Introducción
Hace alrededor de 20 años, aunque con una significativa interrupción, que me dedico a la selección del Ágata de factor amarillo, en la categoría intenso y nevado. Pienso que en todo ese periodo de tiempo he madurado y he adquirido la suficiente experiencia como para poder aportar mi contribución al crecimiento cualitativo de esta fascinante afición. Muchos autores identifican en el Canario Negro el tipo con características fenotípicas que más se acercan a las de su antepasado el Serinus canarius. Sin embargo, y aunque no he tenido nunca ocasión de ver en vivo un Canario silvestre, observando algunas fotos he llegado a la conclusión de que la mutación Ágata de factor amarillo (particularmente en la categoría nevado) es la que hace a su descendiente doméstico más parecido a su antepasado silvestre. Tampoco comparto plenamente la teoría según la cual, y siempre siguiendo opiniones de algunos criadores y autores, el más difícil de seleccionar es el Canario Negro. Entiendo, por el contrario, que es el Ágata el tipo cuya selección se encuentra entre las más difíciles, entre los viejos tipos. Examinemos las razones de esta dificultad.
La manifestación de la feomelanina bruna se ha eliminado prácticamente mientras que la eumelanina negra debe de estar presente al máximo en estrías, marcaciones y bigotes y ausente en pico, tarsos y uñas. Esta antítesis constituye el punto álgido de las dificultades a superar en la selección del Ágata. También porque la presencia, aunque leve y evidente, de marcas brunas en tales zonas comportaría penalizaciones en la evaluación del tipo. Al respecto debo hacer notar que las características estándar del Ágata han sido formuladas en base a nuestros gustos estéticos y que los efectos de una mutación no siempre son compatibles con los deseos selectivos de los criadores. El resultado de la mutación Ágata es el de reducción (1º factor de reducción) de todas las melaninas, sin la capacidad de inhibir ninguna. La búsqueda del ejemplar típico pasa por sutiles y calculados juegos de “alquimia” dirigidos a dosificar sapientemente la cantidad de las melaninas que pigmentarán las diferentes partes del cuerpo de nuestro ejemplar.
La fascinación que encuentro en la selección del tipo ágata reside precisamente en esta manifiesta incoherencia entre los efectos de la mutación y las características requeridas por el estándar (máxima expresión del negro, pero no por todas partes, ausencia de feomelanina, aunque el ágata no sea capaz de inhibirla. Desafío por consiguiente a seleccionar un nevado privado de feomelanina, que se traduce en grandes dificultades selectivas. Al querer establecer un paralelismo entre Ágata y Negro (este último tipo se caracteriza por la misma tipología de melaninas, aunque en cantidades diferentes) es evidente que el oxidado no presenta los mismos problemas de selección del diluido, porque la búsqueda de la máxima oxidación de la melanina negra (exacerbación del negro y reducción máxima de la feomelanina) debe darse en todas las zonas del cuerpo (melaninas presentes en plumas, pico, tarsos y uñas). El mejor análisis para la evaluación de la correcta calidad (cantidad) del negro que debe caracterizar un Ágata se alcanza a través de la atenta observación de las plumas de las alas (rémiges) y de la cola (timoneras).
De hecho, estas plumas son indicativas de la concentración de negro y se presentan tanto más negras con rebordes perlados cuanto más típicos son los ejemplares, mientras que en los ejemplares de peor calidad notaremos un negro menos intenso y rebordes brunos más o menso amplios. Los criadores más expertos son capaces de discernir los mejores ejemplares, prescindiendo de los mencionados análisis, evaluando simplemente las estrías del dorso, flancos y cabeza, las marcaciones y los bigotes. Según el estándar FOCDE: “un buen Ágata, es en el que la carencia de feomelanina es total, las estrías deben ser finas, cortas (10 a 11mm) y estrechas (aproximadamente 1mm), las marcaciones y las barras deben ser así mismo más estrechas que en los negro bruno y las plumas remeras y timoneras deben tener también el reborde diluido”. Por lo que se refiere a la presencia de feomelanina, es absolutamente indicativa la tonalidad de conjunto del ejemplar. Si ésta resulta ser verdosa querrá decir que el Canario en cuestión es rico en feomelanina que, superponiéndose al lipocromo amarillo, genera esta tonalidad.
En el caso de que el lipocromo del fondo fuese amarillo y la tonalidad que se aprecia sobre dorso, flancos y cabeza prácticamente no se pudiese distinguir de la tonalidad de los superciliares, que es la zona con pureza lipocrómica no afectada por manifestaciones melánicas, querría decir que el ejemplar es totalmente típico para este concepto. El último factor a evaluar para una correcta selección es la pureza del lipocromo amarillo, la cualidad del cual es casi independiente de eventuales transmisiones genéticas, salvo mestizaje con el factor rojo, y viene determinada por el tipo de alimentación recibida. A veces me encuentro con criadores que buscan ejemplares que puedan mejorar la calidad de la variedad de sus Canarios: en realidad, a menudo el único modo posible es intervenir sobre la alimentación, evitando todos aquellos alimentos ricos en carotenoides o en hierro.
Del Ágata al Ágata Pastel
Partiendo de óptimos ejemplares Ágata he ampliado la gama de los tipos seleccionados introduciendo en mi criadero la mutación pastel. El Ágata pastel amarillo intenso o nevado no es un Canario muy atractivo. A menudo representa una elección secundaria, con unas pocas parejas, complemento de otros tipos en los que se invierte más. Este podría ser el motivo por el que no vemos con demasiada frecuencia ejemplares al 100% del estándar, a diferencia de aquellos de categoría mosaico, en los que el nivel selectivo medio es claramente más alto. Y es precisamente partiendo de estos ejemplares muy típicos como se podría configurar el propio criadero con ejemplares intensos y nevados. El criador que pretenda desarrollar la selección de esta mutación deberá hacerlo con mucha determinación, al ser ésta, de hecho, de tipo multifactorial. Si no se toman las debidas precauciones veremos cómo decae la calidad de nuestros propios canarios. La mutación pastel inhibe la eumelanina bruna, transforma la negra y deja prácticamente inalterada la feomelanina bruna.
El efecto de estas acciones sobre un Canario Ágata conforme a estándar origina ejemplares que presentan el tradicional diseño del Ágata, aunque reducido, pero de una tonalidad gris hierro. A menudo hablo con criadores que, observando ejemplares Ágata Pastel, buscan aquello que llamamos “apastelamiento” (quizás por analogía con los tipos brunos pastel e isabela pastel en los que este efecto es de importancia capital) o bien esa pátina del fondo que según dicen caracteriza a este Canario, pero que para otros no y para otros que la feomelnina residual, ya que es escasamente afectada por la mutación en cuestión. Esto constituye un defecto porque entre los requisitos esenciales del estándar del tipo base, es decir el Ágata, está que se produzca la máxima inhibición de la feomelanina bruna. Los mejores ejemplares Ágata Pastel, por consiguiente, se presentan con un diseño muy nítido y evidente sobre cabeza, flancos y dorso, sobre un fondo muy limpio y un espectacular efecto perláceo sobre las plumas de las alas y la cola.
Por las características hasta aquí expuestas, en la selección de este tipo es de fundamental importancia la utilización de portadores (al ser una mutación ligada al sexo recesiva, sólo los machos lo son), que deben ser absolutamente típicos, con la máxima expresión posible de eumelanina negra y la mínima presencia de feomelanina bruna. Esto es esencial para una aspecto en particular: la consolidación o conservación de la tonalidad gris hierro de las estrías, marcas y bigotes que componen el conjunto del tipo y que entiendo es el objetivo más difícil de alcanzar. Y ello porque a menudo, aun acoplando un macho muy típico, no se consigue obtener prole del mismo nivel, ya que la hembra (en particular la nevada) muy raras veces consigue expresar el diseño gris hierro, manifestando tonos brunáceos que por la tipología cuantitativa de transmisión del factor pastel mediando la carga melánica del macho, generará hijos que no estarán a la altura de sus progenitores





Texto: Massimiliano Pompa. Créditos fotográficos conservados en el artículo.




