Veterinaria

¿Difteroviruela? Vacunación preventiva

Gianni Casseta

Leer el artículo ↓
Pág. anterior y abajo: Presentación comercial de la vacuna Poulvac Canary. Se compone de jeringa tipo insulina, vacuna liofilizada y su diluyente, aguja de dos puntas (horquilla) y pequeño recipiente de plástico duro.
Pág. anterior y abajo: Presentación comercial de la vacuna Poulvac Canary. Se compone de jeringa tipo insulina, vacuna liofilizada y su diluyente, aguja de dos puntas (horquilla) y pequeño recipiente de plástico duro. · Alcedo

Hace algunos años, la patología que más parecía preocupar a los criadores de Canarios era “la enfermedad de los ojos hinchados”. Tras sufrir las nefastas consecuencias provocadas por el virus de la viruela del canario, aseguro que esta enfermedad es mucho más grave que la anteriormente mencionada. Espero que el relato de mi experiencia anime a los criadores que no vacunan a sus canarios a hacer uso de esta útil medida preventiva. Gianni Casseta

Por vacunación se entiende el suministro de microorganismos muertos o atenuados, susceptibles de producir una respuesta inmunológica capaz de proteger al organismo de una determinada patología infecciosa. Se trata de una metodología fundamental, sin duda básica en la moderna medicina preventiva. En Ornitología, el virus de la Viruela se muestra como el microorganismo con efectos más devastadores y contra el cual es factible efectuar una vacunación preventiva. Esta metodología, al inmunizar el organismo de las aves, permite evitar que el virus arrase criaderos enteros. A la luz de los efectos altamente beneficiosos de la vacunación, a pesar de que se trata de una técnica aparentemente cruenta, aconsejamos encarecidamente su aplicación, al menos en el caso de aquellos criadores que tengan y reproduzcan un elevado número de Canarios.

Aconsejamos encarecidamente también poner en acción todos los mecanismos útiles para prevenir el virus en nuestros criaderos: mucha atención a la hora de adquirir nuevos ejemplares, largo periodo de cuarentena, colocación de mosquiteras en las ventanas y espíritu crítico de observación para permitir la inmediata identificación de un ejemplar enfermo y, en general, de cualquier problema sanitario en nuestros aviarios. Sugerimos, además, no vender o regalar ejemplares enfermos o aparentemente curados, con el fin último de no difundir esta devastadora patología infecciosa. Desearíamos, para acabar, que criadores tenaces y honestos que han padecido este mal, sean capaces de superar “la ley del silencio” y cuenten, con detalle y en base a la experiencia vivida, la problemática sanitaria en su criadero. En este artículo, transmitimos la experiencia directa de un criador que ha vivido la terrible experiencia de la viruela aviar.

Historial

Todo empezó en primavera. Los reproductores que había seleccionado se encontraban en un excelente estado de salud. El 90% de los huevos puestos resultaron fecundos y no se llegó al 100% por una hembra que había comprado a finales de otoño, que ponía huevos claros y muy pequeños. Un día, mientras llenaba los comederos, noté que esa canaria se sostenía sobre el posadero sólo sobre una pata, con la otra levantada. La cogí en mano y observé el miembro. Inmediatamente me di cuenta de la presencia de unas costras amarillentas, que le impedían la normal apertura de los dedos. Sin embargo, no le di demasiada importancia a este síntoma evidente. Diez días más tarde, la hembra moría. Alrededor de dos semanas después, descubría otro canario que mostraba los mismos síntomas y que duró poco más con vida. La estación reproductiva había terminado ya y como últimamente ocurre a menudo, las temperaturas sufrieron repentinos cambios, a bruscos descensos, se sucedían subidas inusuales para aquellas fechas. Entre tanto, los nacidos en primer lugar empezaron a mostrar de modo evidente, que estaban en un proceso avanzado de muda. Todo parecía ir por el buen camino.

A primeros de junio, al entrar en el criadero para las tareas habituales, vi que en una voladera algunos jóvenes en muda tenían los ojos hinchados y notablemente lacrimosos. Atribuí esto al brusco descenso de la temperatura de las jornadas precedentes y empecé a tratar a los enfermos con colirio de uso humano a base de cortisona. Tras algunos días de aplicación, comprobé que no obtenía los resultados esperados y que la patología se había extendido a casi todo el aviario. Con el paso de los días fueron apareciendo nuevos síntomas: - respiración trabajosa, con pico semiabierto - inapetencia - aparición de barros y pústulas alrededor de los ojos, la boca y sobre las patas. Este cuadro clínico se agravó después con la muerte fulminante de los ejemplares que hasta el día anterior no habían manifestado patología alguna. Muy desmoralizado, llamé a un amigo veterinario, apasionado criador y gran conocedor de las enfermedades de los canarios quien, después de describirle la situación, me dio una respuesta que me dejó helado: ¡Esos son los síntomas de la viruela! Me pareció que el mundo se me venía encima. Años de sacrificio, quitando a menudo tiempo a mi familia, se esfumaban en un instante.

La selección desarrollada para una constante mejora cualitativa de mi cepa se iba a la basura. Y ver sufrir a aquellos pobres animales hacía que mi estado de ánimo fuese aún más triste. La situación se desenvolvió de forma vertiginosa en los siguientes días y el virus acababa con la muerte de casi todos mis ejemplares. Sólo unos pocos sobrevivieron, y como era consciente de que cederlos supondría propagar la enfermedad, me remangué las mangas y siempre siguiendo los consejos de mi amigo veterinario, empecé a desinfectar el aviario.

La desinfección

Me aconsejaron varios productos: hipoclorito de sodio (blanqueador), formaldehído (formalina) e hidróxido de sodio (sosa cáustica). Opté por el hipoclorito de sodio para uso industrial, que me consiguió un amigo, con una concentración de cloro activo del 14%. Utilicé el producto sin diluirlo en agua, aunque para el fin perseguido hubiese bastado el mismo producto en venta en los supermercados con una concentración de cloro activo del 4,5%. Desmonté toda el equipamiento del aviario, incluidos los marcos de ventanas y puertas, puntos de luz, tomas, interruptores y tubos de neón. Rocié el producto sobre paredes y suelo, sin olvidar ángulos, huecos y rincones, con un fumigador manual de los que se utilizan en agricultura. Para jaulas y demás accesorios, recurrí a una palangana de plástico lo bastante grande como para permitir un lavado completo en el líquido desinfectante. Los objetos de plástico no se alteran, mientras que las jaulas que tengan cinc no pueden sumergirse por más de 20 minutos, tiempo muy ajustado para provocar la destrucción del virus. Tiempos más prolongados provocan la corrosión del cinc y que las jaulas se estropeen.

Después, lavé todas las jaulas con agua a presión. Un mes después de todas estas operaciones de desinfección del local y tras airearlo ampliamente en repetidas ocasiones, introduje los nuevos ejemplares que entre tanto había empezado a comprar.

El virus de la viruela

El virus de la viruela del canario (Canary-poxvirus) pertenece al género Avipox y afecta exclusivamente a canarios y fringílidos. Es un virus diferente a las otras especies del mismo género, por lo que no genera la enfermedad en otros pájaros. Se trata por consiguiente de una infección especie-específica. Para la vacunación, utilicé Poulvac Canary, una vacuna específica para la cepa de la viruela de canarios y fringílidos. La simple vacunación permite inmunizar los sujetos durante un año entero. La transmisión del virus puede producirse por vía directa o indirecta. La transmisión directa se produce a través de secreciones o excrementos contaminantes de animales infectados, a menudo canarios comprados en otros aviarios, como creo me ocurrió a mí, aunque no manifiesten ningún signo de enfermedad a la hora de la compra. La segunda vía de propagación del virus puede producirse como consecuencia de picotazos de mosquitos, ácaros, piojos, etc., que tras haber picado a animales infectados, transmiten la enfermedad a los animales sanos a los que pican después.

La viruela puede manifestarse, esencialmente, de dos formas diferentes, con diferente desarrollo: - forma cutánea, la menos grave. Se evidencia con las clásicas pápulas o pústulas variolosas sobre las partes del cuerpo carentes de pluma: patas, párpados y pico; - forma respiratoria, más grave que la precedente, ataca a las vías respiratorias y digestivas. Se caracteriza por una membrana muy adherida a la mucosa, que obstaculiza la respiración y la digestión de los alimentos. Los sujetos que consiguen superar la enfermedad y se curan, son inmunes para el resto de sus vida y pueden ser utilizados en la reproducción. Se ha constatado un mayor desarrollo de la enfermedad en periodo otoñal, si bien en algunas zonas, caracterizadas por una humedad alta, es en verano cuando se registran elevadas tasas de difusión del virus. Ello se debe, sobre todo, al elevado número de insectos, en particular, mosquitos, que son el vehículo de transmisión indirecta del virus, pero, en cualquier caso, la enfermedad puede manifestarse en cualquier estación. El periodo de incubación se extiende entre los 4 y los 30 días.

La viruela del canario puede ser contraída por ejemplares de cualquier edad y no es peligrosa para el hombre. Es conveniente subrayar que los Avipoxvirus pueden permanecer latentes en el organismo durante años y pasar a ser virulentos como consecuencia de situaciones de estrés, que debilitan las defensas inmunitarias del mismo organismo que los hospeda. Por ese motivo, el periodo de cuarentena, aconsejado con fines profilácticos cuando se compran nuevos ejemplares, podría no tener ninguna utilidad en estos casos de viruela del canario.

La vacunación

Después de haber sufrido la terrible experiencia que acabo de describir, tomé la decisión de vacunar a mis canarios contra esta enfermedad. El mejor periodo para proceder a la vacunación es el inicio del periodo otoñal, época en la que la muda ha acabado ya. No es aconsejable proceder a la vacunación ni antes ni durante la muda, para no comprometer las condiciones físicas de los canarios, ya estresados por el recambio del plumaje. Para que esta operación de vacunación resulte más sencilla, es mejor hacerlo entre dos personas. Una extiende el ala del canario, permitiendo la exposición del pliegue alar, mientras que la otra persona se ocupa de inyectar la sustancia inmunizante con la adecuada aguja de dos puntas, que se suministra con la vacuna, traspasando en alrededor de 1/2 cm la piel, evitando tocar los vasos sanguíneos. Es aconsejable esterilizar la aguja antes de proceder a la vacunación, lo que se puede conseguir pasándola por el calor de una llama.

Antes de impregnar la aguja con la vacuna, introduciéndola en el vasito de plástico suministrado al efecto, dejaremos que se enfríe, ya que en caso contrario, la vacuna podría quedar inutilizada por el calor desprendido por la aguja caliente. En el caso en el que se vacune en la fase inicial de difusión de la enfermedad, es indispensable desinfectar la aguja cada vez que vacunemos un ejemplar. No tendría sentido vacunar cuando la epidemia ya se haya extendido, porque no tendría ningún efecto inmunológico. Para comprobar si la vacuna ha inmunizado a un canario, pasados diez días de la inyección, inspeccionaremos el punto del ala donde se ha pinchado: si se ven dos grumos amarillentos, todo está bien. En caso contrario, habría que repetir la operación. La vacuna debe conservarse en el frigorífico a una temperatura entre 2º y 8º. Una vez preparada la vacuna, ésta se mantendrá estable durante dos horas aproximadamente, mientras que si la conservamos en su forma original, se mantendrá vigente durante 36 meses.

Pág. anterior y abajo: Presentación comercial de la vacuna Poulvac Canary. Se compone de jeringa tipo insulina, vacuna liofilizada y su diluyente, aguja de dos puntas (horquilla) y pequeño recipiente de plástico duro.
Pág. anterior y abajo: Presentación comercial de la vacuna Poulvac Canary. Se compone de jeringa tipo insulina, vacuna liofilizada y su diluyente, aguja de dos puntas (horquilla) y pequeño recipiente de plástico duro. · Alcedo
Vacuna liofilizada, a la izquierda, con tapón verde, frasco de 50 dosis, y diluyente, a la derecha, tapón rojo. Composición de la vacuna: Principio activo: Virus vivo atenuado de a viruela del Canario, cepa KP1.
Vacuna liofilizada, a la izquierda, con tapón verde, frasco de 50 dosis, y diluyente, a la derecha, tapón rojo. Composición de la vacuna: Principio activo: Virus vivo atenuado de a viruela del Canario, cepa KP1. · Alcedo
Aguja de dos puntas para la vacunación.
Aguja de dos puntas para la vacunación. · Alcedo
De izquierda a derecha y de arriba a abajo, secuencia de la preparación de la vacuna: con la jeringa se aspira el diluyente y se vierte en la vacuna (liofilizada). La solución obtenida (rosada) se aspira de nuevo y se vierte en la cápsula de plástico trasparente. Mojamos la aguja de dos puntas en esta solución de vez en cuando y procedemos a la vacunación. Muy importante: Seguir las indicaciones de dosificación del prospecto, para garantizar resultados óptimos.
De izquierda a derecha y de arriba a abajo, secuencia de la preparación de la vacuna: con la jeringa se aspira el diluyente y se vierte en la vacuna (liofilizada). La solución obtenida (rosada) se aspira de nuevo y se vierte en la cápsula de plástico trasparente. Mojamos la aguja de dos puntas en esta solución de vez en cuando y procedemos a la vacunación. Muy importante: Seguir las indicaciones de dosificación del prospecto, para garantizar resultados óptimos. · Alcedo
De izquierda a derecha y de arriba a abajo, secuencia de la preparación de la vacuna: con la jeringa se aspira el diluyente y se vierte en la vacuna (liofilizada). La solución obtenida (rosada) se aspira de nuevo y se vierte en la cápsula de plástico trasparente. Mojamos la aguja de dos puntas en esta solución de vez en cuando y procedemos a la vacunación. Muy importante: Seguir las indicaciones de dosificación del prospecto, para garantizar resultados óptimos.
De izquierda a derecha y de arriba a abajo, secuencia de la preparación de la vacuna: con la jeringa se aspira el diluyente y se vierte en la vacuna (liofilizada). La solución obtenida (rosada) se aspira de nuevo y se vierte en la cápsula de plástico trasparente. Mojamos la aguja de dos puntas en esta solución de vez en cuando y procedemos a la vacunación. Muy importante: Seguir las indicaciones de dosificación del prospecto, para garantizar resultados óptimos. · Alcedo
De izquierda a derecha y de arriba a abajo, secuencia de la preparación de la vacuna: con la jeringa se aspira el diluyente y se vierte en la vacuna (liofilizada). La solución obtenida (rosada) se aspira de nuevo y se vierte en la cápsula de plástico trasparente. Mojamos la aguja de dos puntas en esta solución de vez en cuando y procedemos a la vacunación. Muy importante: Seguir las indicaciones de dosificación del prospecto, para garantizar resultados óptimos.
De izquierda a derecha y de arriba a abajo, secuencia de la preparación de la vacuna: con la jeringa se aspira el diluyente y se vierte en la vacuna (liofilizada). La solución obtenida (rosada) se aspira de nuevo y se vierte en la cápsula de plástico trasparente. Mojamos la aguja de dos puntas en esta solución de vez en cuando y procedemos a la vacunación. Muy importante: Seguir las indicaciones de dosificación del prospecto, para garantizar resultados óptimos. · Alcedo
De izquierda a derecha y de arriba a abajo, secuencia de la preparación de la vacuna: con la jeringa se aspira el diluyente y se vierte en la vacuna (liofilizada). La solución obtenida (rosada) se aspira de nuevo y se vierte en la cápsula de plástico trasparente. Mojamos la aguja de dos puntas en esta solución de vez en cuando y procedemos a la vacunación. Muy importante: Seguir las indicaciones de dosificación del prospecto, para garantizar resultados óptimos.
De izquierda a derecha y de arriba a abajo, secuencia de la preparación de la vacuna: con la jeringa se aspira el diluyente y se vierte en la vacuna (liofilizada). La solución obtenida (rosada) se aspira de nuevo y se vierte en la cápsula de plástico trasparente. Mojamos la aguja de dos puntas en esta solución de vez en cuando y procedemos a la vacunación. Muy importante: Seguir las indicaciones de dosificación del prospecto, para garantizar resultados óptimos. · Alcedo
De izquierda a derecha y de arriba a abajo, secuencia de la preparación de la vacuna: con la jeringa se aspira el diluyente y se vierte en la vacuna (liofilizada). La solución obtenida (rosada) se aspira de nuevo y se vierte en la cápsula de plástico trasparente. Mojamos la aguja de dos puntas en esta solución de vez en cuando y procedemos a la vacunación. Muy importante: Seguir las indicaciones de dosificación del prospecto, para garantizar resultados óptimos.
De izquierda a derecha y de arriba a abajo, secuencia de la preparación de la vacuna: con la jeringa se aspira el diluyente y se vierte en la vacuna (liofilizada). La solución obtenida (rosada) se aspira de nuevo y se vierte en la cápsula de plástico trasparente. Mojamos la aguja de dos puntas en esta solución de vez en cuando y procedemos a la vacunación. Muy importante: Seguir las indicaciones de dosificación del prospecto, para garantizar resultados óptimos. · Alcedo
Pliegue alar de un canario lipocrómico y de otro melánico, donde se insertará la aguja de dos puntas, mojada en la vacuna. Esta zona anatómica se la conoce como ”patagio”, una especie de membrana alar muy fina y elástica, que se extiende desde el cuello hasta el carpo, recubriendo húmero, cúbito y radio. Para localizarla, es suficiente con extender el ala de un canario y “palpar” con la yema del dedo, inmediatamente por encima del tejido óseo o, mejor aún, desplazando las plumitas correspondientes a las pequeñas coberteras alares.
Pliegue alar de un canario lipocrómico y de otro melánico, donde se insertará la aguja de dos puntas, mojada en la vacuna. Esta zona anatómica se la conoce como ”patagio”, una especie de membrana alar muy fina y elástica, que se extiende desde el cuello hasta el carpo, recubriendo húmero, cúbito y radio. Para localizarla, es suficiente con extender el ala de un canario y “palpar” con la yema del dedo, inmediatamente por encima del tejido óseo o, mejor aún, desplazando las plumitas correspondientes a las pequeñas coberteras alares. · Alcedo
Pliegue alar de un canario lipocrómico y de otro melánico, donde se insertará la aguja de dos puntas, mojada en la vacuna. Esta zona anatómica se la conoce como ”patagio”, una especie de membrana alar muy fina y elástica, que se extiende desde el cuello hasta el carpo, recubriendo húmero, cúbito y radio. Para localizarla, es suficiente con extender el ala de un canario y “palpar” con la yema del dedo, inmediatamente por encima del tejido óseo o, mejor aún, desplazando las plumitas correspondientes a las pequeñas coberteras alares.
Pliegue alar de un canario lipocrómico y de otro melánico, donde se insertará la aguja de dos puntas, mojada en la vacuna. Esta zona anatómica se la conoce como ”patagio”, una especie de membrana alar muy fina y elástica, que se extiende desde el cuello hasta el carpo, recubriendo húmero, cúbito y radio. Para localizarla, es suficiente con extender el ala de un canario y “palpar” con la yema del dedo, inmediatamente por encima del tejido óseo o, mejor aún, desplazando las plumitas correspondientes a las pequeñas coberteras alares. · Alcedo
De izquierda a derecha y de arriba a abajo, secuencia de la vacunación, en donde se puede apreciar con exactitud la zona anatómica y los movimientos que hay que efectuar durante el proceso. La aguja doble, embebida en la vacuna, se inserta en el pliegue alar. Aunque pueda parecer una operación cruenta, es absolutamente inocua y en cualquier caso, positiva, visto el número de pájaros que anualmente pueden salvarse de la terrible infección vírica.
De izquierda a derecha y de arriba a abajo, secuencia de la vacunación, en donde se puede apreciar con exactitud la zona anatómica y los movimientos que hay que efectuar durante el proceso. La aguja doble, embebida en la vacuna, se inserta en el pliegue alar. Aunque pueda parecer una operación cruenta, es absolutamente inocua y en cualquier caso, positiva, visto el número de pájaros que anualmente pueden salvarse de la terrible infección vírica. · Alcedo
De izquierda a derecha y de arriba a abajo, secuencia de la vacunación, en donde se puede apreciar con exactitud la zona anatómica y los movimientos que hay que efectuar durante el proceso. La aguja doble, embebida en la vacuna, se inserta en el pliegue alar. Aunque pueda parecer una operación cruenta, es absolutamente inocua y en cualquier caso, positiva, visto el número de pájaros que anualmente pueden salvarse de la terrible infección vírica.
De izquierda a derecha y de arriba a abajo, secuencia de la vacunación, en donde se puede apreciar con exactitud la zona anatómica y los movimientos que hay que efectuar durante el proceso. La aguja doble, embebida en la vacuna, se inserta en el pliegue alar. Aunque pueda parecer una operación cruenta, es absolutamente inocua y en cualquier caso, positiva, visto el número de pájaros que anualmente pueden salvarse de la terrible infección vírica. · Alcedo
De izquierda a derecha y de arriba a abajo, secuencia de la vacunación, en donde se puede apreciar con exactitud la zona anatómica y los movimientos que hay que efectuar durante el proceso. La aguja doble, embebida en la vacuna, se inserta en el pliegue alar. Aunque pueda parecer una operación cruenta, es absolutamente inocua y en cualquier caso, positiva, visto el número de pájaros que anualmente pueden salvarse de la terrible infección vírica.
De izquierda a derecha y de arriba a abajo, secuencia de la vacunación, en donde se puede apreciar con exactitud la zona anatómica y los movimientos que hay que efectuar durante el proceso. La aguja doble, embebida en la vacuna, se inserta en el pliegue alar. Aunque pueda parecer una operación cruenta, es absolutamente inocua y en cualquier caso, positiva, visto el número de pájaros que anualmente pueden salvarse de la terrible infección vírica. · Alcedo
De izquierda a derecha y de arriba a abajo, secuencia de la vacunación, en donde se puede apreciar con exactitud la zona anatómica y los movimientos que hay que efectuar durante el proceso. La aguja doble, embebida en la vacuna, se inserta en el pliegue alar. Aunque pueda parecer una operación cruenta, es absolutamente inocua y en cualquier caso, positiva, visto el número de pájaros que anualmente pueden salvarse de la terrible infección vírica.
De izquierda a derecha y de arriba a abajo, secuencia de la vacunación, en donde se puede apreciar con exactitud la zona anatómica y los movimientos que hay que efectuar durante el proceso. La aguja doble, embebida en la vacuna, se inserta en el pliegue alar. Aunque pueda parecer una operación cruenta, es absolutamente inocua y en cualquier caso, positiva, visto el número de pájaros que anualmente pueden salvarse de la terrible infección vírica. · Alcedo
De izquierda a derecha y de arriba a abajo, secuencia de la vacunación, en donde se puede apreciar con exactitud la zona anatómica y los movimientos que hay que efectuar durante el proceso. La aguja doble, embebida en la vacuna, se inserta en el pliegue alar. Aunque pueda parecer una operación cruenta, es absolutamente inocua y en cualquier caso, positiva, visto el número de pájaros que anualmente pueden salvarse de la terrible infección vírica.
De izquierda a derecha y de arriba a abajo, secuencia de la vacunación, en donde se puede apreciar con exactitud la zona anatómica y los movimientos que hay que efectuar durante el proceso. La aguja doble, embebida en la vacuna, se inserta en el pliegue alar. Aunque pueda parecer una operación cruenta, es absolutamente inocua y en cualquier caso, positiva, visto el número de pájaros que anualmente pueden salvarse de la terrible infección vírica. · Alcedo
Publicado en Ornitología Práctica, número 68, páginas 63–67.
Por Gianni Casseta Fotos: Alcedo

Edición impresa

Ornitología Práctica nº 68 en papel

Llévate el número completo, con todas sus fotografías y láminas, por 7,00 €.

Ver ficha