Veterinaria

Enfermedad del clavo: Pododermatitis aviar

Roberto C. Fernández Álvarez

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Detalle de la almohadilla plantar ilustrado en la apertura del artículo.
Detalle de la almohadilla plantar ilustrado en la apertura del artículo. · Roberto C. Fernández Álvarez

Introducción

La Pododermatitis aviar (Bumblefoot en inglés), más conocida entre los criadores como “enfermedad del clavo”, es una patología recurrente, que todos los años presenta un número más o menos elevado de casos clínicos en nuestros aviarios. A pesar de no ser una enfermedad aguda que provoque un elevado número de bajas, sí que es ardua y complicada en su resolución, trayendo de cabeza a los aficionados que no tienen muy claro ni su origen ni su tratamiento. Es una enfermedad que puede presentarse en muchas especies de aves, pero ante todo, es un problema de las aves cautivas ya que en estado salvaje su observación es casi anecdótica. Ha sido descrita con frecuencia tanto en aves de corral como en aves rapaces, sin embargo, durante los últimos años ha presentado un auge importante entre las aves exóticas y de jaula. La causa de su alta incidencia en aves domésticas se debe principalmente a los patrones de manejo y alojamiento a los que se ven sometidos estos ejemplares, que aunque no provocan por sí mismos la enfermedad, predispondrán en gran manera para su aparición.

El proceso siempre comienza con la aparición de un ejemplar apático, con la pluma un poco erizada y que tiene una de sus extremidades levantada. Suele ser más frecuente durante la época de muda o la época de reposo posterior, coincidiendo con la mayor superpoblación en jaulas y voladeras, por la presencia conjunta tanto de los reproductores como de los noveles en el aviario. A la exploración podremos observar cómo tiene cierto enrojecimiento o edema en la almohadilla plantar, llegando en algunos casos a presentar ya inflamación en la articulación distal de la pata. Aunque en un principio no reviste gravedad, e incluso puede llegar a confundirse con un proceso traumático leve, poco a poco observaremos que el estado general del ave va degenerando hasta presentar un aspecto caquéctico, o, incluso, llega a morir. Normalmente, tras la aparición de un caso clínico de este tipo lo normal es que se sucedan otros similares por goteo. Sin ser muy abundantes ni continuos, durante unas semanas pueden hacer enfermar un porcentaje más o menos elevado del censo del aviario.

Y en este momento comienza el calvario para el criador, que sabe que durante algún tiempo, al llegar al aviario, va a ir encontrando ejemplares nuevos afectados, sin poder controlarlo, pudiendo presentarse en cualquiera de las aves, sin importar su sexo, variedad o edad. Durante los últimos años, los criadores han puesto en práctica complejos protocolos farmacológicos para atajar el proceso con mayor o menor fortuna. Los aviarios afectados, ante la impotencia de ver como esta enfermedad mata o mutila a muchos de sus ejemplares, intentan controlarlo a base de antibióticos, tanto por vía oral como por vía tópica. Si bien han conseguido reducir significativamente la tasa de mortalidad, no evitan que cíclicamente esta enfermedad vuelva a presentarse, año tras año, con la misma sintomatología. Están controlando la infección local, pero no eliminan los factores desencadenantes del proceso, lo cual les obliga a seguir alerta durante la época de muda, temiendo localizar el típico ejemplar con la pata levantada. En este artículo vamos a revisar cuales son los factores desencadenantes de este proceso, así como la forma de desarrollo de la enfermedad.

Si entendemos su forma de acción, podremos controlarla y prevenirla, porque como veremos a continuación, es una afección que precisa un trabajo preventivo adecuado para poder erradicarla de nuestras instalaciones.

¿Qué es la pododermatitis?

Es una patología que afecta a las almohadillas plantares del pie de nuestras aves, presentándose inicialmente como una inflamación o edema en la piel de esta región anatómica, que puede desencadenar una infección de mayor o menor consideración dependiendo de la rapidez con que instauremos el tratamiento y del estado orgánico del ave. Podemos observar sintomatología que va desde la aparición de costras localizadas, que incomodan al ejemplar durante su apoyo sobre los palos, hasta lesiones gangrenosas, que deforman la articulación y provocan la pérdida de alguno de los dedos de la pata.

Origen de la enfermedad

Aunque es un proceso que tradicionalmente se ha asociado a problemas de alimentación o infecciosos, el origen de la enfermedad viene siempre determinado por errores en el manejo o en el diseño de las instalaciones, siendo el tema nutricional o sanitario factores secundarios para su desarrollo. Para que se produzca esta patología, debe existir una alteración en la integridad física de la piel o en la capacidad mecánica de la articulación, lo cual desencadenará problemas tanto en el riego sanguíneo de la extremidad como en la capacidad protectora del tejido epitelial, facilitando el desarrollo de gérmenes oportunistas. Sin la presencia de este tipo de alteraciones, en un ejemplar sano, el resto de factores nutricionales y sanitarios pueden originar diferentes alteraciones locomotoras, pero es difícil que lleguen a originar un proceso infeccioso de tal magnitud. Por ello, debemos diferenciar claramente lo que son factores desencadenantes del proceso, de aquellos otros que producen la infección de forma secundaria.

El agente infeccioso principal aislado en este tipo de procesos es Sthaphylococcus spp., que es una bacteria Gram positiva, que se encuentra con frecuencia tanto en el tejido de la piel de las aves como en el ambiente. Debemos diferenciar esta patología articular de otras similares que en algunos casos han sido empleadas para explicar este proceso, como son las producidas por Micoplasmas y E. coli, pero que cursan con diferente sintomatología. Estos dos agentes, si bien causan con frecuencia infecciones articulares en aves, provocan sinovitis y bursitis en las articulaciones, no teniendo una presentación plantar localizada como es el caso de Staphylococcus spp. Staphylococcus spp será el microorganismo principal en este proceso, pero no el único, ya que esta enfermedad puede presentar diferentes tipos de microorganismos secundarios concurrentes en las lesiones. De esta forma podemos aislar diferentes cepas de Streptococcus spp, Coliformes, Clostridios, Cándida spp,… que actuarán tras las lesiones primarias.

Y aquí es donde radica la complejidad de esta enfermedad, que en muchas ocasiones produce confusión entre los criadores y conlleva que las medidas preventivas únicamente se apliquen frente a los agentes infecciosos sin tener en cuenta los factores de manejo que serán los encargados de facilitar su aparición. Los factores predisponentes más importantes para la aparición de esta enfermedad son el incorrecto diseño de las perchas, la falta de higiene y la exposición a superficies húmedas. Cualquiera de ellos, o la combinación de varios, provocarán una alteración en la piel de la planta del pie, modificando la distribución mecánica del peso sobre las extremidades inferiores y afectando a la integridad de los tejidos. Esto ocasiona una degeneración en la piel que protege la zona plantar, eliminando o reduciendo su capacidad de protección frente al ambiente, lo cual facilitará la posterior entrada de gérmenes oportunistas, que son los que desencadenarán la infección local. El diseño incorrecto de las perchas, ya sea por grosores de diámetro muy abiertos o cerrados, superficies abrasivas que erosionan la piel, superficies demasiado lisas que impiden un agarre firme….

provocarán un agarre inadecuado, que impedirá una incorrecta distribución del peso sobre las extremidades inferiores, comprimiendo las almohadillas plantares y comprometiendo la correcta circulación sanguínea de la zona. Esta situación, unida a que puedan producirse erosiones abrasivas sobre la piel debidas al material de los posaderos, será el caldo de cultivo ideal para debilitar las almohadillas plantares, haciéndolas susceptibles a la colonización por cualquier bacteria oportunista que llegue a ellas. Si esto se produce en presencia de una higiene deficiente en jaulas y posaderos, o si el ave tiene acceso a superficies húmedas, como ocurre con comederos interiores con pastas mórbidas o semillas germinadas, esa alteración mecánica primaria se complicará con el reblandecimiento de la piel plantar y la aparición de costras y edema, convirtiéndose en una superficie muy sensible a abrasiones o rozaduras. Por otro lado, cualquier factor que altere o condicione la sanidad del tejido plantar puede predisponer a la aparición de esta enfermedad, agravando el problema mecánico inicial.

Así podemos encontrarnos como puntos críticos a controlar en nuestros aviarios: - Inactividad: el permanecer mucho tiempo parados sobre los posaderos aumenta la presión sobre las almohadillas plantares, facilitando la aparición de edema epitelial o sobrecarga articular. Este factor suele estar relacionado con alojamientos en jaulas pequeñas, aves enfermas o razas inactivas. - Obesidad: la sobrecarga de peso corporal aumenta la presión sobre las almohadillas del pie, dificultando la circulación sanguínea, a la vez que provoca que los ejemplares estén menos activos. - Desajustes nutricionales: deficiencias vitamínicas o minerales, así como desequilibrios en nutrientes tan importantes como las proteínas o las grasas, pueden originar alteraciones orgánicas, que debilitarán los tejidos epiteliales, favoreciendo su alteración o daño. La gota articular, producida por un exceso de proteínas en la dieta, también puede facilitar la presentación de esta enfermedad, aunque no en forma de factor primario como en muchas ocasiones se ha llegado a indicar.

- Malnutrición: aves débiles o con deficiencias nutricionales serán más susceptibles de presentar lesiones articulares o en los tejidos adyacentes. - Lesiones traumáticas: cualquier alteración física en la planta del pie facilitará la entrada de agentes infecciosos en la piel o en la articulación - Inmunosupresión: una baja inmunidad en los ejemplares, ya sea por la concurrencia de otras enfermedades clínicas o por unas malas condiciones de mantenimiento, facilitarán la alteración de los tejidos y su contaminación por agentes oportunistas

Variedades y especies con mayor riesgo

Viendo los factores que pueden desencadenar la aparición de la Pododermatitis, debemos tener en cuenta que no tendrán todas las variedades o especies que criamos en nuestros aviarios la misma probabilidad de presentar dicha patología. Debemos realizar mayor presión de control sobre aquellos ejemplares que tengan más predisposición a desarrollarla. Así encontraremos que las razas pesadas tienen mayor presión sobre sus almohadillas plantares, a la vez que son ejemplares más inactivos, que pasan mucho tiempo parados en el posadero. Esto, unido a que la selección de estas variedades “gigantes” suele producir líneas genéticas más débiles o con predisposición a degeneraciones orgánicas o articulares, determinará que nos encontremos con un grupo de aves muy sensibles a padecer esta patología y sobre el cual debemos prestar especial atención durante las épocas de mayor riesgo. En canarios nos encontraremos como variedades de riesgo a los Norwich, Crest… y en general todas las variedades de razas de postura pesada. En exóticos suele ser más frecuente en los Diamantes de Gould, tanto por su mayor tamaño como inactividad en comparación con otros pequeños exóticos.

Ya en psitácidas, se han descrito casos con cierta frecuencia en Ninfas y psitácidos de mediano y gran porte.

Cómo se produce la lesión

Todo comienza con un daño en el tejido de la almohadilla plantar, pudiendo originarse éste por diferentes causas. Ya se deba a una alteración mecánica por un mal apoyo, una erosión por el material del posadero o la irritación de las patas por falta de higiene, nos encontraremos con la piel de las almohadillas plantares engrosada y sensible. Esta alteración en la piel de las almohadillas puede generar una hiperqueratosis por crecimiento del tejido dañado, dando lugar a costras de gran tamaño, o bien un edema epitelial, con inflamación ligera y turgencia del tejido. Aunque aún no existe infección local por bacterias, sí que se han producido unos cambios significativos en la zona, que favorecerán esa contaminación posterior. En este punto, todo lo que ha desencadenado el proceso ha tenido un origen mecánico y sobre este patrón debemos encaminar nuestro plan de prevención, ya que la profilaxis frente a microorganismos no va a evitar que nuestras aves padezcan este tipo de lesiones primarias.

En cualquiera de estos casos, existirá pérdida de elasticidad en la piel, compromiso vascular porque la inflamación reduce la circulación sanguínea tanto en la zona articular como en los dedos, y presencia de abrasiones o microlesiones como consecuencia de la degeneración de la piel. Hasta este momento, el proceso no pasa de ser una alteración localizada en la piel, que puede comprometer en mayor o menor medida el apoyo de la articulación. El ejemplar suele presentar un apoyo incorrecto, favoreciendo la carga de peso sobre una de sus extremidades para evitar el dolor en la contraria. A veces, retrae en el aire la extremidad pero no lo hace de forma continua. Y su estado general es normal, acudiendo a alimentarse regularmente. A partir de aquí, si nuestra detección es temprana y el tratamiento eficaz, el problema no debería ir a más. Pero si no nos damos cuenta, comenzará la proliferación bacteriana sobre las lesiones, agravando el proceso, siendo Staphylococcus spp el microorganismo desencadenante de la sintomatología posterior.

Una vez que la lesión presenta infección bacteriana, evoluciona hacia un aumento de la inflamación, lo que provocará más dolor, haciendo que el ejemplar ya mantenga la extremidad levantada de forma continua, reduciendo sus visitas al comedero. Su aspecto será desaliñado, con la pluma erizada y una respiración más o menos agitada. La lesión en estos momentos ya presenta una forma redondeada, con bastante volumen, achatada en su base debido al apoyo realizado hasta este momento. En muchas ocasiones, puede observarse un pequeño punto en la base, que corresponde con una úlcera, indicativo de la presencia de pus en el interior. Esta forma tan característica de la lesión plantar es lo que da el nombre común de “callo” a esta enfermedad. La infección provocará lesiones caseosas, con formación de pus en el interior de los abcesos, lo cual cada vez aumentará más la inflamación y comprometerá la circulación sanguínea, tornándose la piel en un color más oscuro, casi negro, que indica un compromiso vascular agudo y una necrosis de los tejidos adyacentes.

Esta inflamación puede extenderse a las articulaciones próximas, provocando una reducción importante de la movilidad, llegando a necrosar algún dedo de la pata afectada. Incluso puede afectar al hueso de la extremidad, produciendo una osteomielitis aguda, lo cual desencadena lesiones crónicas aunque el ave se recupere completamente. Si la inflamación sucede en la extremidad que porta la anilla metálica cerrada, el compromiso vascular y la necrosis pueden suceder con mayor rapidez ya que al comprimir la anilla el tejido inflamado, puede cortar la circulación sanguínea de toda la extremidad, perdiendo esa pata en pocas horas. Una vez instaurado el proceso infeccioso de forma aguda, su evolución puede tornarse a infección generalizada por el organismo del ave. Debido a la inmunosupresión que sufre el ejemplar, la falta de alimentación regular por el dolor que sufre en la extremidad y la presencia de un foco infeccioso, pueden desencadenarse otras alteraciones patológicas en diferentes órganos como el hígado, el intestino o el pulmón.

Lo que comenzó como una erosión sin importancia en la planta del pie, debido a un apoyo incorrecto, puede terminar con la muerte del ave en pocos días, debido a una septicemia generalizada.

Etapas de la enfermedad

Se pueden hacer diferentes clasificaciones de las etapas de esta enfermedad, dependiendo de que desglosemos más o menos cada fase. Aquí vamos a clasificar su evolución en función del daño que se produce en los tejidos, lo cual más tarde nos servirá de guía para establecer los diferentes tratamientos. Vamos a clasificar este proceso en cuatro niveles o grados de lesión: • Grado 1. Callosidades. En la primera fase, lo único que observaremos es que el ave presenta la piel inferior del pie engrosada, con unas callosidades rosáceas formadas como consecuencia de la abrasión sufrida en este tejido epitelial. Los dedos están ligeramente ensanchados por la inflamación plantar y con un tono rojizo más o menos acusado. • Grado 2. Llagas. Debido a la inflamación y al edema que afecta a la piel de la planta de los pies, dicho tejido se vuelve más sensible y delicado, produciéndose lesiones o erosiones sobre la piel, que facilitarán la entrada de gérmenes oportunistas provenientes de la propia piel o del ambiente que rodea al ejemplar, provocando una infección localizada.

En esta fase, la apariencia del pie ya es más notoria, presentando inflamación aguda de la articulación del pie, coloración rojiza de la piel y, en algunos casos, herida o llaga en la zona plantar. • Grado 3. Úlceras. Si no existe un control, la infección se extenderá hacia el interior de la articulación y el hueso, presentando la lesión una coloración azulada o negruzca como consecuencia de la degeneración de los tejidos y que en muchos casos está ulcerada en la base del pie. Existe acúmulo de pus en el interior de la lesión y pueden llegar a presentarse deformaciones en la articulación y en los dedos. • Grado 4. Infección sistémica. Si el proceso no es tratado en las primeras etapas, puede llegar a extenderse al resto del organismo, ocasionando síntomas generalizados, afectando a diferentes órganos.

Tratamiento

El tratamiento dependerá de la fase o etapa de la enfermedad en la que diagnostiquemos la patología. Cuanto primero localicemos la lesión, mayores serán las posibilidades de recuperación completa del ejemplar, ya que en este proceso la instauración de un tratamiento temprano será determinante para una resolución correcta y satisfactoria. En ausencia de infección generalizada, preferiremos los tratamientos tópicos o locales a los administrados por vía oral, ya que nos aseguraremos mayor concentración de principio activo en la zona afectada, a la vez que reducimos los efectos secundarios que pudiesen derivar de un tratamiento oral prolongado. Dividiremos los diferentes tratamientos en las mismas fases que utilizamos para clasificar la enfermedad, amoldándonos al tipo de lesión presente en el ejemplar. • Callosidades: nuestro objetivo será restaurar la piel afectada y corregir el apoyo mecánico del ave. Para ello emplearemos pomadas epitelizantes que refuercen el tejido plantar, evitando su erosión o desgaste, a la vez que hidratan y devuelven la elasticidad natural de la piel. • Llagas.

En este punto aún no se ha producido infección en la piel, pero ya podemos observar pequeñas laceraciones en ella. Debemos limpiar adecuadamente la zona, desinfectar la piel dañada con soluciones de Clorhexidina y emplear una pomada epitelizante que regenere el tejido. En esta segunda fase, es muy importante mantener una higiene elevada al realizar las curas, para evitar cualquier patógeno oportunista. • Úlceras. Aquí ya esta instaurada una infección más o menos aguda con un daño tisular importante. Debemos comenzar con un protocolo antiinflamatorio que reduzca la inflamación y disminuya el dolor en el ejemplar, combinándolo con terapia antibiótica frente a las bacterias que han accedido al interior de la piel. Debido a que en este proceso pueden verse implicados diferentes microorganismos, siempre se recomienda hacer un antibiograma, para conocer la sensibilidad a cada tipo de antibiótico y poder emplear aquel más eficaz en cada situación.

Si no tenemos acceso a esta técnica, o debemos instaurar un tratamiento con urgencia, emplearemos antibióticos de amplio espectro como la Gentamicina o la Oxitetraciclina, combinándolos con un antiinflamatorio esteroideo que reduzca rápidamente el proceso inflamatorio. Lo ideal es emplear pomadas que combinen ambos principios activos y utilizarlas durante un periodo nunca inferior a una semana. Si la ulceración es muy grande, con abundante presencia de pus y tejido necrótico, puede ser necesario realizar un desbridamiento quirúrgico, para eliminar el tejido muerto y permitir una cicatrización adecuada. • Infección sistémica. Llegados a esta fase, deberemos combinar el tratamiento local del punto anterior con un antibiótico por vía oral que controle la infección sistémica. Un antibiótico que da buenos resultados en esta fase es la Enrofloxacina a dosis de 200 mg/litro de agua. Este producto cuenta con la ventaja de ser activo frente a Staphylococcus spp y permitir la combinación sin efectos antagonistas con otros antibióticos por vía tópica, facilitando el tratamiento combinado.

Aunque debido al carácter de infección polimicrobiana que presenta la Pododermatitis, siempre es aconsejable el empleo de un antibiograma previo a la instauración de terapias antibióticas. Dependiendo de si la infección ha pasado a generalizada, podremos emplear otros productos para controlar la sintomatología general, como protectores hepáticos, antifúngicos… y suplementos nutricionales que permitan recuperar peso rápidamente al ejemplar. Independientemente de la fase en la que diagnostiquemos al ave enferma, paralelamente debemos revisar su alimentación y las instalaciones, para realizar los cambios o ajustes necesarios con vistas a evitar nuevas alteraciones o infecciones en el aviario. Desinfectaremos a fondo tanto la jaula como los posaderos, para reducir la carga microbiana ambiental, y sustituiremos las perchas de las jaulas por otras que permitan un mejor apoyo o descanso a las aves afectadas. Como tratamiento coadyuvante, administraremos vitaminas A y E para favorecer la regeneración del epitelio dañado, así como un complejo de minerales y aminoácidos que ayuden a recuperar rápidamente el estado corporal del ejemplar.

Medidas preventivas

Las medidas preventivas siempre deben ir encaminadas a evitar el daño primario del tejido plantar y reducir la contaminación microbiana ambiental, de forma que controlemos el proceso desde su origen, sin circunscribirnos únicamente al tema infeccioso secundario. Para ello prestaremos especial atención a los siguientes puntos: • Facilitar posaderos de diferentes diámetros y texturas, siempre evitando aquellos abrasivos o mal dimensionados para nuestras especies. • Mantener un elevado protocolo de higiene y limpieza de forma regular en el aviario, especialmente sobre aquellas superficies en las que descansan las aves. • Reducir el censo en jaulas y voladeras, evitando la sobrepoblación. • Facilitar el ejercicio a las aves, intentando no tenerlas en jaulas individuales más del tiempo necesario para asistir a concursos o aislamientos preventivos. • Evitar el empleo de comederos internos en jaulas y voladeras, que permitan a las aves posarse sobre la comida. • Realizar una revisión ocular minuciosa de forma diaria durante las épocas de mayor riesgo, para identificar los casos clínicos de forma temprana. • Administrar complejos vitamínicos y minerales regularmente.

• Ajustar adecuadamente la alimentación, evitando excesos o carencias en grasas y proteínas. • Evitar que los ejemplares se pongan obesos por desajustes nutricionales. • Estimular la inmunidad general de los ejemplares • Elevar la presión de estos protocolos en aquellas jaulas donde mantengamos grupos o razas de riesgo.

Las aves de presa son propensas a sufrir esta patología, debido a que pasan mucho tiempo paradas sobre los posaderos y sobrecargan las almohadillas plantares.
Las aves de presa son propensas a sufrir esta patología, debido a que pasan mucho tiempo paradas sobre los posaderos y sobrecargan las almohadillas plantares. · Roberto C. Fernández Álvarez
Detalle de una almohadilla plantar en los primeros estadios de la enfermedad. Se ve engrosada y con edema, síntoma inequívoco del debilitamiento epitelial.
Detalle de una almohadilla plantar en los primeros estadios de la enfermedad. Se ve engrosada y con edema, síntoma inequívoco del debilitamiento epitelial. · Roberto C. Fernández Álvarez
Pododermatitis bilateral. Podemos observar a la derecha un incipiente engrosamiento de la almohadilla plantar, mientras que a la izquierda ya se observa una callosidad importante, con principio de ulceración.
Pododermatitis bilateral. Podemos observar a la derecha un incipiente engrosamiento de la almohadilla plantar, mientras que a la izquierda ya se observa una callosidad importante, con principio de ulceración. · Roberto C. Fernández Álvarez
Cuando la enfermedad aparece en la extremidad que porta la anilla metálica cerrada, veremos que el compromiso vascular aparece en pocas horas.
Cuando la enfermedad aparece en la extremidad que porta la anilla metálica cerrada, veremos que el compromiso vascular aparece en pocas horas. · Roberto C. Fernández Álvarez
Pododermatitis bilateral en un Diamante de Gould.
Pododermatitis bilateral en un Diamante de Gould. · Roberto C. Fernández Álvarez
Inflamación articular localizada, secundaria a una pododermatits plantar. Puede observarse claramente el enrojecimiento de la piel, que nos indica que existe inflamación interna de la articulación. Si no se resuelve rápidamente el proceso, derivará en pus.
Inflamación articular localizada, secundaria a una pododermatits plantar. Puede observarse claramente el enrojecimiento de la piel, que nos indica que existe inflamación interna de la articulación. Si no se resuelve rápidamente el proceso, derivará en pus. · Roberto C. Fernández Álvarez
Inflamación articular localizada, secundaria a una pododermatits plantar. Puede observarse claramente el enrojecimiento de la piel, que nos indica que existe inflamación interna de la articulación. Si no se resuelve rápidamente el proceso, derivará en pus.
Inflamación articular localizada, secundaria a una pododermatits plantar. Puede observarse claramente el enrojecimiento de la piel, que nos indica que existe inflamación interna de la articulación. Si no se resuelve rápidamente el proceso, derivará en pus. · Roberto C. Fernández Álvarez
Publicado en Ornitología Práctica, número 65, páginas 59–65.
Texto: Roberto C. Fernández Álvarez. Créditos fotográficos conservados en el artículo.

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