Denominación
Conocida como Tortolita de Buckley, y en menor medida, como Colombina ecuatoriana, su denominación científica es la más usada para hacer mención a esta especie. Fue descrita por P. L. Sclater & Salvin en 1877 como Chamaepelia buckleyi, en Santa Rita, Ecuador. Clasificación taxonómica Orden: Columbiformes Género: Columbina Especie: Columbina buckleyi Según del Hoyo, Elliott y Sargatal, en Handbook of the birds of the world. Volumen 4, es una especie monotípica (carece de subespecies) y forma una superespecie con la Columbina talpacoti. Otros autores describen dos subespecies: la nominal C. b. buckleyi y la subespecie C. b. dorsti, describiendo a la subespecie dorsti como de menor tamaño (igual al de la Columbina passerina) y colores más contrastados, sobre todo en los machos. Distribución geográfica y hábitat Presente en la banda costera del suroeste de Ecuador, la propuesta subespecie dorsti ocuparía una pequeña área localizada en el suroeste de Ecuador y noroeste de Perú. Habita la zona árida tropical, en bosques secundarios y decidúos, hasta una altitud media de 1.000 m. Descripción del macho Mide 18 cm, siendo la talla de la subespecie dorsti de entre 16 y 18 cm.
El peso oscila entre 42 y 59 gr. El pico es relativamente largo y de color gris, más claro en la base que en el extremo. Los ojos muestran la pupila negra, con el iris variable, generalmente bruno rojo. Círculo ocular estrecho, de color gris claro. La frente es, en el macho, color blanquecino grisáceo. Coronilla, nuca y parte trasera del cuello son de color gris azulado. El manto, dorso, rabadilla y supracaudales son de color gris brunáceo. Las cuatro rectrices internas son de color gris claro, ensombrecido en los extremos. Las rectrices laterales son de color negro; por debajo de color negro con bordes blancos. Escapulares, remeras terciarias y coberteras internas son de color gris brunáceo. Coberteras externas de color grisáceo pálido, velado de rosa desvaído. Diseños de las alas. Sobre las escapulares, manchas alargadas de color púrpura negruzco . Las medianas y grandes coberteras y las remeras terciarias forman cuatro series de líneas discontinuas e irregulares. Subalares y remeras secundarias y primarias, de color negro Debajo de las remeras, de color bruno apagado. Mentón y garganta de color blanco grisáceo.
Cara y mejillas, lados del cuello y pecho, de color rosa vinoso pálido. Flancos, vientre, región anal y subcaudales, de color rosa grisáceo. Patas de color rosa rojizo. Descripción de la hembra La tonalidad de conjunto de color bruno leonado, con un ligero velo gris en las partes superiores del cuerpo. Mentón y garganta blancuzcos, deviniendo en bruno leonado claro en el cuello, la cara, las mejillas y el pecho. El vientre, los flancos, la región anal y las subcaudales, de color gamuza crema. Presenta las mismas marcas en las alas que el macho y parece tener el pico un poco más curvado y con un crecimiento más acelerado.
Experiencias de cría en cautividad
La Columbina buckleyi es una especie poco habitual en cautividad y hasta hace muy poco era muy difícil de encontrar. Gracias al intercambio entre criadores y a proyectos de censado, se tienen localizados los no muy numerosos ejemplares y a sus criadores. Conseguí en el año 2011 mis dos parejas del criador sevillano D. Rafael Angulo, con el proyecto de hacerlas criar en baterías modulares de 0´90 x 0´40 x 0´40 m, ampliables a lo largo y situadas en un aviario interior. Se adaptaron magníficamente al nuevo alojamiento a pesar de provenir de amplios voladeros. La dieta estaba compuesta por una mezcla de mijos y panizo, pasta mórbida comercial y gránulos de pienso extrusionado (Versele Laga C-15). No les faltaba el grit mineral y el hueso de jibia. Se bañaban en las habituales bañeras para canarios fijadas en la puerta del frontal. Su conducta es muy activa: saltan de posadero en posadero y caminan rápido por la rejilla del fondo. Alternan periodos de reposo con otros de visible excitación. Emiten una llamada de tono bajo, similar al ronroneo de un gato, y el macho infla su buche y vocaliza unas llamadas en absoluto estridentes.
Tiene hábitos crepusculares, con picos de actividad en las primeras horas de la noche y antes del amanecer, con revoloteos y vocalizaciones. A finales del verano, y pasados tres meses de su llegada, vi como el macho de una de las parejas incordiaba continuamente a su hembra, produciéndole cierto desplumamiento en la base del cuello. Puse al alcance de la pareja heno seco y algunas fibras de yute, no tardando en ir de un lado para otro de la jaula con dicho material en el pico. En uno de los ángulos de la jaula coloqué una lámina traslúcida de policlorovinilo, y tras ella, y fijada en la parte interna del frontal, dispuse un nido de canarios de soporte y nidal metálico, que la pareja se encargó de rellenar precariamente con el material de anidamiento. Apareció un huevo de forma alargada, similar a los de dos yemas de los estríldidos, de color blanco y con un visible adelgazamiento del grosor de la cáscara en los polos. Al día siguiente, apareció el segundo huevo roto sobre la rejilla, en el otro extremo de la jaula, lo cual me hace pensar que fue puesto desde un posadero.
Coloqué dos huevos falsos de canario en el nido y al segundo día la hembra comenzó una discontinua incubación, que me hizo albergar pocas esperanzas cuando le puse su primer huevo que había puesto a buen recaudo, y no había podido confiar a nodriza alguna. Al 4º día, el huevo apareció roto y ahí acabó la temporada de cría de ese año, pues la otra pareja, más joven, no mostró síntomas de celo. Al inicio de 2012, la pareja más joven que no crió el año anterior, esta vez sí mostró síntomas de celo y pude verla copulando en varias ocasiones, por lo que coloqué el panel ocultador y el nido, así como el material para éste. A los cuatro días, aparecía el primer huevo en el nido, que retiré por precaución. El segundo huevo aparecía roto en la rejilla dos días más tarde. Esta hembra ni tan siquiera se echó a incubar y ninguna de las parejas de Tórtola Diamante (Geopelia cuneata) dispuestas como nodrizas había iniciado sus puestas. Consultados otros criadores amigos míos, ninguno tenía parejas a punto de iniciar su puesta, por lo que tuve la loca idea de meter el único huevo obtenido en un nido de Paddas que se disponían a incubar 6 huevos propios.
El tamaño del huevo de las Buckleyi era mayor que el de los Paddas y además su forma era más alargada. Así que sin muchas esperanzas comprobé que tras tres días de incubación el huevo era fecundo. A los 14 días miré dentro del nido, pero aún no había nacido el pichón. Quizás el hecho de ser tan numerosa la puesta en ese nido o la diferente temperatura de incubación y los periodos de rotación del huevo habían hecho que tras los 14 días de incubación que indica la literatura sobre esta especie de tórtola, no se hubiese producido el nacimiento del pichón. Pasados dos días, y sin ningún tipo de esperanza, comprobé el nido y el pichón ya había nacido. Rápidamente telefoneé a un amigo que me había informado de que una pareja de sus tórtolas diamante tenía los huevos claros y le faltaban dos días para finalizar su incubación. Nos quedaba la duda de si el adelanto de la fecha del supuesto nacimiento de sus crías sería suficiente para estimular la producción de la leche de paloma y el embuche de nuestro pichón inclusero. Pero antes de nada había que darle de comer, pues los Paddas no podrían hacerlo, dada las diferencias morfológicas y conductuales de ambas especies.
Preparé una papilla líquida templada con un complemento proteico hidrosoluble, que añado a la pasta de cría para aumentar su tenor de proteínas, y corté por el extremo el gotero de goma de un cuentagotas, quedando una pequeña cavidad por la que el pichón podría tomar el alimento, que yo introduciría por el tubo de cristal del cuentagotas con la ayuda de una jeringuilla con una fina vía de plástico flexible. Coloqué al pichón en posición y llevé su diminuto pico hacia el hueco practicado por el corte en el gotero. Tomó su primer alimento, y con poca cantidad ya se le llenó el buche, por lo que lo devolví al nido de los Paddas para que le dieran calor mientras llegaba mi amigo, Manuel Morán, a recogerlo para llevarlo a su criadero en un improvisado recipiente de cerámica precalentada y colocado en un bolsillo de su abrigo. Esa misma tarde, el pichón durmió bajo sus nuevas nodrizas, y tras dos días, falleció. Probablemente, fruto del adelanto de dos días en la capacidad de embuchar al pichón adoptado, las pareja de nodrizas no produjo el alimento suficiente o embuchó con grano, y esto fue fatal para su adoptado.
Ocho días más tarde de la puesta de su segundo huevo, la misma pareja de Buckleyi puso un solitario huevo en el nido, que tampoco fue incubado, pudiéndole esta vez colocar bajo los cuidados de otra pareja de tórtolas diamante de mi amigo, que acababan de iniciar también su puesta. Tras los 14 días de incubación, el pichón nació sano y fue criado sin problemas por sus nodrizas, lo cual confirma a la tórtola diamante como nodriza adecuada para las pequeñas especies de tórtolas exóticas. Así mismo, todos estos avatares confirman la escasa idoneidad de la Columbina buckleyi como ave de cría en jaulón, dado su temperamento vivaz y nervioso, que le hace no incubar con normalidad y efectuar parte de las puestas fuera del nido. Esta especie es más idónea para ser albergada en voladeras, a ser posible, sin la compañía de otras columbiformes de talla similar. En caso de compartir el alojamiento, deberá hacerlo con especies de mayor tamaño y conducta tranquila, ya que la Columbina buckley tiene un carácter batallador en época de celo.
Del mismo modo, necesita de fondos de jaula con arena, pues al permanecer bastante tiempo en el suelo picoteando y buscando alimento, efectúa un desgaste del pico, que en las jaulas no puede hacer, lo cual le supone un crecimiento muy rápido de mismo, sobre todo en las hembras, lo que hace que se deba actuar frecuentemente limando el pico con limas de manicura. Nunca hay que cortarlo, pues al estar poco queratinizado y ser de tejido esponjoso, sangra con facilidad y es necesario cauterizar la hemorragia. En definitiva, es una especie interesante, que se merece la oportunidad de encontrar las condiciones más idóneas posibles para su biología reproductora, y perpetuarse así entre los aficionados a las columbiformes exóticas.
Bibliografía
Handbook of the birds of the world. Volumen 4. J. Del Hoyo, A. Elliott y J. Sargatal. Lynx Edicions .1997. La Columbina ecuatoriana. Jan Nyenhuis. Aviornis Internacional. Nº 115. Febrero 2011.



Texto y aviario: Ángel Luis Rodríguez Barbero Fotos: Javier Mas




