
Cada uno de nosotros tiene sus preferencias, sus pequeñas manías, ideas irrenunciables y también yo tengo mis fijaciones que me llevan a intentar acoplamientos híbridos año tras año. Entre estos, Jilguero x Pardillo sizerín no falta nunca, pero por un motivo o por otro, poquísimas veces he conseguido desarrollarlo y siempre hembras. Hace algunos años intenté una hibridación utilizando una hembra de Pardillo sizerín bruno oscuro, que me había pasado un amigo, quien me dejó escoger entre las hembras de que disponía. Lamentablemente eran todas mutadas oscuro y a pesar de que no tenía ganas de realizar un híbrido con esa mutación, al final elegí una de las hembras. El invierno pasó tranquilamente, con la sizerín muy rechoncha y muy “amigada” con el Jilguero que le había adjuntado. En mayo llegaba el primer sobresalto,con la muerte del Jilguero.
No teniendo otra posibilidad, lo sustituí por un Jilguero portador de ágata, que mientras tanto había perdido la Jilguera isabela a la que había sido acoplado, generando seis ejemplares ancestrales, criados con nodrizas canarias. Al principio, los ejemplares se toleraban con dificultad, pero después, cuando la sizerín comenzó a interesarse por el material del nido, todo se apaciguó. El Jilguero la embuchaba continuamente y esto me hizo esperar con confianza. Los huevos puestos fueron cuatro y al cabo de cinco días los comprobaba al trasluz. Para mi gran satisfacción constataba que tres de ello eran fecundos. Los pollos nacían tras doce días de incubación y fueron 2 ágata y un ancestral. Pues sí, el Jilguero que no me había dado ejemplares ágata acoplado con la jilguera isabela, me había dado 2 hembras ágata acoplado con la pardillo sizerín bruno oscura.
Los primeros días todo transcurrió perfectamente y la pardillo alimentaba a los pequeños opíparamente con “tortilla”, guisantes descongelados y níger germinado. El cuarto día encontraba muertas a las dos hembras ágata y temiéndome lo peor puse al ancestral bajo el cuidado de una buena canaria que, mientras tanto estaba criando un Verderón corso. El pequeño creció bien y lo anillaba al 5º día. Por desgracia, al saltar del nido se confirmaron mis sospechas: era un mutado oscuro. Entre tanto, el padre Jilguero perdía las rémiges a causa de un sobresalto

nocturno y para evitar tener de nuevo huevos claros, acoplé a la sizerín con otro pardillo sizerín ancestral portador de pastel y de diluido. En dos nidadas criaba 2 diluidos oscuros, 2 pastel, 2 pastel oscuro y 2 ancestrales. Mientras tanto, el híbrido se destetaba normalmente y cuando inició la muda lo alojaba en una jaula de 110 cm, en compañía de algunos Jilgueros. Alimentado con mixtura para Spinus, níger germinado, espiga de panizo e inflorescencias de “bella de noche”, mudó rápidamente, evidenciando ser un macho. Sin duda alguna hubiese preferido que fuese un ancestral, pero aún así tenía su encanto. La forma era intermedia entre las dos especies, pero por por lo demás, dominaban los colores del Pardillo sizerín: la máscara negra, la capucha roja sobre la frente y las rémiges primarias bordeadas de amarillo. El plumaje lo tenía absolutamente sedoso. Cuanto más lo miraba más me repetía: ¡qué bonito hubiese sido si no hubiese sido un mutado!
Lo expuse, junto con otros ejemplares, en el Campeonato europeo de Cesena donde, gracias también a la no excesiva competencia, le fueron adjudicados 92 puntos en su categoría. A la espera del Campeonato del mundo de Piacenza, continué preparándolo, permitiéndole que hiciese frecuentes baños y suministrándole gusanos de la harina y girasol triturado. Poco a poco fue adquiriendo confianza y ya en enero no se movía del posadero cuando introducía la mano para colocar el recipiente para el baño. Lo expuse en Piacenza en una categoría en la concurrían muy buenos ejemplares, sin ninguna confianza en obtener ningún premio, pero imprevistamente conseguía 93 puntos en su categoría. La alegría por haber ganado en el Mundial fue máxima, sobre todo porque realmente no me lo esperaba, ya que confiaba más en un híbrido de Verderón del Himalaya x Pardillo.
Analizando después la planilla de enjuiciamiento, pude comprobar que el híbrido de Jilguero x Pardillo sizerín había ganado sobre todo gracias a la buena preparación y de eso sí que me sentí verdaderamente orgulloso. Comprobé también que había sido enjuiciado por un juez de Bélgica, donde la preparación es fundamental y así, al final, la puntuación conseguida me llegó a parecer más bien natural. En definitiva, mi experiencia demostró aún una vez más que no basta con criar híbridos de una gran calidad, sino que es además indispensable presentarlos en su justa condición de plumaje, porte y condiciones generales si queremos aspirar a los primeros premios. Por decirlo de alguna forma, hay siempre esperanzas para todos siempre que dediquemos los necesarios cuidados a los ejemplares que criamos.
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