Fauna europea

Curruca capirotada en cautividad

Rafael Zamora Padrón

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Curruca capirotada (Sylvia atricapilla).
Curruca capirotada (Sylvia atricapilla). · Rafael Zamora Padrón

Texto y fotos: Rafael Zamora Padrón Licenciado en Ciencias Biológicas Especialidad Zoología

Esp: Curruca capirotada/ Capirote Ing: Blackcap Al: Mönchsgrasmücke Fr: Fauvette à tête noire It: Capinera

Descripción Su color predominante es el gris, exhibiendo la especie una diferencia sexual bien marcada al presentar el macho la parte superior de la cabeza negra y marrón castaño en la hembra. Se trata de un pájaro vivaz y muy inquieto, siendo a pesar de ello muy discreto en el medio natural. Sólo es detectable en época de reproducción donde los machos dejan oír su canto territorial con una potencia apreciable. Intentar observarlo depende en gran parte de nuestro conocimiento del ave y agudeza auditiva. Emiten unos chasquidos característicos cuando están muy molestos, cuando llegan a un lugar de alimentación o también cuando consiguen agua para bañarse. Su aspecto críptico lo suple perfectamente con su melodioso canto, propio de los machos, que desde finales de diciembre comienzan a entonarlo.

Distribución y hábitat Frecuentes en parques y jardines europeos, es una especie habitual en todo el Paleártico occidental. Es fácil de localizar en montes de vegetación baja, y tienen predilección por zonas húmedas o al menos que dispongan de cursos de agua cercanos. Barrancos, ríos o fuentes artificiales suelen ser buenos lugares para observar a esta especie.

Experiencia con picos blandos Los picos blandos son los pájaros que tienen una dieta frugívora o insectívora. Hace dos décadas pocos aficionados se dedicaban a este tipo de aves, al menos en España. Conseguir ejemplares pertenecientes a este grupo tan amplio consistía en comprar aves silvestres que provenían de importaciones. Algo que obligatoriamente no daba opciones de saber ni la edad, ni el sexo de la mayoría de las especies disponibles. Así los zosteropos, mirlos metálicos, tordos, mirlos Shama, ruiseñores calíope o bulbules junto con tantos otros, eran pájaros dedicados más al ornamento de grandes voladeras que a la reproducción en cautividad. Fue en aquella época cuando recibí un regalo de un familiar: un capirote. Puedo asegurar que no tenía ni idea de lo que era aquello. Casi no se veía dentro de la enorme jaula de caña donde habitaba. Sus movimientos eran tan rápidos que no se podía ver bien delimitada su forma. Aún así me pareció sumamente interesante y todo un desafío. Sólo su dieta ya implicaba obligaciones. Esta sería mi primera toma de contacto con un pico blando. Tanto me fascinó, que me llevó a intentar su reproducción en cautividad. Con resultados en un principio poco satisfactorios. A pesar de saber que la dieta es lo primero que debemos dominar cuando trabajamos con una nueva especie, siempre se complica todo cuando nos adentramos en la fase de reproducción. Y hay que lograr el equilibrio exacto, para conseguir el éxito con muchas de las especies de currucas. En el caso de este sílvido solo existen dos formas. O comenzar ofreciéndole de todo lo posible entre bayas e insectos y que el escoja lo que más le hace falta para hacer realizar todo el periodo de cría. O darle la oportunidad a la pareja para salir y entrar del jaulón, poco después de que los pichones han nacido. Cuando la querencia por el territorio y especialmente del nido es particularmente fuerte. Este último método implica riesgos, pero en zonas rurales la efectividad es muy alta. Y se puede aprender mucho de la dieta que precisan en este delicado momento.

Dieta básica en cautividad Su dieta en el medio silvestre está compuesta por insectos, pequeñas bayas y fruta la que es capaz de consumir con mucha frecuencia en temporada. Los frutos pequeños de diferentes árboles y arbustos son objeto de repetidas visitas a un mismo lugar. En cautividad podría ser un inconveniente mantener a un ave eminentemente insectívora, pero en el caso de la curruca capirotada, no lo es, puesto que es un animal bastante adaptable en este apartado dado el porcentaje de alimentación que no son insectos. La comida tradicional en las Islas Canarias para este pájaro, cuando está enjaulado, es bastante ingeniosa a la vez que efectiva. Los capirotes son grandes aficionados a los higos en la época estival. De hecho es en las higueras donde más fácil se les puede observar, especialmente en verano. Y es por esto por lo que la alimentación se basa en este fruto pero deshidratado. La fabricación de la pasta es muy sencilla:

Pasta de higo seco o deshidratado: • 3 o 4 higos secos • 6-8 almendras • 3-4 galletas (tipo María) *Las cantidades no son exactas puesto que depende del tamaño y humedad de los frutos, para conseguir la textura adecuada. La pasta debe quedar algo suelta y suave para que los ejemplares la puedan consumir correctamente.

Junto con esta pasta en el sistema tradicional, los pájaros reciben fruta frecuente y un recipiente con miga de pan embebida en leche. Reconozco que me resultaba muy curioso ver a este pájaro engullir grandes migas de pan con leche. Y a la vez era contraproducente puesto que la leche en las dietas de aves pequeñas está especialmente contraindicada por la facilidad que tiene para estropearse, además de no ser fácilmente metabolizable por muchos pájaros. Aún así, a mis ejemplares les sigo poniendo de vez en cuando estas sopas de leche que de forma, curiosamente “instintiva”, engullen sin pensarlo.

Esta curruca consume el pan ensopado en leche con fruición y de hecho el calcio es fundamental para equilibrar la dieta de este pájaro en cautividad. Una falta de este elemento provoca graves desajustes en el sistema nervioso y con los años pueden sufrir episodios de falta de coordinación de movimientos y espasmos musculares. El riesgo de usar leche en la alimentación es que se ponga agria y se estropee o contamine. Lo cierto es que con enriquecimiento cálcico podemos evitar el uso de la leche, que implica la obligada tarea de retirar a tiempo ese comedero todos los días. La pasta insectívora universal es otra de las bases para alimentar a la curruca capirotada y generalmente, según las marcas, vienen enriquecidas con polivitamínicos que nos ahorrarán algunos tratamientos extra. También consumen algo alimento verde como la lechuga y es bueno ofrecérsela alguna vez en semana. La fruta forma una parte importante en su dieta. Plátano maduro, manzana, pera, higos frescos, ciruelas, melocotones, uva, moras, naranja, higos picos y duraznos son muy bien aceptados en cualquier época del año.

Uno de los mitos con este pájaro en la avicultura tradicional, es que muere si no se aloja en jaula de madera, mimbre o caña. Esto se debe principalmente a que antiguamente se aplastaba la fruta contra los barrotes de jaulas metálicas que se oxidaban con facilidad. Hoy en día la mayoría de las jaulas no tienen ese problema. Están galvanizadas o pintadas al fuego con lo que la herrumbre no es problema para debilitar la salud de este pájaro. Igualmente las jaulas de materiales naturales no hacen peligrar la integridad de aves capturadas que es lo que ocurría en el pasado. Puesto que no sólo se capturaban ejemplares de nido si no también juveniles. Mucho más indómitos e inquietos se herían gravemente especialmente por la zona del píleo y alrededor del pico. En jaulas metálicas estas heridas se provocaban con más frecuencia y gravedad que con las de barrotes de caña. El agua debe ofrecérsele en bebedero convencional y en bañadera, puesto que este pájaro ama el baño. Es algo que disfruta y cada vez que lo hace forma una notable alharaca de chasquidos. El agua debe de ser repuesta todos los días. Existen muchas bayas que se le pueden ofrecer, y de las más fáciles de encontrar y conservar tenemos a una de las reinas en este apartado: el fruto de la piracanta. Los frutos del espino de fuego Pyracantha sp. son consumidos con auténtica voracidad y si tenemos esta planta en nuestro jardín atraeremos a mirlos y currucas fácilmente. Si no disponemos de plantas cercanas que produzcan bayas, se puede buscar en el mercado de la repostería o restauración, frutas del bosque congeladas.

Fruto de Pyracantha.
Fruto de Pyracantha. · Rafael Zamora Padrón
Jaula de caña tradicional.
Jaula de caña tradicional. · Rafael Zamora Padrón

La gran mayoría de estas bayas serán bien aceptadas y se les pueden poner dos o tres veces en semana. En el apartado de insectos vivos y proteína animal, hay que destacar que es bastante importante pero no crucial en esta especie. De hecho muchos ejemplares en régimen de ave de canto pueden vivir más de 10 años sin probar un solo insecto. Lo cierto es que estas currucas les encanta el alimento vivo. Su instinto es de insectívoro. Y no se resistirán a coger una presa viva incluso de nuestra mano. En época de cría la alimentación viva es fundamental. Y durante el resto del año es adecuado que tengan a su disposición algunos gusanos de la harina o alguna mosca. Para completar el menú diario podemos añadir larvas o huevos de hormiga que pueden conseguirse en el mercado también congelados. Pequeñas mariposas nocturnas, gusanos búfalo, gusanos de la harina o larvas de algunas mariposas deberán ser suministradas hasta seis y siete veces al día para suplir las necesidades de una pareja con pichones.

Nidificación Una vez que tenemos establecida una pareja sana, no debería ser complicado lograr que hagan su nido y hagan el primer intento de reproducción.

Es un ave que en esta fase se vuelve especialmente esquiva y por ello deberemos encontrar un lugar tranquilo para ubicarlos. También debemos recordar que nidifican en libertad a poca altura del suelo. Entre 50 cm y 1,80 m se encuentran la mayoría de los nidos. Atendiendo a este detalle la mejor forma es ofrecerles en una voladera un rosal o un arbolito que puede ser artificial. Si simplificamos el sistema sirven también nidos de balcón ornamentados con alguna rama de conífera (por ser de hora perenne) u hojas artificiales que den algo de sombra a uno de los laterales El nido de este pájaro en campo, es muy curioso porque a pesar de ser elaborado, un nido de taza típico, es muy ligero. De hecho visto desde abajo la luz pasaría a través de él. Y es característico que tenga alguna hebra capilar, como crin de caballo o de cualquier otro mamífero. Observándolos en vida silvestre he podido ver como estos pelos son los últimos materiales que se depositan en la construcción del nidal. Igualmente algo interesante y que no deja de ser sorprendente es el uso de tela de araña en las últimas fases de formación. Específicamente en el borde del nido que se use definitivamente, puesto que no es raro que un macho fabrique varios nidos sencillos, que no son completados hasta que la hembra acepta uno de ellos. La tela de araña tiene sentido por actuar como barrera ante algunos insectos y especialmente hormigas, que suelen ser ávidos depredadores de pichones si logran detectarlos. Un material que podemos facilitar a la pareja es la fibra de coco. No necesitan gran variedad y evitar hilos o algodones eliminará posibles problemas en las patas. La puesta consiste entre unos dos y cuatro huevos y pueden hacer hasta tres puestas por año, incluso fuera de temporada dependiendo de la climatología y la cantidad de alimento disponible. Siempre fuera de la temporada de muda.

Arriba izda.: Nido de taza, típico de capirote.
Arriba izda.: Nido de taza, típico de capirote. · Rafael Zamora Padrón
Arriba dcha.: Hembra incubando.
Arriba dcha.: Hembra incubando. · Rafael Zamora Padrón
Dcha.: Puesta de capirote.
Dcha.: Puesta de capirote. · Rafael Zamora Padrón

Foto: Antonio Gutierrez.

Arriba izda.Nidada de capirotes.

Tras la eclosión ambos padres se vuelven hiperactivos buscando alimento vivo. Y a partir del tercer día los dos están fuera del nido durante un tiempo apreciable cosa que no nos debe preocupar ni hacer ninguna intervención precipitada. Esta especie acepta muy mal las manipulaciones del nido antes de los 9 días de edad de los pichones. Algo muy interesante es la forma en la que dan de comer a sus pollos. Ambos padres ofrecen los insectos y van introduciéndolos en el pico de cada pichón, hasta que alguno de ellos se lo quite del pico… Como si los padres comprobaran cual es, el que más necesita el alimento. Se puede observar como una misma oruga pasa por diferentes bocas varias veces hasta que se queda en una de ellas. Si los pichones son abandonados y tenemos que asumir la tutela, tendremos que estar preparados para dar de comer muy frecuentemente. Sin embargo hay una parte buena. Para ser un pico blando hay solución para los pequeños, puesto que una papilla sencilla junto con algo de comida viva será suficiente. Al ser una especie tan frugívora los pichones que ya comienzan a emplumar aceptan bastante bien una masa hecha con pulpa de manzana y harina integral de trigo tostado (gofio) y con alguna larva juvenil de gusano de la harina (Tenebrio mollitor). Con esa dieta y ayudados de un palillo lograremos sacar adelante a los pequeños que además se emancipan, con una notable rapidez simplemente, si tienen a su disposición plátano maduro. El instinto en esta especie está muy marcado y es sorprendente como comienzan a comer si necesidad de forzar esta etapa por parte del criador.

A tener en cuenta Con la curruca capirotada en cautividad debemos de prestar atención especialmente en época de muda. La muda de los insectívoros suele ser muy drástica y en los capirotes no lo es menos. De hecho, los machos dejan de cantar e incluso de volar, puesto que pierden bruscamente gran cantidad de plumas largas. En esta fase son propensos a infecciones y necesitan gran aporte de calcio. Coincide con el verano y prestaremos atención a ejemplares que comparten espacio con otras especies territoriales. También revisaremos la ubicación de los comederos en jaulas grandes porque al no poder volar si no tienen los posaderos adecuados podrían dejar de alimentarse y morir. Posaderos de diverso grosor y a distinta altura serán de gran ayuda para mantener a este pájaro en buenas condiciones por muchos años.

Los complementos vitamínicos en polvo por encima de la comida o la fruta no se pueden olvidar. Y como alimentos alternativos, este pájaro acepta el granulado para truchas o para pollitos de engorde con un poco de requesón mezclado con un poco de miel y algo de pasta insectívora. No obstante no es una alimentación equilibrada que les permita alcanzar una longevidad aceptable.

Arriba izda. Nidada de capirotes.
Arriba izda. Nidada de capirotes. · Antonio Gutierrez
Arriba dcha. Pidiendo comida.
Arriba dcha. Pidiendo comida. · Rafael Zamora Padrón

Curruca capirotada en las Islas Canarias Comúnmente en las Canarias se le conoce como capirote. La tradición en las islas más occidentales tiene por costumbre enjaular a los pichones desde que son muy pequeños en el nido, para que los padres continúen alimentándolos desde fuera de la jaula. De hecho, en el pasado, era curioso ver como una vez metido el nido y los pichones dentro de un pequeño trasportín, los que practicaban esta técnica, iban acercando a los pequeños hasta la vivienda familiar, en repetidos desplazamientos y toda vez que los padres los encontraban, les daban de comer. Finalmente macho y hembra acudían a dar de comer al balcón del capturador, para completar el crecimiento de sus pichones hasta su emancipación. La querencia de los parentales por los hijos una vez emplumados es bastante fuerte. No pasa igual con los huevos que con los pichones jóvenes, puesto que si el nido es manipulado en esta fase o incluso en la de construcción, suele ser fácilmente abandonado (aborrecido). En las islas de la Palma, la Gomera y el Hierro, tener un capirote macho era considerado como una inmensa suerte. Su canto era motivo de orgullo y discusión entre los diferentes propietarios. Y era frecuente el desembolso de considerables sumas de dinero por ejemplares concretos famosos por su potencia y persistencia sonora. No menos interesante, era observar como europeos aficionados a los pájaros, que venían de visita a estas islas, se sorprendían enormemente cuando veían estos emplumados en jaula. Decían no conocerlos ni haberlos visto nunca, aún siendo un ave relativamente frecuente en el continente en estado silvestre. La sostenibilidad tradicional es también interesante de observar en esta especie. Puesto que en las islas la curruca capirotada no es un pájaro que esté amenazado. Su captura era muy selectiva. Puesto que primero había que localizar un nido. Cosa que aunque pudiera parecer fácil no lo es tanto. Y luego criar a los pequeños hasta el final. Una vez que los juveniles superaban la primera muda y se conocían lo sexos de los ejemplares. Las hembras eran liberadas y los machos permanecían en jaula, siendo frecuente la liberación de algún macho por no poder mantener dos en la misma jaula. El hecho de no capturarlos adultos, puesto que son indómitos y se adaptan mal al cautiverio, ha permitido un equilibrio interesante entre el hombre y la naturaleza que le rodea. Muchos aficionados le han dado el nombre a este discreto pájaro de “Ruiseñor de las Canarias”. Ciertamente muy apropiado aunque no sea un pájaro endémico de este lugar del mundo. Pero donde sí es valorado como pájaro de jaula. Su melodía y capacidad de imitar otros cantos es un auténtico regalo para los oídos. Más cuando algún ejemplar que destaca logra sostener durante un

tiempo aprecibale su canto con notas de alta calidad y con volumen apreciable.

Generalidades Esta especie está protegida por la ley como el resto de nuestros pájaros insectívoros y es por eso que para conseguir ejemplares tendríamos que acudir a los pocos criaderos ya existentes. En Italia, la Capinera, como la llaman allí, es un pájaro que ha sido reproducido por varios criadores al igual que en Alemania donde incluso un aficionado se molestó en localizar una forma melánica silvestre de esta curruca y probar la genética que le afectaba. Este es el mejor ejemplo de un pájaro de aspecto sobrio que puede cumplir las expectativas de cualquier avicultor, de hecho las sobrepasa con certeza. m

Dcha.: Sylvia atricapilla. Foto: Nuhacet Fernández Gallardo.
Dcha.: Sylvia atricapilla. Foto: Nuhacet Fernández Gallardo. · Nuhacet Fernández Gallardo
Abajo: Jaula típica de Isla del Hierro.
Abajo: Jaula típica de Isla del Hierro. · Rafael Zamora Padrón
Publicado en Ornitología Práctica, número 90, páginas 65–69.
Texto: Rafael Zamora Padron. Créditos fotográficos conservados en el artículo.

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