
El Canario Negro puede considerarse el pariente más próximo al Canario silvestre, al menos desde el punto de vista fenotípico, estrechamente vinculado a las melaninas. En ambos podemos encontrar tanto eumelanina negra como feomelanina bruna y oxidación de pico y patas. Sin embargo, el canario doméstico tiene, por lo general, una talla más grande, una mayor oxidación de las melaninas y un diseño más evidente, largo, ancho y simétrico. Todo esto es fruto de la selección, que ha diversificado, en el tiempo, los rasgos originales, acentuando determinadas características del progenitor silvestre. Además, el Canario silvestre, al igual que todos los Fringílidos, es un nevado, mientras que en el Canario doméstico, aparte de la categoría nevado, han aparecido dos mutaciones del plumaje: intenso y mosaico. Por tanto, el Canario Negro puede considerarse el progenitor, el cabeza de serie, de todos los Canarios de color, tanto lipocrómicos como melánicos.
El conocimiento de los aspectos ligados al color que caracterizan su expresión fenotípica facilita el aprendizaje de todas las manifestaciones que de ella derivan y que resultan modificadas por efecto de la selección o/y de los genes mutados que intervienen en la variación de las primitivas condiciones de pigmentación de base. En esencia, un vez comprendido el Canario Negro, se hace más sencillo el estudio de las mutaciones del tipo que de aquel se derivan. Originariamente, este Canario era llamado “Negro-Bruno”, por cuanto sobre su librea se requería la máxima expresión tanto de la eumelanina negra como de la feomelanina. En los años 90 del siglo pasado, los criadores mostraron su preferencia por una manifestación de las melaninas diferente, seleccionando y exponiendo canarios sin feomelanina, lo que determinó que hubiese que cambiar el estándar. Por consiguiente, lo que se busca hoy día en un Canario Negro son la máxima oxidación de la eumelanina y la máxima reducción de la feomelanina. En los últimos años está tomando fuerza otra tendencia, que concierne a los así llamados Negros “monomelánicos”.
Se trata de ejemplares que muestran una interestría casi carente de pigmento eumelánico, al punto de que hace que emerja el lipocromo de fondo, que aparece muy terso y que en el caso de ejemplares apigmentados hará que el fondo sea de un gris muy claro, casi blanco. Sin embargo, esta selección, que para algunos se trataría de una mutación, además de inhibir la feomelanina, reduciría en gran medida la presencia de eumelanina en difusión. Estos canarios, aún teniendo una peculiar característica propia, que los hace bonitos desde el punto de vista cromático, no pueden ser considerados típicos, por los motivos que se verán en lo que se expone a continuación. Al evaluar la expresión de las melaninas de un Canario Negro es necesario contemplar más componentes, para lo cual seguramente nos resultará útil seguir la “técnica del paso a paso”, que consiste en seguir idealmente y paso a paso siempre un idéntico recorrido visual, que nos llevará a apreciar cada uno de los factores relativos a las melaninas. De esta forma, el proceso de formación de la puntuación de cada ejemplar enjuiciado, perteneciente a la misma categoría, se hace homogéneo.
Aquí voy a simular el enjuiciamiento, citando de vez en cuando los distintos pasos, siguiendo el orden mental, siempre el mismo, que aplico en la evaluación de cada canario Negro, y también de otros tipos. Empezaremos siempre por el extremo superior, que coincide con el pico, para terminar por el inferior, es decir las timoneras. 1. El pico y las patas Lo primero que observo, después de un examen global inicial, que me sirve para establecer el valor aproximado del Canario en su conjunto, es el pico, que debe ser oxidado, es decir negro. Se aprecia a menudo que la parte superior está más oxidada que la inferior, por lo que no podemos hablar de uniformidad. Inmediatamente después, efectúo una comparación entre el nivel de oxidación del pico y de las patas. También en este caso se registran a menudo divergencias. En el momento que observo las patas, controlo también que haya una o más uñas no pigmentadas, es decir blancas, porque esta peculiaridad comportaría el no enjuiciamiento del canario. 2. La cabeza Inmediatamente después será la cabeza la que evaluaremos.
La observación debe ser minuciosa porque no es suficiente con que haya estrías anchas y largas sobre toda la superficie de la cabeza. Es importante también que la interestría evidencie la presencia de eumelanina en difusión, que hace que el lipocromo de fondo sea oscuro o, en ausencia de lipocromo, se exprese con una tonalidad gris oscuro. Esto representa de hecho un índice de oxidación muy alto y, por consiguiente, un mayor valor del ejemplar. En condiciones de tipicidad, el diseño destaca menos porque hay un menor contraste entre la tonalidad del diseño y la del fondo. Esta situación puede llevar a engaño e inducirnos a preferir ejemplares con diseño evidente por efecto de una interestría poco oxidada, pero menos evidente porque no contrasta con la óptima oxidación del fondo. 3. Los bigotes A continuación nuestra atención debe centrarse en los bigotes. En este punto, además de considerar su expresión eumelánica, es necesario comprobar la simetría de su diseño entre las dos mejillas. 4.
La nuca Este es un punto muy crítico, en donde se produce a menudo la interrupción de las estrías, debido a una especie de rarefacción de las melaninas que van a entrar en contraste con las estrías del dorso, mucho más anchas y, por esa razón, mucho más evidentes. Además, a la altura de la nuca se da a menudo una acentuada presencia de nevaduras, defecto recurrente en los nevados y situación presente de modo natural en los mosaico, por lo que el ápice de las plumas pierde la interacción con el lipocromo de fondo, que está aquí ausente. Todo esto crea la situación crítica a la que nos referimos. 5. El dorso El dorso es quizá el aspecto que más impresiona, especialmente a los menos expertos. Estrías largas y anchas producen sin duda un bonito efecto, pero también aquí es necesario evaluar cuidadosamente cuanta melanina en difusión se presenta en la interestría. Sólo un color de fondo oscuro podrá mejorar la tipicidad del Negro que estemos observando. Existen, por otra parte, diversas tonalidades del negro de las estrías. Cuando éstas presentan reflejos negros como el azabache, estamos en el culmen de la excelencia.
Estrías de tonalidad apagada, poco brillante, no pueden considerarse de calidad. Atención, sin embargo, al uso de sustancias que favorezcan la brillantez del plumaje, fácilmente detectables cuando los reflejos de las estrías son visiblemente poco naturales. También aquí debe ser considerada la simetría del diseño que se manifiesta sobre el dorso. 6. Las barras Constituyen un aspecto del que muchos se desinteresan. Pero es necesaria una mirada a su expresión, al menos para confirmar la conveniente uniformidad del tono del diseño. 7. Los flancos En algunos casos, los flancos se olvidan o se desdeña su importancia. Hoy se ha llegado a seleccionar ejemplares con flancos cuyas estrías se unen en el centro del pecho, lo que es especialmente visible en la hembras. También para este factor hay que examinar la continuidad de las estrías y su simetría entre flanco derecho y flanco izquierdo. 8. Rémiges y timoneras El Negro es un canario que se inscribe en la línea de los oxidados y, por tanto, las rémiges y las timoneras deben tener rebordes muy limitados, que apenas dejen transparentar el lipocromo de fondo o el blanco.
A lo largo de los rebordes es posible que haya residuos de feomelanina, al menos en las plumas del primer año, en las que no se haya producido recambio por caída accidental o extracción forzada por parte del criador. Es importante comprobar la uniformidad de la tonalidad del negro de las estrías con la del negro de las marcaciones de rémiges y timoneras. En algunos casos, antes de proceder a la evaluación del diseño, será necesario conceder al Canario la posibilidad de “arreglarse” el plumaje. El traslado de la jaula desde el lugar en el que se halle expuesta hasta la mesa del juez podría inducir al pájaro a realizar movimientos particulares o a asumir posiciones poco naturales, fruto de la tensión muscular, que podría aparecer por estar poco habituado a la presencia del hombre o por la manipulación a la que se ve sometido durante la fase del enjuiciamiento. Por lo general, si un ejemplar tiene un plumaje idóneo, en breve podrá recomponer el diseño del dorso y de los flancos y mostrar sus cualidades fenotípicas.
En igualdad de condiciones, la presencia de feomelanina es mayor en los ejemplares de pluma más ancha, como los mosaico o los nevados, que en los de pluma estrecha, como los intensos. Pero esta consideración no siempre se cumple estrictamente por cuanto son posibles variaciones importantes fruto de la selección. Una vez finalizado el control de cada factor independiente, el Negro, para poder ser considerado óptimo en melaninas, deberá aparecer muy oscuro en su conjunto, con estrías y marcaciones de tonalidad negra brillante. Para completar este estudio sobre el Negro, centrando la atención sobre otros aspectos que lo caracterizan, la categoría más seleccionada es la mosaico en su variedad rojo. Es precisamente en los Negros rojo mosaico en los que es posible observar mejor los resultados de la intensidad del proceso selectivo ejercido sobre el nivel oxidativo de las melaninas, las cuales han alcanzado niveles impensables hace pocos años, porque el efecto “piel negra” había impuesto unos límites que se pensaba eran insuperables.
Para aquellos que no tengan conocimiento de este fenómeno digo que el mismo se manifiesta a través de una hiperproducción de eumelanina negra, que induce una intensa coloración negra de pico, patas y diseño, con fuerte reducción de la feomelanina. Esta expresión se acompaña siempre de un color de la epidermis muy oscuro, del que deriva el nombre de “piel negra”, y de fenómenos degenerativos como recambio continuo de las plumas, plumaje descompuesto y esterilidad. Un criador experimentado es capaz de reconocer los ejemplares afectados por este fenómeno ya desde su nacimiento, basándose en la coloración de la piel, que aparece muy negra. Los conocimientos actuales no permiten explicar los mecanismos genéticos que determinan esta extraña manifestación. Hoy en día, este límite parece haberse superado, aunque involuntariamente, gracias a la selección de genes diferentes, que permiten alcanzar niveles oxidativos semejantes a los de la “piel negra”, sin que ello comporte las indeseables consecuencias que anteriormente hemos comentado.
Existen cepas de Negros que dan vida a noveles que, a su nacimiento, presentan una modesta oxidación de la piel y de las partes córneas, que van oscureciéndose cada vez más con el crecimiento, hasta alcanzar una excelente calidad del negro de las melaninas y sin menoscabo de su salud. Hoy es difícil imaginar futuros incrementos en la oxidación de las melaninas, pero el tiempo ha demostrado que los límites que hace unos años parecían insuperables han sido ampliamente rebasados, por lo que prefiero no aventurar previsiones para el futuro. Los óptimos resultados alcanzados con el Negro rojo mosaico han sido trasladados a los Negros de factor blanco. Hoy, de hecho, es posible admirar ejemplares, muy oscuros, en los que las estrías son tan anchas, largas y simétricas, que reducen la extensión de la interestría dentro de márgenes apenas visibles, en donde el blanco de fondo está completamente saturado de eumelanina en difusión, originando casi una única tonalidad, que hace que la librea aparezca prácticamente toda negra en su parte superior.
Sólo el contraste del negro azabache, que destaca sobre el gris oscuro del color de fondo, hace que se pueda apreciar la dotación melánica de conjunto de los mejores ejemplares. En el factor amarillo, se va hacia una nítida mejoría, especialmente en los ejemplares mosaico que algunos criadores españoles están revalorizando de forma excelente, contribuyendo a la difusión de un Canario que hasta hace poco tiempo no encontraba el favor de los seleccionadores apasionados de la canaricultura de color.






Texto: Diego Crovace. Fotos: Javier Mas. Criadores según los pies originales.



