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El Canario Blanco recesivo: ese gran desconocido

Juan Lozano Gea

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En estas páginas: Ejempalres del Equipo de Blancos recesivos, Oro en el Nacional FOCDE 2013.
En estas páginas: Ejempalres del Equipo de Blancos recesivos, Oro en el Nacional FOCDE 2013. · Javier Mas

Hace más de veinte años que crío esta gama de canarios ininterrumpidamente, por eso me atrevo en este momento a comentar ciertos aspectos que espero sean de utilidad para otros criadores. En primer lugar, considero el blanco recesivo un canario totalmente distinto a cualquier gama de color, a pesar de estar incluido en este grupo. Digo esto porque su organismo impide precisamente que cualquier sustancia pigmentante sea sintetizada y se deposite en su plumaje. Así pues, el fenotipo blanco que nos ofrece a la vista, se debe precisamente a la ausencia de color, con lo cual, como tantas otras veces en canaricultura, se produce una contradicción al incluir en el grupo de canarios de color, una gama cuya principal característica es, precisamente, la ausencia del mismo. Solamente en el canario blanco recesivo se da esta circunstancia, pues los blancos dominantes, sí sintetizan el pigmento lipocromo, depositándose aunque sea mínimamente en algunas zonas del plumaje.

Con lo dicho hasta ahora ¿podriamos considerar la inclusión de esta gama en el grupo de canarios de postura?. Hay algunos criadores que si estarían de acuerdo. A mi personalmente no me daría gran disgusto si así fuera, pero considerando los trastornos que ello conllevaría, mejor es dejarlo como está. No sería conveniente realizar un cambio de planilla para adaptarlo al nuevo grupo, cuando con la de color es más que suficiente para hacer un buen enjuiciamiento. Además, bastante tienen los jueces de postura con gamas como el moña alemana, el lizard y últimamente el arlequín portugués, canarios todos ellos con un ochenta o noventa por cien de características típicas de canarios de color, como para endosarles otra gama intermedia que pueda crearles más confusión. Es el blanco recesivo una de las gamas más difíciles de enjuiciar por no decir la que más. Hay que tener un sexto sentido para elegir a los mejores ejemplares, tanto en individual como en equipos, complicándose todavía más por la gran participación en los grandes campeonatos, siendo casi siempre la gama con mayor número de ejemplares.

La dificultad de enjuiciamiento viene dada porque en la parte superior de la planilla, salvo que el ejemplar esté poco limpio, no tiene características visibles donde poder restar puntuación. Así, de las tres primeras casillas, sólo será enjuiciable la correspondiente al “lipocromo”, pues la melanina no existe y la categoría no se aprecia como en todos los canarios de fondo blanco.

Últimamente, la tendencia en las fichas de enjuiciamiento, es suprimir las casillas de melanina y categoría, dejando solamente la casilla correspondiente al lipocromo. Tal cosa me parece correcta, pues ¿para qué queremos apartados donde no hay nada que enjuiciar? Pero dicho esto, lo que ya no me parece tan acertado es el desmesurado valor que se le da al concepto de lipocromo: nada menos que 55 puntos sobre 100, cuando los apartados de plumaje, talla forma y posición, sumados todos ellos alcanzan solo 40 puntos. No olvidemos que el lipocromo en el blanco recesivo ni siquiera existe, por lo tanto sólo se podrá puntuar un mayor o menor grado de limpieza del plumaje, y posiblemente también una mayor pureza de color y brillo de la pluma. Por tanto, la valoración de este apartado va a depender bastante de condiciones ambientales y de la higiene de los transportines de viaje y jaulas de exposición, por lo que los criadores de blanco recesivo, hemos de extremar las medidas de limpieza en época de concursos, no solamente en el propio criadero, también en los medios de transporte para el traslado.

Lo demás ya no está en nuestras manos, pues dependerá mucho de la duración del viaje y de las condiciones de locales y jaulas de concurso, y eso es cosa ya de las federaciones y comités de organización. Hasta ahora, hemos repasado con bastante profundidad el concepto del lipocromo en el canario blanco recesivo, ahora nos centraremos más en las casillas de la parte baja de la planilla, exceptuando la impresión general, y que, a mi entender, deberían tener un protagonismo mayor en la puntuación total de esta gama, pues ahí es donde realmente se aprecia la diferencia entre un ejemplar excepcional, uno bueno y otro vulgar. El plumaje es primordial en esta gama, pues es aquí donde normalmente se resta un mayor porcentaje de puntos, y por tanto también va a contribuir a marcar las diferencias entre los mejores y peores ejemplares. Pero ¿qué es un buen plumaje? La pregunta parece sencilla a primera vista, pero como en tantos otros conceptos, lo que para uno puede ser casi perfecto, para otro no lo es tanto.

Así, por norma general, un plumaje óptimo es aquel que queda adherido al cuerpo, “planchado”, sin el más mínimo atisbo de rizos ni de plumas sueltas, “faldones” que distorsionan la figura del pájaro. Dicho de esta forma tan simple pareciera que los ejemplares de pluma con categoría intenso serían los que mejor cumplirían con este apartado del estándar. Sin embargo, una pluma excesivamente corta, quita redondez y estiliza demasiado la silueta, dando la apariencia de un pájaro larguirucho y con poca forma. A este tipo de blanco yo los suelo llamar vulgarmente “lagartijos”. Todavía hay criadores que se preguntan cómo distinguir la categoría intenso y nevado del canario blanco recesivo. La teoría nos dice que la pluma larga sería categoría nevado y la corta, categoría intenso. Pues bien, esto es así en la mayoría de ocasiones, pero también hemos de tener en cuenta que hay pájaros intensos de pluma larga y nevados con plumaje bastante corto. El tema del plumaje largo puede llevar aparejado otra serie de factores que unas veces benefician y otras perjudican. ¿En qué beneficia?

Sobre todo aporta redondez al ejemplar y un aumento considerable del tamaño de la cabeza, factor muy apreciado por muchos criadores, que siempre van buscando blancos cabezones. Algunos de estos aficionados suelen afirmar que les gustaría tener en su criadero blancos con pluma corta, muy pegada al cuerpo y cabezones. Pues bien, esto es casi como pedir un imposible, pues el pájaro con pluma corta difícilmente será cabezón, ya que el aumento de la cabeza lo da precisamente el plumaje largo. ¿En qué perjudica la pluma larga? Principalmente conlleva un problema grave como es la aparición del desagradable y temido quiste de la pluma. Éste suele darse en blancos que además de plumaje largo, lo tengan también muy espeso, con lo que la superficie de la piel para aflorar las plumas se reduce, y así aumentan las posibilidades de enquistamiento. De todas maneras, este problema suele ser transmisible de padres a hijos, por lo que cuando aparece un ejemplar con quistes en la primera o segunda muda, lo mejor es no utilizarlo para la reproducción.

Otra cosa bien distinta es cuando a partir del tercer o cuarto año de vida de un pájaro pueda aparecer alguna pluma enquistada, pues se supone que con la edad, el esfuerzo fisiológico que supone la muda se hace más costoso y, por tanto, puede aparecer algún que otro quiste. Pero en este caso no suele ser transmisible a la descendencia. Otro problema que puede acarrear el plumaje largo consiste en la aparición de “faldones” en la zona de los muslos del pájaro. Éstos distorsionan la silueta y afean considerablemente al ejemplar y, por tanto, restan bastante puntuación en el apartado de plumaje. Aparte de una buena calidad de pluma, también hemos de obtener ejemplares con una buena masa muscular, pues unos pectorales anchos y redondeados siempre van a contribuir a mejorar la silueta del pájaro. El concepto de talla y forma, creo que se puede dejar en los 15 puntos actuales o cambiar mínimamente, pues la mayoría de los blancos suelen estar dentro de los límites del estándar en lo que respecta a la talla. La forma es más variable de un ejemplar a otro, considerando mejores pájaros aquellos cuyo contorno es más redondo, sobre todo en el pecho y parte inferior del cuerpo.

De todas maneras, la talla y la forma de un blanco de calidad han de manifestarse como un conjunto armónico donde no destaque ningún elemento discordante, como una cabeza demasiado pequeña, una cola excesivamente larga, unas alas ligeramente caídas o cruzadas, unas patas muy largas, la nuca formando ángulo con respecto al cuerpo o un pico largo y puntiagudo. Antes de acabar con el tema de la talla, quiero comentar la diferencia de criterio de los distintos criadores y jueces con respecto al tamaño ideal del blanco recesivo. A unos gustan más los pájaros con talla grande, mientras que otros prefieren un tamaño más reducido aduciendo que cuanto más grande es un ejemplar, más destacables son sus posibles defectos. En mi opinión, siempre que un blanco esté dentro de los límites marcados por el estándar y éste sea de óptima calidad, poco debe importar la talla del mismo, aunque dicho esto, y en igualdad de condiciones, siempre destacará más un pájaro de buen tamaño que otro más pequeño. También quiero advertir que, para mi, un pájaro grande no significa que sea basto, ni que uno pequeño, por el solo hecho de serlo, sea fino y elegante.

Los mejores resultados en concursos y exposiciones siempre los he conseguido con blancos de tamaño mediano, tirando a grande. El concepto de posición, ocupa la penúltima casilla de la ficha de enjuiciamiento, está valorado con 10 puntos y a mi personalmente me parece bien. Es raro que algún blanco no dé la posición que, dicho sea de paso y según el estándar, debe formar un ángulo de 45 grados entre el eje longitudinal del pájaro y el palo o posadero. Un canario de color, en general, suele adaptarse bien a la jaula de concurso, y por tanto, ofrecer una buena posición ante los ojos del juez, siempre y cuando haya sido sometido a un mínimo entrenamiento de adaptación al espacio reducido. El problema aparece cuando cambiamos al ejemplar de una voladera grande a una jaula de concurso, sin dejar un periodo de adaptación. También es verdad que existen pájaros dóciles y ariscos y que a estos últimos habrá que someterlos a un entrenamiento más intenso para tratar de amansarlos, y para eso está la mano del criador.

Pero por encima de todo, nunca hemos de olvidar que un ejemplar extraordinario puede perder todo su encanto por no dejarse observar, al mantener una mala posición en la jaula de concurso. El último apartado de la planilla se refiere a la condición general del ejemplar enjuiciado. En realidad, muchos jueces la utilizan para ajustar la puntuación de las casillas anteriores, subiendo o bajando el resultado final dependiendo si en dos o más apartados, se ha puntuado por exceso o por defecto. Tiene un total de 5 puntos y en España, hasta hace poco tiempo, se solían calificar a la mayoría de ejemplares con 3 puntos. No se puede entender cómo un buen canario, bien puntuado en todos los demás apartados de la planilla, al llegar a la condición general pueda parecer un canario “normalito”, que es lo que representan los 3 puntos. Por fuerza, cuando un ejemplar es bueno, también tiene que ofrecer una buena impresión general, y por tanto debe alcanzar los 4 puntos, que es como se califica normalmente en otros países de Europa y, por suerte, últimamente también en España.

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Publicado en Ornitología Práctica, número 66, páginas 25–29.
Texto y aviario: Juan Lozano Gea Fotos: Javier Mas

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