El Periquito ondulado, por la multiplicidad de sus colores y por su vivacidad, es sin duda uno de los más bellos y simpáticos animales de compañía y de los más difundidos. Es conocido en el Reino Unido como Budgerigar, nombre derivado de la palabra “budgery”, utilizada por los indígenas australianos, que quiere decir “buena comida”. El periquito, en la versión ancestral, es de color verde claro y de pequeñas dimensiones. Desde su primera aparición en Europa hasta hoy se han fijado muchísimas mutaciones del mismo y coloraciones diversas, que han apasionado a innumerables criadores de todo el mundo. En Inglaterra, donde hay una verdadera predisposición hacia la cría de canarios de postura, nació el actual Periquito ondulado de tipo inglés, que se diferencia del ancestral por su forma de zanahoria, su gran cabeza y por su talla, que hoy en día supera ampliamente los 22 cm. Crío Periquitos de tipo inglés desde hace más de veinte años, con grandes satisfacciones, tanto a nivel personal como deportivo, sobre todo por su actitud hacia los cuidados parentales, como también por su rusticidad.
Como la mayor parte de aficionados, empecé con los pequeños para ir sustituyéndolos poco a poco, hasta llegar a las 25 parejas de ingleses, con una producción media de 80 ejemplares al año. Para su cría dispongo de un local de 5 x 5 m, con una ventana por la que, sin embargo, no entra bastante luz, por lo que me veo obligado a usar un programador y luz artificial. Dispongo de una voladera tan alta como el local, de 2,5 m de larga y 1,20 m de ancha, donde alojo a los noveles. Para los adultos, prefiero pequeñas voladeras de 1,20 m, donde puedo observarlos y manipularlos mejor, con menos estrés durante la época reproductiva. En estas voladeras, los machos y las hembras están siempre separados, lo que me permite una buena elección en el momento de la reproducción, evitándome la formación de parejas indeseadas. Considero que el mejor periodo para la reproducción es de octubre a mayo. A mediados de septiembre inicio la preparación y, a mediados de octubre, me dedico a la formación de las parejas. Si demuestran mutua confianza, les pongo caseta nido, mientras que con las más reticentes, cambio alguno de los componentes.
Normalmente tengo al menos otros 20 ejemplares que utilizo para estos cambios “sobre la marcha”.
Durante la fase de reposo, que va de mayo a septiembre, pongo a disposición de los adultos un mixto compuesto por 40% mijo blanco, 20% mijo amarillo, 20% mijo japonés y 20% alpiste, integrando con fruta, verdura, grit y terroncillos de sales iodadas. Una vez a la semana suministro semillas germinadas y un poco de pasta seca (para grandes papagayos), añadiéndole levadura de cerveza. En este periodo presto mucha atención al agua tanto porque el calor estival produce su rápido deterioro como porque el número relativamente elevado de ejemplares determina su más frecuente contaminación. Dos veces a la semana, y como prevención frente a problemas entéricos, añado 15 cc de vinagre de manzana por litro de agua. Además, para evitar infecciones cruzadas, numero los bebederos y los restituyo a su sitio. Dos veces al año, antes, después de la incubación, y para evitar las verminosis, suministro ajo en el agua (5 dientes machacados por litro de gua) durante siete días. Y para acabar, durante todo el año, para potenciar el sistema inmunitario y prevenir los problemas gastro intestinales, suministro durante siete días al año un producto del comercio a base de hierbas oficinales.
Durante veintiún días al principo del periodo de reposo, suministro a los adultos, que se reponen de las fatigas del proceso reproductivo, un depurativo (que puede ser un complejo de vitaminas de grupo B o bien un producto del comercio a base de hierbas oficinales depurativas para el hígado), a lo que sigue un polivitamínico y, en cuanto observo que se han recuperado físicamente, les suministro un producto preventivo de la tricomoniasis. En este periodo del año, como consecuencia del estrés derivado del periodo de cría y por la muda, los periquitos son más sensibles a las enfermedades. La tricomoniais es una enfermedad engañosa, que a menudo escapa a la observación del criador, porque normalmente no determina muchas bajas en el mismo momento, pero que es capaz de aniquilar a varios ejemplares en el curso de unos meses, con muertes tan imprevistas que no da tiempo a verificar su causa. En cualquier caso, los síntomas característicos de la tricomoniasis son los siguientes: el ejemplar afectado está siempre con la cabeza en el comedero o por tierra, con el pico siempre en movimiento, como si estuviese descascarillando semillas, que en verdad no está comiendo.
Adelgaza rápidamente y muere. A los primeros síntomas, suministraremos un fármaco a base de nitroimidazol, durante siete días. Otra forma bastante típica y reconocible se caracteriza por el vómito, que ensucia la frente del ejemplar y las paredes de la jaula, y por la cloaca manchada de verde. Tras el tratamiento curativo o preventivo, suministraremos de nuevo un depurativo y vitaminas. Por lo que se refiere a los jóvenes, el periodo de reposo representa el momento de fortalecerse, por lo que al mixto ya mencionado añado avena y aumento el porcentaje de alpiste al 80%, disminuyendo en consecuencia el de las otras semillas. Aparte, pongo a disposición semillas del tipo de las semillas para canario. Al contrario que a los adultos, a los jóvenes les suministro una pasta blanda a la miel, a la que añado levadura de cerveza, panochas de maíz, girasol fresco, hojas de diente de león y otras hierbas de las que en verano podemos encontrar fácilmente.
Como he dicho, tengo a mis ejemplares separados por sexos en voladeras más pequeñas. A mediados de septiembre, prolongo la jornada y llevo el ocaso a las 21 h, con lo que inicio el periodo de cría. El ambiente es ya más fresco y empiezo a suministrar con las semillas aceite de hígado de merluza: una cucharada sopera por kilo de semillas. Este método, que he adoptado de los criadores ingleses, es muy tútil para suministrar medicinas y vitaminas en polvo a los periquitos, que tienen la costumbre de beber muy poco antes del nacimiento de los pollos. La mezcla que uso desde hace años es la siguiente: 60% alpiste, 20% mijo blanco, 10% mijo japonés, 7% avena y 3% níger. Recientemente, y por razones de tiempo, he optado por una mezcla del comercio en la que he encontrado una mezcla más completa de variedades de mijo: blanco, amarillo y japonés. A esta mezcla del comercio añado avena, níger, cáñamo y una dosis de alpiste, hasta conseguir que el porcentaje de esta semilla alcance el 70% (originalmente la mezcla contiene sólo el 50%). A la pasta añado una parte de alimento para insectívoros, que contiene larvas de insectos.
Suministro semillas germinadas 2 o 3 veces a la semana, hasta el momento del nacimiento de los pequeños, en que el suministro es diario. Utilizo también huevo duro, mezclado con pasta seca: un huevo por 100 g de pasta.
Formación de las parejas A mediados de octubre empiezo a formar las parejas, según el criterio de la compensación y también por parentesco, ayudándome de un programa para ordenador. Elijo primero las hembras que pienso acoplar, que meto en jaulas de cría de 65 x 30 x 37 cm. Después elijo los machos, formando grupos de dos o tres ejemplares cada vez y comparándolos con las hembras ya seleccionadas, para establecer los acoplamientos más adecuados. Otra buena norma, cuando sea posible, es acoplar ejemplares de diferente color y tipo. Por ejemplo: un azul con un verde claro, un gris con un verde o con un gris verde, etc. Por lo que se refiere a los tipos, es necesario tratar de insertar en la pareja aquellos que la mejoren. Por ejemplo: si debiese faltar la característica de la altura de la cabeza, insertaría el Opalino que, como tipo, tiende a mejorar este requisito, teniendo siempre presente que el ejemplar que utilicemos o que queramos mejorar tenga buenas características. Para mejorar el plumaje sugiero el Canela; Gris verde o Spangle para la estructura y la talla.
A menudo vuelvo a utilizar parejas que ya han dado descendencia de calidad, con el fin de aumentar el abanico de ejemplares válidos y, al mismo tiempo, tener la posibilidad de preparar parejas consanguíneas. Normalmente suelo acoplar abuelo/nieto, primo/prima, tío/sobrino, sin llegar a consanguinidades muy estrechas por temor a que aparezcan taras ocultas indeseadas. El plumaje es un requisito fundamental al que hay que dar mucha importancia en el momento de la formación de las parejas. De hecho, un plumaje de buena longitud y anchura ayuda a la obtención de ejemplares con frentes altas y de mayor robustez, mejorando así los rasgos relativos a cabeza y talla. El acoplamiento ideal es nevado x intenso, pero es muy difícil encontrar un nevado en el mercado bien porque el criador es reacio a vender sus nevados o bien porque el coste es prohibitivo. Un método para obtener nevados o al menos ejemplares que presenten un plumaje más abundante es observar las plumas de los ejemplares que tenemos preparados para acoplar, en especial las del pecho y las de las perlas (lunares o spots).
Suelo extraer algunas muestras, pegarlas sobre una cartulina de fondo negro y compararlas con las de los ejemplares que quiero acoplar. Así puedo escoger con más seguridad un determinado ejemplar, lógicamente si las demás características que hay que considerar en un acoplamiento, se cumplen. Conservo con mucho cuidado estas hojas con plumas para observar si en los años sucesivos las descendencia ha dado los resultados esperados. Después de haber formado las parejas y sólo después de haber comprobado la recíproca confianza entre sus componentes, espero aún una decena de días hasta poner a su disposición las cajas nido, de 20 x 15 x 16 cm. Algunas parejas pueden dar huevos claros, lo que ocurrirá si uno de los dos miembros de la pareja no acepta al otro o no está en celo. En estos casos, hay que hay que cambiar la pareja. El problema podría deberse también a una alimentación demasiado pobre en vitaminas E o carente de proteínas, o, por el contrario, con exceso de las mismas. Pero la mayor parte de las veces se trata de un problema mecánico, causado por una jaula pequeños o un posadero inadecuado.
Yo utilizo posaderos de madera, de forma redonda o rectangular de 1,2 o 1,5 mm de diámetro. Estos accesorios deben estar muy bien fijados para evitar movimientos indeseados, que podrían repercutir en el buen resultado de la cópula. Tras la puesta suelo marcar los huevos con rotuladores de tinta indeleble de colores, para distinguirlos en caso de tener que cambiarlos de un nido a otro. Dejo como máximo tres o cuatro pollos por pareja para que los alimenten y no permito que haya más de tres puestas al año para evitar un estrés excesivo en los progenitores Al nacimiento de los pequeños, según el número de los mismos, pongo aquellos de más al cuidado de otras parejas, prestando atención a que cada nido contenga pollos de edades similares, realizando normalmente esta operación después de haber anillado, por motivos obvios de clasificación. Si fuese necesario hacerlo antes, marco a los pequeños con un rotulador indeleble y no tóxico. Lo ideal es elegir pollos provenientes de parejas de diferente mutación con el fin de que haya una diferenciación fenotípica.
Con estas precauciones y con la alimentación anteriormente descrita nunca he tenido en mi criadero la famosa “muda francesa”, por lo que cada vez estoy más convencido de que tal anomalía de las plumas viene causada por una dieta equivocada o con carencias o una excesiva explotación de las parejas. La salida del nido de los pequeños es un momento realmente delicado, ya que pueden producirse ataques por parte de alguno de los progenitores, a veces tan violentos, que pueden llevar a la muerte. Aconsejo colocar en el suelo de la jaula una pequeña caseta de 15 x 10 x 10 cm en la que se puedan refugiar los pequeños. Si los ataque se limitan al picaje y arranque de algunas plumas de la cabeza no hay que preocuparse demasiado; si provocan heridas, hay que localizar al culpable y dejar que sea el otro progenitor el que se cuide de los pequeños. En esta fase es muy importante poner a disposición de los pequeños, en el fondo de la jaula, recipientes con semillas de panizo y mijo japonés y pasta con huevo, alimentos blandos y más fáciles de comer. Tan pronto se desteten los pequeños, se separarán de los progenitores y se colocarán en pequeñas voladeras, de las que pasarán después a las grandes.
Terminada la temporada de cría, empieza la observación de los pequeños para elegir los que participarán en los concursos y los que se utilizarán en la siguiente temporada reproductiva. El ejemplar de concurso se elige en base al estándar y debe responder a todas las características exigidas como el tamaño y forma de la cabeza (su altura, anchura y redondez), la talla, etc. Por su parte, un ejemplar para la reproducción podría presentar una sola de estas características pero bien acentuada, con el fin de que un acoplamiento adecuado pueda dar buenos resultados.
La elección de los ejemplares de concursos empieza dos meses antes de los mismos ya que los jóvenes en voladera se pican continuamente, estropeándose rémiges y timoneras y para que éstas vuelvan a crecer se necesitan 40 o 50 días. Una vez elegidos los ejemplares, arranco las plumas estropeadas y meto dos jóvenes en una jaula de 55 cm. Dos veces a la semana los pongo por separado en una jaula de concurso, donde permanecen alrededor de medio día. Cuando están en la jaula de concurso, suelo bañarlos con una solución de agua y glicerina, para hacer que el plumaje sea más sedoso. Algunos días antes del concurso, les limpio la máscara y los baño con champú para bebés, escogiendo un día de sol. A menudo pueden torcerse o deshilacharse las colas y para remediarlo basta con pasarlas por agua caliente y enderezarlas y recomponerlas con la mano.
En el curso de los años he podido observar que hay hembras que dan siempre problemas en la cría, no ponen, son agresivas, no crían. Tratar, en lo posible de no poner a criar hembras que tengan características de macho, es decir hembras con cabezas y tallas muy grandes. A menudo estas hembras no incuban o no ponen o no llegan a entrar nunca en celo. Tratar de no introducir machos que fecunden uno o dos huevos ya genéticamente que transmiten estos genes. Por el mismo motivo, escoger siempre hembras que pongan más de cuatro huevos. Si durante la cría muriese la hembra con pequeños emplumados, el macho sabrá cuidarlos con esmero hasta su destete. De la misma forma, si muriese el macho, la hembra es capaz de llevar a la prole hasta su destete. Si uno de los dos progenitores fuese agresivo con la prole, más a menudo la hembra, no hay que preocuparse: alejaremos al progenitor agresivo, con la seguridad de que otro llevará a buen término el destete de la prole.






Por Domenico Maione Fotos: Alcedo




