Introducción El Maracaná de lomo rojo, o ala azul (Primolius maracana, antes conocido como Guacamayo de Illiger, y científicamente como Ara/Propyrrhura maracana) es un guacamayo de porte medio, que comparte el grupo con otras especies similares de tonos principalmente verdes. Estas aves, junto a los grandes guacamayos, como el bien conocido Amarillo y Azul (Ara ararauna) o el carismático Escarlata (Ara macao), son aves esencialmente tropicales, asociadas a grandes selvas y bosques pluviales sudamericanos. Sus alargadas alas y colas los hacen fácilmente reconocibles mientras surcan los cielos tropicales siempre a gran altura. En vuelo mantienen el contacto mediante sonoros graznidos, que hacen que la formación no se disperse.
Distribución geográfica Este de Brasil, isla de Marajó, al sur de Pará, Mato Grosso do Sul y Sao Paulo, Este de Paraguay y Noroeste de Argentina (Misiones y Corrientes, donde podría haberse extinguido).
Biología Descripción El único guacamayo verde de porte medio que presenta la frente y la parte baja del dorso de color rojo. También presenta una mancha rojiza en el bajo abdomen que se extiende un poco hacia los costados. Anillo ocular amplio y desnudo de color amarillo pálido, sin plumas ni adornos. Primarias y coberteras asociadas a éstas, azules. Punta de
Texto: Gustavo Sánchez Romero
Aviario: Albert Clemente Badosa
la cola azul verdoso, tornándose rojizo hacia la base. Pico negro, iris anaranjado, patas amarillentas. No existe dimorfismo sexual. Los juveniles presentan tonos más apagados (verdes más grisáceos) y reducidas marcas rojizas. Longitud: 43 cm. Peso: Aprox. 300 gramos.
Alimentación En estado salvaje, estos pequeños guacamayos se alimentan a base de semillas (especies como Cnidoscolus phyllacanthus, Jatropha, Guazuma ulmifolia y Melia azedarach), así como de nueces, frutas, bayas, flores, follaje y, de vez en cuando, insectos e invertebrados. Además pueden acercarse a zonas de cultivo, donde picotearán todo tipo de granos como maíz y plantas similares. Debido a este hecho, veces son perseguidos por granjeros y agricultores.
Hábitat natural Bosques cerrados, bordes boscosos, manglares, selvas de galería, hábitats ribereños en zonas secas (caatinga etc.) así como palmerales, hasta los 1.000 m de altura. Normalmente en parejas o grupos pequeños, difíciles de observar y poco ruidosos, vuelan de manera característica, alternando un aleteo sostenido con espaciados ascensos bruscos.

Reproducción En Brasil, la reproducción se da desde diciembre a febrero. La pareja, que se mantiene de por vida, anidará en una cavidad alta en un árbol viejo, donde la hembra depositará de 2-4 huevos blancos (medidas aproximadas de 37 x 30 mm). La incubación, que corre a cargo de la hembra, dura unos 25-30 días y luego ambos progenitores se encargan de alimentar a los pichones, que crecen de manera rápida (de esta manera los pollos tiene una mayor posibilidad de sobrevivir a los primeros días de vida). Los juveniles, volanderos a las 11 semanas de vida, son similares a los padres pero muestran tonos más apagados, siendo el color del iris también más oscuro. Los jóvenes viven junto a los padres durante un año, periodo tras el cual se independizan y comienzan a vivir por su cuenta.
Avicultura Instalaciones Este tipo de guacamayo de tamaño reducido puede ser criado en aviarios suspendidos de unos 2.4 x 1.2 x 1.2 m. Para la estructura emplearemos tubos y tela metálica de acero inoxidable (evitaremos el zinc y el galvanizado). Cabe recordar que los guacamayos gustan de volar a la vez en parejas, por lo que el ancho del aviario deberá ser un poco más largo que la envergadura alar combinada de ambas aves (como debería ser con la mayoría de psitácidas). Los guacamayos medianos como la especie que nos ocupa también gustan de pasar la noche dentro de las cajas nido, por lo que es recomendable no retirarlas tras la cría. Para tal fin podemos usar cajas nido de madera en posición vertical o troncos naturales con un diámetro interno de 20-30 cm. Esto debería proporcionar espacio suficiente para 3-5 pichones.
Manejo y compatibilidad Es importante que nuestras aves se sientan cómodas y que socialicen con humanos de manera repetida (evitando aislarla, ignorarla o alojarla lejos del ambiente familiar). Por ello debemos asegurarnos que durante nuestras ausencias (trabajo etc.) dispongan de suficientes estímulos para que no se aburran y desarrollen comportamientos anómalos/ negativos. Los “juguetes” que podemos ofrecer son cuerdas/sogas resistentes, elementos de madera, pulseras gruesas, trozos de cuero, etc. que introduciremos en el aviario/jaula de manera gradual para que el ave se familiarice con ellos y no se asuste demasiado. Trataremos de colocar nuestra ave sobre nuestro hombro sobre todo cuando realicemos tareas rutinarias como la comprobación del correo o cuando estemos frente al ordenador por largos espacios de tiempo. Esto creará un lazo de unión a la par que hará que nuestra ave no se aburra, manteniéndose atenta a nuestros movimientos y quehaceres. Muchas veces, el ave querrá que interactuemos con ella, de manera lenta y paulatina. Podemos entonces ofrecerle un trozo de cuerda o madera por la que camine o con la cual se entretenga, realizando pequeños giros o movimientos a la vez. A medida que el ave crece, puede volverse un tanto más huraña, pudiendo llegar morder o tornarse algo más agresiva. Es importante que no nos centremos solamente en estos episodios negativos, esforzándonos para distraerla/motivarla a menudo con juegos y/o juguetes. Lo normal es que las ganas de picar remitan, aunque como hemos dicho, debemos esforzarnos para neutralizar tales impulsos. Muchos criadores opinan que es importante abstenerse de regañar, chillar o confrontar a nuestra ave de manera directa ya que esto solo hará que el pájaro refuerce su comportamiento agresivo/maleducado hacia nosotros, o todo aquel que trate de interactuar. Si en un momento dado nuestro loro está demasiado nervioso y se torna demasiado agresivo para interactuar con él, debemos colocarlo de vuelta en su jaula hasta que se calme. De esa manera, y poco a poco, aprenderá que no se comporta de manera aceptable para estar junto a nosotros. Es importante también que el ave disponga de una especie de soporte para cuando esté fuera de la jaula/aviario. Esto puede construirse a base de listones y maderas, o comprarlo de metal. Allí el ave puede ser alojada mientras vemos la televisión o realizamos otras tareas, siempre con juguetes a mano para que focalice su atención allí y no en otras zonas comunes.


Dieta La dieta, como siempre, debe ser lo más variada posible. Lo ideal es incluir una parte de pienso comercial para Guacamayos (mezclada con la fruta/vegetales), vitaminas y minerales (2 veces/semana, evitando las solubles en agua, que se oxidan rápidamente, creando un medio ideal para la proliferación de bacterias) legumbres (guisantes, lentejas, judías, etc. hervidas y/o germinadas) vegetales (espinacas, lechugas, brócoli, zanahorias, pimientos, tomates, etc.) frutas (uvas, naranjas, manzanas, papaya, melón, guayaba) nueces (almacenadas en lugares frescos y secos, evitando así la formación de los letales mohos) y una buena mezcla de semillas (que incluya sorgo, pipas de girasol, maíz, etc.). Las “golosinas” pueden incluir higos, pasta, queso, semillas


de calabaza, caña de azúcar, cubos de pan remojados en leche y miel, huevos revueltos… Las tomas pueden ser distribuidas de la siguiente manera: Mañana: Pienso mezclado con frutas/verduras. Mediodía: Semillas. Tarde: Alimentos especiales, o tipo “golosina”. Durante la época de cría cabe aumentar el consumo de proteínas y grasas, pudiendo incluir huesos de pollo y chuletas, así como gusanos de la harina (Tenebrio). Cabe apuntar también que los guacamayos en general disfrutan mucho de los sabores picantes, ácidos o fuertes, como el de las cebollas, la piel de las naranjas, el ajo, las almendras o las pimientas.
Cría La cría en cautiverio suele coincidir con los meses de diciembre a junio, aunque esto podría variar dependiendo de donde nos encontremos geográficamente hablando. Las parejas crean enlaces monógamos (como casi todos los guacamayos), permaneciendo juntos de por vida. Las aves maduran a los dos o tres años de edad, periodo tras el cual son capaces de reproducirse. Las hembras prefieren cajas nido largos y rectangulares, o en forma de L. Allí depositan de dos a cuatro huevos blancos, que incuban las hembras sin la ayuda del macho. Éste suele asistirla trayéndole comida y vigilándola de cerca. Lo ideal es que las parejas reproductoras sean alojadas en zonas tranquilas lo más privadamente posible. Si disponemos jaulas en batería podemos instalar paneles o tablones para que las parejas no se “espíen” entre sí, centrándose cada una en la reproducción. Evitaremos los sonidos y ruidos estridentes (como por ejemplo maquinas de cortar el césped o similar) así como el chequear de manera continua el nido comprobando si hay huevos: si alarmamos a la hembra ésta puede llegar a volar de manera estrepitosa aplastando los preciados huevos debajo de ella. Si decidimos incubar artificialmente la puesta, deberían permanecer junto a la hembra al menos durante 10 días (esto hace que la nidada tenga unas mayores posibilidades de nacer de manera exitosa). Una vez en la incubadora, los huevos deben ser alojados a 37.5°C. Los pichones son volanderos a las 10-11 semanas de vida, pudiéndose independizar y comer por su cuenta a las 13 semanas. Muchos criadores sacan a los pichones del nido a los diez días de vida, para proseguir con la incubación/ alimentación a mano. Debemos sacar a todos los pichones de las nidadas que queramos incubar artificialmente ya que los que queden en el nido corren el riesgo de no volver a ser aceptados por la madre. Esto, además, incrementa la posibilidad de que se dé una nueva puesta. Las parejas mantenidas de manera correcta y alimentadas de forma variada son muy longevas, pudiendo llegar a vivir de 45 a 50 años. m

Texto: Gustavo Sanchez Romero. Créditos fotográficos conservados en el artículo.




