(Onopordum illyricum)
El Onopardum es un género que comprende alrededor de 35 o 40 especies, perteneciente a la familia de las Compositae (Asteraceae). Este género es originario de Europa, sobre todo de las regiones mediterráneas, África septentrional, islas Canarias, Cáucaso y Asia central y sur-occidental. Se trata de especies que también han sido introducidas y se han aclimatado bien en las zonas templadas de América del Norte y Australia. En las zonas mediterráneas podemos encontrar cinco especies: Onopardum acanthium, Onopardum burridum, Onopardum tauricum, Onopardum illyricum y Onopardum argolicum. Entre éstas, las más difundidas son Onopardum acanthium (cardo borriquero, alcachofa borriquera, ansarina o toba) y Onpardum illyricum (cardo del demonio).
Etimología y usos
El primer término del binomio Onopardum deriva de los vocablos griego onos (burro, asno) y pordê (pecho, en referencia a los presuntos efectos carminativos de la planta sobre los asnos). El segundo término, illyricum, por su parte, se refiere al área geográfica donde esta planta es muy abundante. El Onopordum es tan poco conocido para uso humano, que se incluye raramente entre las plantas oficinales. En homeopatía es apreciada para trastornos cardiocirculatorios, mientras que en herboristería se le reconoce por sus propiedades hipotensivas, hemostáticas, aperitivas, estomacales, antiinflatorias y diuréticas. Puede utilizarse frente a enfermedades inflamatorias del estómago y del intestino, como la gastritis, la colitis y puede aportar alivio frente a algunos trastornos de los órganos del aparato urinario. Por otra parte, el jugo fresco de las hojas (rico en inulina) se consumía para problemas relacionados con el chancro, y se aplicaba para las enfermedades cutáneas de origen parasitario y también sobre úlceras. Su decocción se ha utilizado frente a enfermedades venéreas.
Esta planta es también comestible y sus capítulos hervidos se comen como la alcachofa, de la que tienen casi el sabor (sólo el receptáculo es utilizable porque las bracteas no son pulposas). La raíces tiernas son buenas dejándolas a remojo y después pasadas por mantequilla. Sus semillas, prensadas, dan un aceite que se utilizaba en alimentación y como combustible para lámparas. Raspando ligeramente los pelos de las hojas y con los penachos que rematan los frutos, se preparaban también telas sedosas. En Inglaterra, las fibras de la planta, desecadas, se utilizaban para rellenar cojines y colchones. Además, por las características muy decorativas tanto de las hojas como de sus inflorescencias, algunas variedades del género se cultivan como plantas ornamentales para jardines y parques.
Uso ornitológico
Allí donde crece el Cardo del demonio, en campos sin cultivar, y desde el mes de julio en adelante, es fácil ver a jilgueros y verderones alimentándose de los capítulos de esta planta, extrayendo sus nutritivas semillas. Se alimentan de ellas mientras están disponibles en las inflorescencias, es decir hasta finales de otoño y gran parte del periodo invernal. Las inflorescencias del Onopardo mayor atraen, además de a los pájaros, a muchas especies de insectos, entre éstos también a arañas, que construyen sus telarañas entre los tallos y los capítulos. Los jilgueros, y también muy probablemente los verderones, además de alimentarse de las semillas, consiguen encontrar sobre este cardo pequeños insectos, que integran su alimentación con un importante aporte de proteínas animales. He visto en alguna ocasión alimentarse a algún jilguero con los insectos capturados en las telarañas e incluso cómo alguno se llevaba los hilos de la propia telaraña. Posiblemente este material lo utilizaría después para la construcción del nido. Aunque en la cría en cautividad no es indispensable, cuando puedo, y ayudándome con un palito en forma de “Y”, recojo telarañas y se las suministro a mis jilgueros.
Las semillas del Onopardo mayor, como las semillas de todas las hierbas espontáneas, son un excelente alimento natural, muy apetecido por los pájaros. Por esa razón, utilicemos las diferentes hierbas espontáneas de las que se alimentan los pájaros en la naturaleza, como defensa natural. Muchas de ellas pueden utilizarse en sustitución de los fármacos de síntesis y para el mantenimiento de su estado de bienestar, permitiendo en muchos casos evitar terapias agresivas y sus correspondientes efectos colaterales.
Texto: Raffaele Esposito. Fotografías sin crédito impreso.






