Cada año, los coloristas que practicamos la hibridación, es como si jugáramos a un juego de azar, pues no hay nada que nos garantice el acierto en el intento. Como en cualquier juego, es lógico que si contamos con más parejas reproductoras, tendremos más posibilidades de lograr nuestro objetivo. Pero ni las muchas parejas ni la experiencia de años anteriores son garantía suficiente de conseguir sacar muchos híbridos y menos aún de que tengan las cualidades con las que habíamos soñado al emparejar los reproductores. Este año pasado no fue un buen año en mi criadero, pues los machos silvestres de fauna europea y exóticos empleados para la hibridación con más de veinte hembras de canario, no dieron el resultado esperado. Quizás por la vejez de los machos y hembras, ya utilizadas en años anteriores o, más probablemente, por un defecto de manejo, pues los machos silvestres, con sus respectivas hembras, necesitan un protocolo específico de preparación para la cría, que por falta de tiempo no se aplicó adecuadamente.
Lo que si es evidente es que por diversas circunstancias adversas, las parejas empleadas para sacar híbridos en jaulas independientes, no fecundaron, y apenas tuve ejemplares F-1 para participar en los concursos de belleza nacionales y monográficos. Como en cualquier juego, una carta de menor importancia, o en esta materia, una pareja acoplada al azar en una voladera, me dio una gran satisfacción, al conseguir sacar un híbrido raro y bonito, que resaltaba ya desde el momento que, emplumado, saltó del nido. Sucedió que en una gran voladera de 2 x 2 metros, en donde voy dejando pájaros de reserva para hibridaciones o para utilizar de nodrizas. Una hembra de verderón de China cabeza negra (Carduelis ambigua) hizo una postura, y aunque sólo sobrevivió un hijo, resultó ser un F-1 mutado. Al llamarme la atención desde joven, lo capturé para hacerle unas fotos, que posteriormente mandé a algunos amigos especialistas en fauna e híbridos, pensando que quizás podrían decirme quien podría ser el padre, ya que en la voladera había varios silvestres y exóticos dispuestos a ser candidatos paternos, pero ningún verderón de la misma especie que la madre.
Una vez realizadas varias fotos al joven híbrido en la jaula fotográfica, la posición adoptada al pararse en el palo, junto con la forma general y el color verde diluido, ya nos daba pistas de su posible progenitor, y al acabar la muda, se confirmaron las sospechas, pues se convirtió en un bello F-1, claramente descendiente de un Cabecita negra diluido por hembra de verderón de China cabeza negra. La época de muda y los primeros meses de invierno los pasó en una gran voladera junto con muchos canarios sin factor, en donde conservó un plumaje perfecto. Conociendo por propia experiencia lo ariscos que son los verderones de China para la preparación a los concursos, opté por no ponerlo en una jaula de concurso hasta 20 días antes del viaje al mundial de Italia, en donde lo había inscrito. Tiempo suficiente, pensé, para la adaptación a la jaula de concurso y que facilitaría que no se desgastara el plumaje por el roce con la parrilla y el frente metálico.
Este año sólo inscribí en el mundial a 4 híbridos, todos con posibilidades de premio, pero como digo, en todas las facetas de la hibridación interviene mucho el azar, y quiso la suerte que quizás el menos preparado para la competición fuera el que consiguiera el primer premio, otorgado por el prestigioso juez italiano Renzo Esuperanzi y avalado por su compañero francés Jacques Faivre, con la supervisión de otro gran juez especialista en fauna europea e híbridos, como es Gino Cortese. Esto sucedió a final de enero, en el 62 Campeonato Mundial de Ornitología celebrado en la ciudad italiana de Bari, en el recinto Fiera de Levante, un nuevo recinto ferial construido en la parte antigua del puerto de Bari. Turístico y bonito lugar, pero mal comunicado con el resto de Europa. La sección en la que se tuvo que inscribir es la H-34, y corresponde a los híbridos mutados de exóticos por exóticos, ya que al ser los dos progenitores de continentes no europeos, América del sur y Asia, son considerados pájaros exóticos por los jueces O.M.J.
Descripción del híbrido
Basándonos en los diferentes apartados de la planilla de enjuiciamiento de híbridos aprobada por los jueces internacionales, tenemos este orden de apartados puntuables: diseño, color, forma y tamaño, plumaje, posición e impresión. Para el diseño influye la mayor o menor melanización clásica heredada de los progenitores, que en este caso es muy importante al coincidir los dos padres en una especie dimórfica, ya que ambos presentan un evidente dimorfismo sexual entre el macho y la hembra, debido sobre todo a la capucha negra innata en los machos, tanto del Carduelis magellanica como del Carduelis ambigua. Esta particularidad se hereda en los híbridos de sexo macho y se acentúa por la suma de este carácter secundario influenciado por el sexo presente en los dos progenitores, dando como resultado una extensa capucha negra, que incluso le hace algo de corbata recortada en el babero. En el resto del cuerpo, se debe observar con claridad la mezcla de las dos especies en las zonas melánicas, visible sobre todo en los codos y remeras, algo en la espalda, pecho y en las plumas timoneras.
En el apartado de la planilla para puntuar el color, se tendrá en cuenta la combinación generada por los lipocromos en la hibridación, lo más cercana posible al 50 % entre las dos especies, que en este caso se ve alterada por la influencia del factor diluido, heredado de manera semidominante en el F-1 macho. El resultado obtenido en el fenotipo, es un ejemplar con un tono verde luminoso, en donde la melanina negra de fondo se diluye algo con respecto a la oxidación ancestral, y el lipocromo amarillo, innato en ambas especies, nos enseña un manto con poca feomelanina en la espalda, sin escarchaduras de nevado, brillando en los extremos de las plumas. El patrón de vuelo, presente en las dos especies de Carduelis, es heredado, con más influencia del Cabecita negra, pues el lipocromo queda concentrado sólo en las rémiges primarias y en el inicio de las timoneras o cola.
La talla y forma, aunque menos valorada en la planilla de enjuiciamiento que el diseño y color, también es importante y nos da pistas de como son de grandes alguno de los padres, al salir generalmente el hijo híbrido de un tamaño intermedio y con alguna característica o rasgo físico específico de una de las dos especies empleadas. En este caso, vemos que tiene un tamaño ligeramente superior al Cabecita negra y que, sin embargo, el pico y la cabeza se parecen más a los del verderón de China, aunque la apariencia general lo relaciona -principalmente por la dilución melánica- con el Carduelis magellanica diluido. El plumaje está poco valorado y, sin embargo, es un apartado difícil y decisorio para un híbrido, ya que el cruce de sangres en donde interviene algún ejemplar silvestre, aporta algunos caracteres nerviosos de uno o de los dos progenitores, y esta inadaptación a espacio reducido y stress propicia un mayor desorden y desgaste del plumaje, debido al manejo necesario antes y durante el concurso.
Finalmente la postura sobre el palo y la impresión general son los últimos apartados de la puntuación en la planilla, donde se agrupan varios elementos a tener en cuenta para un híbrido campeón. La postura al posarse sobre el palo es determinante para poder observar bien las virtudes o defectos durante el enjuiciamiento, siendo el resto de apartados elementos relacionados con la limpieza del plumaje y partes córneas, que influyen en la impresión de belleza final. Detalles importantes que suman o restan un punto del total, en un posible desempate para la obtención de un premio de los tres otorgados por gama.
Conclusión
La herencia de la capucha negra o píleo, innata de los Carduelis machos empleados para esta hibridación, un Carduelis magellanica y un Carduelis ambigua, me ha generado dudas sobre donde encasillarla dentro de las transmisiones genéticas habituales y conocidas en la canaricultura. Y la verdad es que no se ajustaba a ninguna en particular, pues aunque se tiene claro que es un gen influenciado por el sexo, no es ligado al sexo, ya que se daría en hijos de sexo contrario, y por tanto los machos transmitirían esa característica fenotípica a hijas, y no directamente a los hijos machos, como ocurre con la capucha negra. Las consultas hechas a compañeros de afición especialistas en genética, me han aclarado las dudas, al coincidir en que es un carácter sexual secundario y poligénico, no una herencia genética que se atenga a las leyes tradicionales. Precisamente son las hembras de estas especies las responsables de mejorar la delimitación y brillo de la capucha, al elegir para la descendencia a los machos más llamativos y aptos. Agradezco su colaboración a mi consulta a Mariano Guerrero, Rafael Cuevas, Herminio Conca, Alberto Regino y Miguel Ángel Jiménez.


Texto, fotos y aviario: José Antonio Abellán Baños




