Introducción
Este pequeño spinus goza de una gran vitalidad y popularidad en Europa no sólo por su contribución al logro de canarios con factor rojo, sino por su propia cría y selección en pureza. Cada año pueden llegar a nacer tantos cardenalitos en Europa como ejemplares silvestres hay en libertad, donde las cifras más optimistas hablan de unos 10.000 ejemplares. Esto supone una cifra considerable en términos de variabilidad y es por ello que podremos encontrarnos cardenalitos de una gran variedad de tamaños, formas, diseños y colores que aún siendo muy similares, a ojos entrenados pueden tornase muy diferentes. Es por ello, además de por otros motivos, que fue estandarizado y considerado como exótico doméstico a nivel OMJ-COM en mayo de 2014 (Paparella y Tarnus, 2015). La intención de este articulo es la de abordar de una manera constructiva la cuestión de la talla en dicho tarín, nombre atribuido por la onomatopeya de su canto. En el estándar OMJCOM se cita textualmente, y hasta en tres ocasiones, que la talla máxima no debe superar los 10 cm, tratándose, por tanto, de una limitación unilateral y muy concreta, cuando lo habitual es que se tenga cierta tolerancia, tanto por encima como por debajo de la talla “ideal o estandarizada”. Además, se tratará de exponer las distintas posiciones con respecto a la talla del cardenalito de Venezuela. Para ello, se desplegarán una serie de ideas que abordan cada una de las posturas al respecto.
La importancia de la talla. El cambio a Exótico doméstico
El interés por la temática tan específica de un solo aspecto que, a priori, no tiene gran relevancia, es precisamente por el reciente cambio del cardenalito de Venezuela a la sección F1 de exóticos domésticos. Este cambio supone en primer lugar un cambio en su valoración, debido a que la planilla de enjuiciamiento es diferente para los exóticos domésticos que para los exóticos considerados no domésticos. En el primer apartado de la planilla de los exóticos domésticos (tipo y estructura) es precisamente donde se valora el aspecto de la talla, con 30 puntos. Anteriormente, cuando el cardenalito era considerado exótico no doméstico, al apartado de la talla se le atribuía un valor de 10 puntos, siendo el quinto apartado de la planilla (talla y forma). Es por ello que con anterioridad se daba mayor importancia al diseño, color, plumaje o, incluso, a la posición y actitud, por encima de la talla y forma. En la actualidad, en caso de desempate, se prima en el aspecto del tipo y estructura por encima de cualquier otro a los que se atribuía anteriormente gran importancia, como son el diseño y el color. Este es uno de los motivos de que la talla tome protagonismo en los debates entre los aficionados al cardenalito. Sin embargo, debe señalarse que el apartado “tipo y estructura” abarca más aspectos que la propia talla, como son la proporción entre las partes del cuerpo o la línea de contorno que dibuja el cuerpo del cardenalito cuando adopta su posición.
¿Cómo medir la talla?
Es una pregunta que me planteé desde que era criador de canarios de Raza Española, en mis inicios como criador. ¿Cómo era posible lograr una medida más o menos precisa y objetiva de la talla de un pájaro? La respuesta me llegó por casualidad en uno de los libros que adquirí con la intención de conocer la variación entre subespecies. El libro, publicado por SEO/Birdlife, es conocido entre los anilladores profesionales de esta sociedad como una guía de anillamiento, con amplias y precisas descripciones que resultan de gran utilidad práctica. En el mismo, se describen varias formas de obtener medidas en un pájaro. Su autor, Lars Svensson, describe que probablemente la medida más importante de un ave sea la longitud del ala tomada desde el vértice alar hasta la punta de la primaria más larga, medida con el ala cerrada. De hecho, en la mayoría de las descripciones de este libro la talla no aparece ni señalada, puesto que es muy complicado tomar una medida suficientemente precisa como para poder estudiar las variaciones entre sujetos. Además, esta medida sólo puede tomarse en aves vivas o recién muertas y no en las colecciones de pieles que podemos encontrar en los museos. Aun así, en el libro se describe la mejor forma, en mi opinión, de obtener una medida objetiva de la talla. Para tomar la medida de la talla, Lars nos indica que debemos colocar al pájaro encima de una regla, con la cola sujeta por el dedo pulgar. Después, deberemos agarrar el pico del pájaro con la otra mano, logrando que el píleo apoye sobre la regla y el pico quede paralelo con ella. Y, posteriormente, posibilitaremos que el ejemplar pueda quedar de manera relajada sobre la regla para finalmente poder tomar la medida exacta (Svensson, 1996). En la imágenes adjuntas al texto podremos observar la técnica. A su misma vez, veremos la variación entre un macho adulto y una hembra adulta. En este caso, el macho debería ser penalizado en “tipo y estructura” por exceder los 10 cm, siguiendo el estándar OMJ-COM. Evidentemente, los jueces en el momento de valorar a esta especie no van a poder ir tomando medidas de cada uno de los sujetos tal y como se ha descrito. En cambio, deben confiar en su “buen ojo” a la hora de distinguir ejemplares que superan la talla estándar y penalizar a los sujetos que consideren que sobrepasan el límite de los 10 cm. Esto no es algo exclusivo del Cardenalito, ni tan siquiera de los exóticos, el mejor ejemplo aparece en los canarios de postura; canarios como el Raza Española, el Fife Fancy o el Gloster poseen su correspondiente penalización si sobrepasan la talla estándar. Para ello, los colegiados suelen tomar de referencia la distancia entre los posaderos para poder ajustar la medida. En definitiva, la talla es una medida que difícilmente podremos obtener de manera realmente objetiva y precisa durante el enjuiciamiento, si no que es un dato que pretende informar sobre el tamaño relativo de una especie. La mayor dificultad está en distinguir entre volumen y talla. En la mayoría de casos, un aumento de volumen corporal podría estar asociado a un aumento de talla corporal, pero esto no es así en todos los casos. También, debemos tener en cuenta que existe una cierta fluctuación entre sujetos y que dentro de esta variación debemos incluir el vector del género. Por lo general, las hembras suelen poseer una talla inferior a la de los machos.
La talla, el eterno debate
En el estándar OMJ-COM, se cita textualmente como una nota complementaria que “Los sujetos presentados a concurso no deben expresar secuelas de una hibridación demasiado reciente con otras especies afines. (talla, color, estructura, limpieza del diseño)” (Paparella, 2014). Por otro lado, en el trabajo de 1998 llamado “Interés de los carduelinos reproducidos en cautividad” y publicado por el responsable CRO-COM Maurice Pomarede, se argumenta que al reproducir especies en criadero, se producen irremediablemente varios fenómenos como el aumento de la talla, la aparición de fenotipos mutantes y el cambio en el comportamiento. Sin entrar en detalles, en este importante trabajo se cita lo siguiente: “la talla aumenta en la reproducción en cautividad. Es consecuencia de una alimentación abundante, de una menor actividad, y, sobre todo, de la selección”. Desde mi punto de vista, el que se haya puesto especial hincapié en el aspecto de la talla, por encima de cualquier otro, es porque se trata de un notable indicador de hibridación con otros spinus como el Cabecita negra. Este argumento choca frontalmente con el argumento que se desarrolló en el trabajo de Maurice Pomarede sobre el probable aumento de la talla, excepto por la salvedad de que la selección del hombre juega un papel importante en este fenómeno. Por otro lado, salvando la distancia genética entre fringílidos y estríldidos, si observamos a otros exóticos domésticos, como el diamante mandarín o el diamante de Gould, podremos encontrar un ejemplo claro de aumento de talla que ha sido considerada como algo realmente positivo. Aunque, desde mi punto de vista, la diferencia más significativa respecto del sujeto silvestre ha sido de volumen, llegándose a seleccionar ejemplares de proporciones muy redondeadas, con gran corpulencia, con una estructura muy diferente a la que encontraríamos en sujetos silvestres. Sin embargo, no podemos olvidar que ninguno de estos diamantes tiene otros homólogos con los que posea mucha afinidad, tanto genética como fenotípica.
Referencias sobre la talla
En diversas fuentes, ya sea dentro de nuestro ámbito deportivo como en el ámbito científico y ornitófilo, se pueden encontrar varias indicaciones sobre la talla de esta especie:

• En el libro “Finches & Sparrow”, se habla de que la talla es de 10 cm o 4 pulgadas.
• En 2004, Antonio Rivero Mendoza en su libro “El Cardenalito” cita que su talla es de 10 cm, aproximadamente.
• La lista roja de especies amenazadas (IUCN) le atribuye en su breve descripción una talla de 10 cm.
• El libro “Los Fringilidos” del italiano Renzo Esuperanzi, le asigna también 10 cm.
• En el libro “Jilguero y especies afines” de Rafael Cuevas y Enrique Gómez se cita que su talla es de 10 cm aproximadamente y, además, se puntualiza que “por selección y como es habitual en las especies reproducidas en criaderos, se están logrando ejemplares con un aumento de talla muy significativo”(Cuevas y Gómez, 2008).
• En la conocida enciclopedia “Handbook of the Birds of the World Alive”, se cita que la talla oscila entre 10 y 11 cm.
• En el libro de la alemana Angelika Lang, ahora traducido al idioma luso y llamado “Pássaros de A a Z”, se cita que su talla es de 10-11 cm.
• En el libro “El Cardenalito de Venezuela y sus mutaciones” de José Moreno y José Antonio Abellán, se va más allá de describir que la talla oscila entre los 10 y 11 cm, afirmando que antes de su desaparición, los ejemplares procedentes de los estados venezolanos de Guárico, Carabobo y el Distrito Federal eran los de mayor tamaño.
• En el libro “Birds of South America Passerines”, de 2009, se señala que su talla es de 11 cm (4 ¼”).
• En el libro “La enciclopedia de los pájaros domésticos”, se amplía el rango de fluctuación y se recalca que varía entre los 10 y 12 cm.
• En el libro holandés “Volièrevogels”, de 2010, se llega a señalar que la talla oscila entre los 11 y 12 cm. Esa misma talla es la que indica también para el Cabecita negra.
Como se puede observar en el listado anterior, no existe un consenso generalizado sobre la talla más habitual del Cardenalito de Venezuela. Es por ello que podemos encontrar referencias desde los 10 cm hasta los 12 cm. Cualquier aficionado que analice este dato en profundidad podrá concluir que limitar por encima de los 10 cm, en el estándar OMJ-COM, la talla del Cardenalito tiene, en realidad, la intencionalidad de evitar que sujetos de ascendencia híbrida logren obtener premio. Se busca premiar ejemplares que podríamos considerar muy similares a los silvestres, sin dejar margen al trabajo de selección de los criadores y aficionados a la especie.
Las producciones domésticas y el poder de la selección
En 1875, Charles Darwin, en su libro “La variación en los animales y las plantas domesticados”, decía lo siguiente: “Podemos admitir fácilmente que la comida rica y abundante proporcionada durante muchas generaciones podría dar una tendencia heredada a aumentar el tamaño corporal, y que, por su desuso, los miembros podrían hacerse más finos y más cortos”. Si bien como comentó el padre de la teoría de la evolución es inherente a las especies domésticas el aumento de tamaño, en contraposición se situaría el poder de la selección del ser humano. Sobre esto Darwin comentó lo siguiente: “Si los seres vivos no hubieran poseído una tendencia inherente a variar, el hombre no hubiera podido hacer nada. Él inintencionadamente expone sus animales y plantas a varias condiciones de vida y sobreviene una variabilidad que el hombre no puede ni siquiera prevenir o limitar […] La variación inicial sobre la que el hombre trabaja, y sin la cual nada puede hacer, es causada por ligeros cambios en las condiciones de vida, que muy a menudo deben haber ocurrido en la naturaleza [...] Aunque el hombre no causa la variabilidad y ni siquiera la puede impedir, puede seleccionar, conservar y acumular las variaciones que le han sido dadas por la mano de la naturaleza en casi cualquier modo que escoja; y así puede ciertamente producir un gran resultado” (Darwin, 1875). Además señaló lo siguiente al respecto de las razas domésticas: “Podemos entender mejor por qué las razas de animales domésticos y de plantas cultivadas a menudo exhiben un carácter anormal si se las compara con las especies naturales, ya que han sido modificadas a beneficio del hombre y no del suyo propio” (Darwin, 1875).
Conjuntamente, en dicha publicación de 1875, se aborda una idea muy interesante: “Correlación de crecimiento”. Con este término me refiero a que toda organización está tan conectada, que cuando una parte varía, otras partes varían; pero rara vez o nunca podemos distinguir cuál de entre dos variaciones correlacionadas deberíamos considerar como la causa y cuál como el efecto, o si ambas resultan de una causa común. El punto de interés para nosotros es que, cuando los aficionados, mediante la selección continua de variaciones ligeras, han modificado mucho una parte, a menudo han producido inintencionadamente otras modificaciones. Por ejemplo, la selección actúa fácilmente sobre el pico y, con su longitud aumentada o disminuida, la lengua aumenta o disminuye, aunque no en la proporción debida (Darwin, 1875). Esto podría llevarnos a pensar que si buscamos un aumento con respecto al volumen del Cardenalito es probable que con ello vaya asociado un aumento de la talla; aunque, tal y como señala Darwin, no en la proporción debida. Es por ello que desde mi punto de vista, se debería valorar de manera positiva una estructura voluminosa, con cabezas proporcionadas, sin olvidar que la cola debe presentarse corta en proporción y sin que por ello deban penalizarse estos primeros ejemplares por su supuesta talla excesiva.
“Burro grande, ande o no ande”
Una expresión que se utiliza entre los aficionados con la intención de dar preferencia al tamaño sobre otros aspectos como el color o el diseño. Al parecer, esta expresión empezó a utilizarse en la antigüedad, cuando los agricultores necesitaban burros para llevar la carga y presumían de tener el animal más grande, sin tener en cuenta que los burros pequeños eran mucho más ágiles… ¡hay que ver! Este dicho nos sirve para presentar la posición de muchos aficionados que consideran el tamaño como un indicador de vistosidad y vigorosidad de la especie frente a sujetos de menor tamaño. Esta consideración ha sido muy tenida en cuenta entre los criadores de estríldidos como el mandarín y de los aficionados a los canarios lipocromos. Si alzamos la vista y observamos fijamente otras especies de aves domésticas podremos comprender que realmente la tendencia natural de los criadores es la de seleccionar y valorar como positivo el aumento de talla. Ejemplos de ello son el Canario de color, el Verderón común, los Agapornis y otras muchas especies. Aunque no podemos obviar que la situación en estado silvestre del Cardenalito no es comparable a ninguna de las otras especies anteriores. Al tratarse de una especie CITES anexo I con el mayor grado de protección que este convenio otorga. Ésta realmente es una buena razón para procurar mantener invariable, al menos fenotípicamente, al Cardenalito de Venezuela.
“La pureza está en la mezcla”
Esta expresión de Martin Varsavsky, un empresario argentino y residente en España, es una gran introducción a otra postura que defienden también los aficionados. Esta posición se afana por lograr mantener la “pureza” en sus cepas, invariables, donde lo esencial es mantener la máxima similitud posible con los sujetos que se encuentran en estado silvestre. Bajo el lema de la pureza, muchos aficionados se postulan en la posición de ser poco tolerantes ante sujetos de mayor talla. Siguiendo el diccionario de la Real Academia de la lengua, puro es un adjetivo calificativo de algo libre y exento de toda mezcla de otra cosa. Basándonos en esta definición y basándonos en la teoría de la evolución, no podemos comprender cómo una especie puede concebirse, en algún momento, como “pura”. Tiene sentido, por tanto, que el cantante de Jarabe de Palo en su canción “En lo puro no hay futuro” cante lo siguiente: “En lo puro no hay futuro la pureza está en la mezcla, en la mezcla de lo puro que antes que puro fue mezcla.” También, es interesante mencionar que la pureza es un término muy relativo en las especies, no sólo en las especies orníticas sino en todas las especies de nuestro planeta. Tal y como sostiene Karin en sus estudios genéticos sobre los humanos europeos, “La pureza no existe en términos genéticos. Si estudias cómo Europa se conformado, jamás podrás utilizar esa palabra. No tiene nada que ver con la realidad o con la ciencia” (Bojs, 2007). Mantener invariable fenotípicamente a una especie, sin dar cabida a la selección de los criadores, podría considerarse un sinsentido en nuestro mundo. La capacidad de los aficionados para seleccionar a su antojo una especie ha demostrado ser asombrosa en casos como el canario, el periquito o el mandarín. Por ello, podría considerarse como un factor limitante el penalizar el aumento de talla, sobretodo en una especie ya considerada como doméstica. Principalmente si no se despliega la capacidad de discernir entre aumento de talla y aumento de volumen.

Conclusiones del autor
Una vez realizada la respectiva exposición de argumentos sobre la estructura del Cardenalito, se tratará de argumentar una serie de conclusiones a tener en cuenta, según la opinión del autor. En primer lugar, debemos depositar toda la confianza en los aficionados de esta especie para el logro de un buen número de ejemplares “estándar”, que posean una espléndida belleza natural, libres de hibridaciones con otros spinus, con tonos brillantes y uniformes, con diseños limpios y definidos, además de con cuerpos bien proporcionados y estructurados. Para poder reflexionar sobre una medida como es la longitud total de un ave debemos primero conocer la mejor y más adecuada técnica para obtener la talla de un pájaro. Una vez conocida, debemos tener en cuenta que tomar la medida durante el enjuiciamiento es imposible en términos prácticos y, por ello, debemos confiar en la impresión a simple vista del juez actuante. Sólo en casos muy puntuales, se gozará de la suficiente confianza como para penalizar por “talla excesiva” un Cardenalito. En definitiva, la talla es una medida que difícilmente podremos obtener de manera realmente objetiva y precisa durante el enjuiciamiento, y es un dato que pretende informar sobre el tamaño relativo de una especie. Por ello, a pesar de ser un buen indicador de ascendencia híbrida, no deja de ser un indicador más. Hacer hincapié en este indicador provocará que se convierta en un factor limitante para el buen desarrollo de la especie en domesticidad. Cuando hacemos referencia a la limitación en la talla debemos tener en cuenta que si buscamos un mayor volumen en los ejemplares, algo que parece ser lo más natural y habitual en todas las especies domésticas, será inevitable que estos ejemplares más corpulentos posean una talla que podría considerarse excesiva pero que probablemente no exceda los 11 cm. En realidad, se debería dar mayor relevancia a la proporción entre la cabeza y el cuerpo, tal y como señala el estándar OMJ-COM, evitando escoger cabezas pequeñas en proporción al resto del cuerpo.
La mayor dificultad está en distinguir entre volumen y talla. En la mayoría de casos, un aumento de volumen corporal podría estar asociado a un aumento de talla corporal, pero no de manera proporcionada, tal y como mencionó Darwin en su concepto de la correlación de crecimiento. El problema viene cuando nos encontramos con sujetos realmente bien seleccionados, con unas proporciones y estructura muy llamativas, que podrían ser penalizados por poseer una talla excesiva. Si bien, y como comentó el padre de la teoría de la evolución, es inherente a las especies domésticas el aumento de tamaño, en contraposición, se situaría el poder de la selección del ser humano y la capacidad innata de variación de las especies. Por otro lado, cabe señalar que existen más indicadores de hibridación con otros spinus, como el tamaño de la cola, el diseño del espejo alar, el tono lipocrómico o la extensión del lipocromo en las hembras. Que no sólo la talla es el único ni el mejor indicador de hibridación. En definitiva, considero que tal y como señalan los estatutos del colegio de jueces COE, todos los aficionados a este pequeño tarín debemos “Mantener y mejorar, sin intención lucrativa, la pureza y defensa de las razas de aves de compañía y fauna ornitológica nacional…” considerando la pureza como un término relativo y no absoluto. Debemos tener en cuenta que las especies fueron surgiendo por medio de la diversificación, de la especiación, gracias a la variabilidad innata que poseen. Aunque también debemos ser intolerantes frente a la hibridación de diferentes especies afines. Para ello, el mejor medio es el de la selección, dotando de identidad a cada especie y valorando positivamente las singularidades en el diseño, el color, la estructura o el plumaje, procurando evitar o dar demasiada importancia a la nimiedad de la talla.
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Texto: Roberto Jurado Medrán. Créditos fotográficos conservados en el artículo.





