
Son muchas las aves que llaman nuestra atención por el espectacular colorido de su plumaje. Tal y como se ha descrito en infinidad de trabajos de divulgación y de investigación, este color es el resultado de dos factores diferentes, uno de tipo estructural y otro de tipo químico. El factor estructural hace referencia a fenómenos de difracción, refracción y reflexión de la luz entorno a la estructura de las plumas, mientras que el químico se debe a la presencia de pigmentos en las plumas como las melaninas (colores que van desde el negro hasta el marrón), los carotenoides (toda gama de colores entre el rojo intenso y el amarillo) u otros más singulares como la turacoverdina y otros derivados del compuesto uroporfirina (que proporcionan colores verdes y azules de gran brillo). Las melaninas, al igual que la turacoverdina, son compuestos que pueden ser sintetizados por los animales a partir de los nutrientes de la dieta a medida que sus estructuras (células de la piel, pluma, etc.) se desarrollan. Así por ejemplo, las melaninas se fabrican a partir de aminoácidos como la tirosina o la fenilalanina.
Otros compuestos, como los carotenoides, son principalmente obtenidos gracias a los alimentos ingeridos, si bien pueden ser después modificados por el animal que los ingiere durante los procesos de digestión y asimilación. En este trabajo, la atención se centra sobre los carotenoides y en este sentido, en primer lugar resulta interesante destacar que en la naturaleza hay una gran cantidad y variedad de alimentos ricos en carotenoides. A priori, cualquier alimento de color rojo-naranja-amarillo puede contener carotenoides. Sirvan de ejemplo las zanahorias y las naranjas (ricas en beta-caroteno), los tomates (ricos en luteína), semillas (según la especie pueden ser ricas en beta-caroteno, zeaxantina, etc.), algas rojas, etc. Los fringílidos que presentan colores rojizos tales como jilgueros, canarios de factor rojo, piquituertos, picogordos, pardillos, cardenales rojos, cardenalitos de Venezuela, pinzones comunes, camachuelos, etc., deben sus colores rojizos a la ingesta y posterior fijación en la pluma de pigmentos carotenoides tales como la astaxantina, cantaxantina, zeaxantina, luteína, beta-caroteno, etc.
Las principales fuentes de estos pigmentos, cuando los fringílidos se crían en libertan, son las semillas que encuentran en su hábitat. Otros pájaros, como los flamencos, encuentran su principal fuente de carotenoides en pequeños crustáceos y algas que viven en las salinas costeras y de interior, compartiendo hábitat con los flamencos. De hecho, el color rojizo que muestran estas salinas costeras, especialmente en verano, se debe al crecimiento masivo de microalgas y pequeños crustáceos que tienen la capacidad de fabricar y almacenar grandes concentraciones de carotenoides (Fotografía 1).
Las microalgas más abundantes en esos ecosistemas son las pertenecientes al género Dunaliella, mientras que los crustáceos predominantes son los del género Artemia (gamba de las salinas). Estos pequeños seres vivos son una excelente fuente de carotenoides y de nutrientes en general para aves como los flamencos (Phoenicopterus) o los corocoro rojos (ibis escarlata: Eudocimus ruber). Tanto Dunaliella como Artemia están adquiriendo una gran importancia en acuicultura, y más recientemente en silvestrismo de aves, como alimento y fuente de pigmentos. Por ello, y con el objetivo de ofrecer información detallada al respecto, a continuación se citan detalles de interés sobre la “gamba de las salinas” (Artemia) y las microalgas del género Dunaliella.
Artemia salina como fuente de carotenoides y nutrientes
Descripción general y hábitats en los que vive
Artemia salina (Leach, 1819) es una especie de crustáceo braquiópodo (coloquialmente se le denomina gamba de salinas) que pertenece al Reino: Animalia; Filo: Artropoda; Subfilo: Crustacea; Clase: Branchiopoda; Orden: Anostraca. Se le puede encontrar con cierta facilidad en ecosistemas con aguas salobres continentales distribuidos por todo el mundo, así como en sistemas salinos costeros tales como las marismas o las salinas de evaporación costeras, que sirven para la producción de sal destinada al consumo humano. Actualmente, se conoce un total de 11 especies de este género (Tabla 1). En el caso concreto de la especie Artemia salina, el adulto alcanza un centímetro y medio de largo en promedio, y su vida media es de un año. Este rápido desarrollo, y la habilidad de sus huevos para soportar largos períodos en condiciones desfavorables, la hacen un excelente modelo para investigaciones biológicas. Por las mismas razones, esta especie es ideal para cultivarla a gran escala y utilizarla después como alimento en acuicultura.
Tal y como se ha comentado anteriormente, ejemplares de estas especies son alimento natural para aves de ambientes acuáticos salobres. Más recientemente, y de forma totalmente empírica y espontánea, algunos aficionados a la ornitología deportiva han decidido utilizar este pequeño crustáceo como complemento nutricional de sus aves. A priori, se podría considerar que esta es una apuesta arriesgada puesto que no es el alimento natural de la mayor parte de aves que son objeto del silvestrismo. Sin embargo, resultados preliminares parecen indicar que los ejemplares de Artemia salina tal cual o bien piensos fabricados con harinas de este crustáceo son un buen alimento para fringílidos, por ejemplo, ya que contribuyen al enriquecimiento nutricional de la dieta y aportan pigmentos de interés para aumentar la intensidad de colores rojizos en el plumaje. Además, Artemia salina se puede criar con relativa facilidad en casa, por ello, a continuación se ofrecen detalles sobre su ciclo de vida, requerimientos para crecer y trucos para su cría en casa.
Especies del género Artemia
Artemia franciscana
Artemia gracilis
Artemia monica
Artemia parartemia
Artemia persimilis
Artemia pollicaris
Artemia salina
Artemia sinica
Artemia tibetiana
Artemia tunisiana
Artemia urmiana
Tabla 1: listado de especies aisladas y descritas del género Artemia.
Ciclo biológico
Este pequeño crustáceo se reproduce mediante huevos. Los huevos pueden permanecer metabólicamente inactivos durante largos períodos de tiempo (incluso hasta 10 años) en condiciones de total ausencia de agua y oxígeno, y a temperaturas por debajo del punto de congelación. Esta característica inusual es llamada criptobiosis o diapausa. En realidad, estos huevos se quedan en fase de “latencia” a la espera de que las condiciones de temperatura, agua y oxígeno sean las óptimas para que vuelvan a estar “activos”. Cuando esto ocurre, los huevos eclosionan dando lugar a unas larvas de pequeño tamaño. Las larvas se alimentan de fitoplancton, en especial algas de los géneros Chlamydomonas, Tetrahedron y Dunaliella (de la que se proporcionan detalles en el siguiente apartado). Cuando Artemia se cría en laboratorios y acuarios, se alimentan con harinas de pescado, maíz o soja.
Cría en cautividad para su posterior uso como alimento en acuariofilia o silvestrismo de aves Las propiedades nutricionales de este crustáceo, especialmente en sus primeros estadios del ciclo de vida, hacen que sea ideal para su uso en acuariofilia o silvestrismo de aves (por ejemplo en ornitología deportiva) ya sea como alimento vivo para alevines y peces pequeños o bien como harinas de complemento nutricional para peces y aves. De hecho, en este sentido, Artemia salina y Artemia franciscana se están usando ya desde hace mucho tiempo en acuicultura. Más recientemente, se está empezando a usar como alimento de aves (aunque algunas ya lo tienen como alimento natural). De entre las macromoléculas que abundan en este crustáceo, y como son de interés para enriquecer la dieta de aves y peces, cabe destacar las siguientes: - Alta concentración de lípidos y ácidos grasos insaturados. Destaca el ácido graso omega 3. - Alta concentración de proteínas perfectamente digeribles por peces y aves. - Dependiendo de la fase del ciclo de crecimiento, pueden ser ricos también en calcio, necesario para la formación de las estructuras óseas.
- Alta concentración de vitaminas y pigmentos carotenoideos, en particular, beta-caroteno. Este pigmento, además de proporcionar color, es un potente agente antioxidante e inmunomodulador, por lo que contribuye a la pigmentación y al buen estado de salud. Aunque la especie más conocida y descrita es Artemia salina, la más usada para acuicultura o acuariofília, es Artemia franciscana. En tiendas especializadas, se pueden adquirir huevos latentes, que una vez eclosionados, dan lugar a los adultos, o bien se pueden adquirir los adultos como alimento vivo. A continuación se indican algunas recomendaciones para la cría en casa de estos crustáceos, para su posterior uso como alimento: • Como recipiente se puede usar un recipiente de plástico transparente o bien de cristal. • Llenar el recipiente (1/3) con agua salada (una cucharadita por cada cuarto de litro de agua. Puede ser agua de la red). • Conectar una pequeña bomba de aire como las que se usan para los pequeños acuarios. • Añadir una cucharilla pequeña de huevos de Artemia. • Colocar el sistema (criadero) en un lugar de la casa tibio y no expuesto directamente a la luz solar.
Si todo va bien, los huevos debería eclosionar a las 12 horas aproximadamente. A partir de ese momento, se desarrollan hasta llegar a la fase adulta (unas 20 horas después de la eclosión el tamaño se duplica). Tras la eclosión de los huevos conviene vigilar la limpieza del recipiente ya que los restos de los huevos, ejemplares muertos etc. contribuyen a ensuciar el criadero. El tiempo total necesario para el crecimiento hasta la fase adulta depende de varios factores: estado de los huevos usados, temperatura del agua, concentración de sal. Ese tiempo puede oscilar entre una semana y hasta un mes. Lo ideal es que el agua esté entre 30-40 ºC y que la concentración de sal sea entorno al 25-35 % (p/v), es decir, alrededor de 25-35 gramos de sal marina (no yodada) por cada 100 ml de agua. Asimismo, conviene respetar los ciclos día/noche. Para que los ejemplares adultos puedan crecer sin problemas, es necesario alimentarlos, para ello basta con añadir al recipiente el “alimento” (extracto de levadura, suero, harina de trigo o soja, extracto de espirulina, o cáscara de huevo triturada).
La alimentación de los adultos es crítica ya que una adición excesiva de alimento va a provocar una pérdida de calidad de agua, máxime teniendo en cuenta que el agua está estancada en el recipiente. Esta pérdida de calidad del agua afecta negativamente el crecimiento de los adultos. Por ello, conviene establecer etapas de cambio de agua a lo largo del desarrollo de los adultos. • Para cosechar las artemias adultas basta con filtrar el agua del interior del criadero (se puede usar un filtro de cocina o un pañuelo). Como las artemias son atraídas por la luz, también se puede hacer uso de un foco de luz para hacer que se concentren en una zona concreta del recipiente y, una vez allí, se pueden “pescar” con ayuda de un colador que tenga un filtro de rejilla de tamaño de poro pequeño. • Conviene renovar con frecuencia el agua (sin perder las artemias). Para ello basta con sifonear el agua a través de una piedra de aire.
Dunaliella salina
Descripción general y hábitats en los que vive
Dunaliella salina es un tipo de microalga halófila (necesita sal para vivir), unicelular y con dos flagelos. Esta microalga se conoce por su gran capacidad de producción de glicerol y beta-caroteno. Este último es un pigmento muy apreciado no sólo por su potencial pigmentante sino también por su poder antioxidante. Por ello, dicha microalga se ha convertido en la principal fuente para la obtención de beta-caroteno, que después es utilizado en la formulación de productos de cosmética y alimentación. Esta microalga pertenece al Reino: Plantae; División: Chlorophyta; Clase: Chlorophyceae; Orden: Volvocales; Familia: Dunaliellaceae. (Fotografía 4)
Al igual que los ejemplares de Artemia, Dunaliella es responsable del color rojizo de las salinas, especialmente en verano (Fotografía 5). De hecho, cuanto mayor es la radiación solar que reciben, mayor es la concentración de pigmentos que producen, ya que los pigmentos carotenoides que fabrican actúan como protector solar para estas microalgas. Actualmente, esta microalga es la más usada para la producción a gran escala de beta-caroteno en EEUU, Latinoamérica, Australia y Europa. El género Dunaliella (Teodoresto, 1905) cuenta actualmente con un total de 29 especies diferentes descritas. La mayor parte de especies del género Dunaliella crecen bien en aguas marinas o salinas con una concentración del sal que llega a saturación (entorno al 31 %, es decir 31 gramos de sal por 100 ml de agua) y pHs neutros o ligeramente alcalinos. Aunque se adaptan bien a un amplio rango de temperaturas, crecen más rápidamente cuando las temperaturas oscilan entre 35-40 °C (de ahí que las salinas costeras y marismas presenten mayor intensidad de color rojizo en verano, momento en el que el crecimiento de esos microorganismos es mayor).
Cría en cautividad para su posterior uso como alimento en acuariofília o silvestrismo de aves Al igual que Artemia, las especies de Dunaliella se pueden cultivar para su posterior uso como alimento o como fuente de pigmentos. No obstante, la cría en criaderos caseros es más compleja que la descrita para Artemia. En general, los sistemas cerrados para la cría de esta microalga son caros y no dan buenos rendimientos si se les compara con su cría en ambientes abiertos como las balsas de precipitación de sal. La producción comercial a gran escala de Dunaliella salina tiene lugar sobre todo con gran éxito en Australia, aunque algunas empresas en España y Reino Unido están explotando su producción mediante el uso de fotobiorreactores tubulares. En Australia, por ejemplo, Dunaliella se produce mediante el uso de salinas costeras artificiales, que se alimentan con agua de mar. Esas balsas reciben aporte de nutrientes para que Dunaliella crezca en condiciones óptimas.
En función de los cambios climáticos que se suceden a lo largo del año, se programan las cosechas de las células para su posterior uso como alimento vivo en acuicultura o para su uso como materia prima en la extracción de pigmentos. Por ello, si bien la cría de Artemia en casa es relativamente sencillo, para el caso de Dunaliella es mejor adquirir en establecimientos especializados las células liofilizadas o sus extractos cuando se quiere enriquecer la dieta de aves con estos extractos celulares o sus pigmentos. Los extractos se pueden obtener a modo de harinas que, mezcladas con la pasta de cría, por ejemplo, suponen una excelente fuente de lípidos, proteínas y pigmentos.
Referencias
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Texto: Rosa María Martínez Espinosa, doctora en Biología y profesora titular de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Alicante. Fotografías 2, 3 y 4: la autora; las demás sin crédito impreso.



