es demasiado variado en cuanto a especies.

Cruces autosexables en la cría de nodrizas

El principal inconveniente de la Isabela del Japón es su carencia de dimorfismo sexual, situación que se agrava cuando se necesita tener una buena cantidad de ejemplares para emplearlos como nodrizas, dando al criador mucho trabajo las tareas de observación para el sexado de sus nodrizas. Aunque se propugnan diversos métodos como el diferente tono de la llamada de reclamo (más corto en el macho y más largo en la hembra), el péndulo y la prolongación de la línea de unión de las mandíbulas sobre el ojo (en el eje central en los machos y más debajo de dicho eje en las hembras), lo cierto es que el canto de los machos es la prueba infalible de su sexo. Sin embargo, no debemos pensar que el ejemplar cortejado es siempre una hembra, pues el canto de cortejo de los machos tiene también un sentido jerárquico de dominación, cantando un macho a otro con el fin de dominarle e intentando copular con él cuando dicho macho no forma parte del grupo.

De hecho, aprovecho este comportamiento para sexar los machos más rápidamente, manteniendo pequeños grupos de 5 o 6 ejemplares en jaulas distintas e introduciendo uno de otra jaula para observar cuántos machos hay, pues el recién llegado, sea macho o hembra, es recibido al instante con el canto de los machos. Todo lo anterior puede ser evitado si utilizamos la transmisión hereditaria de las dos mutaciones recesivas y ligadas al sexo de las que dispone la Isabela del Japón en la actualidad. Dichas mutaciones son la Crema-ino y la Perlada. Para ello no tenemos más que poner a criar machos Perlados y Crema-ino, (no importa que sean manchados y de pésima calidad en cuanto al fenotipo), con hembras de cualquier color excepto el de los machos. La genética nos facilitará el trabajo y todos los ejemplares Perlados y Crema-ino obtenidos serán hembras, mientras que los machos no expresarán dichas mutaciones, aunque las portarán en su genotipo. Así mismo, si de una pareja de ejemplares que no son Perlados ni Cremaino, nace algún ejemplar Perlado o Crema-ino, también tendremos las certeza de que se trata de una hembra y de que su padre es portador de alguna de esas dos mutaciones.

De este modo ya desde el nido sabremos el sexo de nuestras futuras nodrizas y optimizaremos nuestros grupos de cría.

Macho de Isabela integrante de un trío (compuesto por él y dos hembras) protegiendo su nidada de 5 pollos, indiferente ante la apertura del nido y el flash de la cámara.
Macho de Isabela integrante de un trío (compuesto por él y dos hembras) protegiendo su nidada de 5 pollos, indiferente ante la apertura del nido y el flash de la cámara. · Ángel Luis Rodríguez Barbero
Caja de madera compartimentada donde se guardan los huevos de las distintas especies a reproducir mediante el empleo de Isabelas del Japón como nodrizas. En este caso, la caja dispone de tapa abatible y el relleno es de semillas de perilla blanca. La identificación de la pareja de la que proceden los huevos se realiza mediante cartones o papeles rotulados con el número de pareja o jaula, lo cual es más útil que si los casilleros estuviesen rotulados con un número prefijado.
Caja de madera compartimentada donde se guardan los huevos de las distintas especies a reproducir mediante el empleo de Isabelas del Japón como nodrizas. En este caso, la caja dispone de tapa abatible y el relleno es de semillas de perilla blanca. La identificación de la pareja de la que proceden los huevos se realiza mediante cartones o papeles rotulados con el número de pareja o jaula, lo cual es más útil que si los casilleros estuviesen rotulados con un número prefijado. · Ángel Luis Rodríguez Barbero
Publicado en Ornitología Práctica, número 69, páginas 54–57.
Texto y fotos: Ángel Luis Rodríguez Barbero. Fotografía inicial y aviario: Javier Mas.

Edición impresa

Ornitología Práctica nº 69 en papel

Llévate el número completo, con todas sus fotografías y láminas, por 7,00 €.

Ver ficha