Sin duda alguna, uno de los momentos más ansiados es la época de cría. El criador responsable ha preparado con sumo cuidado a sus ejemplares para la reproducción y espera con inusitada anticipación el comienzo de la puesta. Para que una puesta sea exitosa es fundamental que el canaricultor posea una serie de conocimientos básicos y los aplique sin temor, con la rigurosidad requerida.

Uso de huevos artificiales Es una práctica muy generalizada entre los criadores de canarios la sustitución de los huevos verdaderos por huevos falsos, un método muy conveniente, que ofrece diversas ventajas: • Garantizar que todos los pichones nacerán en el intervalo de tiempo más cercano posible, ofreciéndoles, por ende, igual oportunidad de supervivencia a todos los miembros de la nidada. Bajo condiciones normales, los pichones de una misma nidada nacerán en días alternos, otorgándoles una mayor probabilidad de supervivencia a aquellos que nacieron primero, ya que en estos primeros días, la tasa de crecimiento de los pequeños es muy alta y, por ende, se crean diferencias significativas entre pichones que nacen en días alternos. Es importante señalar que el comienzo de la incubación es variable, dependiendo de factores propios de cada hembra (incubación efectiva, caracterizada por temperatura superior al cero fisiológico, la temperatura por debajo de la cual el desarrollo embrionario cesa) y por lo tanto el uso de los huevos artificiales es la única garantía de sincronismo en los nacimientos.
• Evitar la rotura accidental de los huevos por parte de alguno de los miembros de la pareja. Hay algunos machos excesivamente encelados, que tratarán de copular con la hembra dentro del nido, poniendo con su impetuosidad en peligro la integridad de la nidada. Al reintegrar los huevos al nido, la hembra ya presentará la “fiebre de incubación” más elevada y el macho, si se decide dejarlo en la misma jaula de su pareja (acción que desaconsejo), estará más calmado. • Sincronizar la puesta de diferentes parejas, de forma que el criador disponga de alternativas para manipular los huevos o los pichones pertenecientes a diferentes nidadas. Particularmente útil para algunas ocasiones en las que se presentan inconvenientes en la puesta causados por la muerte o enfermedad de la hembra, abandono de nido por falta de cloquez o puesta muy escasa, de uno o dos huevos. • Servir de apoyo a los pichones, especialmente a los que pertenecen a nidadas numerosas. De esta manera se evita que alguno de los progenitores pise a algún polluelo o que éstos se vayan al fondo del nido, pereciendo posteriormente, al ser incapaces de incorporarse para solicitar alimento.
El número de huevos artificiales que deben dejarse en el nido con este fin está en función del número de miembros de la nidada, esto es, hasta 2 pichones necesitarán un huevo artificial, entre dos y cuatro necesitarán dos, cinco o más necesitarán tres. Es importante destacar que los huevos artificiales deben retirarse del nido a partir del cuarto o quinto día de nacidos los pichones, ya que cumplieron su misión y a partir de ahí se convierten en un estorbo, compitiendo por el espacio en el reducido recinto del nido. Una de las típicas inquietudes de los criadores noveles en relación al uso de los huevos artificiales es la identificación del momento ideal en que deben colocarse de nuevo los huevos originales en el nido, de forma que comience el proceso formal de incubación. La respuesta es variable y depende en muchas ocasiones de la conveniencia del canaricultor. Idealmente, no existe ningún problema en aguardar hasta la postura del último huevo (usualmente presenta una coloración más azulada), de forma que la totalidad de la nidada nace casi simultáneamente. Otros criadores reponen los huevos originales al producirse la puesta del tercer o cuarto huevo.
Es interesante señalar que por cada día que se almacenen los huevos, aumentará el tiempo de incubación en una hora. Esto implica que los primeros pichones en nacer serán los correspondientes a los últimos huevos de la puesta. El tiempo en que los huevos pueden ser conservados sin afectar su capacidad de eclosión (en este contexto se refiere a la probabilidad de nacimiento) es de siete u ocho días. Después de este periodo, las probabilidades de eclosión disminuyen de forma gradual y significativa. Un periodo largo de conservación incrementa la tasa de mortalidad embrionaria en el primer periodo de la incubación (día 1 al 4). Estadísticamente se estima una pérdida diaria de “eclosionabilidad” entre 0.5% y 1% a partir del cuarto día de almacenamiento. Esta pérdida es causada principalmente por un fenómeno de envejecimiento del huevo, caracterizado por modificaciones físicas en la textura de la clara, deshidratación, pérdida de volumen y un aumento de la superficie correspondiente a la cámara de aire.
Entre los accesorios fundamentales, que no deben faltar en un aviario, destacan el termómetro y el higrómetro, que deben estar ubicados en un lugar donde provean la información más exacta sobre las condiciones de temperatura y humedad presentes. Algunos criadores sólo retiran los huevos, sin sustituirlos por falsos. Esto puede funcionar en la mayor parte de las ocasiones, sin embargo, es necesario señalar que existen riesgos, ya que, aunque la canaria no reconoce los huevos falsos, la presión sobre la placa incubatriz garantiza la preservación del instinto de incubación mediante la secreción de prolactina. Una vez la hembra ha realizado la puesta, es conveniente aguardar unos minutos hasta que los poros se hayan cerrado, disminuyendo por ende el riesgo de contaminación. De igual manera, y para actuar con mayor seguridad, se podrá emplear una tenacilla atrapahuevos. Las condiciones de almacenamiento de los huevos son también un factor determinante en la práctica exitosa de este método.
En cuanto a la posición en que debe ser almacenado el huevo, y contrariamente a lo sugerido en numerosa literatura, se debe guardar con el polo fino hacia arriba, ya que la cámara de aire está ubicada en la parte más convexa (hacia abajo) y evitará que se adhiera la yema a las membranas de la cáscara, no siendo necesario darles la vuelta diariamente. Además, debe evitarse el contacto entre los huevos, a fin de eliminar riesgos de contaminación. En cuanto a los materiales para el almacenaje, existen numerosas alternativas y entre éstas destacan: semillas, materiales suaves o inclusive el mismo material del nido (sisal, yute, etc...). En el caso de utilizar semillas, es conveniente usar semillas de forma esférica como el mijo, la nabina o la colza, con la finalidad de evitar roturas o fisuras de la cáscara. Uno de los inconvenientes de usar semillas es el riesgo de que estén contaminadas y afecten a los huevos. Es aconsejable reemplazar por completo el material de almacenamiento cada vez que es usado, a fin de evitar contagios entre diferentes puestas.
Independientemente del tipo de almacenamiento que se utilice, éste debe garantizar la identificación inequívoca de la pareja que los originó, así como su correcta conservación. La temperatura de conservación de los huevos debe oscilar idealmente entre los 12°C y los 20°C, con una humedad entre 65% y 75%. En el caso de que ocurran cambios bruscos de temperatura, se puede producir la muerte del embrión. Si la temperatura ambiental es muy alta, es también posible usar un refrigerador, suministrando la humedad requerida colocándolos sobre un paño húmedo, en este último caso es conveniente además nivelar por unas horas la temperatura de los huevos con el medio ambiente antes de iniciar la incubación. En conclusión, el almacenamiento de los huevos es una práctica muy conveniente desde todo punto de vista, pero debe hacerse con sumo cuidado, en un ambiente adecuado, reduciendo al máximo los riesgos de contaminación y evitando los posibles accidentes en su manipulación.
Anomalías en la puesta El proceso de puesta en las aves y en concreto en los paseriformes no está exento de anomalías y dificultades ante las cuales el criador, en especial el novel, debe estar preparado para enfrentarlas con la finalidad no sólo de salvaguardar en la medida de lo posible la puesta sino, en muchos casos, la vida de sus ejemplares reproductores. Puestas asíncronas. Muchas hembras, y en particular las primerizas, pueden tener puestas fuera de sincronía, es decir, puestas en días no consecutivos, causando desconcierto en el criador y un posible desfase en los nacimientos de los polluelos. Una canaria normalmente hará una puesta de cinco huevos en los días: 1, 2, 3, 4 y 5. Sin embargo, puede haber casos en los que la canaria ponga en los días 1, 3, 4, 5 y 6 o, en algunos casos, 1,3, 5, 6 y 7. Puestas de número irregular. Son puestas caracterizadas por un número anómalo de huevos: por defecto (uno o dos) o por exceso (más de seis). Por lo general, el criador interesado en la producción interrumpe las puestas cortas y bien reparte los huevos entre otras nidadas o recurre a la incubación artificial, que hoy en día es económica y de fácil acceso para los aficionados.
En cuanto a las puestas largas, aunque existen excepciones, el común denominador es que sean fértiles los seis primeros huevos, siendo un factor importante si se retiró el macho a partir del tercer huevo. Huevos de tamaño, peso o forma irregular. En algunas ocasiones, se producen puestas en las cuales los huevos presentan variaciones importantes en tamaño o peso con respecto a los valores estándares. En relación al tamaño, los huevos pequeños están correlacionados con puestas precoces, mientras que los huevos de mayor volumen y por ende peso, se asocian a patologías o alteraciones del aparato genital femenino, generando una acumulación de yema o clara. En cuanto a las anomalías de forma, se observa, en ocasiones, la puesta de huevos con forma esférica o fusiforme, en lugar de ovoide, usualmente inviables. Abandono prematuro de puesta. Esta anomalía normalmente es producida por la falta de cloquez en la canaria, en cuyo caso se debe suministrar complejo vitamínico AD3E al ejemplar y comenzar el ciclo de puesta nuevamente.
Se da también el caso de abandono por enfermedad o por algún evento que incomode de manera sostenida (por ejemplo excesiva manipulación del criador) o traumática (p.e. fuegos artificiales, tormentas, etc..). Huevos de cáscara blanda. Como su nombre indica, son huevos desprovistos de cáscara y, por consiguiente, inviables. Su presencia indica deficiencias cálcicas en la hembra. Puede tratarse de un caso puntual o de un caso crónico. Se sugiere comenzar de nuevo la puesta, suministrando diariamente un concentrado de calcio disuelto en el agua y en la pasta de cría. Si se repite el evento, se debe descartar al ejemplar para la reproducción por el resto de la temporada de cría. Huevo atravesado o distocia. Es frecuente que ocurra en hembras primerizas, en ejemplares con deficiencias en la nutrición o en hembras que presentan el síndrome de la puesta crónica. El ejemplar muestra signos de abatimiento en la parrilla de la jaula, letargia, depresión y taquipnea entre otros.
En este caso, el criador tiene tres protocolos de acción posible: - Actuar con premura suministrando calor, lubricando la cloaca del ave mediante jalea obstétrica y administrando oxitocina y prostaglandina E2 en el esfínter uterovaginal. - Extracción manual del huevo, aspirar el contenido del huevo a través de cloaca o vía abdominal, romper y extraer la cáscara por la cloaca. - Remoción quirúrgica. De no atenderse adecuada y rápidamente esta condición, puede degenerar en el prolapso cloacal de la canaria.







Texto, gráficos y fotos: Ernesto Ramos Henningsen. Cajoneras: Javier Mas. Huevo de cáscara blanda: Roberto C. Fernández.




