Adelanto, que no soy un hibridista “profesional” por cuanto prefiero criar en pureza. Sin embargo, no desdeño algunos intentos de hibridación y casi todos los años dedico dos o tres voladeras a esta práctica. Antes de pasar a describir mis híbridos, quisiera recordar que el Verderón corso tiene una distribución muy limitada, circunscrita a Cerdeña y Córcega. No conozco la situación en Córcega, pero por lo que concierne a Cerdeña, muy a pesar mío, debo reconocer que la población de Verderón ha caído notablemente con respecto al pasado, debido sin duda a la caza furtiva, que año tras año determina la captura de centenares de ejemplares, que acaban en el mercado ilegal de pájaros. Este tráfico ilícito queda facilitado por el hecho de que la anilla prevista, tipo “A”, es ancha y puede ser colocada incluso a edad adulta y así seguirá hasta que la Federación Ornitológica Italiana no decida adoptar un diámetro intermedio entre “Z” y “A” (aconsejo anillar con “Z” al cuarto día).
Por estas razones, el único medio que tenemos en el momento de su adquisición que nos garantice su nacimiento en un ambiente controlado es el color de la patas, que son negras en el silvestre y muy claras en aquellos ejemplares nacidos en las jaulas de los criadores, incluso aunque se trate de amplias voladeras. Digamos también que el Verderón de captura, más allá de motivos éticos y legales, aunque se hace dócil en un periodo breve de tiempo, difícilmente se reproduce. De esta forma, se va depauperando una especie bella e interesante, sólo por el ansía de ganancias de un puñado de individuos sin escrúpulos, totalmente carentes de sensibilidad y respeto para con la naturaleza y sus maravillosas formas de vida. Debemos a toda costa convencernos de que sólo a través de la reproducción de todas las especies locales dejaremos de dar pie a nuestros detractores (que ya no ven con buenos ojos ni siquiera que tengamos los pájaros en jaula) y nos liberaremos de sus intentos se sofocar, impidiéndola, esta nuestra espléndida pasión. Todos mis pájaros están alojados en voladeras de un metro de anchura por dos metros de profundidad y dos de altura, con suelo de tierra.
Alimentación: alpiste siempre presente y, diariamente (en dos comederos separados para evitar peleas entre las parejas), una cucharadita de café de mixto compuesto por 30% níger, 30% lechuga blanca, 30% perilla blanca, girasol micro, lino, cañamón y lechuga negra, el otro 10%; en comedero separado: chía (Salvia hispanica), camelina silvestre y bella de noche 2 o 3 veces a la semana. Desde el mes de febrero: níger y girasol microgerminados y enjugados con un poco de pasta seca y espirulina, todos los días, huevo duro y pasta seca amasados y amalgamados con una cuchara sopera de harina de almendra y otra de harina de coco, 2 o 3 veces a la semana, así como hierbas del campo. Desde el mes de marzo, dos cucharadas soperas de huevos o larvas de hormiga, 2 o 3 veces a semana. Al nacimiento de los pollos, todo esto se lo suministraremos dos veces al día.
Verderón corso x Verderón de cabeza negra
Este es un híbrido que he estado intentando conseguir en el curso de varios años. Durante dos temporadas reproductivas consecutivas probé utilizando un macho de Cabeza negra con una Verderojna corsa, pero ninguno de los pocos huevos que obtuve, resultó fecundo. Finalmente, decidí invertir la pareja, utilizando un magnífico macho de Verderón corso, de dos años de edad, muy fogoso, y una hembra de Verderón Cabeza negra, de un año de edad, muy tranquila y dócil. De las tres puestas que obtuve el primer año, sólo un huevo resultó fecundo, pero no llegó a eclosionar. Dejé a la pareja unida hasta la siguiente temporada reproductiva y, a principios de marzo, el Verderón corso ya perseguía a la hembra por toda la voladera, cantando como un descosido. Decidí que había llegado el momento de camuflar la parte delantera de la voladera con ramas de ciprés plateado y de abeto artificial, pues ya tenía comprobado que los Verderones Cabeza negra, al contrario de lo que ocurre con los Verderones corsos, les gusta preparar su nido entre el follaje de las ramas.
Les suministré dos cestillas de mimbre y el cuatro de abril, la hembra Cabeza negra ponía su primer huevo, seguidos de otros tres, en días sucesivos. El Verderón corso se paraba frecuentemente sobre el borde del nido, cantando o mirando a su compañera, aunque en ningún momento llegué a ver que la alimentase. Al controlar los huevos al trasluz, sólo uno de ellos resultó fecundo y al 16º días, cuando ya había perdido prácticamente todas las esperanzas, eclosionó. El pollo era muy oscuro, muy parecido a una cría de Verderón corso. Lo anille al quinto día, con una anilla de diámetro “A”. Su desarrollo estaba un poco retrasado, al ser el único pollo en el nido, pero gozaba de buena salud. Al 16º día saltó del nido en su primer vuelo y alrededor del 30º día se destetaba, seguido constantemente por el macho. Mientras tanto, la hembra de Verderón de Cabeza negra iniciaba la segunda y última puesta, en esta ocasión de cinco huevos y también esta vez, al observarlos al trasluz, sólo uno de los huevos resultó fecundo y eclosionaba regularmente. Para evitar los problemas de desarrollo experimentados con el anterior pollo, le adjunté un pequeño Verderón, nacido el mismo día.
Los dos pequeños híbridos se parecían muchísimo a pequeños Verderones de Cabeza negra, tanto por su colorido, como por su estructura. Después de la muda, pude comprobar que se trataba de una hembra y de un macho.
Jilguero x hembra de Verderón corso
Para esta hibridación utilicé un Jilguero de cinco años de la subespecie C. c. tschussi, muy tranquilo, con una máscara notablemente amplia y muy coloreada, y una hembra de Verderón corso de dos años, también muy tranquila y bien proporcionada. El año anterior la había acoplado con un Verderón del Himalaya y puso, en dos ocasiones, cuatro huevos, pero ninguno fecundo. Alojé a la pareja juntos desde el mes de octubre y no los vi ni molestarse ni alimentarse mutuamente; sencillamente, se ignoraban. A primeros de marzo, camuflé el frontal con ramas de abeto artificial y coloqué dos cestillos de mimbre casi completamente descubiertos por arriba. A pesar de ello, a mediados de marzo la hembra empezó a transportar material para el nido al ángulo derecho de la voladera, sobre el camuflaje. Cuando situé otro cestillo en aquel punto, la hembra de Verderón corso empezó a hacer el nido en la otra esquina, también sobre el camuflaje de ramas. Puse allí otro cestillo y, finalmente, se decidió a acabar el nido. A finales de mes ponía el primer huevo y otros tres en los días siguientes, pero todos los huevos resultaron claros.
Dejé incubar a la hembra otros cinco días y después retiré el nido, esperando una nueva puesta, cuyo primer huevo ponía dos meses después. En total, cinco huevos, todos fecundos, de los que nacieron cinco pollos, muy parecidos a los pollos de Jilguero. La hembra de Verderón demostró una gran dedicación por los huevos, hasta el punto de que para verlos a trasluz tuve que empujarla con los dedos. Pero una vez nacidos los pequeños, no la vi ya calentarlos ni un solo instante. Además, al haber construido el nido en el ángulo superior de la voladera, no conseguía verlos si no los cogía en mano. Como no utilizo nodrizas, mi única solución fue esperar el posterior desarrollo de los acontecimientos. Por fortuna, a mediados de junio, la temperatura en Cerdeña es bastante alta y tres de los cinco pequeños consiguieron sobrevivir. El quinto días, los anillé, con anilla del tipo “A” y el día 16º abandonaban el nido, destetándose al cabo de otras dos semanas, alimentados exclusivamente por la madre. El Jilguero, a pesar de que literalmente le saltaban encima, no los empapuzó en ningún momento; más bien al contrario, los trataba de malos modos.
Los pequeños se parecían mucho a pequeños Jilgueros, con más salpicaduras en el pecho y un amarillo del ala muy reducido. Satisfecho con los resultados, retiré el nido y eliminé los germinados y los huevos de hormiga de la dieta, integrando el huevo duro y la pasta con zanahoria rallada, tres veces a la semana. A los hibridistas sardos les gusta mucho este tipo de híbrido, que además dan a menudo nidadas abundantes, a diferencia de la hibridación con el Verdecillo o, como hemos visto, con el Cabeza negra.




Texto y criadero: Alessio Pintus. Fotos: Alcedo




