El Pinzón Diuca es una especie típicamente sudamericana, de la familia Emberizidae y del orden de los Passeriformes, existiendo sólo 2 especies de este género: el Pinzón Diuca de alas blancas (Diuca speculifera), que como su nombre indica, tiene una amplia franja blanca en las alas, y el Pinzón Diuca común, motivo de este artículo. Habita en Argentina, Chile, Brasil, Uruguay y Bolivia. Se le puede encontrar en gran diversidad de hábitat: altiplano andino, pampa, etc. Por lo general se le ve en zonas arbustivas, localizándose incluso en los jardines de las ciudades. Ave muy activa pero confiada, es fácil de observar en su hábitat natural, acudiendo incluso a zonas de acampada en busca de alimentos que dejamos los humanos, al igual que los gorriones comunes. Su tamaño oscila entre los 14 cm y 17 cm, según las tres razas o subespecies catalogadas: la subespecie nominal Diuca diuca diuca de tamaño medio, la de menor tamaño Diuca diuca chiloensis, conocida como Pinzón Diuca de Chiloé y la subespecie de mayor tamaño y pico, Diuca diuca crassirostris, denominada Diuca de pico grueso.
Se pueden encontrar ejemplares de tamaño intermedio, difíciles de encajar en una u otra subespecie, sobre todo donde coinciden sus hábitats mezclándose las subespecies, dando lugar al mestizaje. En cautividad, esta posibilidad es mayor. Así, en mi aviario, se encuentran ejemplares de distintos tamaños y grosor de pico, pudiéndose clasificar unos, posiblemente como de la subespecie nominal y otros, como de la subespecie crassirostris, si bien estos últimos, aunque son de mayor tamaño y tienen el pico grueso, me parece que aún los hay con el pico más grueso, por lo que no descartaría que estuviesen algo cruzados. El colorido general de los Pinzones Diuca es mayoritariamente gris, con dos grandes zonas blancas en el mentón, garganta y luego hacia el vientre, formando una especie de amplio collar gris en la gargantapecho, como se observa en las fotos. En los machos, el colorido gris es más vivo y más azulado que en las hembras, que son de un gris más pardo; también este color varía de unas subespecies a otras e incluso entre ejemplares, yendo desde gris azulado intenso a gris azulado muy diluido, llegando a encontrarse en libertad ejemplares casi blancos.
La primera vez que tuve ocasión de ver este pájaro resultó ser un poco extraña y fuera de toda lógica. Me desplacé a un conocido comercio de alimentación para aves a comprar comida para mis pájaros, cuyo propietario era aficionado al silvestrismo y solía tener las jaulas de sus ejemplares cantores y cimbeles en la tienda, según él, para que se hiciesen más mansos y dóciles. En esa ocasión observé entre las jaulas un pájaro para mi desconocido y a requerimiento mío me explicó que lo habían capturado con redes y que no sabía de qué especie se trataba pero que si me interesaba estaba a la venta. Pagué lo que me pidió y marché a casa dispuesto a identificarlo, buscando en la bibliografía que disponía de las aves de Europa. Por su forma y tamaño me recordaba a un pinzón común (Fringilla coelebs) pero su colorido era muy diferente. En vano busqué y busqué en todos los libros que disponía sin encontrar un solo ejemplar que se le pareciese. Un mes después aproximadamente, me desplacé a un conocido importador de esta zona a ver unos pájaros y allí, en una pajarera con otros pájaros, observé otro ejemplar de esta especie.
Tampoco supo decirme de qué especie se trataba pero me confirmó que procedía de una importación de Sudamérica y que sólo le quedaba aquel ejemplar. Con esta pista, pude por fin identificar a mi ejemplar, que posiblemente se había escapado de los aviarios de este importador y capturado posteriormente. Ante la imposibilidad de encontrar hembras de su especie, durante varios años intenté hibridar a este ejemplar macho de Pinzón Diuca, con las hembras de canario, pero no hubo manera de conseguir su apareamiento ya que las hembras de canario no lo aceptaban, a pesar de sus continuos galanteos y canto. Han tenido que pasar más de 20 años y cuando ya me había olvidado de esta especie, un amigo me ofreció una pareja junto con otra pareja de Esporofilas de collar, procedentes de un criador argentino que se había deshecho de ellos. Al ser pájaros nacidos en cautividad (venían anillados) y de varios años de edad, me criaron muy bien en jaula (jaula de cría de metro) naciendo en esa temporada nueve pichones, de los que se emanciparon cinco. Para la siguiente temporada necesitaba ejemplares nuevos para criar con los que había sacado ya que eran todos hermanos.
Tras mucho indagar, conseguí dos machos, muy buenos ejemplares, de mayor talla que los que había sacado en cautividad, que he cruzado con dos hembras, de las que he obtenido ejemplares de mayor talla y línea. Es frecuente por parte de muchos criadores poner a criar a las especies del hemisferio sur en las fechas en que lo harían en su hábitat natural, coincidiendo, lógicamente, en este hemisferio norte en otoño en lugar de primavera, que es cuando crían. Debido a ello, hay que ponerles luz y calor artificial y parece ser que algunas especies se reproducen bien (caso de los conocidos y habituales Diamantes australianos). Yo, como vengo mencionando en otros artículos, nunca he hecho esto y no soy partidario de hacerlo. Siempre he pensado que si los pájaros se reproducen en primavera, la mejor fecha para reproducirlos ha de ser sin lugar a dudas la primavera, estén en el hemisferio que estén. Por tanto yo los reproduzco en primavera y he de reconocer que los primeros que crié procedentes de Argentina se me adaptaron muy bien, criando en primavera con absoluta normalidad, al igual que sus descendientes.
Al tener los pájaros en el patio al aire libre, difícilmente podría ponerles calor artificial y creo que la clave de mi éxito en la reproducción de estas especies radica precisamente en criarlos al natural y con luz natural. Se pueden mantener en jaulones y pequeñas pajareras con otros pájaros similares, de su misma familia o de familias similares y afines, generalmente del mismo orden zoológico de los Passeirormes: Fringillidae, Ploceidae, Estrildidae, etc. Llegada la época de celo, se muestran bastante territoriales, por lo que se han de tener separados en jaulas individuales en cuanto den señales de celo, ya que se muestran muy agresivos y pendencieros entre ellos, aunque algo menos con las otras especies. En época de reposo, después de cambiar la pluma, suelen mostrarse más tolerantes y de jóvenes inmaturos los podemos poner a todos en jaulones hasta que cambien la pluma. Yo, posteriormente, suelo dejar a las hembras juntas y los machos los separo en jaulas individuales. Al realizar los apareamientos, hemos de observarlos a ver si congenian, ya que hay machos que se pueden mostrar muy agresivos con la hembra, principalmente si ésta aún no ha entrado en celo.
Esta regla también se suele dar con mucha frecuencia a la inversa: hay hembras que si quieren criar y el macho aún no ha encelado o simplemente no les gusta, se muestran muy agresivas, pudiendo llegar a herirlo y dejarlo inservible para esa temporada o, en el peor de los casos, matarlo. Es importante destacar que, aunque son capaces de criar en jaula igual que los canarios, debemos de camuflarles los nidos con plantas de plástico o similares, incluso en pequeñas pajareras. En éstas, suelen criar bien a partir del primer año de edad, no así en las jaulas, donde suelen hacerlo bien a partir del segundo o tercer año. En mi experiencia, nunca me ha criado bien ninguna hembra de esta especie el primer año en jaula, aunque hayan nacido en ella y hayan estado siempre en ella. En todos los casos que lo he intentado, o no han hecho nada o han hecho el nido depositando los huevos fuera de él o, si los han depositado dentro, nunca los han incubado. Por el contrario, a los dos o tres años de edad suelen hacer el nido, incubar y cebar a los pichones con toda normalidad. La puesta más habitual suele consistir en 2 o 3 huevos y en casos más excepcionales, 4.
Nunca aconsejo poner a criar a estas especies en grandes pajareras, debido a que se asilvestran mucho, obteniendo pájaros muy salvajes y poco adaptados a la cautividad. La alimentación de esta especie en cautividad es relativamente sencilla, si bien como todas las especies de la familia Emberizidae necesita alimento vivo para cebar a las crías; de grano come principalmente alpiste y mijo, gustándole mucho los cañamones, las pipas peladas crudas y granos grasos similares. No resulta de su agrado la nabina o la colza y poco, la linaza. Yo les pongo en los comederos alpiste y mijo, mientras que el resto de los granos (cañamones, perilla, pipa pelada y linaza) en la bizcochera, mezclándolos con el bizcocho y pienso, el cual se comen medianamente bien. Como la linaza, como he dicho antes, no resulta muy de su agrado y en cambio es un grano que les aporta muchos beneficios, se la muelo junto con las pipas peladas y posteriormente también les muelo los cañamones. Así, todo junto molido, se lo comen bien. Al ser granos muy grasos, tenemos que dárselos con mucha moderación, ya que les pueden hacer engordar mucho. Esta especie también gusta y come muy bien arroz.
Es aconsejable ponérselo sin descascarillar o como se lo pongo yo, partido, del que se vende para los perros. Son menos exigentes con la fruta y la verdura que la mayoría de las especies de Fringílidos y, si los acostumbramos, también comen bien verduras como la lechuga, el brócoli, acelgas, cerrajas, etc. Como fruta, la manzana y frutas similares maduras así como las bayas, etc. Yo les pongo guisantes y maíz tiernos, que lo comen muy bien, resultando útil para que los pichones empiecen a comer solos, ya que es de lo primero que suelen empezar a picar. En época de reposo, les podemos poner algún alimento vivo, que comerán bien. Pero cuando hemos de ponerles mucho alimento vivo es en época de cría, principalmente cuando nazcan los pichones. Yo les pongo larvas de tenebrios y de buffalos vivos, así como gusanos de la mosca (pinkies) y también buffalos de los congelados, espolvoreándolos con un poco de vitaminas y probiótico. Con esta alimentación suelen sacar bien a las crías, pero si los acostumbramos a comer otros tipos de alimento vivo y les ponemos más variedad, seguro que también los sacarán bien o incluso mejor.
Desde recién nacidos hasta que salen del nido, los padres los suelen cebar sólo con alimento vivo. Los padres suelen ser buenos cebadores, pero en el caso de que nos encontremos con alguna hembra que no ceba o no incuba y queramos usar nodrizas, lo ideal será otra especie de similar tamaño y pico de la misma familia. De no tenerla, siempre se puede intentar usar las nodrizas más habituales: los canarios (han de ser muy buenos cebadores) o mejor los camachuelos mejicanos; si los hemos acostumbrado a comer alimento vivo y ceban con él a los pichones, tenemos bastantes posibilidades de que los saquen adelante. Yo he conseguido sacar algunas nidadas con los camachuelos mejicanos, a pesar de que no los tengo acostumbrados a comer alimento vivo. Estos los cebaban con el alimento habitual para sus pichones (pasta de cría, verde, fruta…) y el alimento vivo se lo daba yo varias veces al día. A los pichones recién nacidos, les daba larvas de tenebrio, cortándoles la cabeza y exprimiendo su contenido en la boca de los pichones; de más grandes, utilizando un poco de papilla para cebar enriquecida con pipa pelada cruda molida, vitaminas y pequeños trozos de pinkies (gusano de la mosca).



Texto y aviario: Antonio Manzano Ferrer Fotos: Javier Mas




